Os damos la bienvenida al Diccionario de Historia Antigua y Mitología más completo de Internet.

Introduce la palabra que quieras consultar, selecciona el tipo de búsqueda (Todos los campos, Palabra o Descripción) y haz clic en "Buscar".

- Cuando realizas una consulta de un término ten en cuenta que el buscador mostrará un listado alfabético de las palabras exactas y también de aquellas palabras que contengan dicho término.

- Una vez hayas realizado una búsqueda, si has navegado por distintas páginas o has entrado a explorar el listado por letras es aconsejable pulsar el recuadro "Anular" antes de realizar una nueva consulta.

Página 38 - 1322 Palabras 1851 al 1900 de 66095

Palabra   |   Descripción

Aditas

Tribu árabe cuyos individuos fueron los primitivos pobladores de la Arabia meridional. Según la tradición religiosa de los árabes descendían de Ad, nieto de Cam. Ver, Aad.

Adite

Una de las Danaides, esposa de Menalces.

Ádito

Recinto subterráneo, detrás de la estatua del dios Apolo, dentro del templo, en que se asentaba el trípode y estaba el laurel sagrado.

Aditon

Ádyton (santuario o lugar oculto del templo antiguo y, por consiguiente, al que estaba prohibido entrar).

Aditum

Ádyton (santuario o lugar oculto del templo antiguo y, por consiguiente, al que estaba prohibido entrar).

Aditus maximi

En el teatro clásico, grandes corredores de acceso lateral a la orchestra, abovedados, por donde se accedía a las gradas senatoriales allí situadas.

Adiutores

Funcionarios u oficiales subalternos romanos encargados de las distintas ramas de la administración imperial o de la casa del emperador.

