Las Musas son hijas de Mnemósine y de Zeus. Son nueve hermanas, fruto de otras tantas noches de amor. Otras tradiciones las presentan como hijas de Harmonía, o de Urano y Gea (la Tierra y el Cielo). Evidentemente, todas estas genealogías son simbólicas, y, de uno u otro modo, se relacionan con unas concepciones filosóficas acerca de la primacía de la Música en el Universo. En efecto, las Musas no son únicamente las cantoras divinas, cuyos coros e himnos deleitan a Zeus y los demás dioses, sino que presiden el Pensamiento en todas sus formas: Poesía, Canto, Danza, Tragedia, Comedia, Historia, Matemáticas, Astronomía, etc., así como las cualidades derivadas de éstas: elocuencia, persuasión, sabiduría... Hesíodo dice "Ellas cantan en el Olimpo las maravillas de los dioses, conocen lo pasado, lo presente y lo venidero, y divierten la corte celestial con sus armoniosos conciertos". Cicerón cuenta al principio cuatro: Telsiopea, Mnemea, Aedea y Meletea hija del segundo Júpiter, después nueve hijas de Júpiter tercero y de Mnemósine; y en fin nueve, llamadas como las precedentes, pero hijas de Pierio y de Antíope. Pausanias cuenta tres a saber: la Memoria, Mnemea; la Meditación, Meletea; y el Canto, Aedea, cuyo culto fue establecido en Grecia por los alodes, es decir que fueron personificadas las tres cosas que constituyen el poema. Varrón no admitía más que tres y dice que Siciones mandó a tres escultores que hiciesen tres estatuas de las musas cada uno, para colocarlas en el templo de Apolo, con la intención de comprar las de aquel que las hiciese mejor. Pero habiéndose encontrado todas igualmente hermosas, la ciudad las compró para dedicarlas a Apolo. Además el número de tres nacía de que había tres especies de canto: la voz sin instrumentos, el soplo con los instrumentos de viento y la pulsación con las liras, etc. Pierio. Diodoro da a las musas otro origen. "Osiris, dice, era muy alegre y se complacía en cantar y bailar. Tenía siempre a su lado muchos músicos entre los cuales había nueve doncellas instruidas en todas las artes que tienen alguna relación con la música, de donde toma origen su nombre de Musas y eran conducidas por Apolo, uno de sus generales. Y de aquí nació quizás el sobrenombre de Musagete, dado también a Heracles que había sido como él uno de los generales de Osiris". La opinión comúnmente admitida es que hay nueve musas a las cuales Hesíodo fue el primero que dio nombres y ensalza sus servicios: ellas son las que acompañan a los reyes y les dictan palabras convincentes, las adecuadas para aplacar las riñas y restablecer la paz entre los hombres. Ellas les confieren el don de la dulzura, que les vale el amor de sus súbditos. De igual modo, dice Hesíodo, basta con que un cantor, es decir, un servidor de las Musas, celebre las proezas de los hombres del pasado o a los dioses, para que aquel que tenga preocupaciones y pesares los olvide al momento. El más antiguo de los cantos de las Musas es el que entonaron después de la victoria de los Olímpicos sobre los Titanes, para celebrar el nacimiento de un nuevo orden. Existían dos grupos principales de Musas: las de Tracia, de "Pieria", por lo que son llamadas a menudo Piérides, y las de Beocia, a las que se ubicaba en las laderas del Helicón. Las primeras, vecinas del Olimpo, son llamadas con frecuencia, en poesía, "las Piérides". Guardan relación con el mito de Orfeo y el culto a Dioniso, que había logrado gran importancia en Tracia. Las musas del Helicón son colocadas bajo la dependencia directa de Apolo. Él dirige sus cantos en torno a la fuente de Hipocrene. Existían aún otros grupos de Musas en otros países. Se encuentran a veces en número de tres solamente, como las Cárites, de un modo especial en Delfos y en Sición. En Lesbos había un culto dedicado a las Siete Musas. Desde la época clásica se impone la cifra de nueve, admitiéndose generalmente la lista que sigue: Calíope, la primera de todas en dignidad, después Clío, Polimnia, Euterpe, Terpsícore, Erato, Melpómene, Talía y Urania. Paulatinamente, a cada una se le fue asignando una función determinada, variable según los autores. Mas, por lo general, se atribuye a Calíope la Poesía épica; a Clío, la Historia; a Polimnia, la Pantomima; a Euterpe, la flauta; a Terpsícore, la Poesía ligera y la Danza; a Erato, la Lírica coral; a Melpómene, la Tragedia; a Talía, la Comedia; a Urania, la Astronomía. Las Musas no poseen ciclo legendario propio. Intervienen como "cantoras" en todas las grandes fiestas de los dioses. Se hallan presentes en las bodas de Tetis y de Peleo, en las de Harmonía y Cadmo, etc. En cambio, a cada una de ellas se le asigna alguna aventura amorosa: Calíope es madre de Orfeo, etc.. Los antiguos las han considerado como diosas guerreras, y aun algunas veces las han confundido con las bacantes. No solamente fueron contadas entre las diosas, sino que hasta se les prodigaron todos los honores de la divinidad. En muchas ciudades de Grecia y Macedonia les ofrecían sacrificios. Tenían en Atenas un altar magnífico. Roma les había consagrado también dos templos, y otro en el cual eran festejadas bajo el nombre de Camoenes. Las Musas y las Gracias no tenían por lo regular sino un templo, y se hacían pocos convites que no fuesen llamadas a ellos, y sin que se les saludase con el vaso en la mano. Hesíodo les da el Amor por compañero, y Píndaro confunde su jurisdicción. Sin embargo, nadie las han honrado tanto como los poetas, que nunca se olvidan de invocarlas al principio de sus poemas, como diosas capaces de inspirarles aquel entusiasmo tan necesario a su arte. El Parnaso, el Helicón y el Pindo eran su morada ordinaria. El caballo Pegaso pacía por lo regular sobre estos montes y sus cercanías. Entre las fuentes y los ríos les estaban consagrados el Hipocrene, el Castalia y el Permeso; entre los árboles, la palmera y el laurel. Se las pinta jóvenes, hermosas, modestas y vestidas con sencillez. Apolo marcha delante de ellas con la lira en la mano y ceñidas las sienes de laurel. Como cada una preside un arte diferente, tienen coronas y atributos particulares. Se las puede coronar de plumas, porque habiendo vencido en el canto a las hijas de Aqueloo que las habían desafiado por consejo de Juno, les arrancaron las plumas de las alas y se coronaron con ellas. Los antiguos les daban vestidos amarillos, corona de laurel y alas. Las pinturas del Herculano ofrecen las nueve Musas adornadas con sus diferentes atributos. Ver, Piérides, Aónides, Camenas.