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Palabra   |   Descripción

Collentum

o Colentum o Celentum. Nombre de una isla de 18,7 km2 del mar Adriático, situada en el centro de Dalmacia, así como el de un pequeño pueblo en la parte noroccidental de la isla. Ésta, ha estado poblada durante casi dos milenios. Un asentamiento ilírico-romano conocido como Colentum fue encontrado cerca de Betina, una pequeña ciudad al noroeste de la isla. Hoy, Gradina de Murter (ciudad), en la isla de Murter, condado de Sibensko-Kninska, Croacia.

Collegiati

Miembros de un colegio o corporación, especialmente en las provincias romanas.

Collegia tenuiorum

o Collegia funeraticia. Es decir, asociaciones de gentes humildes, con un carácter religioso-funerario. En la sociedad romana, eran cofradías, que, bajo la advocación de una divinidad, se reunían para cubrir las necesidades de funerales y enterramiento. Para ello, los asociados pagaban, además de un derecho de entrada, una cuota mensual, que les daba derecho a recibir honores funerarios y sepultura.

Collegia sacerdotum

Colegios o asociaciones de sacerdotes romanos de un mismo culto o pertenecientes a una misma categoía: collegia augurum, fetialium, pontificum, etc..

Collegia religiosos

Collegia de finalidad estrictamente religiosa, semejantes a las actuales cofradías, que reunían a los devotos de una divinidad particular, tanto romanas (Júpiter, Mercurio, Diana o Minerva), como extranjeras (Isis, Serapis, Osiris, ..), o se dedicaban a rendir culto al emperador vivo o difunto. Disponían por lo general de un templo propio y efectuaban los ritos correspondientes al culto de que se tratara, mediante magistrados o sacerdotes, organizados jerárquicamente.

Collegia iuvenum

Aún constituyendo colegios religiosos, tenían como finalidad celebrar fiestas y juegos y, frente a los tenuiorum, sus miembros pertenecían a las clases altas de la sociedad. Con esta dedicación a juegos y deportes, los colegios de jóvenes cumplían una función de iniciación a la vida política, en estrecha vinculación con las aristocracias municipales, así como de formación militar, de preparación para una futura carrera en la milicia.

Collegia illicita

Asociaciones romanas consideradas ilícitas por no haber obtenido la autorización requerida o por dedicarse a fines contrarios al orden público o a la moral.

Collegia funeraticia

Collegia tenuiorum (es decir, asociaciones de gentes humildes, con un carácter religioso-funerario. En la sociedad romana, eran cofradías, que, bajo la advocación de ….).

Collegia familliarum

Colegio o asociación de miembros de una familia romana, para la realización de una empresa común o el mantenimiento de un patrimonio común.

