"las doncellas jóvenes". Divinidades inferiores de la naturaleza que moran en arboledas, bosques y cuevas, junto a manantiales, arroyos y ríos; en algunos casos también en islas solitarias, como Calipso y Circe. Las ninfas de los montes, los bosques, los prados y las fuentes (llamadas por Homero hijas de Zeus, aunque Hesíodo hace a las ninfas de las colinas y los bosques junto a las propias colinas y bosques, hijos de Gaia), aparecen como los espíritus benevolentes de estos lugares, y llevan una vida de libertad, a veces tejiendo en grutas, a veces bailando y cantando, a veces cantando con Artemisa o deleitándose con Dioniso. Aparte de estas deidades son especialmente Apolo, Hermes y Pan quienes están dedicados a ellas y buscan su amor, mientras los lascivos sátiros están también continuamente a su espera. Están bien predispuestas hacia los mortales y listas para ayudarlos, a veces incluso casándose con ellos. Todas las ninfas, cuyo número es casi infinito, pueden ser divididas en dos grandes clases. La primera abarca todas aquellas que pueden ser consideradas como un tipo de divinidad inferior, reconocida en el culto de la naturaleza. Los griegos antiguos veían en todos los fenómenos ordinarios de la naturaleza alguna manifestación de la divinidad. Fuentes, ríos, grutas, árboles y montañas: todos les parecían cargados de vida, y no eran más que las encarnaciones visibles de otros tantos agentes divinos. Los saludables y beneficiosos poderes de la naturaleza eran pues personificaciones y considerados otras tantas divinidades, y las sensaciones producidas en el hombre por la contemplación de la naturaleza (sobrecogimiento, terror, alegría, placer) se atribuían a la acción de diversas deidades de la naturaleza. La segunda clase de ninfas son personificaciones de tribus, razas y estados, tales como Cirene y otras. Las ninfas de la primera clase deben ser de nuevo divididas en varias especies, según las diferentes partes de la naturaleza de las que sean representativas:
)o()o( Ninfas del elemento acuático )o(
Aquí debemos mencionar primero a las ninfas del océano, que son consideradas hijas de Océano, y a continuación a las ninfas del Mediterráneo o del mar Interior, que son consideradas hijas de Nereo, por lo que son llamadas Nereidas. Los ríos eran representados por las Potámides, quienes, como divinidades locales, eran bautizadas según sus ríos como Aqueloides, Anígrides, Aminisíades o Pactólides. Pero las ninfas del agua dulce, ya sea de ríos, lagos, arroyos o pozos, son también designadas por el nombre general de Náyades, aunque tengan además sus nombres específicos. Incluso los ríos de las regiones inferiores, el inframundo, se describen con sus ninfas, de ahí las Nymphae infernae paludis y las Avernales. Muchas de estas ninfas presidían sobre las aguas o las fuentes, de las que se creía que inspiraban a aquellos de bebían de ellas, por lo que se creía que las propias ninfas estaban dotadas de poderes proféticos y oraculares y los inspiraban a los hombres, así como que les otorgaban el don de la poesía. Sus poderes, sin embargo, varían con los de la fuente sobre la que presiden, considerándose así que algunas tenían el poder de devolver la salud a las personas enfermas, y como el agua es necesaria para alimentar a la vegetación así como a todos los seres vivos, las ninfas acuáticas eran también adoradas junto con Dioniso y Deméter como dadoras de vida y bendición a todas las criaturas, y este atributo es expresado por una variedad de epítetos. Como su influencia era de esta forma ejercitada en todas las secciones de la naturaleza, aparecen con frecuencia relacionadas con divinidades superiores, como por ejemplo con Apolo, el dios profético y protector de las manadas y rebaños, con Artemisa, la cazadora y protectora del juego, pues ella misma fue originalmente una ninfa arcadia, con Hermes, el fructífero dios de los rebaños, con Dionisos y con Pan, los Silenos y los Sátiros, a quienes se unían deleites y bailes báquicos.
