La antigua ciudad romana de Sucro se corresponde con el asentamiento ibero contestano que anteriormente, los griegos habían llamado Sicana, cuyos habitantes, los sicanos, habrían poblado Sicilia dos o tres generaciones antes de la guerra de Troya, según refiere Tucídides. Posteriormente Polibio confirmó la importancia de la ciudad al señalar que era uno de los enclaves hispanos mas favorecidos para el comercio. El término oppidum designa en latín a un lugar elevado, es decir un altozano ("alcudia" en valenciano), cuyas defensas naturales han sido reforzadas por la intervencion del hombre, y que puede tener una extension muy variable: desde una a varios centenares de hectáreas. En la península Ibérica, a los oppida también se los conoce como castros o citanias. El oppidum, denominado "Sucro" por los romanos, se hallaba junto al río Júcar, en los meandros finales de su curso, y se corresponde con el campamento establecido por Publio Cornelio Escipión el Africano en el punto intermedio del recorrido que hizo desde Tarragona (Tarraco) hasta Cartagena (Cartago Nova) para conquistar esta última ciudad. La importancia estratégica de Sucro radicaba en que quien dominase ese punto partía en dos el dominio romano en la península, rompiendo la comunicacion vía terrestre entre la Hispania Ulterior y la Citerior. Fue muy posteriormente (138 a.C.) cuando se fundó una colonia de veteranos itálicos un poco más al norte, sobre el río Tyrius (Turia) la cual fue denominada Valentia (Valencia) y que poco a poco se convirtió en el principal centro romanizador de la región valenciana, sustituyendo, hasta nuestros días, la previa relevancia de la ciudad de Sucro, también romana pero mucho mas antigua. Tito Livio, íntimo amigo del emperador César Augusto, relató que durante la segunda guerra púnica se produjo una rebelión (207 a.C.), en el campamento romano de Sucro, de 8.000 soldados dirigidos por los sediciosos Atrio (Cayo Atrio Umbro) y Albio (Cayo Albio Caleno) contra Publio Cornelio Escipión. La sublevación se produjo porque no habían participado del botín de guerra conseguido al ganar la ciudad de Cartago Nova frente al ejército púnico de Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal, el cual se encontraba entonces arrasando la península itálica y fue favorecida por creer los rebeldes, erróneamente, que Escipión había fallecido. Éste, tras engañar y atraer hasta Cartago Nova a los sediciosos, les embaucó con un largo discurso, el cual inició llamándoles hermanos, pero que terminó denominándoles traidores. Mientras tanto estos, ya desarmados, fueron rodeados por las tropas leales a Escipión y seguidamente fueron decapitadas decenas de los jefes rebeldes, incluidos Atrio y Albio, pero al resto, para su sorpresa, les abono el salario que les debía, tras haberles hecho jurar fidelidad. Ello fue así porque Escipión necesitaba reincorporar esas tropas rebeldes para seguidamente marchar contra Indibil y Mandonio (206 a.C.) caudillos también rebeldes pero iberos y, por ello, indígenas. Cayo Silio Itálico (ca.26-102), poeta español y cónsul de Roma a la muerte de Nerón, en su poema sobre la segunda guerra púnica (Puniconorum-Silli Italici) habla de los soldados sucronenses que acompañaron a Aníbal hasta Italia, los cuales, al igual que los soldados setabenses, lucían resplandecientes armaduras. Ambas tropas, sucronenses y setabenses estaban formados por nativos: iberos contestanos, pues la Contestania se extendía desde la Albufera al río Vinalopó, es decir desde Sucro (Albalat) hasta Ilici (Elche). En el año 90 a.C. fue elegido en Roma como tribuno de la plebe un tal Quinto Vario Severo Hybrida Sucronensis. El término Sucronensis indica que nació en Sucro e Hybrida tal vez señalaba que fue el fruto de una relación entre un romano destinado en Sucro y una mujer hispana. Durante su año de mandato, tal vez intentando demostrar que era más romano que nadie, impulsó la Lex Varia de maiestate, ley que permitía acusar de traición a quien intentara obtener la ciudadanía para un aliado. Una jugarreta del destino fue el que algunos años más tarde fuera condenado al exilio tras ser juzgado y condenado por la misma ley que él había impulsado. Plutarco, que nació en el 48 a.C. refiere que durante las llamadas Guerras Sertorianas (75 