Adivinación

Arte de conocer lo venidero por medios supersticiosos. Inquieto siempre el hombre por su suerte futura, no se contentó con indagarlo en los oráculos y las predicciones de las sibilas, sino que se valió de otros mil medios inventando varias suertes de adivinaciones y llegando al extremo de querer establecer para ellas máximas y reglas, como si unos conocimientos tan poco científicos pudiesen sujetarse a reglas y máximas. Esta ciencia tan antigua como la idolatría formaba una parte considerable de la teología pagana y estaba autorizada por las leyes especialmente entre los romanos. Cicerón, en su tratado sobre la divinación, examina si su existencia es posible y manifiesta que en cuanto a esto los filósofos estaban divididos en tres opiniones. Algunos creían que, supuesta la existencia de los dioses, debían admitirse desde luego las adivinaciones; otros sostenían que podía haber dioses sin que existiesen aquéllas, los últimos estaban persuadidos que aun cuando no hubiese dioses podría existir una adivinación. La Escritura hace mención de nueve clases de adivinaciones. La primera consistía en examinar las estrellas, los planetas y las nubes, esto es la astrología judiciaria o apetemesmática que Moisés llama Meonen. La segunda lleva en la Escritura el nombre de Menachesch, que la Vulgata y la mayor parte de los intérpretes traducen por augurio. La tercera llamada Mecascheph, que los Setenta y la Vulgata traducen por maleficios o prácticas ocultas y perniciosas. La cuarta es el lthoberon, esto es encantadores. La quinta consistía en interrogar a los espíritus, Pitons. La sexta, llamada por Moises Indeoni, era propiamente el sortilegio y la magia. La séptima se practicaba por medio de la evocación o interrogación de los muertos y era por consiguiente la necromancia. La octava llamada dabdomancia, se hacía con la varilla o el palo y a esa clase puede unirse la velomancia conocida por Ezequiel. La nona y última era la hepatoscopía o inspección del hígado. Además de todas estas clases hace también mención de los decidores de la buena ventura, de los que interpretan los sueños de las adivinaciones por medio del agua, el fuego, el aire, el vuelo de las aves, de su canto, por los rayos, los relámpagos y en general por meteoros, por la tierra, los puntos, las líneas y las serpientes. Los judíos habían sacado todas estas creencias de Egipto, de donde se habían esparcido por Grecia y de allí se extendieron entre los romanos. Estos últimos pueblos distinguían la adivinación en natural y artificial. Llamaban adivinación artifical a un pronóstico o a una deducción fundada sobre signos exteriores que enlazaban con los sucesos venideros, y la adivinación natural era la que presagiaba los acontecimientos por medio de un movimiento puramente interior y un impulso del espíritu independiente de algún signo exterior. Subdividían además esta última en innata e infusa. La primera se fundaba en la suposición de que el alma está circunscrita en sí misma y que mandando a los diferentes órganos del cuerpo sin hallarse presente por extensión, tenía esencialmente nociones confusas de lo venidero, como nos convencemos fácilmente, decían ellos, por medio de los sueños de los éxtasis y lo que sucede a ciertos enfermos cuando se hallan cercanos a la muerte, y a la mayor parte de los otros hombres, cuando les amaga un peligro inminente. La infusa se apoyaba en la hipótesis de que el alma, semejante a un espejo, quedaba ilustrada sobre lo venidero, en cuanto podía interesarle, por medio de un rayo de luz que derivaba de Dios o de los espíritus. Dividían igualmente la divinación artificial en otras dos clases, la experimental sacada de las causas naturales, como de las predicciones que los astrónomos hacen de los eclipses etc.; o de los juicios que forman los médicos sobre la terminación de las enfermedades; o de las conjeturas de los políticos sobre las revoluciones de los estados; la otra, quimérica, consistía en prácticas caprichosas fundadas en un falso juicio y acreditadas por la superstición. Esta última rama se servía de la tierra, el fuego, el aire, el agua, las aves, los intestinos de los animales, los sueños, la fisonomía, las líneas que se notan en las manos, los puntos casuales, los nombres, los movimientos de un anillo, y de las obras de algunos autores y de ahí derivaron las suertes llamadas Sortes Praenestine, Virgilianae, Homericae. En el siglo IV el emperador Teodosio I puso fin de manera oficial a la adivinación pagana. Pero en la mayor parte de las aldeas griegas de hoy, el mantis está vivo. Ver, Incubatio, Mántica, Divinatio, Mancia, Abacomancia, Actinomancia, Acutomancia, Aeromancia, Agalmatomancia, Alectomancia, Alectriomancia, Aleuromancia, Alfitomancia, Alomancia, Amniomancia, Antropomancia, Apantomancia, Apotelesmática, Aritnomancia, Armomancia, Arte de los espíritus, Artinomancia, Astragalomancia, Axinomancia, Belomancia, Berilística, Bibliomancia, Bolomancia, Botanomancia, Brizomancia, Cefalonomancia, Caomancia, Xapnomancia, Canterme, Cartomancia, Catoptromancia, Causimomancia, Cefalomancia, Ceraunomancia, Ceraunoscopia, Ceromancia, Cledonismancia, Cleidomancia, Cleromancia, Coscinomancia, Cresmología, Cristalomancia, Critomancia, Dactilomancia, Dafnomancia, Divinatio, Enomancia, Enoptromancia, Eromancia, Espodomancia, Extispicium, Fialomancia, Filorodomancia, Gastromancia, Geomancia, Geoscopía, Geromancia, Giromancia, Hidromancia, Hieroscopía, Higromancia, Hipomantia, Ictiomancia, Ignispicium, Lampadomancia, Lecanomancia, Libanomancia, Licnomancia, Lingulaca, Litomancia, Meteoromancia, Miomancia, Necromancia, Nigromancia, Oculinomancia, Ofiomancia, Oinomancia, Ololigmancia, Omfalomancia, Omomancia, Onicomancia, Oniromancia, Onomancia, Oomancia, Ooscopia, Ornitomancia, Pagomancia, Palomancia, Partenomancia, Pegomancia, Petimancia, Piromancia, Psicomantia, Quiromancia, Rabdomancia, Rapsodomancia, Sciamancia, Sicomancia, Sideromancia, Sortilegio, Stoicheiomancia, Stolisomancia, Suertes, Teframancia, Teomancia, Teratoscopia.

Adj

En el antiguo Egipto, el pez adj parece que designó a una especie de anguila.

Adjaria

Ayaria (Ayaria formó parte de la Cólquida en la Antigüedad. Los griegos fundaron colonias en el ….).

Adji

En la mitología del antiguo Egipto, era una designación del sol.

Adjib

Andyib ((siglo XXX a.C.). Faraón del Período Tinita y de la Dinastía I (3.065-2.890)).

Adju

En el antiguo Egipto, nombre del pez mújol.

