o Péntera o Pentere. En el año 401 a.C., Dionisio el Viejo, tirano de Siracusa, con objeto de reforzar su posición frente a los cartagineses, inició una carrera armamentística con la creación de un centro de investigación militar. Atrajo a gran número de ingenieros y trabajadores especializados de los territorios bajo su influencia, e incluso de zonas enemigas, ofreciendo muy buenas condiciones económicas. Los resultados no se hicieron esperar: la catapulta y el quinquerreme (pentere). Partiendo del trirreme, las posibles formas de incrementar su potencia eran: aumentar el número de órdenes de remos o aumentar el número de remos por hilera o aumentar el número de remeros por remo. La primera solución era inviable, ya que se requerirían remos muy largos y que formarían un ángulo grande con la superficie del agua, haciendo difícil su manejo. El aumento del número de remos por orden, implicaba un aumento de la eslora del barco, disminuyendo la capacidad de maniobra y el margen de resistencia estructural. La solución adoptada fue el colocar dos remeros por pala (parece increíble que tan obvia opción no se le hubiera ocurrido antes a nadie). Una ventaja de esta configuración era que parte de la tripulación no necesitaba ser experta, bastando un remero experimentado por remo, y aportando el otro sólo fuerza bruta. En el lado negativo, la potencia en el remo no se llega a duplicar. Este nuevo navío fue adoptado por los cartagineses. Posteriormente, durante la Primera Guerra Púnica, un quinquerreme o cinco cartaginés varó en las costas romanas, siendo capturado y copiado. La extraordinaria organización de Roma creó, mediante el uso de piezas prefabricadas, una flota de un centenar de quinquerremes en dos meses. Las naves romanas diferían ligeramente de las cartaginesas. A causa de su inexperiencia en la construcción de barcos (aunque usaron técnicos de sus ciudades griegas) y por la premura con que armó la flota (que no permitió utilizar las maderas en las condiciones adecuadas), los cincos romanos resultaron más pesados y con mayor altura de la cubierta que los cartagineses; esto proporcionaba ventaja a la hora del abordaje, pero restaba capacidad marinera. Reconociendo los romanos su inferioridad táctica naval frente a la pericia cartaginesa, intentaron convertir los combates en enfrentamientos de infantería, en los que se mostraron superiores. La nave se equipó con una especie de pasarela, denominada corvus, que se articulada por un extremo al barco y disponía de garfios en el otro; cuando el buque enemigo estaba al alcance, se dejaba caer el corvus sobre él, realizándose el ataque a través de la pasarela como si se tratara de un enfrentamiento terrestre. Según Polibio, en la batalla de Ecnomo (sudeste de Sicilia) se enfrentaron, entre las dos potencias, unos 700 navíos. Si hemos de creer estos números, impresiona la magnitud de la batalla, que supone más de 250.000 hombres. Como curiosidad, en Leyte (octubre de 1.944), considerada la mayor batalla naval de la Historia, sólo se emplearon 200.000 hombres y 250 navíos. El barco de construcción catafracta poseía 90 remos por amura. La tripulación constaba de 300 remeros y de 70 a 120 soldados. La eslora del barco aumentó hasta los 40 metros, su manga a unos 5 y el desplazamiento superó las 100 toneladas. En la época de los enfrentamientos con Siracusa por el control de Sicilia, Cartago llegó a idéntica solución que Dionisio el Viejo para aumentar la potencia de sus barcos y la aplicó al birreme, dando lugar al cuadrirreme (tetrere). En los ss. posteriores, debido al cambio de las tácticas de combate, tanto éste como el quinquerreme fueron cobrando importancia frente al trirreme. Comparando con este último, el mayor tamaño de los nuevos tipos de galeras supuso una mayor resistencia al estado del mar, el acomodo de mayor número de soldados, un aumento de la artillería y una mejor protección antiproyectil para los remeros. En el lado negativo disminuyó su velocidad y capacidad de maniobra. Posiblemente, al final de su gobierno, el tirano de Siracusa introdujo otra nueva innovación, el uso de dos remeros en el orden inferior de un quinquerreme, dando origen al hexarreme o seis. Los diversos Estados aparecidos tras la muerte de Alejandro se contagiaron de una fiebre constructiva de galeras cada vez mayores. Manteniendo una configuración dikrotos o trikrotos, aparecieron los denominados sietes, ochos, nueves y así hasta los cuarentas. En los grandes polirremes llegó a haber 20 remeros por interscaImium. En el siglo III a.C., Ptolomeo IV de Egipto encargó el mayor monstruo de la época: posiblemente se trataba de la unión de dos veintes para crear un catamarán (un cuarenta o tessarakontere) propulsado por 4.000 remeros y defendido por 3.000 soldados. Este gigante debió medir unos 130 m de eslora, 18 m de manga (por semicasco) y desplazaría más de 2.000 toneladas. Estos colosos no pasan de ser una mera anécdota y el peso de la flota siguió recayendo en los barcos de menor tonelaje. La quinquerreme fue tomada como modelo por los griegos para la pentecóntera o nave de cincuenta remeros. Podían llevar un mástil plegable en el centro de la embarcación, con una gran vela rectangular, y otro más pequeño situado a proa. En otras ocasiones no se hallaba dotado con velas y su único sistema de propulsión eran los remos. El impulso de éstos se aceleraba en caso de combate, empleando el espolón de proa como un ariete para abrir el barco enemigo en la línea de flotación y hundirlo. Muchos de los elementos de estos barcos se montaban a partir de piezas prefabricadas. Ver, Birreme, Triera, Trirreme, Pentecóntora, Heptera, Hexere, Marina griega, Marina romana, Cuatrirreme, Octere, Triacóntero, Siracusia, Barcos, Embarcaciones.