a.C.), la ciudad de Sucro quedó totalmente destruida después de la batalla de Sucronem. Sucedió que Quinto Sertorio había localizado en Sucro sus tropas para impedir en tan estratégica situación que se uniera el ejército de Pompeyo, localizado en la actual Cataluña, con el de su aliado Metelo, que estaba asentado en la actual Andalucía. Pompeyo atacó a Sertorio, todo ello sin esperar la llegada de Metelo. Pompeyo fue derrotado en esta batalla. Escapó herido por un ibero, pero la llegada a tiempo de Metelo le salvo la vida. Sertorio perdió unos 10.000 hombres, y el ejército senatorial una cifra similar. Hubo pues, tablas, pero Sertorio huyó de Sucro tras la batalla, al cerciorarse de que las avanzadas del ejército de Metelo aparecían por el suroeste de la llanura Sucronem, actual Ribera del Júcar. Poco después y tras ser asesinado Sertorio, la victoria final fue para Pompeyo, el cual fundó Pompaei-ilun (ciudad de Pompeyo, hoy, Pamplona) y regresó a Italia donde se enfrentó a los restos del ejército de Espartaco que también fueron derrotados por él. La batalla de Sucro también fue citada por Apiano, Salustio, e incluso por Cicerón. Lucio Anneo Séneca, español natural de Córdoba que fue víctima de Nerón, refiere una anécdota en su obra "Tratado sobre los beneficios": que Julio César en su viaje hacia Obulco se produjo un esguince de tobillo cerca de Sucro, usando la expresión circa sucronem, cuando se dirigía desde Tarraco (Tarragona) a la Bética. Séneca tomó esta anécdota de Asinio Polion y su relato fue recogido por Suetonio en su "Vida de los doce césares". Con las invasiones bárbaras desaparece cualquier referencia a la ciudad de Sucro, la cual quedó durante siglos a merced de los aluviones del entonces río homónimo, hoy denominado Júcar, los cuales fueron soterrando sus restos. La última referencia es el ejemplar que nos queda del Itinerario de Antonino, que es ya de la época de Diocleciano, es decir, ya del siglo IV. Hasta finales del siglo XIX se podía vadear el río Júcar a pie desde Albalat hasta la Granja, el edificio medieval situado enfrente, en el actual término de Poliña del Júcar, donde también se han localizado restos romanos, pero se requería el uso de una barcaza (hoy en el escudo de la villa) para pasar los carros a la otra orilla. Tras la invasión de los árabes, en la zona más alta adyacente a la intersección de la Vía Augusta con este vado del río Júcar, se desarrolló una alquería ("pueblo, caserío") denominada Al-Blat (significando camino empedrado, calzada, vía...) donde, tal y como lo recoge el Libro de los Hechos, pernoctó, durante cuatro noches, Jaime I de Aragón en el año 1.238, año en el que fue conquistada. Posteriormente por el vado de Albalat cruzó el Júcar el futuro rey Jaume II para unirse a su padre Jaume I para sitiar Játiva. Esclapés en el primer capítulo de su Historia de Valencia refiere la existencia, al sur de esta ciudad, de una puerta llamada Sucronense por conducir a la ciudad de Sucro. Lamarca en su Historia de la conquista de Valencia concretó que la puerta estaba situada en la calle san Vicente y se localizó una inscripción en la fachada del convento de las religiosas de la Trinidad que hacía referencia a la "PORTA SUCRONENS". Alcira, Albalat de la Ribera, Cullera y Sueca, tradicionalmente han defendido ser el solar que albergó a la antigua Sucro apoyados por los respectivos descubrimientos arqueológicos. Los que eran partidarios de la ubicación en la actual ciudad de Sueca (Valencia), señalaban que se han encontrado restos que justificarían esta ciudad como descendiente del antiguo campamento romano. De hecho hasta su nombre podría derivar del original, atendiendo incluso a que se cree que esta zona fue poblada por sicanos (apréciese la similitud con el actual gentilicio "suecanos"). Según algunos el oppidum de Sucro se hallaba ubicado en lo alto de la montaña de los Zorros de Cullera (L'Alt del Fort). Esa disyuntiva entre la localización en Sueca o Cullera, frente a la localización en Alcira, quedó resuelta cuando, a finales del pasado siglo XX, los nuevos descubrimientos arqueológicos y también la revisión del miliario de la Vía Augusta determinaron que la localización más probable está en el punto medio entre ambas ciudades (Sueca y Alcira), es decir en la pequeña