Adjuntos

Eran entre los romanos una clase de divinidades subalternas que asociaban a los dioses de primer orden para ayudarles en sus funciones; así es que Marte tenía por adjunta a Belona; Neptuno, a Salacia; Vulcano, a los Cabiros; el Buen Genio, a los Lares; el Mal Genio, a los Lemures, etc.. Ver, Assesores.

Adlecti

Oficiales subalternos romanos de las secretarías del emperador. Ver, Adlectio.

Adlectio

(de allego, literalmente "elegir"). Se llama adlectio al acto de admisión de un nuevo miembro en una entidad o corporación, así como la admisión de un nuevo ciudadano en un municipio (adlectio inter cives) o en el orden de los decuriones. Era el acto de pasar al orden de ex magistrados romanos (adlectio inter consulares, praetorios, quaestorios, tribunicios) que confiere el emperador a determinadas personas y que les faculta para acceder a nuevos cargos de magistrados o funcionarios imperiales. Así, para ser nombrado cónsul era necesario ser antes adlectus inter praetorios. La adlectio in senatum era concedida con frecuencia a los procuradores imperiales del orden de los caballeros (ordo equester). La adlectio era el poder por el que los emperadores romanos, incluyendo a Augusto y a Claudio, otorgaban el derecho a integrarse en el orden senatorial ejerciendo de este modo control sobre la pertenencia al Senado. Vespasiano inauguró con la adlectio un nuevo método para hacer más fluidas las relaciones entre los estamentos privilegiados y cumplir una política de promoción social. Consistía en la "convalidación", por decisión imperial, de uno o varios grados en la carrera de determinados personajes, dispensados así de seguir paso a paso los sucesivos escalones de las magistraturas y, en consecuencia, aptos para cumplir funciones superiores a las que su grado les permitía cumplir. Fue un instrumento, usado de forma habitual desde el período Flavio en adelante, para acelerar las carreras de determinados senadores, por ejemplo, a un antiguo cuestor promocionado inter praetorios (al rango de expretor) se le permitía saltarse la pretura y aspirar directamente al consulado. Desde la época de Macrino (217-218), y de manera corriente durante el siglo IV, incluso era posible la promoción inter consulares (al rango de excónsul). Ver, Cursus honorum.

Adlocutio

Alocución (arenga o discurso de un emperador romano a sus soldados).

Adma

Nombre de una ninfa.

Admagetobria

Magetobria (ciudad de la Galia céltica habitada por los séquanos).

Admagetobriga

Magetobria (ciudad de la Galia céltica habitada por los séquanos).

Admah

Según la Biblia, Admah fue una de las cinco ciudades del Valle de Siddim. Estaba en la llanura del río Jordán, en la región sur de la tierra de Canaán. Fue destruida junto con Sodoma y Gomorra. La ciudad se menciona figurativamente en la Biblia, en Deuteronomio y en el Libro de Oseas. También ha habido algunas conjeturas de que Admah se menciona en las tabletas de Ebla. La ubicación de Admah es desconocida.

Admedera

Población de Numidia, cerca de la frontera de la provincia de África, a la izquierda de un pequeño río, afluente por la derecha del Bragadas, y al norte de la ciudad de Theveste.

Admeta

Hija de Ponto y Talasa. Ver, Admete.

Admete

"la indomable o la virgen". Una de las Oceánides, hijas de Océano y Tetis.

Admete

Hija de Anfidamante y esposa de Aristeo.