)o()o( Ninfas de las montañas y las grutas, a veces también llamadas por nombres derivados de las montañas concretas que habitaban.
)o()o( Ninfas de los bosques, arboledas y praderas, donde se creía que a veces se aparecían y asustaban a los viajeros solitarios.
)o()o( Ninfas de los árboles, de las que se creía que morían junto con los árboles en los que vivía y con los que habían llegado a existir. )o(
La segunda clase de ninfas, que estaban relacionadas con ciertas razas o localidades, tienen normalmente un nombre derivado de los lugares con los que estaban asociadas, como Nisíadas, Dodónidas o Lemnias. Las había que se llamaban Uranias o celestes, que gobernaban la esfera del cielo, otras terrestres o Epígeas. Estas se subdividían en Ninfas de las aguas y Ninfas de la tierra. Las ninfas de las aguas se subdividían en varias clases, a saber: en Oceánides, Nereidas y Melias; las ninfas de las fuentes o Náyades, en Creneas, Pegeas; las de los ríos, o Potámides, y en fin en ninfas de los lagos o estanques o Limníades. Las ninfas de la tierra eran también de muchas clases: a saber; ninfas de las montañas llamadas Oréades, Orestíades u Orodemníades; ninfas de los valles, de los sotos, o Napeas; ninfas de los prados o Limníades, y por último ninfas de los bosques, o las Dríadas y Hamadríadas. Encuéntranse también ninfas con nombres o de su país o de su origen, como las ninfas Fiberíades, las Pactólidas, las Cabiridas, las Dodonias, las Agrosinas, las Literónidas, las Esfragítidas, las Corícides o Coricias, las Anigridas, las Inménides, las Situides, las Amnisíadas, las Helíades, las Herésidas, las Cemistíadas, las Lelegeidas, etc.. En fin, se ha dado el nombre de ninfas no solamente a las damas ilustres, de las cuales se refería alguna aventura, sino también a las simples pastoras y a todas las hermosas que los poetas toman por objeto de sus versos. La idea de las ninfas puede haber nacido de la opinión en que se estaba, antes del sistema de los Campos Elíseos y el Tártaro, de que las almas permanecían cerca de los sepulcros, o en los jardines o bosques deliciosos que habían frecuentado durante su vida. Se tenía un respeto religioso hacia estos lugares; se invocaban las sombras de los que se creía que los habitaban, y se procuraba ganar su voluntad con votos y sacrificios. De aquí nació la antigua costumbre de sacrificar a la sombra de los árboles verdes, pues se creía que las almas se complacían en ir divagando debajo de ellos. Además, se creía que todos los astros estaban animados, lo que se extendió en lo sucesivo a los ríos y a las fuentes, a los montes y a los valles, en una palabra, a todos los seres inanimados a quienes se señalaron dioses terrestres. Se daba también una especie de culto a estas divinidades; se les ofrecían sacrificios de aceite, leche, miel y algunas veces cabras. Se les consagraban también fiestas, como en Sicilia que las celebraban todos los años, según Virgilio. Sin embargo, no se les concedía la inmortalidad, pero se creía que vivían mucho tiempo. Hesíodo le da muchos millares de años de vida. Plutarco determina su numero, arreglando la duración de su vida a nueve mil setecientos veinte años. Las ninfas desempeñan un importante papel en las leyendas. Divinidades familiares a la imaginación del pueblo, intervienen, como nuestras hadas, en muchas narraciones folklóricas. Se encuentran muy a menudo como esposas de un héroe epónimo de una ciudad o un país, véase, por ejemplo, la leyenda de Egina y Éaco, la de la ninfa Taigete, etc.. También intervienen repetidamente en mitos amorosos (Ver, Dafne, Eco, Calisto, etc.). Muchos mármoles antiguos e innumerables inscripciones, prueban que los antiguos sacrificaban a menudo a las ninfas y a los genios de las fuentes, y les dirigían sus súplicas.