villa de Albalat, la cual equidista de ambas urbes que son las capitales actuales de las comarcas Riberas Baja y Alta, de las cuales depende Albalat en el ámbito judicial (Sueca), sanitario (Alzira) y comercial (ambas). En los últimos años, Albalat de la Ribera ha ganado peso en comparación con el resto de localidades ya que, como encontramos en el actual plano de la Vía Augusta, ésta solamente pasaría por ésta villa y por Alzira, dejando de lado Cullera (solo en ésta y en Albalat se han encontrado restos íberos) y también Sueca por su lejanía respecto a la citada calzada, pues ésta atravesaba la población de Sucro. Además, ahora podemos eliminar Alzira por la total ausencia de restos arqueológicos íberos y por el hecho que las últimas excavaciones han dejado claro que la Vía Sucronense-Dianum pasó únicamente por Albalat, la cual se situaría sobre el solar donde se levantó Sucro. Esta habría ocupado la villa actual pero abarcando también hasta el vecino paraje del Alteret de la Vintihuitena, situado al norte del casco urbano. Esta teoría la defienden muchos historiadores y arqueológos. El geógrafo Estrabón de Amasia, ya en tiempos de Tiberio, en su obra "Geografia" (más concretamente en su "Tratado sobre España Antigua" y en referencia a su descripción del litoral valenciano, señaló que el litoral, desde Cartagena al río Ebro tiene en medio al río Sucro, su desembocadura y la ciudad del mismo nombre. Indicó así que la ciudad de Sucro estaba situada en la mitad de la vía Augusta entre Tarragona y Cartagena y también, justo en la mitad de ese trayecto, situó al río y a su desembocadura, el primero adyacente a la urbe sin explicitar que también la ciudad fuera adyacente a la desembocadura. De hecho la actual villa de Albalat de la Ribera dista lo mismo de ambas ciudades pues está unos 300 km de Tarragona y a otros tantos de Cartagena. Plinio el Viejo, naturalista y geógrafo (coetáneo de Jesucristo), ya en tiempo de Vespasiano cita en su "Historia Natural" y siguiendo el litoral mediterraneo: al río Tader (Segura), a Illici (hoy, Elche), a Lucento (hoy, Alicante), a Dianio (hoy, Denia) y a la ciudad de Sucro (hoy, Albalat de la Ribera), situada junto al río que le da nombre. Sigue con Valentia (hoy, Valencia) y señala que la región Edetania se inicia en un "ameno lago que se inclina hacia la celtiberia" (la albufera de Valencia). Señala pues a la Albufera y no al Júcar como el límite entre ambas regiones iberas (Contestania y Edetania). A continuación describe a Valentia (hoy, Valencia) y a Saguntum (hoy, Sagunto), remarcando que ambas están a la misma distancia del mar (tres millas), seguramente como medida de precaución frente a inesperados ataques de piratas. Lucio Floro, de la familia de Séneca y contemporaneo de Trajano y de Adriano concreta en su obra "Epitome" que Sucro, situada al lado de su homónimo río, puede divisarse desde Laurona (hoy, Llauri, situada a tan solo 8 km de Albalat). La localización de Sucro en Albalat por parte de los historiadores apareció ya muy avanzado el siglo XX (los historiadores anteriores habían minusvalorado esta pequeña localidad), tras la profundización en el estudio de las vías romanas en Hispania y también por el descubrimiento de restos romanos en la zona del Alteret de la Vintihuitena, en el casco urbano de la actual Albalat de la Ribera y en la otra orilla del vado: en "La Granja", que hoy esta en el término de Poliña del Júcar. Algunos señalan que Sucro podría haber estado en Albalat por su situación geográfica. El asentamiento estaría en un altozano dominando un punto en el que el Xúquer pasaba a discurrir de forma más regular por un cauce más definido, de fácil acceso. Albalat se ha librado siempre de los desbordamientos del río Júcar (llamado "el destructor", por los árabes) por estar asentada sobre una elevación natural (alteret, altozano o alcudia). Fue una localización ideal para establecer un oppidum por ser la mejor zona para vadear el río, y porque al cruzarse allí el Júcar con la Vía Augusta se obtenía una localización estratégica, tanto para el paso de mercancías fluviales por el Júcar, como las terrestres por la vía Augusta la cual conectaba Roma con Gadir (hoy, Cadiz). En la partida del Alteret de la Vintihuitena (hoy allí solo hay campos de naranjos, muy