Admete

Admete es la heroína de una leyenda de Samos. Hija de Euristeo y biznieta de Perseo, reside en Argos, donde es sacerdotisa de la Hera argiva. Según una versión de la leyenda de las Amazonas, por ella fue que Heracles salió a la conquista del cinturón de la reina guerrera. Admete estuvo en funciones de sacerdotisa durante cincuenta y ocho años. Pero al morir su padre tuvo que huir de Argos y se refugió en Samos, llevándose la imagen de la diosa, confiada a sus cuidados. En Samos encontró un antiquísimo santuario de Hera, fundado en otros tiempos por los léleges y las ninfas. Allí depositó la estatua. Mientras tanto, los argivos, inquietos por la desaparición de la imagen, encargaron a unos piratas tirrenos que saliesen en su busca. Esperaban también que los de Samos harían a Admete responsable de la conservación de la imagen y la castigarían si era robada. Como el templo de Samos no tenía puertas, a los piratas les fue muy fácil apoderarse de la estatua. Pero al intentar hacerse a la vela, les resultó imposible poner el barco en movimiento. Comprendieron, pues, que la diosa quería quedarse en Samos. Así, depositaron la sagrada imagen en la orilla, y le ofrecieron un sacrificio. Admete, que se había dado cuenta de la desaparición de la imagen, alarmó a los habitantes, los cuales se pusieron a buscarla por todas partes. Acabaron encontrándola, abandonada, en la playa, pues los piratas habían partido. Imaginando entonces que la diosa había ido allí por sí misma, la ataron con tiras de mimbre. Al llegar Admete la desató, la purificó y volvió a consagrarla, pues había sido mancillada por el contacto de manos humanas; luego la restituyó al templo. En recuerdo de ello, todos los años los habitantes de Samos celebraban una fiesta, durante la cual se llevaba la estatua de Hera a la playa, se volvía a consagrar y recibía ofrendas. Pausanias atribuye el traslado de la Hera argiva desde Argos a Samos, no a Admete, sino a los Argonautas.

Admeto

Admeto era rey de Feras, en Tesalia, hijo de Feres, que había dado nombre al país, y de Periclímene. En su juventud participó en la cacería del jabalí de Calidón y en la expedición de los Argonautas. Al morir su padre, subió al trono; entonces tuvo a Apolo por bóyero (Ver, Apolo). Se enamoró de Alcestis, hija de Pelias, rey de Yolco. Éste había resuelto no entregar a su hija sino a un hombre cuyo carro llevara uncido bajo un mismo yugo un león y un jabalí. Apolo suministró a Admeto el necesario atelaje, sea en agradecimiento al buen trato recibido de él durante el tiempo de su servidumbre, sea porque estuviese prendado de Admeto. Habiendo logrado la mano de la doncella, gracias a la ayuda del dios, Admeto omitió, al celebrarse la boda, hacer un sacrificio a Ártemis. Ésta, enojada, llenó de serpientes el aposento nupcial. Apolo prometió a Admeto aplacar a su hermana y al propio tiempo pidió a los Hados la gracia de que aquél no muriese el día designado por la suerte, si se presentaba alguien dispuesto a morir en su lugar. Para conseguir este favor, Apolo se valió de un subterfugio y embriagó a los Hados. Sin embargo, llegado el día señalado como el último de Admeto, nadie consintió en sacrificarse por él. Sólo Alcestis se resignó, por amor, a morir en lugar de su esposo. Ocurrió, sin embargo, que Heracles, su antiguo compañero en la expedición de los Argonautas, se encontraba de paso en Feras cuando falleció Alcestis. Al no ver en palacio más que gente enlutada y no oír sino lamentaciones, preguntó la causa de ello, y cuando supo la muerte de la reina, descendió a los infiernos, para regresar con Alcestis, más joven y hermosa que nunca. Tal es la versión seguida por Eurípides en su drama Alcestis. Según otra tradición, Heracles no intervino en la resurrección de la joven. Perséfone, admirada ante su sacrificio, la devolvió espontáneamente a la luz. Admeto tuvo tres hijos: Eumelo, Perimela e Hípaso.

Adminículos

Adornos con los cuales se representa a Juno en las medallas.

Adminio

o Adminius (siglo I). Hijo de Cunobelino, y hermano por tanto de Togodumno y Carataco. Recibió la administración de Cantium de su padre ca.30, hacia el final del reinado de Tiberio. Este tratamiento preferencial con respecto a sus otros dos hijos, puede significar que Adminio era el mayor de los tres. Más tarde, Adminio fue expulsado de Cantium por sus dos hermanos, aparentemente con la aprobación de su padre, probablemente debido a su tendencia filorromana. Escapó y huyó a la Galia, y de allí a Germania, donde ca.41 buscó amparo con Calígula, tratando de convencerle de que era el mejor momento para una intervención en Britannia. Tras planear Calígula la invasión y sin llevarla a efecto, volvió a Roma, acompañando Adminio al emperador. Posteriormente fue repatriado a su país de origen por el emperador Claudio en el 43. Es posible que fuese considerado gobernador nominal de Cantium por sus servicios, y posiblemente vivió en la villa descubierta en Eccles, cerca del cruce de la vía North Downs y el río Medway.