Collegia

Colegio o asociaciones romanas de carácter religioso o profesional, controladas por el Estado o por la administración local. Existían asociaciones de pobres (collegia tenuiorum) con finalidades funerarias, otras de carácter religioso o de profesionales, como las de recaudadores de impuestos (societates publicanorum), navieros, panaderos, etc.. Cada una se rige por su propio estatuto o lex collegi, que regula sus fines y actividades. Es necesario que en el momento de constituirse la formen tres personas como mínimo. Bien estructuradas, poseían sus propios magistrados, su propia tesorería alimentada por las contribuciones de sus miembros, sus correspondientes salas de reunión donde celebraban banquetes, y su divinidad protectora. Se prestaban ayuda mutua y se reunían para celebrar fiestas en común que cimentaban los vínculos comunes existentes entre los diferentes miembros. La proletarizada mayoría de los habitantes de Roma, con míseras condiciones de vida, era un extraordinario caldo de cultivo para cualquier tipo de demagogia, en manos de políticos sin escrúpulos que supiesen aprovechar sus necesidades y su ignorancia. A partir de los 70 a.C., había surgido una nueva práctica, que muestra el deterioro de la política interior y el creciente papel de estas masas ciudadanas: bandas armadas, bajo la máscara de asociaciones de carácter religioso profesional o incluso político (collegia, sodalitates), dirigidas por un cabecilla, ofrecían sus servicios para controlar las reuniones políticas o provocar disturbios en las asambleas o en la calle. Su proliferación y su nefasta influencia obligaron a prohibirlos en el año 64 a.C.. Clodio Pulcher, entre otras medidas demagógicas, promovió una ley que restablecía estos collegia políticos e, incluso, se convirtió en organizador de tales asociaciones, a las que distribuyó armas y encuadró en un sistema paramilitar. Durante el Imperio proliferaron también las asociaciones profesionales de todo tipo vinculadas a los diferentes oficios, que acabaron convirtiéndose en corporaciones profesionales estrechamente controladas por las autoridades. Un rescripto de Marco Aurelio y Vero ordenó que no es lícito pertenecer a más de una asociación. Dice el rescripto que si alguien estuviera en dos, debe elegir aquella en la que quiera estar, pudiendo recuperar de la otra, a la que deja de pertenecer, lo que le toque de la cuenta que tenían en común. Las referencias continuas en estos textos a cosas y patrimonio comunes demuestra cómo se reconocía a estas corporaciones personalidad jurídica independiente. Justiniano, siguiendo esta misma tendencia, dispuso que en caso de que el collegium fuese instituido heredero, la herencia se repartía a partes iguales a favor de todos los que lo componían en el momento de la muerte del testador. "No concede a cualquiera el poder constiuir una sociedad, un colegio u otra corporación semejante, porque esto se halla regulado por leyes, Senado consultos y constituciones imperiales. En muy pocos casos se han permitido tales corporaciones; por ejemplo, se permitió formar corporación a los socios arrendatarios de la recaudación de las contribuciones públicas o de las minas de oro o plata, o de las salinas. También existieron en Roma ciertos colegios cuya corporación fue confirmada por Senado consultos y constituciones imperiales, como el de los panaderos y otros varios y los de los navieros que también existen en las provincias" (Gayo). Ver, Ordo collegi, Senatus consultum de Collegiis.

Collegae

En el ámbito romano, )o()o( Miembros de un mismo collegium o asociación. )o()o( Cotutores o coherederos. )o()o( En derecho público, magistrados que tienen el mismo poder (par potestas), como los cónsules o pretores en el año de su cargo. )o( Ver, Collega.

Collega

Magistrado que compartía el desempeño del cargo y que poseía, por tanto, el derecho de oponerse a cualquiera de sus decisiones. La colegialidad era uno de los principios básicos de las magistraturas romanas durante la República. Ver, Collegae.

Collectio Avellana

Compilación de 243 cartas latinas de emperadores y papas, que van desde el 367 hasta el 553.

Collectarii

En el mundo romano, cambistas de monedas.

Collator

Contribuyente romano.

Collatio lustralis

o Chrysargyros o Aureum argentumque. Impuesto en oro y plata que pesaba sobre los comerciantes, artesanos e industriales y todos aquellos que realizaban cualquier tipo de transacciones, incluidas las prostitutas. Se pagaba cada cinco años, de ahí su nombre, y fue instituido por el emperador Constantino. Estaban exentos del mismo los médicos, los profesores y los campesinos y propietarios rurales que vendían sus propios productos.

Collatio legum moisacarum et romanarum

Compilación, de autor desconocido, redactada entre el año 390 y el 428 con la finalidad de comparar las leyes mosaicas y romanas. Contiene una serie de textos de la ley mosaica que van acompañados de fragmentos de Gayo, Papiniano, Paulo, Ulpiano y Modestino. Se conoce también con el nombre de Lex Dei y también Lex Dei quam Dominus praecepit ad Moisen.

Collatio

)o()o( En el mundo romano, aportación de dinero para la construcción de un monumento o edificio público. )o()o( Contribuciones ordinarias o extraordinarias en dinero o trabajos, impuestas a los poseedores de fundos en enfiteusis a favor del emperador (fundi patrimoniales) o del fisco o de las ciudades.

Collatio

Ciudad del Nórico, en la parte meridional de dicha provincia romana.

