Ciencia que estudia los astros y el firmamento. En Grecia, la astronomía fue, en principio, heredera de los fundamentos egipcios y caldeos, tomando en el ámbito griego un carácter racional y científico. La navegación, la agricultura y el control del tiempo estimularon el interés por los cuerpos celestes entre los pueblos de la antigüedad. Los egipcios y los babilonios de un modo especial hicieron investigaciones astronómicas y anotaron diferentes ciclos astronómicos con la finalidad de establecer el calendario. Los griegos también utilizaban la aparición y ocultamiento de diferentes estrellas como marcas de calendario y otras más como ayudas para la navegación. Los filósofos presocráticos introdujeron actitudes racionales en la astronomía y de ese modo pavimentaron el camino para su desarrollo como ciencia. Durante este período se adelantaron varias ideas importantes, especialmente la esfericidad de la Tierra, la idea de que la Luna hace derivar su luz del Sol y la explicación correcta de los eclipses solares y lunares. La gran contribución de los griegos a la astronomía fue su planteamiento de sistemas geométricos para representar los movimientos aparentes de los cuerpos celestes. El origen de esta idea se puede remontar a Anaximandro, quien mediante el desarrollo de la asunción de que el mundo está ordenado, ofreció un orden proporcional de la ubicación de los cuerpos celestes basado en órbitas circulares. Con todo, fueron los pitagóricos quienes hicieron una contribución más importante al desarrollo de esta modalidad de la astronomía científica estableciendo su estrecho y fructífero matrimonio con las matemáticas. Pitágoras fue el primero que entrevió la esfericidad de la Tierra, que Parménides había reconocido como un hecho establecido. Empédocles conocía la razón de los eclipses de sol y Anaxágoras dio la razón de los eclipses de luna. Filolaio, pitagórico del siglo V a.C., resumió el sistema de la secta, en el que, entre otras cosas, se reconocía que el universo es esférico. Otros dos pitagóricos, Hicetas y Ecfante hicieron girar la Tierra sobre sí misma. Platón retuvo en sus teorías los movimientos aparentes y reales de los pitagóricos. En la Academia Eudoxo de Cnido respondió al problema planteado por Platón acerca de los movimientos aparentemente irregulares de los planetas. Sugirió que podía derivar de combinaciones de movimientos uniformes, regulares y circulares mediante el planteamiento de diferentes sistemas de esferas homocéntricas. El sistema de Eudoxo no tenía en cuenta la vecindad de Mercurio y Venus al Sol. Eudoxo realizó un catálogo de estrellas y sus esferas homocéntricas inspiraron Aristóteles. Heráclides del Ponto, discípulo de Platón, admitió que estos dos planetas giraban alrededor del Sol mientras que este astro, con los otros planetas, giraban alrededor de la Tierra. En Alejandría, Conón y Dositeo, amigos de Arquímedes, descubrieron nuevos grupos de estrellas y, en particular, la "cabellera de Berenice", reconocida por Conón, mientras que Eratóstenes llegó a calcular la circunferencia de la Tierra. Posteriormente Calipo mejoró el trabajo de Eudoxo. Posteriores dificultades hicieron que otros suplantasen este sistema incluyendo excéntricas y epiciclos. El más influyente de éstos fue Ptolomeo, quien, incorporando la teoría solar y lunar de Hiparco, estableció un sistema que se aceptó de forma casi universal como la base de la ciencia astronómica durante unos 1.400 años. El sistema heliocéntrico de Aristarco, planteado como respuesta al mismo problema, se formuló demasiado pronto puesto que los astrónomos helenísticos no estaban preparados para aceptar su teoría de que las estrellas estaban tan distantes y de que la órbita de la Tierra era tan insignificante, comparativamente, que el desplazamiento paraláctico de las estrellas era tan pequeño que podía desdeñarse. Aristarco de Samos fue el primero en dar una explicación real de las mareas, demostrando la relación de estos fenómenos con las fases de la luna. En la misma época, Hiparco, inventando la trigonometría, dio el instrumento indispensable para las medidas astronómicas. Él descubrió la precesión de los equinoccios y dejó un catálogo de 850 estrellas. Claudio Ptolomeo, ya en el siglo II, resumió los trabajos de los astrónomos de la antigüedad: menciona 48 constelaciones, 1042 estrellas y cinco planetas (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), exceptuando la Luna. Sólo les faltaba a los antiguos el telescopio para poder ir más lejos en sus conocimientos astronómicos.