Administración de las provincias romanas

Los conceptos de imperium y provincia cambiaron esencialmente a comienzos del Principado romano. Todavía en el 43 ésta denominaba el "mando" de un magistrado romano fuera de Italia, por lo que Octavio en virtud de la Lex Titia recibió la provincia de Sicilia, Cerdeña y África. Pero algunos años después el término pasó a denominar el "territorio" sobre el que se ejercía el mando, de la misma forma que imperium serviría para aludir al conjunto de "provincias" además de definir el "poder militar" de un magistrado al que se atribuyera esta facultad (cum imperio). En realidad estos cambios semánticos se entienden bien si se ligan a dos realidades diferentes que denominan la organización política de una u otra época: la republicana, en la que se forjó ya en gran medida la base de un "imperio territorial"; la imperial, propiamente dicha, en la que se organizó la estructura de relaciones de la nueva realidad política, que pasó a convertirse en un "imperio institucional", en el que la anexión de nuevos territorios fue secundaria frente a la nada fácil administración de los existentes. Cuando en el 27 a.C. Octavio Augusto procedió al reparto de la administración de los territorios dominados, las "nuevas" provincias fueron ya instituidas con status diferentes según el rango de los "gobernadores" destinados a ellas: "senatoriales" o "públicas", de rango consular o pretorio; "imperiales", de ambos rangos también. Se denominaban provincias senatoriales, aquellas cuyo gobierno fue confiado al Senado, aunque ello no significa que quedaran al margen del emperador, como se ha dicho a menudo, sino que no dependían directamente de él. Su número fue relativamente estable, no más de una decena, e incluso se observa una tendencia a "compensar" algunas pérdidas con la cesión temporal de otras provincias "imperiales" sin que este procedimiento llevara aparejado el cambio de status provincial como lo demuestran las fluctuaciones de gobierno observadas en Sicilia, Sardinia, Acaya, Ponto-Bitinia o Creta durante los dos primeros ss. del Imperio. Como norma general se aplicó el criterio de ceder al Senado la administración de provincias ya pacificadas y que, por tanto, no precisaban el estacionamiento de tropas en ellas (provinciae inermes), aunque a partir del año 6 d.C. las nuevas provincias creadas se sumaron a las "imperiales" ya existentes, por lo que el número de éstas aumentó considerablemente mientras que el de las "senatoriales" permaneció relativamente estable hasta el siglo III. La primera división provincial documentada se fecha en el año 27 a.C. y es bien conocida a través de los testimonios de Estrabón y Dión Casio. Pero hubo otros repartos durante el propio reinado de Augusto (al menos en 24 (Macedonia) 13 (Bética) y 11 (Illyricum) a.C.), que contribuyeron a consolidar la división inicial. No obstante, la provincia de África mantuvo tropas hasta el reinado de Calígula y otras provincias "senatoriales" soportaron eventualmente el mantenimiento de contingentes militares en su territorio. En todas ellas se atribuye al gobernador la función de "proconsul", si bien sólo los gobernadores de Asia y África son de rango consular en su calidad de ex cónsules; el resto de las provincias mantiene gobernadores-procónsules, pero de rango pretorio, esto es, ex pretores. Generalmente también los gobiernos o mandatos de estas provincias tienen una duración anual, pero se conocen casos de prórroga (o proconsulado bis), y los procónsules son elegidos "a sorteo" entre los senadores de ambos rangos, pero también fueron frecuentes las nominationes imperiales extra sortem. Esto indica que, de un lado, el sistema administrativo no se limitaba a poner en práctica unos cánones o principios de organización, sino que, por el contrario, gozaba de cierta elasticidad modificándose según las circunstancias. Además cada uno de estos procónsules era asistido por un legatus proconsulis, que en los casos de Asia y África fueron dos o incluso tres, de los cuales uno solía pertenecer a la familia del procónsul y los otros a su círculo de amistades (amici), puesto que este gobernador tenía potestad para proceder al nombramiento de sus inmediatos colaboradores en el nuevo destino. No obstante, la responsabilidad financiera recayó sobre los quaestores, uno por provincia, quienes versaban los ingresos obtenidos al Tesoro del