Collatina

o Colina. Diosa que presidía las colinas y los valles.

Collatia

Ciudad del Lacio, a unos 16 km al este de Roma, entre Tibur y Gabii, en la región subapenínica limítrofe con Etruria. Hoy, Lunghezza, Cittá metropolitana di Roma Capitale, región de Lazio, Italia.

Collastria

Diosa de las montañas.

Collar

Es el collar uno de los adornos más antiguos, usado incluso en tiempos paleolíticos, y por todos los pueblos. Pueden estar formados de materias varias, según el valor que se les concede, ya sea supersticioso, religioso o de simple adorno, con huesos y cáscaras de frutos, púas, dientes, huesos y vértebras de animales, conchas, caracolillos, trozos de madera, etc., hasta el confeccionado con metales y piedras preciosas. El collar ha servido también como signo de esclavitud, especialmente en el Imperio romano. Existen ejemplares que constituyen verdaderas obras de arte de la joyería, que se conservan en los museos como restos de pasadas generaciones.

Colito

Padre del héroe ático Díomo.

Colito

Demo situado en la parte meridional de Atenas.

Coliseo

Edificio para espectáculos públicos, conservado en la ciudad de Roma. Es uno de los monumentos más conocidos de la Roma Clásica. Su construcción se inició en el año 70, bajo el reinado de Vespasiano (69-79), pero fue acabado e inaugurado por Tito en el año 80. Su verdadero nombre es Anfiteatro Flavio. Fue llamado así, según algunos, por corrupción de colosseum, en referencia al coloso dedicado a Nerón que se encontraba en sus proximidades, bajo el Palatino. La historia de sus restauraciones y añadidos es continua; durante el reinado de Tito y Domiciano se le añadió la cuarta planta. Tenía capacidad para 100.000 espectadores y su elipse mide 524 m de perímetro. En la edad media quedó en ruinas y fue con el renacimiento cuando se inició su revalorización. Ha sido fuente de inspiración de artistas como Piranesi, Corot y otros. )o( MITOLOGÍA.- Beda cuenta sobre este monumento el oráculo siguiente: "Mientras subsista el Coliseo subsistirá Roma: cuando caiga el Coliseo, Roma caerá y cuando caiga Roma el mundo será destruido". Ugucio añade este otro: "Había en él estatuas de todas las provincias romanas, en medio de las cuales estaba la de Roma, con una manzana de oro en una mano. Todas estas figuras estaban dispuestas con tal arte mágico, que cuando una provincia quería sublevarse, la estatua de Roma volvía la espalda a la que representaba aquella provincia y entonces, advertidos los romanos del peligro, enviaban un poderoso ejército capaz de sujetar a los rebeldes".

Colipo

o Collippo. Ciudad construida en Portugal en la época romana. Colipo es mencionada por los autores latinos del siglo I como Plinio (Naturalis Historia). Es considerada por estos mismos autores como un pueblo túrdulo situado en la costa atlántica entre Conimbriga y Eburobrittium. Los túrdulos eran un pueblo ibérico que vivía en la región de Cádiz y que en cierta época emigraron hacia el actual territorio portugués, habiéndose situado en la región de Leiria unos 300 ó 400 años a.C.. Habrían escogido el outeiro (otero, colina) de San Sebastián para levantar un gran poblado, debido a sus excelentes condiciones geo-estratégicas. Este outeiro, sin embargo, debió estar ya habitado, pues en las excavaciones efectuadas allí en el verano de 2.002 se encontraron algunos fragmentos de cerámica prehistórica. Las mismas excavaciones permitieron recoger algunas cerámicas pre-romanas, probablemente de los túrdulos, que parecen haber elegido el punto más alto del cerro de San Sebastián, donde está hoy el depósito de agua, para edificar su pueblo. Desgraciadamente, hoy en día pocas son las pruebas de la presencia de estos pueblos prerromanos en el lugar, ya que el lugar de San Sebastián fue totalmente destruido a lo largo de este siglo por los trabajos de remoción de tierras y extracción de arenas que allí tuvo lugar. El monte donde está hoy el depósito de agua, que hace unas décadas era mucho más alto, habría sido el lugar donde se inició la historia de Collippo, que, empezando por ser un poblado pre-romano, rápidamente se transformó a lo largo de los primeros siglos de nuestra era en la ciudad más importante de la región de Leiria. El propio término "Collippo" resulta de la unión de la palabra latina "Collis", que significa colina, otero, con el radical túrdulo "-ippo" que significa poblado o poblado fortificado. El término Collippo, él mismo, testimonia entonces la unión entre los túrdulos y romanos significando pueblo o ciudad de la colina. Durante siglos y hasta nuestros días se ha constatado la práctica de reutilización de las piedras de esta ciudad para otras construcciones, como el castillo de Leiria. Esta lamentable práctica a lo largo de los siglos sirve para ayudar a entender la actual ausencia de estructuras bien visibles y claras de la existencia de una ciudad antigua. Hoy, la ciudad está situada en la colina de Sao Sebastiao do Freixo, ciudad de Batalla (parroquia de Golpilheira), condado de Leiria, Portugal.

