Desde el estuario del Tajo a la desembocadura del Segura, en la península Ibérica, así como desde Tánger a Mogador, en la costa atlántica marroquí, se documentan asentamientos de importancia diversa que responden a una amplia red de factorías fenicias supeditada a las grandes fundaciones de Occidente (Cartago, Málaga, Cádiz y Lixus). En torno a todas esas rutas se difunde el uso del hierro, la cerámica a torno, el urbanismo con casas concentradas a lo largo de calles y la escritura, si bien esos rasgos en común no anulan unas diferencias locales, en razón de las tradiciones y peculiaridades de cada sitio. Heródoto ya reconocía la prioridad de los fenicios en la colonización del extremo Occidente, aunque ello no fue obstáculo para que en los mitos griegos Hércules fuera el gran héroe civilizador de esta parte del mundo, tan desconocida para los clásicos. El estrecho de Gibraltar recibió el nombre de Columnas de Hércules y en la vertiente atlántica tuvieron lugar algunos de los trabajos impuestos por los dioses. La lucha contra el gigante Gerión, rey de Tartessos, en la Andalucía occidental, o el reto de conseguir las manzanas de oro que crecían en el jardín guardado por las ninfas del atardecer (Hespérides), cuya localización en Lixus afirman varios autores, pertenecen a ese ciclo de relatos sobre los trabajos de Hércules en Occidente. Los historiadores debaten todavía acerca de la localización de un templo de Hércules citado por las fuentes en relación con Lixus, aún no identificado. La antigua ciudad de Lixus (Larache, Marruecos) es la fundación colonial fenicia más lejana llevada a cabo por los tirios a comienzos del primer milenio antes de nuestra era. Forma parte de las excéntricas colonias del Atlántico cuyo exponente histórico principal fue Cádiz. Plinio y Estrabón localizan en Lixus el mítico Jardín de las Hespérides, el palacio del gigante Anteo, así como un antiquísimo santuario dedicado a Hércules. Lixus se convierte así en un auténtico escenario de mitos diversos que es situado simétricamente frente a la conocida colonia fenicia de Gadir (Cádiz), a la misma distancia que ésta de las legendarias Columnas de Hércules. Desde la perspectiva de su localización en la desembocadura del río Lucus, Lixus "la soleada" constituye verdaderamente el primer puerto atlántico al sur del estrecho de Gibraltar. No es de extrañar el interés por la elección de este emplazamiento por parte de los fenicios en su aventura por el extremo Occidente. Su doble condición de puerto marítimo y fluvial debió ser determinante en la selección del enclave dentro de las rutas comerciales fenicias en África. Los textos antiguos hacen remontar el origen de la ciudad en torno al 1.100 a.C., incluso señalan la mayor antigüedad del santuario de Lixus frente al Herakleion gaditano. La construcción de un templo dedicado a Hércules manifiesta, por otra parte, el sincretismo o la fusión entre el antiguo dios tirio Melqart y el héroe griego. Se menciona incluso la existencia en Lixus de un altar en el centro del estuario, sobre una elevación que la marea jamás inundaba. Si observamos el singular y sugerente paisaje en la actualidad, se podría evocar esa geografía mítica de la que hablan las fuentes a través de los serpenteantes meandros del curso fluvial, su estuario frente a la inmensidad del océano o la acrópolis sobre la colina dominando el valle. Precisamente desde el mar, el emplazamiento de Lixus presenta el aspecto de una isla cuando tienen lugar las inundaciones del río Lucus. La divinidad principal de Lixus parece ser Melqart-Hércules: la mitología, el paisaje, la topografía antigua del yacimiento y los documentos arqueológicos, especialmente las leyendas y efigies de las monedas o algunas imágenes en bronce de época romana, así parecen indicarlo. El río Lucus en su desembocadura diseña el paisaje de la antigua colonia fenicia, establecida en un montículo de 85 m de altura que se levanta sobre una laguna situada en un estuario y sometida a la influencia del canal fluvial y de las mareas. Además, el Lucus y el Atlántico imponen la estrategia de supervivencia en el lugar, dependiente de los recursos que proporciona el Océano y de las vías fluviales hacia la región inmediata. La migración de los atunes desde el golfo de Guinea hacia el Mediterráneo, en donde desovan, daba lugar a que bancos de estos peces pudieran ser apresados, utilizando redes y, más tarde, mediante la pesca de almadraba. La sal era utilizada, a continuación, para elaborar las conservas que, bajo diferentes modalidades, eran distribuidas a través del comercio marítimo. Una batería de fábricas de salazón con las características de su trazado en época romana recibe hoy al visitante de Lixus. Se trata de la más extensa agrupación de edificaciones de su género conocida hasta el momento, con las cubetas impermeabilizadas