Rómulo es, en la versión más conocida de la leyenda, el fundador y epónimo de la ciudad de Roma. Frecuentemente pasa por ser un descendiente de Eneas, por mediación de los reyes de Alba. Rómulo y su hermano gemelo Remo son hijos de Rea Silvia (o Ilia) y nietos de Numitor. Pero esta vulgata de la leyenda admite muchas variantes. Por ejemplo, se suprimía la serie de los reyes albanos, y Rea era presentada como la hija de Eneas. Algunos autores consideraban a Rómulo y Remo como hijos gemelos de Eneas y Dexítea, hija de Forbante. En esta versión, los dos niños habrían sido conducidos a Italia cuando todavía eran de tierna edad. De toda la flota, sólo la nave que los llevaba se salvó de la tempestad, y abordó suavemente en el emplazamiento de la futura Roma. Otras tradiciones consideran a Rómulo como hijo de Roma y de Latino, el cual, en esta versión, es hijo de Telémaco. Su madre es llamada a veces Emilia, y en este caso es hija de Eneas y Lavinia (Ver todavía otra leyenda en el registro, Tarquecio). Según la tradición más corriente, el padre de Rómulo y Remo era el dios Marte. Sedujo a Rea en el bosque sagrado donde ella había ido a buscar agua para el sacrificio (pues era vestal). O bien se contaba que el dios la había violentado mientras dormía. Amulio, tío de Rea, se dio cuenta de que estaba encinta y la encarceló. Cuando los niños nacieron, el rey mandó exponerlos a orillas del Tíber, al pie del Palatino pues el lugar de la futura Roma formaba parte de sus dominios, como terreno transitado por los ganados reales. También se contaba que el criado de Amulio había depositado a los niños en una canasta, que luego había arrojado al río. Pero el río había experimentado una crecida por las lluvias, y una contracorriente, en vez de llevar la canasta al mar, la había varado aguas arriba, en las primeras pendientes del Germal (cumbre noroeste del Palatino). Precisando más, la canasta depositó a los niños a la sombra de una higuera, llamada Ruminal, que más tarde fue objeto de un culto. Sin embargo, una tradición situaba esta higuera en el Comitium, entre el Capitolio y el Foro, pero se decía que había sido transportado allí por las artes mágicas del augur Acio Nevio. Allí, Rómulo y Remo fueron recogidos por una loba que acababa de parir sus crías, y que se compadeció de los niños. Los amamantó, y de este modo los salvó de morir de hambre. Ya es sabido que la loba es un animal consagrado al dios itálico Marte, y es cosa cierta que esta loba fue enviada por el dios para que cuidase de sus hijos. Además, un pico, que es el pájaro de Marte, ayudó a la loba a alimentarlos. Luego apareció un pastor del rey, Fáustulo, que al ver a estos niños alimentados de modo tan prodigioso, se apiadó de ellos y los confió a su propia esposa, Aca Larentia, la cual los crió. Con escepticismo, ciertos mitógrafos, seguidos principalmente por los Padres de la Iglesia, pretendieron que la loba que había cuidado de los gemelos no era sino Aca Larentia, a quien su mala conducta había valido el apodo de "loba" (en latín lupa; la loba, es efectivamente un término con el que se designa a las prostitutas). Fáustulo envió a los dos muchachos a estudiar a Gabio, que era entonces, según se dice, el gran centro intelectual del Lacio. Luego Rómulo y Remo volvieron al pueblo del Palatino y se entregaron al bandolerismo. Un día Remo, con algunos jóvenes de las cercanías, atacó a los pastores de Amulio, que en el Aventino guardaban los rebaños del rey. Los pastores se defendieron. Remo fue hecho prisionero, llevado ante el rey de Alba y sometido a interrogatorio. Mientras tanto, Rómulo, que se hallaba ausente al ocurrir el hecho, regresa al Palatino. Fáustulo lo pone al corriente del secreto de su nacimiento, y le pide que vaya a salvar a su hermano. Al frente de un grupo de jóvenes, Rómulo corre a Alba, invade el palacio de Amulio, se da a conocer, mata al rey y pone en libertad a Remo. Luego restituye el poder a su abuelo Numitor. Los dos gemelos resuelven entonces fundar una ciudad (Ver la leyenda de Remo, sobre la elección del emplazamiento y los preliminares de la fundación). Rómulo termina por dar muerte a Remo después de haber trazado el surco de la ciudad palatina. Ésta fue fundada el 21 de abril, día de la fiesta de las Parilia (fiesta de Pales). Según las cronologías, el año sería 754, 752 ó incluso 772 antes de nuestra Era. Las tradiciones no están de acuerdo sobre la extensión de la ciudad de Rómulo. Lo más corriente es admitir que comprendía sólo el pomerium palatino, es decir, la colina estricta. Pero varios episodios de la leyenda de Rómulo permiten suponer que la ciudad abarcaba también el Capitolio, especialmente el "asilo", en la depresión que señala la cumbre de la colina, y la ciudad baja del Foro. Sobre este punto reina la mayor incertidumbre en nuestras fuentes, que revelan numerosos retoques y fases de la leyenda