Colinas de Roma

La Roma de Servio Tulio no se consideraba como la ciudad de las siete colinas. Esta designación se aplica en estos tiempos a la antigua y más pequeña ciudad palatina. En la época de la decadencia, cuando la festividad del Septimontium (conservada hasta el tiempo de los emperadores y celebrada aún entonces con una afluencia notable de gente) comenzó a ser considerada, sin razón, como una fiesta general de la ciudad, la ignorancia de los literatos siguió al error común. Se buscó y se creyó encontrar las siete colinas en el recinto de la Roma imperial. Pero ya Cicerón, en una carta muy enigmática escrita en lengua griega y dirigida a Ático, y también Plutarco dan origen a este menosprecio. El monumento más antiguo que enumera extensamente las siete colinas de la Roma imperial (Montes) es la Descripción de Roma escrita en tiempo de Constantino. Nombra el Palatino, el Aventino, el Celio, el Esquilino, el Tarpeyo, el Vaticano y el Janículo, desprecia el Quirinal y el Viminal, que son pequeños collados (calles), y añade a los antiguos montes las dos alturas de la orilla derecha del río. Otra lista aún más embrollada nos ha sido transmitida posteriormente por Servius y por Lydus. En cuanto a las siete colinas de la ciudad moderna, que son el Palatino, el Aventino, el Celio, el Esquilino, el Viminal el Quirinal y el Capitolio, no las ha enumerado jamás ningún autor antiguo. Ver, Liga del Septimontium, Pincio.

Colina primigenia

Esta colina estaba considerada como el montículo u otero primigenio emergido de las aguas del Caos según la teología heliopolitana y a cuyo entorno la tierra se fue solidificando. Sobre este pedestal o colina primordial (visitada todavía en el siglo VIII por los peregrinos de Heliópolis) reposaba Atum, el cual originaría la primera pareja de dioses: Shu y Tefnut. Para los teólogos hermopolitanos también hubo una colina primigenia, ubicada en Hermópolis, y dominando el lado Desdes, en cuya cumbre un huevo cósmico había posibilitado la creación del sol. La colina primigenia de Hermópolis era, pues, un lugar de renacimiento y resurrección. Como eje de muchos conceptos mitológicos sobre la creación, aparece reflejada en el diseño de algunos templos y, simbólicamente, en descripciones fuenrarias de colinas de enterramiento.

Colina del Error

Ver, Ate (ceguera moral, ofuscación que impide distinguir lo correcto de lo erróneo, dentro de la mentalidad griega).

Colina de Crono

Nombre de un lugar de Olimpia, Grecia.

Colina

Collatina (diosa que presidía las colinas y los valles).

Colina

Puerta de Roma, no lejos de la puerta Pía, cerca del templo de Venus ericina. Cercana a los montes Quirinal, Esquilino y Viminal. Cerca se encontraba también el Campus Sceleratus. Ver, Esquilina.

