Templo edificado por Ramsés II, dedicado a Amón-Re. Su hemispeos, excavado inicialmente en el acantilado nubio, a sesenta kilómetros al sur de Asuán , en el curso de la salvación de los templos de Nubia, fue trasladado al sur de la gran presa de Asuán (Sadd el-Aali) y colocado al noroeste del templo de Kalabsha, también desplazado. La parte en speos naturalmente fue introducida en las rocas. En la época cristiana, el pequeño santuario fue transformado en iglesia. Una de las particularidades de las decoraciones consiste en que han sido tratadas parcialmente en "relieves de hueco", como en la época amarniana. En esas paredes, Ramsés aparece totalmente como faraón. En el patio al aire libre, la pared norte está esculpida con relieves que resumen las campañas asiática y libia. Se puede ver a Ramsés en el ardor de su juventud, pasando por encima del arcón de su carro para expulsar a un enemigo, además aterrorizado por su león de batalla. Más lejos, es atacada una ciudadela asiática. Pero, con seguridad, el espectáculo todavía más rico en detalles tomados del natural, es el largo registro esculpido, y antaño policromo, que presenta de izquierda a derecha en la pared sur, el desarrollo de la acción cumplida en la Alta Nubia. Primero, el ataque a una tribu de un tipo africano muy marcado, perseguida por las fuerzas armadas del faraón guiadas por Ramsés, de pie en su carro; por primera vez, está acompañado por dos de sus hijos. El mayor Amenhirunemef, hijo de Nefertari, tenía alrededor de cinco años, y Jaemuese un año menos: cada uno de los niños, montado en su propio carro, estaba asistido por un escudero conductor. La carga al galope provoca la desbandada completa entre los rebeldes. Transportan a un herido; hombres y niños se precipitan al pueblo, donde las mujeres se dedican a preparar la comida al aire libre. Luego está el interminable desfile de los tributos llevados o conducidos por los vasallos: el aporte de los animales de África, leones, jirafas, guepardos, gacelas, monos cercopitecos... y los productos que adornarán la vida en Egipto: colmillos de elefantes, plumas de avestruz, madera de ébano, muebles fabricados en el lugar en el más puro estilo egipcio, pieles de animales, especias, todo tipo de piedras semipreciosas, y finalmente el oro en bolsitas, el oro en anillos, y hasta "piezas montadas" decorativas de orfebrería... Los dos principitos introducen el desfile de esas riquezas, acompañados por el virrey de Nubia, el viejo Imenemipet, prosternados ante Ramsés triunfante en su trono, y por el visir Paser.