"Meríones dio a Ulises un arco, una aljaba y una espada; y en la cabeza se caló un casco fabricado de bovina piel. En su interior multiples correas muy prietas lo tensaban; por fuera, blancos colmillos de jabalí, de albos dientes, se sujetaban tensos en posiciones alternas, con pericia y destreza; y el interior estaba forrado de fieltro". Así describe la Ilíada (X, 260-265) con todo detalle, un viejo casco transmitido de héroe en héroe, para acabar cubriendo la cabeza de Ulises. La descripción de este casco en el mítico relato, pudo generar dudas sobre la existencia del mismo al pensar que podría tratarse de un elemento fantástico, propio de la literatura. Sin embargo, tal tipo de casco existió. Fue un objeto habitual en Micenas, en cuyas tumbas han aparecido restos de los mencionados cascos: decenas de colmillos de jabalí, serrados y perforados para ser cosidos sobre un soporte de cuero. Se han hallado numerosas y detalladas representaciones en sellos, plaquitas de marfil y en pinturas que decoraban las paredes de los palacios y santuarios, y todas ellas confirman la descripción homérica, incluso en el detalle de que las filas de colmillos se dispongan, densas, en direcciones alternas. La presencia de esos colmillos en el casco, no parecen un mero adorno, sino parte integral de la protección. Que en la época micénica el casco de colmilíos de jabalí era un arma propia de guerreros de status elevado, puede deducirse de su representación en figuras de probable carácter divino (como la diosa del santuario de Micenas), y de su aparición en contextos funerarios de alto rango. Además, algunos de ellos requieren el empleo de cuarenta o más colmillos de jabalí (cuya caza con arma blanca es notoriamente peligrosa) y muchas horas de serrado, perforación y cosido al soporte de cuero. Algunas representaciones muestran estos cascos con guardanucas, carrilleras e incluso vistosos penachos, mientras que los más sencillos carecen de adornos y se limitan a un capacete cónico. Las carrilleras eran de cuero, a veces cubierto de puntas de colmillo o de láminas metálicas. Los restos más antiguos conocidos de cascos de este tipo proceden de una vivienda de Eutresis, hacia el siglo XVII a.C., inmediatamente anterior al nacimiento de la Cultura Micénica. Hay también restos en los Círculos de Tumbas B y A de Micenas (en torno al 1.600-1.550), pero la mayor abundancia se da entre los ss. XV/XIV a.C. El ejemplar más tardío procede de Kallithea, en una tumba fechable hacia el 1.180 a.C., al igual que la última representación pintada en un tiesto de estilo pictórico hallado en Tirinto. Fuera de Grecia, hay claras representaciones de estos cascos en los frescos de la isla de Santorín (Tera), fechables antes del 1.500 a.C. y en la Creta micénica, Delos y Enkomi, en Chipre. Hay otros testimonios interesantes. Un papiro egipcio muy fragmentario de época de Amenofis IV, encontrado en su capital de Tell el-Amarna y restaurado muy recientemente. La sorpresa ha sido la aparición de una escena de batalla, muy rara en papiros, con la imagen de unos guerreros que portan un casco de colmillos de jabalí, cuidadosamente representado. Está claro, por éste y otros detalles, que se trata de mercenarios extranjeros al servicio de Faraón y resulta probable que se trate de soldados griegos micénicos. Aunque en la zona de Mitanni se empleaban cascos cónicos de apariencia similar, no está probado que los hurritas emplearan el tipo de colmillos de jabalí. El color amarillento que se empleó, las filas de gajos... todo apunta a que se trata de un tipo muy específico cuya popularidad en el Egeo es manifiesta, lo que no ocurre en Siria. La presencia de mercenarios micénicos en el Egipto de la XVIII dinastía habría provocado gran sorpresa hasta hace muy poco, aunque es sobradamente conocida la abundancia de material micénico en Tell el-Amarna. Pero el reciente hallazgo en Tell el-Daba (Avaris) de pinturas al fresco de tipo cretense, incluyendo escenas de salto del toro, en un palacio egipcio de la zona del Delta a principios de la Dinastía XVIII, prueba que los contactos con el Egeo eran muy intensos y frecuentes ya en 1.570 a.C., lo que hace más plausible esta colaboración militar. Finalmente, excavaciones recientes en Kantir (Pi-Ramsés), cerca de Tell el-Daba, han ofrecido el hallazgo de un colmillo de jabalí cortado, trabajado y perforado para formar parte de un casco, en un contexto datable en el reinado de Ramsés II, fecha de la mayoría de los hallazgos de cascos en la propia Grecia.