Colímbade

Una de las nueve Piérides, según Nicandro.

Colicaria

Localidad de la Galia Cispadana. Los asentamienrtos más antiguos se remontan a la Edad del Bronce. En época romana se llamaba Garfaniana y era una pequeña estación de comunicación entre el norte y el sur. Hoy, San Possidonio, al norte de Mutina y a pocos km de Mirandola, provincia de Modena, región de Emilia-Romagna, Italia.

Colias

Sobrenombre de Afrodita, de un promontorio del Ática llamado así, el cual tenía la forma de la planta del pie. Había un templo que la dedicó un jóven ateniense, reconocido por haber recobrado su libertad.

Colias

Lugar del Ática célebre por su cerámica.

Colíades

Apelativo de Afrodita, en tanto que diosa de la generación. Ver, Genetílides.

Colíade

Cabo del Ática situado al este de Falero, frente a la isla de Salamina. Hoy, en Grecia.

Coleo de Samos

o Colaios de Samos (siglo VII a.C.). Considerada por algunos investigadores como una de las referencias históricas más antiguas sobre la actividad de los griegos en el entorno de la península Ibérica, la historia de Coleo de Samos llega a nosotros por boca del historiador Heródoto en su obra Historias. Coleo (Kolaios) fue un navegante que en su travesía hacia Egipto, es desviado por el viento apeliota o levante hacia occidente, lo que le traslada a través de las Columnas de Hércules, al Estrecho de Gibraltar, llegando hasta el lejano Tartessos. De su contacto con la civilización ibérica regresa con grandes cantidades de plata, lo que indica a futuras generaciones de comerciantes griegos un nuevo punto de mira en su afán explorador en busca de nuevas fuentes de negocio. Coleo dio el diezmo de su beneficio en plata como donación al templo de Hera, santuario situado en Samos, la patria de Coleo. Por las escasas pruebas arqueológicas en cuanto a yacimientos de enclaves griegos en la Península, que están limitados a Rosas, Ampurias y poco más, la narración podría ser más que una historia real, el relato semilegendario de una actividad desarrollada por los griegos en su expansión comercial, así como un buen reflejo de la atracción que los griegos contemporáneos de Heródoto sentían por la mítica Tartessos (Ver).

Colentum

Collentum (nombre de una isla de 18,7 km2 del mar Adriático, situada en el centro de Dalmacia, así como el de un pequeño pueblo en la parte ….).

Coleno

Coleno, descendiente de Hermes, es, dícese, el primer rey del Ática. Fue expulsado por su cuñado Anfictión. Arrojado de la ciudad, establecióse en el demo de Mirrina, donde consagró un santuario a Ártemis "Colenis". Allí murió. Se trata de una leyenda puramente local. Ver, Cránao, Cécrope.

Colenis

Epíteto de Ártemis. Ver, Coleno.

Colenda

o Colonda o Kolenda. Ciudad celtibérica del valle del Duero, citada por Apiano, como tomada por Tito Didio en el año 98-97 a.C., después de nueve meses de asedio y tras la sumisión de Termantia. Hoy, se desconoce su emplazamiento; quizás Cuéllar, provincia de Segovia, comunidad autónoma de Castilla y León, España.

Colegio

Término que designa una asociación romana reconocida legalmente, sea de magistrados iguales en dignidad (colegio de los dos cónsules, etc.), sea de sacerdotes sirviendo un mismo culto (colegio de los Arvales, de los Pontífices, de los Augures, etc.), sea de artesanos de la misma corporación, sea, más generalmente, de personas que se proponen una misma finalidad (asociación funeraria asegurando funerales a sus miembros, asociaciones de músicos, de poetas, de jóvenes patrocinados por el emperador, etc.). Los colegios sacerdotales tienen sus reglas particulares, impuestas por las necesidades del rito. Los colegios corporativos o privados están generalmente organizados sobre el tipo de los municipios, con su asamblea y sus magistrados (magistri). En las provincias, ciertos colegios, en particular los de los seviros augustales y de los lares, que agrupaban en el culto imperial la selección de los indígenas, constituyeron un factor importante de romanización.

