Idomeneo es un rey de Creta, hijo de Deucalión y nieto de Minos. Es hermanastro de Molo, que Deucalión tuvo de una concubina suya. Molo es el padre de su compañero de armas Meriones (Ver), de quien Idomeneo resulta ser tío. Idomeneo figura entre los pretendientes de Helena. Atado por el juramento colectivo de éstos tuvo que participar en la guerra de Troya, sobresaliendo entre los héroes que allí más destacaron. Mandaba el contingente cretense, con ochenta naves, y representaba siete ciudades: Cnosos, Gortina, Licto, Mileto, Licasto, Festoo y Ritio. Fue uno de los nueve jefes que se presentaron para luchar en combate singular contra Héctor cuando se creyó poder zanjar de este modo el pleito entre troyanos y aqueos, Derribó en el campo de batalla a numerosos adversarios, y se distinguió en la defensa de las naves. Su principal contrincante fue Deífobo, y luego se enfrentó con Eneas. En los combates trabados en torno al cuerpo de Patroclo se propone atacar a Héctor, pero emprende la fuga cuando éste, arremetiendo contra él, mata al auriga de Meriones, Cérano. Idomeneo busca refugio en el campamento. Con posterioridad a los acontecimientos narrados en la Ilíada, Idomeneo obtuvo una victoria en el pugilato en los juegos fúnebres celebrados en honor de Aquiles. Fue uno de los héroes que entraron en Troya dentro el caballo de madera, y figura entre los jueces encargados de otorgar las armas de Aquiles. Según la Odisea, entre los "Regresos", el de Idomeneo fue uno de los más felices. Pero, aun cuando se mostrase su tumba en Creta, su leyenda registra otros acontecimientos que dieron un realce dramático al final de su vida. Una primera versión cuenta que su esposa Meda fue arrastrada por Nauplio a ceder al amor de Leuco, un hijo de Talo que había sido expuesto al nacer; pero Idomeneo lo educó y llegó a confiarle su casa durante su ausencia. Después, Leuco dio muerte a Meda y a la hija de ésta y de Idomeneo, Clisitera. A veces se añaden a estas víctimas, dos hijos, Ificlo y Lico. Según parece, a su regreso, Idomeneo cegó a Leuco y recuperó su trono; pero, según otros, fue Leuco quien lo expulsó, obligándolo a desterrarse. Sin embargo, otras versiones cuentan que, cuando el viaje de Troya a Creta, la flota de Idomeneo se vio azotada por una tempestad. Entonces el rey hizo voto de sacrificar a Posidón el primer ser humano que encontrase en su reino si llegaba sano y salvo a él. Y he aquí que la primera persona que vio al abordar fue su hijo (o su hija). Fiel a su promesa, el rey lo sacrificó, aunque otros aseguran que sólo efectuó el simulacro. Sea lo que fuere, no tardó en producirse una epidemia que asoló Creta, y para aplacar a los dioses, los habitantes expulsaron a Idomeneo, cuyo acto cruel había provocado la cólera divina. Idomeneo se trasladó entonces a Italia meridional, y se estableció en Salento, donde erigió un templo a Atenea. También se cuenta sobre Idomeneo la siguiente anécdota: Tetis y Medea se disputaban el premio de belleza y eligieron a Idomeneo como árbitro. Este decidió en favor de Tetis, cosa que enojó a Medea, la cual declaró que "todos los cretenses eran unos embusteros" y maldijo la raza de Idomeneo, condenándola a no decir jamás la verdad. Tal es el origen de un proverbio según el cual todos los cretenses son mentirosos.