El héroe Melanto es un descendiente de Neleo, rey de Mesenia, por su padre Andropompo. Fue expulsado de su país, Pilos de Mesenia, a la llegada de los Heraclidas, y, aconsejado por el oráculo, se estableció en el Ática, donde fue admitido como ciudadano y participó en las magistraturas. Por este tiempo reinaba en el Ática un descendiente de Teseo llamado Timetes, y los atenienses estaban en guerra con los beocios, a quienes disputaban la ciudad de Énoe. Como la guerra parecía insoluble, decidióse dirimirla por medio de un combate singular de los reyes de ambos paises. El rey de Atenas no se atrevió a medirse con Janto, soberano de Tebas, y declaró en su país que estaba dispuesto a ceder su trono a quien pudiese vencer al tebano en singular combate. Melanto aceptó la proposición, y entablóse la pugna. Cuando iba a empezar, apareció detrás de Janto la figura de un guerrero armado con una égida negra. Era Dioniso Melanégida, pero Melanto lo tomó por un combatiente y reprochó a Janto que violara las condiciones del duelo, recurriendo a la ayuda exterior. Janto, sorprendido, se volvió para ver quién acudía en su auxilio, y Melanto aprovechó el momento para traspasarlo con su lanza. Habiendo obtenido así la victoria para los atenienses, pasó a ser su rey. Los ciudadanos de Atenas levantaron un santuario a Dioniso, cuya ayuda había resultado tan eficaz. Existe otra tradición, que conocemos por Ateneo. Melanto, expulsado de Pilos, había recibido de la Pitia el consejo de establecerse en el lugar donde le ofreciesen, para comer, una cabeza y unos pies. Al llegar a Eleusis, los sacerdotes le presentaron todo lo que quedaba de la víctima de un sacrificio que acababan de celebrar: la cabeza y las extremidades. Comprendiendo que el oráculo se había cumplido, se instaló en Eleusis. Epónimo de un demo ático, y padre de Codro.