(389-336 a.C.). Rey de Macedonia, tercer hijo de Amintas II y de Eurídice, nacido en Pela en 389. En el año 367, Pelópidas lo hizo rehén suyo y se lo llevó a Tebas; permaneció tres años en Beocia, donde Epaminondas le enseñó política y estrategia militar, conocimientos que el joven Filipo empleó después para someter a Grecia. A la muerte de sus hermanos Alejandro II, a manos de un usurpador, y Pérdicas III, combatiendo con los ilirios en 360, Filipo fue nombrado regente del reino en el año 359 en nombre de su joven sobrino Amintas, hijo de Pérdicas, y se proclamó rey en el 355. A partir de ese momento, Filipo inició una política de engrandecimiento de Macedonia; comenzó con la unificación de los pequeños principados semiindependientes de la región, favoreció la expansión de la cultura griega y apoyó el desarrollo del comercio. Llevó también a cabo una importante política de conquistas en Tracia y Tesalia; se ganó el favor de Atenas, que se vió obligada a entregar a Filipo Pidna a cambio de Anfípolis, lo que no era más que una estrategia para asentar su poder. Filipo inició también una reforma importante del ejército popular macedonio, al que por medio de una férrea disciplina y de nuevas disposiciones tácticas consiguió convertir en uno de los más poderosos del momento. Organizó un ejército de ciudadanos macedonios, la mayoría de clase baja, a quienes entrenó en el uso de una nueva pica alargada dentro del contexto de la falange (una formación militar flexible que se usaba conjuntamente con la caballería). Este ejército consiguió una importante victoria sobre los ilirios en el lago Licnitis, y Filipo absorbió a los Estados independientes de la Alta Macedonia, poniéndolos bajo su reinado. Al mismo tiempo, desplegó una hábil política exterior, con la que logró aprovecharse de las disensiones internas entre las diferentes ciudades-estado griegas. En esta política de conquistas, el rey macedónico fundó una ciudad fortificada en Crenides (Tracia), en 356, a la que llamó Filipos, con lo que se inició la costumbre de poner los nombres de los soberanos a la nuevas ciudades, algo que se haría popular con Alejandro y con los Diádocos. Por otro lado, los excelentes rendimientos de las minas de oro de Pangeo, recién conquistadas, hicieron aún más fuerte la política de Filipo, pues pronto su oro pudo competir con el de los persas. Su política expansionista le llevó a extender los dominios de Macedonia, que alcanzó la costa tras vencer en sucesivas luchas a los ilirios, alargar su frontera hasta Tracia y someter la ciudad griega de Metone en el 354, en donde perdió un ojo a consecuencia de un flechazo. En su deseo de expansión hacia el este, Filipo entró necesariamente en conflicto directo con los atenienses, aunque en un principio intentó una penetración pacífica. Desde luego, el enfrentamiento tuvo mucho que ver con la enemistad del gran orador Demóstenes, que con sus encendidos discursos convenció a los griegos para luchar contra el monarca macedonio. Filipo decidió finalmente participar en la Guerra Sagrada y arremeter contra los calcídicos. Fue expulsado de Tesalia en el 353 por Onomarco de Fócide, pero lo derrotó ayudado por Licofrón de Feras, y lo mató al año siguiente en la batalla del Campo de Croco. El resultado de esto fue la adquisición de Tesalia y de su excelente caballería por Filipo. Al mismo tiempo, consiguió que los habitantes de Eubea se rebelasen contra Atenas (349-348). Ese mismo año, Olinto cayó en su poder y, tras esa ciudad, gran parte de las demás villas de la Calcídica. Tras estos sucesos, Filipo firmó la paz con Atenas (Paz de Filócrates) en la primavera del 346. Por otra parte, a Filipo se le pidió que encabezara una fuerza anfictiónica contra Fócide, aliada de Atenas. Ocupó las Termópilas e impidió que los refuerzos atenienses les llegaran a los de Fócide; sometió a estos, destruyó sus ciudades y envió a muchos de ellos a asentarse en Tracia. Retrasó su ratificación de la paz hasta julio y luego se hizo con el puesto de Fócide en el Consejo de la Anfictionía de Delfos. Gracias a estas victorias y a su agudeza como político, Filipo se introdujo de una manera efectiva en la vida de Grecia; de hecho, el famoso orador Isócrates dio a conocer por esta