La comarca de España donde se ubica el yacimiento de Alvar Fáñez, celtibérico primero y después romano, se conforma como una submeseta surcada por diferentes sierras alineadas de norte a sur en las que la erosión fluvial ha formado una serie de angostos valles que han marcado profundamente el desarrollo de las comunicaciones y, por tanto, de los contactos de la zona; casi nulos en sentido este-oeste, pero relativamente fáciles en sentido norte-sur, y, en consecuencia, la red viaria tanto antigua como moderna y el poblamiento humano se asentaron a lo largo de estos valles. Existe una fase de ocupación celtibérica anterior a las construcciones romanas, aspecto éste de gran interés, ya que es posible estudiar los fenómenos de evolución, cambio y/o continuidad que registran las sociedades protohistóricas en el proceso de romanización. Se trataría de un asentamiento celtibérico, del Hierro II, un oppidum olcade datado entre los siglos IV y III a.C. No se han constatado estructuras arquitectónicas que puedan asociarse a esta primera fase, aunque si se cuenta con abundantes elementos de cultura material. Al segundo cuarto del siglo IV a.C., se puede adscribir algunos fragmentos de cerámicas pintadas ibéricas, de producción local. Entre las formas documentadas en el Cerro de Álvar Fáñez, se pueden mencionar cuencos, urnas, ollas y kalathos. También se puede citar la documentación de varias monedas acuñadas en las cecas ibéricas de Arse, Bílbilis, Titiakos, Sekaisa y Contrebia Karbica, cuyas cronologías no van más allá del 133 a.C.. Igualmente, han aparecido otros implementos característicos de la cultura celtíbera. Todo ello, evidencia la ocupación del espacio del yacimiento por parte de una comunidad protourbana que establecía contactos comerciales y relaciones culturales con diferentes ámbitos (atlántico y mediterráneo) en los momentos previos y durante la fase de la conquista romana. En una fase posterior, la posible Istonium se incorporó con prontitud a la órbita romana, al igual que otras ciudades del entorno, como Segóbriga, Ercávica o Valeria. Reflejo de este hecho puede ser el desarrollo urbanístico constatado en época republicana en estos cuatro enclaves, así como la aparición de numerosos yacimientos de la zona, y de materiales arqueológicos fechables en los momentos de conquista. El momento más importante, corresponde a los comienzos del Imperio. Istonium, al igual que el resto de la actual provincia de Cuenca, se integró definitivamente en el ámbito cultural del Mediterráneo (provincia de la Tarraconense), cuando Augusto concedió a todos estos lugares la categoría jurídica de municipio. A partir de estos momentos se observa la presencia de materiales cerámicos que evidencian un desarrollo de las comunicaciones e intercambios con el exterior así como un estallido de la actividad constructiva, constatado en todas las ciudades de la submeseta sur. La importancia de este enclave puede venir determinada por ser esta ciudad un centro gestor (bajo el control de Segóbriga) de la explotación del lapis specularis. Las minas de este yeso selenítico abarcarían una franja de 150 km en sentido norte-sur y 40 km de ancho, muchas de ellas en las proximidades del Cerro de Alvar Fáñez, y estarían comunicadas con el yacimiento a través de diversas vías de comunicación, como la bifurcación Complutum-Ercávica-Segontia, de la calzada Cartago-Nova / Segobriga; o la vía secundaria de Huete hacia las minas de lapis specularis de Cuevas de Sanabria y Carrascosilla. Los vestigios arquitectónicos son escasos para poder reconstruir la planta urbana de este establecimiento en época altoimperial y bajoimperial. No obstante se puede concluir que en su lado amesetado y de menor desnivel se debió de concentrar el grueso de la población, así como la entrada principal del recinto. El camino de acceso principal podría haber discurrido por la vertiente noroeste aprovechando la morfología del relieve, más accesible por esta zona. Es posible que el asentamiento estuviera protegido por un recinto amurallado, al menos en su lado suroeste, más expuesto y accesible. Es factible pensar que en la parte más alta, así como en los inicios de la meseta que se prolonga en su lado sur, se ubicaría la zona pública, tal y como se puede apreciar en los trazados urbanísticos de las vecinas ciudades de Segobriga, Ercávica y Valeria. Es precisamente en esta zona donde se han documentado los restos arquitectónicos de mayor interés. Estos parecen corresponder a un edificio monumental de grandes proporciones, edificio que presenta una cuidada construcción. El declive de la ciudad de Huete se produjo a partir del Bajo Imperio, cuando se impuso el vidrio soplado frente al lapis, y se dejaron de explotar las minas de yeso ubicadas en su entorno, que fueron su razón de existir. La segunda mitad del siglo III marca un punto de inflexión en la monumentalización de las ciudades de la submeseta sur, aunque la suerte corrida por estas ciudades fue diversa y de carácter no definitorio, ya que muchas enclaves, tras la tercera centuria, mantienen cierto vigor en su vida municipal. En definitiva la ciudad, primero celtíbera y después romana de Istonium, se presenta, a tenor de los estudios arqueológicos, como uno de los yacimientos más interesantes de la Alcarria conquense. En primer lugar, porque habría ocupado un lugar especialmente significativo con relación a las grandes ciudades romanas de Segobriga, Ercávica y Valeria, jugando un papel de centro económico relevante en las fases republicana y altoimperial. En segundo lugar, porque se muestra como un espacio de evolución cultural en el que quedan de manifiesto los importantes procesos de aculturación a que se vieron sometidos los habitantes de la Meseta con la llegada de los conquistadores romanos. Hoy, Huete, provincia de Cuenca, comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, España.