o Nyx. La Noche como elemento personificado, desempeñó un papel importante dentro de las cosmogonías griegas órficas, donde asumió el papel de entidad primordial original, en la que todas las cosas permanecían en confusión antes de emerger a la luz. En la teogonía hesiódica es hija del Caos. A su vez, engendra dos elementos, el Éter y el Día, y toda una serie de abstracciones: Moro (la Suerte), las Ceres, Hipno (el Sueño), los Sueños, Momo (el Sarcasmo), la Angustia, las Moiras, Némesis, Ápate (el Engaño), Filotes (la Ternura), Geras (la Vejez), Éride (la Discordia) y, finalmente, las Hespérides, que son las Hijas del Crepúsculo Vespertino (Ver, Hespérides). Tiene su residencia en el extremo oeste, más allá del país del Atlas. Es hermana del Érebo, que personifica las tinieblas subterráneas. Según algunos mitógrafos, engendró con Érebo al río Éstige. Es la primera y la más antigua de todas las divinidades. Hesíodo la pone en el número de los Titanes y le da el nombre de madre de los dioses, porque es la opinión más común que la noche y las tinieblas han precedido a todas las cosas. Aristófanes la pinta extendiendo sus grandes alas y depositando un huevo en el seno del Érebo, de donde salió el Amor revestido de alas doradas. Esta teogonía era particularmente la de los egipcios, que hacían de la Noche el principio de todas las cosas, y la llamaban Athyr. Casó con Aqueronte, río de los infiernos, del cual tuvo las Furias y otros muchos hijos. Del Érebo tuvo el Éter y el Día, pero había engendrado sola y sin haber tenido comercio con ninguna divinidad los odiosos Destinos, la Parca negra, la Muerte, el Sueño, la turba de los sueños, Memo, la Miseria, las Hespérides, guardianas de las manzanas de oro, las despiadadas Parcas, la terrible Némesis, el Fraude, la Concupiscencia, la triste Senectud y la tenaz Discordia; en una palabra todo lo que había de importuno en la vida, pasaba por una producción de la noche. Varron hace derivar su nombre "nox, a no cendo", de su influencia dañina, ya sea porque esparce con frecuencia las enfermedades o ya porque aquellos que sufren una pena moral o física, las sienten entonces con más violencia, y esto es lo que la ha hecho llamar por Ovidio, "nutrix maxima curarum", la nodriza de los pesares. Fue conocida en todo el Peloponeso bajo el nombre de Achlys. Homero la apellida Erebenne, como esposa del Erebo y otros le han dado el nombre de Eufronea y Eubulia, como madre del buen consejo. Los unos colocaban su imperio en Italia, en el país de los cinmerianos; los otros lejos de los límites del mundo conocido, que acababa en las columnas de Hércules. La antigüedad lo ha generalmente fijado hacia la parte de España, llamada Hesperia; esto es, comarca de la tarde. Es de advertir que, según creían los romanos, cerca de Gibraltar era donde se apagaban los rayos del sol, y Posidonio pretende que desde un río cerca de Cádiz se oía el estremecimiento de las ondas cuando el astro se precipitaba en el océano. La Noche, dice Hesíodo, extendió su velo oscuro desde este lugar hasta el Tártaro, donde pasaba por una puerta de hierro, para conducir el Sueño, hermano de la Muerte, a los habitantes de la tierra. Entre los griegos y los romanos se inmolaban a la Noche carneros negros, e igual sacrificio le ofreció Eneas antes de entrar en los infiernos. Se le sacrificaba también un gallo, porque el canto agudo de esta ave turba su silencio. El buho que busca siempre las tinieblas le era igualmente consagrado. La mayor parte de los pueblos de Italia tenían la Noche como una diosa, pero los habitantes de Brescia habían hecho de ella un dios llamado Noctulios o Nocturnos, el mismo que se ha encontrado en varios monumentos que le estaban consagrados. El mochuelo que se ve a los pies de este dios, llevando una antorcha vuelta hacia abajo que se esfuerza en apagar, anuncia el enemigo del día. Los poetas y los artistas se han interesado en pintar la diosa de la Noche. En los monumentos antiguos se la ve tan pronto llevando en su cabeza un ropaje volante sembrado de estrellas, o con un vestido azul y una antorcha vuelta hacia abajo; tan pronto figurada por una mujer desnuda con largas alas de murciélago y una antorcha en la mano; los poetas la representan particularmente coronada de adormideras, cubierta con un gran manto negro sembrado de estrellas. Algunas veces le dan alas o la pintan paseándose montada en un carro tirado por dos caballos negros o un mochuelo, y llevando cubierta la cabeza, de un gran velo sembrado de estrellas. Teócrito la hace parecer montada en un carro y precedida de astros. Eurípides la muestra cubierta de un gran velo negro sembrado de estrellas, recorriendo con su carro la vasta extensión de los cielos. Los griegos la han representado llevando en una mano un velo negro, que revolotea; y en la otra una antorcha, cuya llama vuelta hacia tierra está pronta a apagarse. La colocan con frecuencia en medio del Tártaro entre sus dos hijos el Sueño y la Muerte. Los romanos no le dan carro y la representan ociosa y dormida. Algunas veces aparece, como entre los griegos, cubierta de un gran velo agitado por el viento. Dirige su curso hacia occidente, pero su cabeza vuelta siempre a oriente parece que está llamando a las nubes que le siguen para mandarles cubrir los lugares que el sol acaba de dejar. En algunos monumentos se observa ante la Noche un niño con una antorcha (Ver, Crepúsculo). De este modo figuraban los antiguos el crepúsculo de la tarde, que es aquella débil luz que precede a la Noche y que el pintor Solimena había representado en Nápoles en la galería de su casa. Los etruscos daban alas a la Noche, así como a la Victoria, para expresar la rapidez de su carrera. El gracioso Albani se ha conformado a esta idea y ha pintado a la Noche extendiendo sus alas negras y llevando sus hijos entre sus brazos. Una sardónica la representa dormida, casi desnuda, sus cabellos espárcidos, llevando en su mano un velo muy transparente que le cubre descuidadamente el seno. En un jaspe sanguíneo del gabinete de los antiguos, aparece con los cabellos esparcidos, llevando manojitos de adormideras. Un anciano, un joven y una mujer que la siguen parecen ceder al Sueño, emblema de la influencia del sueño y de la
sobre los mortales de cualquier edad o sexo que sean. Los escultores que han representado la Noche son pocos. Feco, célebre escultor de Samos, hizo para los efesios una estatua de arcilla que representaba la Noche; lo que motivó que aquellos pueblos le diesen el sobrenombre de estatua tenebrosa. Miguel Angel ha esculpido la noche en Florencia, siendo esta estatua una obra maestra de aquel célebre autor. Un dibujo de la biblioteca real la ofrece con sus atributos ordinarios, pero sin carro. En Verona, Luis Dorieni, la ha representado.en el palacio Alegri; y él mismo la ha pintado además en un cuadro precioso que adorna el palacio Zucchero en Venecia, en el que se figura la Aurora precedida de los vientos que arroja a la Noche, y a sus hijos los Fantasmas.