En la Bella Fiesta del Valle, los egipcios honraban anualmente a sus difuntos. Al igual que en la Fiesta de Opet, la Gran Barca Userhat hacía su aparición en público. La celebración de esta fiesta se remonta al reinado de Montu-Hotep II, en el Imperio Medio. De esta época toma su nombre, puesto que la fiesta hace alusión al valle donde aquél faraón construyó su templo funerario: el Valle de Neb-Hotep-Ra. La celebración se hacia coincidir con la primera luna nueva del segundo mes de la estación de shemu (estación de la sequía). Era una gran fiesta religiosa en la que Amón-Ra salía de su templo en Ipet-Sut y navegaba desde oriente a occidente hasta alcanzar la orilla oeste del Nilo. La salida del dios era muy semejante a la de la Fiesta de Opet. El rey realizaba los rituales del despertar del dios en lpet-Sut y se organizaba la comitiva hasta el embarcadero donde esperaba la Gran Barca Userhat. Formado el cortejo, se iniciaba la procesión de La Bella Fiesta del Valle, con la navegación por las aguas del Nilo desde oriente a occidente. Se podría decir que Amón realizaba sobre el río el mismo viaje que Ra, el dios sol, realizaba cada día navegando sobre la bóveda celeste. Era la representación del viaje celeste del dios sol Amón-Ra el cual, por la mañana, cuando aparecía por el este, dirigía su navegación celestial hacia occidente, marchando hacia el final del día, es decir, hacia la noche, que era la muerte. Pero esta muerte sería, como la del Sol, que vuelve a salir (resucita) al día siguiente. Ese era el profundo significado de esta ceremonia procesional. La navegación era, por tanto, la manifestación simbólica central y más espectacular de la ceremonia. Alcanzada la orilla oeste, la procesión se dirigía a los distintos Templos de Millones de Años construidos, en el límite de la zona fértil, como templos para el culto funerario de los reyes difuntos del Imperio Nuevo. Para ello, disponían de una magnífica red de canales rectilíneos, que ponían en comunicación estos templos con el río y permitían una fácil navegación de la comitiva. Cada uno de los templos funerarios disponía de un amplio muelle para que pudieran recalar las grandes barcas de navegación de los dioses, con unas escalinatas que facilitaban el traslado de las barcas procesionales a hombros de los sacerdotes. Aunque los itinerarios debieron ir modificándose a lo largo del Imperio Nuevo, en la medida que se añadían los templos de faraones fallecidos, el itinerario básico debía comenzar con una visita a la capilla-reposadero construida por Amenhotep I en el Cerro de Djeme, un pequeño templo llamado Dyeser-set, hoy dentro del témenos del templo de Medinet Habu, donde la tradición situaba la primera aparición de Amón. La procesión continuaba después visitando las distintas capillas reposaderos y los Templos de Millones de Años de los faraones fallecidos, los cuales, bajo el soporte físico de sus correspondientes estatuas, acompañaban y participaban también en la procesión. Finalmente, al menos a partir del momento de su construcción, la procesión llegaba al templo de Deir el-Bahari como punto de destino. La procesión terrestre, que transcurría entre las colinas del desierto líbico, estaba encabezada por el faraón y las barcas procesionales de la tríada tebana, seguida de las estatuas de los faraones difuntos. Eran áridas colinas, horadadas por multitud de tumbas de la nobleza tebana. Las familias, que honraban a sus difuntos en las capillas de las tumbas, saludaban con júbilo el paso de la procesión. En su visita a las tumbas del occidente tebano, Amón-Ra, el dios supremo, aportaba a los difuntos la regeneración en el Más Allá. En las paredes de las tumbas dejaban escrito que habían participado mientras estuvieron vivos en las ceremonias de la Bella Fiesta del Valle, como testimonio que les acreditaba el derecho a disfrutar de los beneficios de la visita del dios cuando hubiesen fallecido. Era un momento de alegría y los participantes en la procesión se unían a las familias cantando y danzando. Cuando caía la noche, se celebraba un ágape que reunía a vivos y muertos en un banquete compartido. Esto lo tenían tan presente los egipcios que las capillas de las tumbas estaban ocupadas por largas inscripciones que invitaban a los participantes a recitar las fórmulas mágicas que les permitieran recibir los socorros necesarios para "seguir viviendo" en el Más Allá. Las ceremonias más importantes se celebraban en la estación de destino, donde la barca procesional era depositada: "su sepulcro del horizonte de Occidente, en su Bella Fiesta del Valle del Oeste". En estas misteriosas ceremonias solamente participaban el rey y el alto clero. En ellas se asociaban el dios Amón-Ra y el dios Osiris. La barca procesional de Amón-Ra se depositaba sobre un pedestal Set-ueret, el Gran Lugar, en el interior de una capilla situada, en la época de Hatshepsut, en el templo funerario de la reina, denominado Esplendor de los Esplendores, en Deir el-Bahari. Una inscripción del templo describe su finalidad: Estación sobre el Gran Lugar en El Esplendor de los Esplendores, en la fundación de Maat-Ka-Ra (Hatshepsut), el Horus Rico de Ka, fundación que es su preciosa morada de eternidad. En el interior del templo y ante el santuario donde había sido alojada la barca, el rey consagraba la Gran Ofrenda de alimentos, líquidos y flores. Tras la puesta del sol, se desarrollaba una ceremonia muy especial: la Ceremonia del Lago de Oro. El faraón ordenaba colocar cuatro grandes recipientes, poco profundos, llenos de leche, orientados hacia los cuatro puntos cardinales, representación de los confines de la bóveda celeste. A continuación situaba las antorchas que llevaban encendidas los sacerdotes Portadores de Luz, rodeando e iluminando con su luz dorada la superficie de leche que figuraba el fluido celeste, de manera que la barca divina estaría navegando toda la noche sobre su lago de oro. Al alba, las antorchas se apagaban sumergiéndolas en la leche. Una vez terminadas las ceremonias de la Bella Fiesta del Valle, la Gran Barca Userhat de Amón-Ra regresaba a la orilla oriental y la estatua del rey de los dioses era alojada de nuevo en su templo de lpet-Sut. Las fiestas religiosas tebanas ligadas a la navegación siguieron durante centenares de años después de su institucionalización. Extinguida la antigua civilización faraónica, el cristianismo sustituyó a los antiguos dioses y, más tarde, el Islam se impuso al cristianismo. Sin embargo, una de las fiestas más importantes de Luxor, la que se celebra en honor del santón musulmán Abu eI-Haggah, tiene como manifestación más ostensible una jubilosa procesión de barcas que une en alborozada alegría los lugares que ocuparon los templos de lpet-Sut y los de Ipet-Reshyt. Ver, Fiesta de Opet.