Senado (aerarium Saturni). Pero en estas provincias se encuentra a menudo también a procuratores ecuestres, sin duda por el hecho de que existían dominios imperiales en ellas, e incluso a legados imperiales, bien de forma estable, casos de cambio de status provincial, bien con misiones especiales relativas a delimitación de confines, censos, etc.. Las provincias imperiales eran aquellas cuya administración dependía directamente del emperador, siendo gobernadas por senadores y ecuestres a los que se atribuyen diversos títulos y/o funciones: legatus para los gobernadores de rango senatorial; praefectus, procurator o praeses para los de rango ecuestre. Aunque este último título se aplicó a todo tipo de gobernadores, independientemente de su rango, durante los dos primeros ss. del Imperio, a partir del siglo III praeses comenzó a denominar una función específica de gobernador provincial, reservada generalmente a funcionarios de rango "perfectissimo" ecuestre, pero no sólo a ellos, sino que también los "egregios" entre los ecuestres y los "clarissimos" entre los de rango senatorial han desempeñado a menudo esta función, especialmente en la segunda mitad del siglo. Como ocurría con los procónsules, los "Iegati Augusti pro praetore" son también de dos rangos dentro del grupo senatorial: "consulares", para provincias que mantienen tropas estacionadas con un contingente de dos legiones o más; "pretorios", para provincias en las que había excepcionalmente dos legiones o ninguna, pero lo normal es que existiera una unidad legionaria en ellas. Estos legati eran nombrados directamente por el emperador y carecían de colaboradores personales durante su mandato, que duraba generalmente más de un año, con frecuencia tres, pero también cinco, seis y excepcionalmente más. La responsabilidad financiera de estas provincias recayó en los procuratores, funcionarios de la administración imperial de rango ecuestre encargados de supervisar la gestión económica de los legati Augusti. No es frecuente, pero si posible, que algunas de estas provincias cuenten simultáneamente con dos legati, uno de rango consular y otro pretorio, aparte de los legati legionum existentes en ellas, dado que el emperador decidía libremente respecto a su administración: nombramiento de gobernadores, asignación de funcionarios, duración de los mandatos, cambio de status provincial, etc. Estas provincias eran no sólo las más numerososas, sino también las de mayor valor estratégico para la defensa del Imperio como tal, por lo que la práctica totalidad de las provincias-frontera pertenecían a esta categoría. La administración de otras provincias "imperiales" fue confiada a funcionarios de rango ecuestre en calidad de praefecti, procuratores o praesides. Dejando a un lado el gobierno de Egipto como un caso especial, que se mantuvo durante todo este período en manos de gobernadores-praefecti de rango perfectissimo, la tendencia general fue sustituir al praefectus por el procurator y a éste por el praeses. Los gobernadores-praefecti fueron destinados a pequeñas provincias, como las tres alpinas (Alpes Poeninae, Alpes Marítimos y Alpes Graiae), Retia o Sardinia-Corsica, que no precisaban dotaciones legionarias en su territorio, pero que al principio contaban con contingentes de tropas auxiliares, de ahí la titulación de praefectus para su gobernador. Pero ya Claudio sustituyó ésta por la de procurator entendiendo que un funcionario civil era más adecuado para su gobierno, de tal manera que sólo Egipto se mantuvo como provincia ecuestre con tropas legionarias asentadas en su territorio, aunque éstas quedaron bajo el mando de un praefectus legionis de rango ecuestre. Más tarde, ya a finales del siglo II, siguiendo el modelo de Egipto, Septimio Severo implantó gobernadores ecuestres en las nuevas provincias y sustituyó las legaciones legionarias senatoriales allí existentes por prefecturas ecuestres. Pero en el 203, en la recién creada provincia africana de Numidia, estableció un praeses ecuestre con plenos poderes civiles y militares en el territorio de su jurisdicción. Desde entonces el "título" praeses dejó de denominar a todo tipo de gobernadores, cualquiera que fuera su titulación oficial, y comenzó a identificar una función específica, la de los gobernadores-praesides, generalmente de rango ecuestre, pero no siempre. Ver, Provincias romanas y status, Res repetundae.

