Nombre que recibían los descendientes de Benjamín. Su territorio tribal se hallaba al norte del de Judá, en Hebrón, de tal modo que ambas tribus terminaron por establecer una estrecha relación entre sí. Sin embargo, algún tiempo después de que Josué conquistara y se estableciera en Canaán, los benjaminitas sufrieron una terrible tragedia. En cierta ocasión, un hombre de Guibeá, una población del territorio de Benjamín, dio alojamiento a un extranjero. Durante la noche, sus conciudadanos le pidieron a gritos que se lo entregara para satisfacer con él su lujuria. El anfitrión se negó y, en su lugar, les entregó a su concubina (Ver una historia similar que protagonizó Lot en Sodoma). Tras abusar de ella toda la noche, la abandonaron cuando estaba moribunda. El hombre cortó su cuerpo en doce pedazos y envió uno de ellos a cada una de las tribus de Israel, reclamando venganza. El resto de Israel declaró la guerra a los benjaminitas. A pesar de la gran disparidad existente entre las fuerzas de unos y otros, los benjamimtas consiguieron resistir hasta que, tras un tercer ataque, fueron vencidos y se vieron obligados a buscar refugio en una peña. Las demás tribus juraron solemnemente que nunca concederían la mano de ninguna de sus hijas a un benjaminita, pero, pasado algún tiempo, se arrepintieron de haber borrado prácticamente del mapa a una de las doce tribus. Con objeto de sortear la prohibición establecida por el juramento, los israelitas atacaron Yabés de Galaad, se apoderaron de 400 vírgenes (el resto de la población fue masacrada) y se las entregaron a los benjaminitas. La medida, sin embargo, fue insuficiente, y los israelitas aconsejaron a los benjaminitas que acudieran a una fiesta de los silonitas y se apoderaran del número requerido de mujeres, a medida que éstas iban abandonando la ciudad para participar en la fiesta y los bailes. De esta manera, la tribu de Benjamín terminó por recuperarse. No obstante, desde un punto de vista histórico, la tribu ya no sería más que un apéndice de la de Judá. El más eminente miembro de la tribu benjaminita fue Saúl, aunque también cabría mencionar a Mardoqueo. Los benjaminitas fueron objeto de la matanza de los inocentes por parte de Herodes.