Tiranía de. Las reformas solonianas no produjeron los efectos esperados sino que, por el contrario, provocaron el descontento generalizado de la ciudadanía: los "eupátridas" vieron lesionados sus intereses económicos y políticos; las "clases" bajas (zeugitas y thetes), aunque mejoraron su situación, se sentían insatisfechas con la seisachtheia y reclamaban el reparto de tierras prometido. Se preparaba así el camino a la "stasis". Incluso estos años fueron caracterizados por Aristóteles como de "anarchía", es decir, en los que la "lista" de arcontes epónimos se interrumpe (como en 590/589 y, de nuevo, en 586/585) o, en el caso contrario, unos años después un arconte prorroga de forma anticonstitucional su mandato al año siguiente, como ocurrió a Damasias en 581/580 y los dos primeros meses del año 580/579. Aunque Damasias fue expulsado por la fuerza del cargo sin lograr mantener su posición, su actitud constituyó un nuevo precedente para la implantación de la tiranía en Atenas. Para el resto del año se nombró un "colegio" de 10 arcontes, en vez de 9, constituido por 5 "eupátridas", 3 "agroikoi" y 2 "demiourgoi". La peculiar composición socioeconómica de este grupo de "notables" ha llevado a pensar que no se trata en realidad de "arcontes", sino de una "comisión" eventual en la que estarían representados todos los sectores sociales. Sin embargo, esta interpretación no está exenta de problemas. Es poco probable que los "thetes" (pequeños campesinos y sobre todo artesanos y comerciantes), integrados en la ciudadanía por Solón, hayan podido acceder al arcontado en 579 y aún menos compartir responsabilidades políticas con la nobleza. Por ello se ha propuesto entender por "demiourgoi" aquí los antiguos oficiales del "demos" representando así no a un grupo socioeconómico sino los intereses de las aldeas del Ática. Cualquiera que fuera el criterio de representación adoptado la experiencia resultó eficaz puesto que se repuso la estabilidad política perdida y durante más de veinte años no hay noticias de tensiones sociales graves, razón por la cual algunos autores consideran esta nueva situación como efecto inmediato de las "leyes" solonianas, que no corresponderían al tradicional arcontado de Solón del 594/93, sino al período del 580/570, de ahí que los atenienses le reconocieran como "árbitro" y "legislador". Diez años más tarde la stasis social se había reproducido aún con mayor intensidad. Los líderes de los clanes aristocráticos buscaron el apoyo de otros sectores de la ciudadanía asumiendo el compromiso de defender sus intereses particulares frente a los de otras facciones rivales. Se constituyeron así dos grupos o "partidos" políticos: el liderado por Licurgo, que defendía a "los hombres de la llanura" (tou pediou) en general y los intereses de la nobleza terrateniente en particular; el liderado por Megacles, que agrupaba a los ciudadanos de la "costa" (paralia) y al sector artesanal y/o comercial de Atenas. A estos dos grupos se sumó un tercero organizado por Pisístrato, un aristócrata originario de Brauron, al este de Atenas, que se había distinguido ca. 570 en la "guerra" contra Mégara por el control sobre la isla de Salamina. Según Aristóteles, Pisístrato habría liderado al grupo de "los habitantes de las colinas" (hoi diakrioi), pero Heródoto matiza esta expresión como "los de más allá de las colinas" (hoi hiperakrioi), que pueden identificarse con los campesinos "del interior", por tanto, no vinculados con la nobleza ateniense. Según la misma tradición, con el apoyo de una parte del "demos" de la ciudad Pisístrato logró ocupar la Acrópolis en 561 con la intención de implantar una tiranía en Atenas, pero tuvo que desistir ante la coalición de los otros dos dirigentes, quienes obligaron a Pisístrato a abandonar Atenas. No obstante, al año siguiente éste fue reclamado por Megacles, enemistado ahora con Licurgo. La posición del tirano se reforzó casándose con la hija de Megacles, matrimonio forzado que sólo sirvió para que ambos líderes políticos se enfrentaran de nuevo. Por segunda vez Pisístrato se vio obligado a huir de Atenas e incluso abandonar el Ática en 556 refugiándose con su familia en Eretria, en la isla de Eubea. El destierro duró diez años, durante los cuales el tirano alcanzó la costa tracia y reclutó un ejército de mercenarios, con los que desembarcó en las costas del Atica en 546 a.C. dispuesto a imponer definitivamente, por tercera vez, la tiranía en Atenas. A la fuerza de las tropas eubeas y mercenarias dirigidas por los Pisistrátidas debió sumarse la colaboración o apoyo militar de su "partido", constituido por los campesinos "del interior", a los que compensó con el reparto de tierras expropiadas a los seguidores de los "partidos" oponentes. Afianzó la tendencia al monocultivo, vid u olivo, iniciada por Solón, proporcionando préstamos de bajo interés a los agricultores, pero se procuró el abastecimiento de trigo de las tierras del Mar Negro arrebatando el control de Sigeo, en la costa tracia, a Mitilene. A su vez la "importación" intensificó las relaciones comerciales de Atenas a través del Egeo y favoreció el desarrollo de la artesanía e industria locales hasta el punto de que el grupo de artesanos y comerciantes, si no antes, pudo alcanzar la ciudadanía en estos años. Al auge de este sector contribuyó la explotación de las minas de plata de Tracia y, sobre todo, del Laurión, en el sur del Ática, que permitió mejorar el peso de la moneda y agilizar los intercambios. Pero quizá el aspecto más destacado de la política de Pisístrato sea la realización de un ambicioso programa de "obras públicas", con la finalidad no sólo de mejorar la imagen de Atenas en el mundo griego, sino también de reforzar la base ideológica de su poder. En efecto, durante su mandato se inició la construcción del templo de "Atenea Parthenos", o primer Partenón) y la columnata de acceso a la Acrópolis, así como otros dos centros religiosos, el templo de Zeus Olímpico y el de Apolo Pítico. Además, en la misma línea potenció los "misterios de Eleusis" como un culto ateniense y pretendió superar los particularismos locales del Ática en torno a dos cultos "nacionales": el de Atenea y el de Dionisos. Pero estas realizaciones apenas hubieran sido posibles si Pisístrato no se hubiera procurado previamente la amistad o al menos la neutralidad de las "poleis" vecinas respecto a la tiranía. Cuando esta relación se rompió bajo sus hijos y sucesores Esparta ayudó a los atenienses a derrocar a "sus" tiranos como ya lo había hecho con otras ciudades del Istmo. La muerte de Pisístrato en 527 a.C. abre una etapa confusa en la que Hipías e Hiparco, sus hijos, alternan sus mandatos con otros arcontes (Onetor, Clístenes, hijo de Megacles, Milcíades, hijo de Cimón, Caliates) miembros de familias aristocráticas, quienes impidieron a los Pisistrátidas el mantenimiento de la tiranía. En 514 Hiparco fue asesinado por Harmodio y Aristogitón durante la celebración de las Panataneas y los tiranicidas fueron exaltados más tarde como "liberadores" de Atenas. Aunque ésta contaba con el apoyo militar de Argos y de Tesalia, la intervención de Esparta en 511 contra los Pisistrátidas obligó a Hipías a huir a Asía Menor en 510 a.C. buscando refugio entre los persas. De este modo el Estado ateniense recobró la normalidad constitucional perdida de forma intermitente durante décadas, pero la experiencia política de un gobierno tiránico tendría aquí consecuencias diferentes que en otras "poleis": preparó el camino hacia la democracia.