Administrator

Era la persona que en los juicios romanos asistía al orador, sugiriéndole argumentos, recordándole hechos, en fin, asesorándolo de alguna manera.

Administrator civitatis

Administrador de la ciudad o funcionario imperial romano que dependía del gobernador o praesides provinciae y que tenía competencias en la administración de los municipios.

Adminius

Adminio ((siglo I). Hijo de Cunobelino, y hermano por tanto de Togodumno y Carataco).

Admissionalis

Esclavo o criado encargado de introducir las gentes en las casas de los magistrados y grandes de Roma. Llamábanse admissionales ministri y su empleo admissionis officium, que correspondía a introductores.

Admissiones

Las admisiones a las audiencias con el emperador romano, eran competencia de un oficial especial, el magister admissionum.

Adnamantia

Annamatia (fuerte romano de Pannonia Inferior, que formó parte del limes del Danubio).

Adnan

Nombre árabe, común en el mundo musulmán. Es el antepasado tradicional de los árabes adnani del norte, centro y oeste de Arabia.

Adnanitas

Ver, Qahtan (los términos qahtanita y qahtani se refieren a árabes que provienen de la región sur de la Península Arábiga, especialmente de Yemen. Según ….).

Adnepos

Entre los romanos, nombre dado al quinto nieto.

Adneptis

Entre los romanos, nombre dado a la quinta nieta.

Adobe

El nombre egipcio ha pasado al español a través del árabe: "atob". Era un paralelepípedo de barro y paja picada, amasado e introducido en moldes de madera y luego secado a la intemperie, sin cocer al fuego, utilizado como material de construcción. Mezclar pasto seco con el barro permite una correcta aglutinación, gran resistencia a la intemperie y evita que los bloques una vez solidificados tiendan a agrietarse. Posteriormente los bloques se adhieren entre sí con barro para levantar muros. Tiene una gran inercia térmica, por lo que sirve de regulador de la temperatura interna; en verano conserva el frescor, y durante el invierno el calor. La técnica de elaboración y su uso están extendidos por todo el mundo, encontrándose en muchas culturas que nunca tuvieron relación. La más antigua ciudad conocida, Çatal Hüyük, en Anatolia, del VII milenio a.C., tenía las casas construidas con adobes. En el Antiguo Egipto se empleó frecuentemente el adobe, elaborado con limo del Nilo, en la construcción de casas, tumbas (mastabas), fortalezas, e incluso palacios, aunque los egipcios también fueron los primeros en emplear la piedra tallada para erigir templos, pirámides y otras edificaciones monumentales. Las mujeres egipcias daban a luz sentadas sobre un asiento hecho de adobes. Normalmente los ladrillos medían 22x11x14 cm, pero también se usaba un tamaño más grande de 38x18x14 cm. Todavía se utiliza en nuestros días. )o( MITOLOGÍA.- Ver, Geino.

Adobriga

Abobrica (localidad prehispana mencionada por Pomponio Mela y Plinio).

Adod

Adad (rey de Siria, honrado después de su muerte como una divinidad por los sirios, y sobre todo ….).

ADOLFSECK

Fortín romano situado en la frontera norte del Imperio, situado en el Limes Germanicus, en la provincia de Germania Superior. Aseguraba el cruce de un río y la frontera del valle. Estuvo ocupado desde mediados del siglo II hasta mitad del siglo III. Era de piedra, rodeado por dos trincheras, con una superficie de 18x20 m, 0,04 Ha. De su guarnición, posiblemente una vexillatio, no se sabe nada. hoy, al norte de Adolfseck, distrito de Bad Schwalbach, entidad local de Rheingau-Taunus-Kreis, región de Darmstadt, Alemania. Ver, Limes Germanicus.

Adón

Forma abreviada de Adonis.

Adón

Divinidad solar fenicia, en honor de la cual se celebraban fiestas.

Adonai

Adonay ((voz hebrea que significa "señor mío"). Yahvé. Uno de los nombres que los hebreos dan a la Divinidad).

Adonaia

o Adonias. Sobrenombre de Afrodita y Adonis.

Adonay

o Adonai (voz hebrea que significa "señor mío"). Yahvé. Uno de los nombres que los hebreos dan a la Divinidad. Ver, Jehovah (término de pronunciación y ortografía inexacta con el que se denomina al Dios de Israel, formado por las cuatro consonantes: JHWH (Tetragrama). También era ….).

Adonea

Sobrenombre dado a Afrodita a causa de la pasión que sintió por Adonis.

Página 38 - 1322 Palabras 1851 al 1900 de 66095

 

Volver