Ciudad que perteneció en época prerromana al pueblo de los turmogos. Los restos prerromanos hallados durante las diversas campañas arqueológicas (cerámica, monedas y restos humanos) certifican la existencia de la Pisoraca indígena anterior a la llegada de los romanos. Lo que resulta más complicado es aseverar a qué tribu pertenecía este primitivo asentamiento, pues se encuentra en la confluencia de cántabros, vacceos y turmogos. No obstante, Ptolomeo cita Sisaraca como ciudad turmoga, a los que también alude Floro como murbogos. Sin embargo, ninguna fuente relaciona a Pisoraca con los vacceos. Aproximadamente a mediados del siglo II a.C., la conquista de Hispania por parte del incontenible Imperio romano alcanzó la zona, datándose la caída de Pisoraca en el 28-29 a.C.. De todas formas, su romanización no llega a ser importante hasta que los romanos deciden utilizarla, por su estratégica situación, como campamento permanente para acometer las Guerras Cántabras (29 a.C.), ante la tenaz resistencia del pueblo cántabro a su sometimiento. El emperador Augusto en persona acudió a Hispania (26 a.C.) para asumir el mando del poderoso ejército (unos 70.000 hombres) que desplazó al conflicto. Estableció la Legio IIII Macedonica en Segisama (actual Sasamón, Burgos), siendo Pisoraca lugar de paso obligado en sus ataques a los cercanos castros cántabros de Monte Cildá y Monte Bernorio. Tras la pacificación de la zona, los 6.000 legionarios de la Legio IIII se establecieron en Pisoraca (19 a.C.), adquiriendo ésta gran protagonismo, y se mantuvieron allí hasta el 40, en que partieron hacia Mogontiacum (Germania Superior). Después, el asentamiento fue ocupado por el Ala Parthorum, una unidad auxiliar de caballería del ejército romano, durante la segunda mitad del siglo I, hasta que fue trasladada a Mauretania Caesariensis; y después por la Cohors I Galica Equitata, otra reputada unidad auxiliar que, ya en el siglo II, fue también enviada a Mauretania. El lugar se convirtió en un importante nudo de comunicaciones de salida hacia los puertos cantábricos y para el transporte de esclavos y los cereales de Tierra de Campos hacia Flaviobriga, Portus Blendium y Portus Victoriae. Pisoraca era el comienzo de la calzada romana del valle del Besaya, que la unía con la villa costera de Portus Blendium (Suances) en Cantabria. Con la decadencia del Imperio romano, los pueblos nativos volvieron a asentarse en sus antiguos poblados. A comienzos del siglo V, las invasiones germánicas en la península Ibérica alcanzan la zona, y Pisoraca se convierte en el siglo VI en asentamiento militar de los visigodos. El primer vestigio hallado en Herrera de Pisuerga fue una lápida. También aparecieron dos columnas militares erigidas por Tiberio y Nerón. Desde 1.982 se han realizado numerosos hallazgos epigráficos, sobre terra sigillata con el sello de Lucius Terentius, el alfarero propio de la Legio IIII Macedonica, quien se dedicó a fabricar cerámica de tipo aretina para surtir a sus legionarios. También destacan los abundantes hallazgos de objetos de vidrio, fundamentalmente copas y frascos, encontrados durante las excavaciones. También se encontró una tésera de hospitalidad del año 14, así como monedas de la época de Augusto. De la época del asentamiento del Ala Parthorum se encontraron materiales de construcción sellados con la figlina de esta unidad, junto con cerámica común, terra sigillata hispánica, vidrio y armas, incluyendo un protector ocular de caballo y algunos restos metálicos de arreos y estribos. Uno de los últimos hallazgos, julio de 2007, durante unas obras en la Plaza Mayor de la localidad, fueron unas estructuras que se cree son la muralla de demarcación del campamento de la Legio IIII Macedonica. Los hallazgos más antiguos encontrados en Herrera corresponden al año 20 a.C., entre los que se encuentran gran cantidad de objetos relacionados con los cuerpos de infantería y caballería. Los restos de Pisoraca se hallan distribuidos por el casco urbano de Herrera, localidad situada junto al río Pisuerga y el Canal de Castilla, en un punto de paso habitual entre Cantabria y la Meseta Norte, una zona fértil junto a la que discurre, muy probablemente a tenor de los últimos hallazgos, la calzada romana Via Legione VII Gemina ad Portum Blendium, descrita en el Itinerario de barro. Hoy, Herrera de Pisuerga, provincia de Palencia, comunidad autónoma de Castilla y León, España. Ver, Iuliobriga.