época su epístola a Filipo, en la que invitaba a al rey a dirigir a todos los griegos contra los persas. Después de lograr esa representación en la anfictionía de Delfos, Filipo se dirigió a Tracia y al Quersoneso; hacia el 340 había sometido a los ilirios dardanios y taulacios y conquistó la Tracia Odrisia. También intervino en el Peloponeso para apoyar a los mesenios contra Esparta y envió mercenarios a Eubea. Atenas respondió en el 341 invadiendo Eubea y expulsando a los gobiernos de Eretria e Histiea. A continuación, la Liga Helénica, dirigida por los ateniense y apoyada por los persas gracias a la política desplegada por Demóstenes, logró algún descalabro de Filipo en Perinto y Bizancio; sin embargo, Filipo no sufrió mucho en aquellas derrotas y, durante su incursión por el territorio griego, causó algunos daños a las poblaciones del Quersoneso. Por fin, Filipo, robustecido tras sus victorias en el Danubio, consiguió vencer a los griegos en Queronea. Esta última victoria le sirvió para asentar su dominio sobre Grecia (338), a la que ofreció una constitución federal mediante la formación de la Liga de Corinto, de la que él mismo se nombró hegemón. En lo sucesivo estaba prohibido todo cambio constitucional y se prohibía a los Estados griegos declararse la guerra unos a otros: solo Esparta y Creta escaparon a este control. El congreso decidió atacar a Persia y encargó a Filipo que encabezara la expedición. En otoño del 336, después de que una avanzadilla cruzara hasta Asia, Filipo fue asesinado en Egas, por un joven macedonio llamado Pausanias, cuando se celebraba la boda de Cleopatra, la hija que tuvo con Olimpíade, y Alejandro de Molosia. Filipo se había casado unos meses antes con una mujer también llamada Cleopatra, sobrina del noble macedonio Atalo; por esta razón, Olimpíade había partido furiosa a su hogar, en el Epiro. Su hijo Alejandro III se quedó en Iliria hasta que se le llamó, poco antes de la muerte de su padre. Debió de producirse algún tipo de reconciliación entre Filipo y Olimpíade, pues esta acudió a la boda. Filipo se había casado sucesivamente con Fila (hacia el año 360?), de quien tuvo un hijo llamado Caranos, muerto en el año 336; también contrajo matrimonio con Audata (hacia el año 358) de la que nació Kinané, muerta en el año 316 (a su vez casada en el año 327 con Amintas, hijo de Pérdicas III de Macedonia, según Diodoro XIX, 52, 2). Con Filina tuvo a Filipo Arrideo, llamado Filipo III de Macedonia en los años 323-317. De Olimpia, hija de Neoptolemo, rey de Molosia, con la que contrajo matrimonio en el año 357, nacieron Alejandro Magno y Cleopatra, que en el año 336 contrajo matrimonio con Alejandro, rey de Molosia, padres de Neoptolemo, rey de Epiro. De Nicesípolis de Faro, en el año 353 nació la princesa Tesalónica, esposa de Casandro, rey de Macedonia de 316 a 298, padres de Antípatro. No tuvo hijos con Meda, hija del rey Cotelas de los getas, con la que se casó en el año 339, pero sí de Cleopatra, sobrina de Átalo de Macedonia, de la que nació la princesa Europa, muerta en el año 336. A pesar de los tintes negativos con que describe su figura el gran orador ateniense Demóstenes, Filipo se presenta como uno de los más grandes soberanos del mundo antiguo. Así nos lo describen el orador Isócrates y el historiador Éforo, quienes lo veían como un gran líder para el mundo griego. De igual modo, el también historiador Teopompo llegó a afirmar que Europa no había producido nunca un hombre tan grande como Filipo. Filipo fue un organizador brillante, un general audaz y un diplomático extremadamente astuto, que no vaciló en conseguir por caminos sinuosos lo que no podía lograr de otra manera; Demóstenes le dirigió virulentos ataques y le acusó de trampas y sobornos (Filípicas). De igual modo, nos han llegado noticias y comentarios sobre su falta de moderación en su vida privada, sobre todo en lo referente a su relación con las mujeres, con lo que se ganó fama de adúltero. De todos modos, Filipo consiguió algo que nunca nadie había logrado antes: la unificación de toda la Península Balcánica bajo el mando macedónico, con lo que puso los fundamentos para los grandes éxitos de su hijo y sucesor Alejandro Magno. Ver, Olimpíade, Basilikoi páides.