Ciudad griega de la Tróade, que hoy no es más que una pequeña población pesquera que dormita encajonada entre abruptos acantilados bañados por el mar Egeo. Assos fue fundada en el I milenio a.C. por colonos eolios procedentes de Lesbos, y fue urbanizada en forma de terrazas superpuestas, alcanzando los 200 m sobre el nivel del mar. En aquel tiempo era el único puerto seguro de la zona, por lo que logró controlar el tráfico marítimo de este tramo de la costa. Aunque todas las tierras circundantes cayeron en manos de los persas, Assos pudo mantener su independencia dentro del Imperio persa, hasta que fue conquistada por Alejandro Magno. Desde entonces fue gobernada por el general macedonio Lisímaco, luego por los reyes de Pérgamo, y finalmente por Roma. El tirano persa Hermieas fundó aquí una escuela platónica, a la que asistió Aristóteles en 347-344 a.C.. Tambien nació aquí, ca.330 a.C., el filósofo estoico Cleantes. Los restos de la antigua Assos se esparcen por doquier, devorados por hierbas y arbustos, en los escarpados promontorios de sus aledaños, e incluso en los mismos muelles del puerto actual pueden verse tambores de columnas dóricas utilizados como amarraderos de barcos. El antiguo puerto yace sumergido bajo las aquas. A pesar de haber sido utilizadas como canteras en el siglo XIX, las ruinas de Assos todavia exhiben los restos de un templo dórico dedicado a Atenea, la calzada pavimentada de acceso a la ciudad, y sobre todo largos lienzos de sus murallas griegas, con las fortificaciones anexas. El templo de Atenea, fue construido en la segunda mitad del siglo VI a.C.. Era un templo de columnata exterior (seis columnas por trece) de estilo dórico, cuya particularidad más notable era el alquitrabe decorado con relieves que coronaba la columnata exterior. Es el único ejemplo conocido de arquitrabe esculturado en el orden dórico (hay fragmentos en los museos del Louvre, Estambul y Boston). Las murallas datan del siglo IV a.C. y exhiben en los altibajos de su recorrido por prados y colinas un cuidado aparejo de sillares regulares que llega a veces a sobrepasar los 14 m de altura. Están reforzadas a intervalos por potentes torreones cuadrangulares, y perforadas por puertas, la principal flanqueada de bastiones defensivos, y otra con un insólito adintelamiento en forma de trapecio. Extramuros yace un extenso y caótico amontonamiento de sarcófagos, pertenecientes a una necrópolis del siglo I.