o Mira. Ciudad de Licia, situada junto al río Limiro, en una fértil llanura fluvial a unos 3,5 km del mar Egeo. A pesar de que los restos de una antigua muralla permiten remontar su origen al menos hasta el siglo V a.C., no se conservan registros escritos sobre la ciudad hasta el siglo I a.C., donde es mencionada como ciudad integrante de la Alianza Licia, un tratado que implicaba también a las ciudades de Janto, Tlos, Pinara, Patara y Olympos, y que estuvo vigente desde el 168 a.C. hasta el 43 d.C.. De acuerdo con el geógrafo griego Estrabón, en aquella época Myra ya era una de las ciudades más grandes de la alianza, llegando incluso a ser la capital. La ciudad de Myra, como todo el pueblo licio, estuvo bajo influencia griega desde el siglo IV a.C.. Fue convertida en satrapía en época de Alejandro Magno y disputada por distintos imperios de la época, con la excepción del período de independencia de la Alianza, que finalizó tras la incorporación de Licia como provincia del Imperio romano en el año 43. Durante la época romana el puerto de Myra adquirió una notable importancia como punto de reabastecimiento de las naves romanas, especialmente de las que viajaban con destino a Alejandría. Por el puerto de Myra pasaron Germánico y Agripina en el año 18, san Pablo en el año 60, y Adriano en el 131. Tras la absorción romana, el cristianismo penetró en tierras licias, y en el siglo IV, Myra tuvo como obispo a Nicolás, nacido en la vecina Patara, que tras viajar por Palestina, regresó a Licia para ocupar la sede del obispado de Myra a principios del siglo IV, convirtiéndose la ciudad a su muerte en meta de peregrinación para gentes de toda Europa, y en el centro económico-político de Licia. En su afán por erradicar el paganismo, ordenó demoler varios de los edificios más representativos del culto antiguo, incluyendo el templo de Artemisa. Hoy se puede visitar en Demre la iglesia paleocristiana de san Nicolás, conocida también como de "Baba-Noel", fundada en el siglo IV, donde fue enterrado el obispo, cuya legendaria vida inspiró en la imaginación popular el personaje de san Nicolás o sant Nikolaus, o sea, el Santa Claus de las Navidades. Bajo el reinado de Teodosio II, a principios del siglo V, Myra se convirtió en capital de la provincia de Licia, estatus que mantuvo hasta la conquista de la ciudad en el 808, por las tropas del Harún al-Rashid, califa abasí de Bagdad. Tras la invasión, la ciudad entró en decadencia y fue abandonada en el siglo XI. La ciudad albergó en la antigüedad varias de las construcciones más importantes del pueblo licio, destacando el desaparecido templo destinado a la diosa Artemisa, protectora de la ciudad, y considerado en su tiempo el más grande y bello de Licia. Myra también posee el mayor teatro romano de la región, cuyos restos aún se conservan. Tras el terremoto de 141, fue reconstruido por Opramoas, un mecenas de Rhodiapolis. Su cávea consta de 38 rangos de gradas, y las grandes galerías abovedadas que la sostienen están muy bien conservadas, constituyendo el conjunto uno de los más completos teatros romanos entre los centenares que sobreviven en Asia Menor. Según Plinio el Viejo, había también un templo de Apolo. La ciudad posee dos monumentales complejos de tumbas rupestres, excavadas en dos emplazamientos distintos: uno sobre el anfiteatro romano, y otro en una colina cercana, cuyos restos reciben el nombre de necrópolis del río. La mayoría de las tumbas están fechadas en el siglo IV a.C., y estuvieron decoradas con relieves y policromía. Otro de los edificios más representativos es la iglesia de san Nicolás, de estilo bizantino, y que aún contiene el sarcófago donde fueron enterrados los restos del santo, si bien éstos fueron trasladados posteriormente a Italia. El templo original es del siglo VI. Hoy, a 1,5 km al norte de la ciudad de Demre, provincia de Antalia, Turquía. Ver, Andriaca.