Colegialidad

Principio fundamental de la magistratura romana. Consistía en que todos los cargos debían ser dobles: dos cónsules, dos pretores, etc., para que el poder de uno fuese frenado por el otro. La dictadura y la censura era la excepción a la colegialidad.

Colección PGM

Colección de papiros griegos con textos de magia. Desde comienzos del siglo XIX se conocía la existencia de varios papiros de contenido mágico o, como se pensaba en un principio, gnóstico. Algunos, quizá los más importantes por su envergadura y la complejidad de su contenido, habían sido adquiridos en las mismas localidades de su descubrimiento, especialmente Tebas y El Fayum, por los infatigables buscadores de papiros y antigüedades, Anastasi, cónsul de Suecia en Egipto a la sazón, así como el francés Mimaut y el inglés Salt. Todos, a su vez, fueron a parar a los grandes museos de Europa: Berlín, París, Leiden, Londres, Oxford, etc., y allí catalogados y brevemente descritos. El primer atisbo sobre su contenido se debe a la publicación de algunos breves fragmentos del P XII por C. J. Reuven en su Lettre à M. Letronne (Leiden, 1.831). Pero habría que esperar veinte años para que se produjera la primera publicación formal de un papiro mágico; ésta se debe a CH. W. Goodwin y se trata del P V (nº XLVI del Museo Británico). Ello despertó, naturalmente, un interés extraordinario por el tema, aunque todavía tenían que transcurrir unos años más para que G. Parthey editara P I y P II (1.865) y, veinte años más tarde, C. Leeman hiciera lo propio con los PP XII y XIII basándose en las lecturas que Reuvens realizara años antes. Posteriormente, entre 1.888 y 1.893, el vienés C. Wessely edita los PP III-X, por lo que, con el final del siglo, se cierra la primera etapa de investigación. Ahora bien, pese a los ingentes esfuerzos de los editores arriba mencionados, los resultados dejaban mucho que desear. La papirología estaba en mantillas y la labor, de C. Wessely especialmente, fue un tanto apresurada. Las ediciones de este autor, por ejemplo, presentan una simple transcripción del texto sin acentos, numeración ni aparato lo que revela la inseguridad del aficionado y la falta de rigor del pionero. No obstante, publicado ya para 1893 prácticamente todo el material más importante (el compendio entre los PP I-XIV), tanto por el contenido como por la cantidad, se abrió la posibilidad de ser aprovechado por los eruditos en historia de la religión y de la cultura. De esta forma, desde principios del siglo XX, hasta los años treinta, se produce un aluvión de publicaciones de toda índole sobre los papiros mágicos, y, en manos de hombres como A. Dieterich y R. Reitzenstein, la hermenéutica de los mismos alcanza niveles francamente notables, aunque estuviera, naturalmente, viciada por las exageraciones a que suele inducir el entusiasmo de los grandes descubrimientos. De manera que A. Dieterich cree ver en IV 4 nada menos que una "Liturgia de Mitra", y R. Reitzenstein, por su parte, destaca, una y otra vez, en sus escritos, los elementos "subservientes" a su conocida tesis sobre el influjo iranio en el sincretismo religioso de la época helenística. Fue, precisamente, el primero de ellos, A. Dieterich, quien sintió la necesidad de poner un poco de orden y rigor en el corpus de papiros mágicos ya que las primeras ediciones, aparte de los fallos de lectura que contenían, no satisfacían las exigencias mínimas para ser utilizados científicamente ni tampoco ayudaban al profano, al carecer de traducción, para atisbar su contenido. Cierto que la intención originaria de este erudito no era demasiado ambiciosa; quería, simplemente, revisar y editar el Gran Papiro Mágico Parisino como entonces se llamaba a P IV. La muerte le impidió concluir incluso este objetivo, pero ya había sembrado en sus discípulos K. Preisendanz, L. Fahz y A. Abt el interés por este sector de la filología y la cultura griegas, y éstos, a su muerte, reemprendieron desde principios