Patriarca hebreo, hijo de Lamec, y padre de Sem, Cam y Jafet, cuya historia se refiere en Génesis VI. Hombre recto que gozaba del favor divino en un tiempo en que Dios, arrepentido de haber creado a los seres humanos, había tomado la decisión de borrarlos de la faz de la tierra. Dios comunicó a Noé que tenía la intención de anegar la tierra y le dijo que se construyera un arca de 300 codos de longitud, 50 de anchura y 30 de altura (el codo hebreo viene a equivaler a 55 cm), provista de un tejado, una puerta y tres pisos. En aquel arca tenía que meter Noé a su esposa, a sus hijos Sem, Cam y Jafet con sus respectivas mujeres, y a una pareja de cada especie viviente, así como toda suerte de víveres. Llovió durante cuarenta días y cuarenta noches, y las aguas cubrieron hasta las más altas montañas, pero el arca se mantuvo a flote, mientras todos los seres vivos que no se encontraban en ella perecieron. Pasados 150 días, Dios envió un viento y las aguas comenzaron a decrecer. Noé soltó un cuervo, que nunca regresó. Soltó después una paloma que, al no hallar lugar donde posarse, volvió al arca. Soltó por segunda vez a la paloma y, esta vez, regresó al atardecer con un ramo verde de olivo en el pico. Siete días más tarde, volvió a soltar la paloma que, en esta ocasión, ya no retornó. Con la tierra ya seca, el arca quedó encallada en el monte Ararat, y toda su dotación pudo salir por fin al exterior. Noé ofreció un sacrificio a Dios, que le prometió que no volvería a maldecir la tierra a causa del hombre ni a amenazar de muerte a todo ser vivo. Para confirmar esta nueva alianza, Dios puso el arco iris en el cielo. Noé se dedicó a plantar viñas, bebió su vino, se embriagó y quedó desnudo en su tienda. Al verlo Cam, se lo contó a sus hermanos, los cuales, tras acercarse hasta él de espaldas para evitar verle desnudo, le cubrieron con un manto. Cuando Noé despertó, hizo recaer una maldición sobre Canaán, el hijo de Cam, condenándole a él y a sus descendientes a ser los esclavos de las estirpes de Sem y Jafet. El Ararat bíblico suele identificarse con el monte del mismo nombre que se encuentra en el oriente de Turquía. Los relatos sobre diluvios están muy difundidos en Oriente Próximo, y los expertos suelen relacionarlos con las catástrofes que causaban las roturas de los canales de irrigación en unos territorios que dependían del suministro y control del agua fluvial. Una historia de este tipo figura en el ciclo de poemas sumerios sobre Gilgames, el rey de Uruk/Erek (actual Warka), que vivió hacia el 2.700 a.C., y cuyas tierras se encontraban en el Bajo Éufrates, entre Ur y Babilonia. Esta saga contiene un relato sobre su encuentro con Utnapishtim, el único superviviente de un diluvio universal, de cuya inminencia había sido informado por un dios que le había filtrado la noticia de que el consejo de los dioses había tomado la decisión de anegar la tierra. La epopeya de Gilgames fue descubierta en el siglo XIX entre los escombros de la biblioteca real de Nínive, que había sido destruida, al igual que todo el imperio asirio, en el siglo VII a.C.. De Ziusudra, otra figura equivalente a las de Noé y Utnapishtim, sólo conocemos su nombre. Ver, Diluvio, Tabla de las Naciones.