o Henna. Ciudad situada en una altura en medio de Sicilia, por lo que recibió el sobrenombre de Siciliae Umbilicus. Nombre latino de una ciudad de Sicilia central, en territorio de los sículos. Estaba hacia el centro de la isla, y al oeste y un poco al sur de Centoripa. Ha recibido distintos apodos como "belvedere", por sus maravillosas panorámicas, o el "ombelico", ombligo de Sicilia. Estaba en la cumbre de un gran cerro rodeada de precipicios que la hacían casi imposible de conquistar pues los pocos accesos eran fáciles de defender y tenía suministro propio de agua de fuentes. La cima era un altiplano de unos 5 km de perímetro. Tenía una cueva sagrada dedicada a Proserpina. Fue fundada en el 664 a.C. por colonizadores procedentes de Gela deseosos de explotar los recursos agrícolas de la región. Esteban de Bizancio dice que fue colonia de Siracusa fundada el 654, es decir 80 años después de esta ciudad, pero Tucídides, que menciona las colonias de Siracusa, no nombra a Enna. Lo cierto es que cuando aparece en la historia era una ciudad de los sículos y no de los griegos. En el 397 la ciudad cayó bajo el mando de Dionisio I de Siracusa y permaneció bajo el poder de Siracusa hasta el siglo III a.C., cuando entró en la órbita de Roma. Dionisio I de Siracusa intentó ocuparla por su importancia militar, primero mediante un golpe de estado dirigido por Eimnestos, ciudadano de Enna, y cuando éste no la secundó, ayudó a los ciudadanos a luchar contra el tirano, pero fracasó; pero más tarde, por medios desconocidos se apoderó de la ciudad. En tiempos de Agatocles pertenecía a este tirano, pero cuando estaba en África y los agrigentinos comenzaron a restaurar la independencia de las ciudades, Enna fue de las primeras que se declaró independiente y abrió sus puertas al jefe agrigentino Jenódico (309). En la primera guerra púnica fue capturada por los cartagineses dirigidos por Amílcar y reconquistada por los romanos, pero siempre por traiciones, no por la fuerza. En la segunda guerra púnica. mientras Marcelo asediaba Siracusa (214) el gobernador de Enna, Pinarius, alarmado por la defección de las ciudades de la isla a favor de los cartagineses, ordenó a la guarnición romana la matanza de los ciudadanos cuando estaban reunidos en el teatro, y los mataron a todos sin distinción y después incendió la ciudad. Ochenta años después fue el cuartel general en la guerra de los esclavos (134-132), que estalló allí mismo bajo la dirección de Eunus, que se hizo el amo de la ciudad y desde allí se extendió por la isla, que la saqueó e incendió. Fue la última ciudad que resistió al procónsul Rupilius, que al final la conquistó después de grandes esfuerzos, siendo severamente castigada, lo que fue el comienzo de su decadencia. Fue municipio romano según menciona Cicerón y su territorio era fértil y producía moscatel, pero quedó muy afectado por las exacciones de Verres. Ya casi no vuelve a aparecer. Estrabón aún la menciona como ciudad, pero con pocos habitantes, y Plinio el Viejo la hace figurar en la lista de ciudades sicilianas con rango de municipio igual que Claudio Ptolomeo. Se menciona en el Itinerario de Antonino y en la Tabla de Peutinger. Cicerón dice que había un templo de Ceres muy antiguo y venerado, que fue saqueado por Verres, que se llevó la imagen de bronce de la diosa, que era la más venerada de la isla. No quedan restos de la antigua ciudad, que seguramente fueron destruidos por los árabes que construyeron el castillo y otros edificios en la parte alta de la ciudad moderna. En las monedas romanas aparece la leyenda Mun. Henna "Municipium Henna", y en las griegas aparece como Eennaion. Hoy, Enna (Castrogiovanni), provincia de Enna, Sicilia, Italia.
)o( MITOLOGÍA.- Los alrededores de la ciudad son conocidos en la mitología como el lugar donde Proserpina fue raptada por Plutón. El lugar concreto es una pequeña laguna que Ovidio llama Pergos y Claudio Pergus, a unos 8 km de Enna, con una abertura subterránea, vuelta hacia el norte, por donde se decía que Plutón había vuelto con su presa al infierno. Pero la laguna no es mencionada ni por Cicerón ni por Diodoro Sículo, que sí que mencionan la cueva. Los restos de un pequeño lago seco aún existen, así como la cueva. Esta leyenda provocó la adoración peculiar en la zona de Ceres y Proserpina.