para salar el pescado, o bien para mezclar sus vísceras con sal y elaborar una pasta comestible llamada garum, muy reputada en la cocina del mundo antiguo por su sabor y por sus propiedades reconstituyentes. Aparecen también las cisternas para almacenar el agua dulce imprescindible para manipular el pescado y las estancias de trabajo de los pescadores, aunque el puerto pesquero permanece enterrado por debajo de la carretera moderna y a orillas del río. En la antigüedad, el mar proporcionaba otro recurso tan rentable como la pesca, cuya invención se atribuye a los fenicios quienes, a su vez, reciben su nombre de este producto. Consistía en la obtención de un colorante rojo vivo llamado púrpura (phoinix) para teñir indeleblemente tejidos, sinónimo de lujo y calidad en aquellos tiempos en los que el resto de tinturas permanentes era desconocido. La recolección con nasas de unos caracoles del género de los múrices daba lugar a una serie de operaciones encaminadas a provocar la segregación de la sustancia colorante que éstos producen en los meses de invierno, para lo cual se los dejaba en una cubeta, se les rompía la concha y se añadía agua salada a una maceración necesariamente maloliente pero que, finalmente, se convertía en un tinte único y muy codiciado. Estas operaciones podían ser hechas en las mismas fábricas en que, en primavera-verano, se preparaba el pescado. Plinio cita las Islas Purpúreas en la costa mauritana. Las excavaciones realizadas revelan un auge de la población entre los ss. III a.C. y I d.C., comparable al de su fundación, y que supone una recuperación tras los ss. V y IV a.C., aparentemente de declive a juzgar por la relativa escasez de restos arqueológicos. La superposición directa de niveles arqueológicos fenicios y de época romano-republicana, parece indicar que la ciudad se retrajo en el período clásico. A partir del final del siglo III a.C. la etapa púnico-mauritana supone, sin duda, un replanteamiento urbanístico en Lixus, que tiene sus mejores exponentes en la construcción de una muralla especialmente bien conservada en el flanco occidental que mira al mar, con tramos de aparejo ciclópeo y, por otra parte, en las edificaciones domésticas. Es notable el buen estado de conservación de las casas de Lixus de esta época. En las plantas de los edificios domésticos, el urbanismo no se resuelve mediante las ha-bituales casas de patio o de porche a cielo abierto, ni tampoco con soluciones en terraza escalonada en la pendiente tal y como se conocen en la cultura ibérica, sino mediante unidades de habitación de planta rectangular con habitaciones de proporciones alargadas articuladas por corredores, configurando dependencias organizadas alrededor de un cuerpo central, presumiblemente de más altura y con una luz cenital, rodeado por un pasillo perimetral, reforzado exteriormente con contrafuertes, al que abren habitaciones menores, resultando de todo ello un modelo arquitectónico que no encuentra paralelos en otras ciudades de su entorno y época, del que llama la atención una cierta circulación interna laberíntica, acusada por la ausencia de una distribución axial de vanos y puertas. En este sentido, se puede afirmar que la población lixita mantuvo un planteamiento propio para sus viviendas hasta el momento en que obtuvo el estatuto de colonia romana en tiempos de Claudio, a pesar de estar abierta al comercio y a la circulación monetaria regidos por Roma. Que esta singularidad corresponda al origen fenicio de la ciudad, o bien a las tradiciones locales, sólo podrá estipularse cuando avancen las excavaciones. Las calles entre las distintas casas siguen un esquema en tablero de ajedrez, y son aptas para el tránsito de carros aunque, en el estado actual de conocimientos, es difícil saber si ello corresponde a la época púnico-mauritana o a la primera planificación romana de la ciudad, fechada hoy en época de Juba II (25 a.C.-23). Lo que se va confirmando cada vez con más datos es la frecuencia de espacios para almacenar ánforas en todas estas viviendas, con perspectivas de dar información sobre el transporte de mercancías y el tráfico de importaciones y exportaciones en un puerto fundamental de la costa atlántica de Marruecos. Todavía es prematuro plantear hipótesis acerca de la producción local e regional de estos envases, porque las evidencias más claras son las de la última fase del período en estudio, inmediatamente anterior a la conversión en colonia de Lixus en el año 50, para la que no hay testimonios de alfares, pero ya empieza a verse un funcionamiento comercial imbricado en el área del Estrecho, del que son buena muestra, por otra parte, las monedas y las producciones cerámicas de Kuass. Hoy, a unos 3 km al norte de la ciudad de Larache, en la orilla derecha del estuario del río Lucus o Loukkos, en el noroeste de Marruecos.