del siglo XX hasta los años treinta la labor, ahora con un objetivo mucho más ambicioso: revisar y editar con traducción, numeración y aparato, tanto crítico como hermenéutico, todo el material mágico de papiros, óstraca y tablas, publicado o no. Mas, como suele suceder con proyectos muy ambiciosos, y dándose, además, la circunstancia de que se iniciaba en los difíciles años que precedieron a la Primera Gran Guerra, dicho proyecto iba a tener una historia muy alterada por vicisitudes de toda índole. En la dirección del proyecto pusieron a un reconocido especialista, R. Wünsch, que le dio un gran impulso, hasta el punto de que en 1.913 ya habían salido de imprenta las galeradas del primer volumen. Pero al año siguiente estalló la guerra y R. Wünsch murió en combate; más tarde, A. Abt y G. Möller (encargado de los pasajes en copto) sufrieron el mismo destino. Ello hizo que se replanteara de nuevo el proyecto con la entrada en el equipo de S. Eitrem, afamado especialista ya entonces, y el orientalista A. Jacoby colaborando en la interpretación del material lingüístico no griego. K. Preisendanz tomaba entonces la dirección. En 1.928 vio, por fin, la luz el primer volumen que contenía los PP I-VI. El segundo volumen, PP VII-LX, haría su aparición en 1.931 y el tercero, PP LXI-LXXXI, diez años más tarde, en plena Segunda Guerra Mundial. Un cuarto volumen de Índices, que ya estaba en imprenta, se perdió en los bombardeos que afectaron a los locales de la Editorial Teubner, y actualmente es conocido solamente a través de fotocopias. Pese a la revisión de A. Heinrichs, que, entre 1.973 y 1.974, publicó en la nueva Teubner de Stuttgart una segunda edición verbesserte (corregida y aumentada) en dos volúmenes, las vicisitudes sufridas en la elaboración y edición del material se dejan sentir. El actual corpus de PGM no responde a los objetivos que se trazaron sus editores ni a las expectativas que despertó el proyecto. Cierto que el texto fue concienzudamente revisado, aunque, debido a las dificultades de la época, a menudo en reproducción fotográfica, pero existen multitud de pasajes de lectura dudosa e interpretación incierta. El aparato es caótico mezclando lo propiamente textual con lo hermenéutico y, además, resulta insuficiente, porque, como el propio K. Preisendanz lamenta en la Introducción, por motivos económicos y de tiempo no se pudo incluir todo lo que se había publicado hasta el momento desde el punto de vista de la interpretación de pasajes o palabras concretas. Ello hace que no haya podido convertirse en un texto canónico de los papiros mágicos y que, en ocasiones, cada filólogo que cita un pasaje de la Colección ofrezca su propia lectura u otras alternativamente propuestas por otros filólogos. En un aspecto sí es canónico y es en la numeración de los papiros. Hasta la aparición de PGM se citaba por el número de signatura del papiro en cuestión o por el nombre del coleccionista, por ejemplo: Papiro Leiden J. 384, o Papiro Mimaut. En la actualidad, con algunas excepciones naturalmente, se citan por la numeración de K. Preisendanz. Y no es que ésta sea especialmente recomendable; el mismo editor lamenta que en la secuencia de papiros no haya un parámetro ordenador de los mismos, ya sea cronológico, geográfico o interno. Su orden es willkürlich (arbitrario), como ya lo impusiera R. Wünch. Ver, Magia.

Colcos

Cólquida (región de Asia, al norte de la Sarmacia asiática, al poniente del Ponto Euxino, al mediodía de la Armenia, y al levante de la Iberia oriental. En la antigua ….).

Colcos

Habitantes de la Cólquide. Pueblo que habitaba la zona sudoriental del Mar Negro, en las estribaciones meridionales del Cáucaso. Son los karka de las inscripciones de Darío.

Colchos

Cólquida (región de Asia, al norte de la Sarmacia asiática, al poniente del Ponto Euxino, al mediodía de la Armenia, y al levante de la Iberia oriental. En la antigua ….).

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