cercanos al casco urbano de Albalat), estarían situadas las "mansio romanas", es decir, la zona residencial de los más adinerados. Estudios geológicos demuestran que entonces en Albalat el Júcar dejaba de estar encajonado y se abría en el abanico aluvial en dos brazos, los cuales desembocaban uno al norte y otro al sur del promontorio de Cullera, determinandose así que el enclave de Sucro, junto al vado, fuera idóneo tanto en la época de Escipión, como en la de Sertorio y en la posterior con las mansiones junto a la Vía Augusta. La función de la actual Cullera sería la de Portus de la ciudad de Sucro, la cual debería estar situada más hacia el interior como en muchas grandes ciudades del Mediterráneo. Así el "Portus Sucrone" (al norte de la Edetania, situado en Cullera, a unos 14 km de la actual Albalat), tiene una clara correspondencia con el "Portus Ilicitanus" (al sur de la Edetania, situado en Santa Pola a unos 14 km de la actual Elche), marcando ambos puertos y ambas ciudades los límites septentrional y meridional de la antigua "Edetania" ibera. En los Vasos Apolinares también llamados Vasos de Vicarello están grabados sobre plata los nombres y las distancias entre las distintas estaciones de la vía Augusta, la cual transcurría desde Roma hasta Gades (Cádiz) con una longitud total de unas 1.840 millas romanas. Como la milia passuum es igual a 1.480 m, el total son 2.723 km (1.840 x 1.480). Allí se cifra la distancia entre Valencia y Sucro en 20 millas y entre Sucro y Jativa 16 millas, distancias que coinciden con las aportadas por el llamado Itinerario Antonino o Itinerario de Antonino Augusto Caracalla del que solo se conserva un ejemplar de la época de Diocleciano (siglo IV). Es otro documento, el Anónimo de Rávena o "Ravenate", mucho menos antiguo, el que distingue entre la ciudad de Sucro y su Portus Sucrone que serían las localidades actuales de Albalat y Cullera. Esas distancias, coincidentes en las tres fuentes citadas, se corresponden con 23,64 km entre Sucrone y Saetabi y 29,56 km entre Sucrone y Valentia y resulta que hay 25 km entre Albalat y Játiva y otros 29 entre Albalat y Valencia. Tras analizar esos datos se situó en un primer momento la ciudad de Sucro en Alcira, y posteriormente se la identificó con la actual Albalat. En 1.961 se inspeccionaron los restos arqueológicos aparecidos al abrir unas zanjas para el alcantarillado de Albalat, justo en la Vía Augusta y camino del vado del Júcar. También se hizo una prospección superficial con recogida de abundante cerámica ibérica y romana en el Alteret de la Vintihuitena, paraje muy cercano al núcleo urbano de Albalat de la Ribera. Posteriormente, a finales del siglo XX, se realizaron entre 1.996 y 1.998 unas excavaciones en el núcleo urbano de Albalat en las que encontraron restos de una vivienda y diferentes hogares correspondientes a un poblado datado entre el siglo III y II a.C., señalándose así una cronología similar a la de Sucro. Posteriormente, en la zona del Alteret de la Vintihuitena, con una extensión de unas 60 hectáreas, se encontraron restos superficiales de cerámica y el ángulo de la habitación de una casa que contaba en su interior con un hogar donde se documentaron restos cerámicos, incluso fenicios del siglo VIII a.C.). Se demostró que el lugar estuvo habitado al menos desde el Bronce Final hasta la época romana. La arqueología parece demostrar que la actual ciudad de Albalat de la Ribera se encuentra situada sobre lo que fue un pobado/establecimiento comercial, en un primer momento ibérico y posteriormente romano. El alto valor estratégico de su emplazamiento, bordeado por el río Sucro y a corta distancia de la Vía Augusta, tuvo que ser decisivo a la hora de su fundación y posterior desarrollo. No hay duda a la hora de atribuirle el topónimo de Sucronem. Desgraciadamente se carece de estudios científicos que avalen lo que parecen apuntar los hallazgos casuales y los restos cerámicos recogidos en superficie, pero cabe esperar que en un futuro no muy lejano se puedan llevar a cabo las oportunas excavaciones arqueológicas que permitan conocer mejor las dimensiones y características de los yacimientos de Albalat de la Ribera. Hoy, Albalat de la Ribera, provincia de Valencia, comunidad autónoma Valenciana, España. Ver, Saetabicula.