correspondientes a diversos momentos de la evolución de Roma. Plutarco sitúa incluso el desarrollo ritual de la fundación y la consagración del mundus (centro augural de la ciudad nueva) en el Comitium, o sea, al pie del Arx, al norte del Foro. El propio reinado de Rómulo, considerado durante mucho tiempo como histórico, se mira hoy como un tejido de leyendas, entre las cuales destacan las siguientes. Después de la fundación de la ciudad, Rómulo se preocupó de poblarla. Como los recursos locales eran insuficientes, pensó en crear en el Capitolio un lugar de asilo, entre dos bosques sagrados, el del Arx (la ciudadela) y el Capitolio propiamente dicho (la cima sur de la colina). Allí pudieron refugiarse cuantos en Italia estaban fuera de la ley: los desterrados, los deudores insolventes, los asesinos, incluso los esclavos fugitivos. Tal fue el núcleo de la primera población de Roma. De este modo no le faltaron hombres a la ciudad; pero no había mujeres. Entonces Rómulo pensó en robar las de sus vecinos los sabinos. Para ello organizó unas grandes carreras de caballos con motivo de la fiesta de Consus, que se celebraba el 21 de agosto, cuyo altar se hallaba en el valle del Circo Máximo, entre el Palatino y el Aventino. Las gentes de los alrededores acudieron con sus mujeres y niños. A una señal ccnvenida, los hombres de Rómulo se apoderaron de todas las jóvenes, en número de treinta (?), o bien de 527, o incluso de 683. Una sola, Hersilia, estaba casada. Las poblaciones cuyas hijas habían sido raptadas no se resignaron, y se agruparon en torno al rey de los sabinos, Tito Tacio. En poco tiempo quedó organizado un ejército, que se dirigió contra Roma. Tacio logró entrar por sorpresa en la ciudadela capitolina, gracias a la traición de Tarpeya. Una parte del ejército sabino trató entonces de coger por la espalda a las tropas romanas de Rómulo que defendían la posición al pie del Capitolio, cara al Norte. Y se habrían salido con la suya sin la intervención del dios Jano, que hizo brotar ante ellos una fuente ardiente, y les cortó el camino. Con todo, las tropas sabinas continuaban su presión y obligaban a los romanos a retroceder. Cuando éstos hubieron llegado al mismo pie del Palatino, viendo que la derrota iba a convertirse en un desastre, Rómulo dirigió una plegaria a Júpiter y le prometió erigirle un templo en el lugar preciso en que cambiase radicalmente la suerte de la batalla. Júpiter lo escuchó. Los romanos dejaron de retroceder y plantaron cara al enemigo, al que al fin pusieron en fuga. Ello ocurrió entre el Palatino y la Velia, en el extremo oriental del Foro. El templo prometido por Rómulo fue construido: el templo de Jupiter Stator (es decir, "Júpiter que detiene"), en el punto en que más tarde se levantó el arco de Tito, en la Vía Sacra. Romanos y sabinos firmaron entonces un tratado de alianza que unía a los dos pueblos. Decíase que las mujeres sabinas raptadas por los romanos se habían arrojado entre uno y otro adversario y habían suplicado a sus padres, a sus hermanos y sus nuevos esposos, que abandonasen esta lucha sacrílega. El episodio se produjo, al parecer, en el Foro, a la altura de la Regia. De este modo, Tito Tacio, el rey sabino, quedó asociado al poder de Rómulo, y se produjo la fusión de los dos pueblos. Pero Tacio murió pronto, y Rómulo quedó solo al frente de ambos pueblos. No es éste el lugar a propósito para entrar en los detalles de las guerras que se atribuyen a Rómulo, ni de las instituciones, civiles y religiosas, que se cree dio a la ciudad. Rómulo residía en el Palatino, en la cumbre de las Gradas de Caco, que comunicaban la colina con el valle del Circo Máximo. Se enseñaba allí un enorme cornejo, del cual se decía era una jabalina disparada por Rómulo desde el Aventino y que se había quedado clavado tan profundamente en el suelo, que no había sido posible arrancarlo. La jabalina había echado raíces. El árbol era sagrado, y cada vez que la gente observaba que estaba a punto de morir, se daba la voz de alarma y todos corrían a regarlo. Este cornejo fue destruido cuando los trabajos que se efectuaron en los alrededores por orden del emperador Calígula. Se mostraba igualmente, en la cima de las Scalae Caci, una choza, que se restauraba con toda fidelidad cada vez que la deterioraba un incendio, y que se pretendía había sido la casa de Rómulo. El reinado de Rómulo duró treinta y tres años y fue señalado por los progresos de la joven Roma, hasta el punto de que el pueblo concedió a su rey el título de Padre de la Patria. Pero Rómulo estaba destinado a terminar su vida terrestre de muy curiosa manera, a la edad de 54 años. El día de las nonas de julio estaba pasando revista a su ejército en el Campo de Marte, en el pantano de la Cabra (Palus Caprae), cuando de pronto estalló una terrible tempestad, acompañada de un eclipse de sol. Todo desapareció bajo trombas de agua. Pasada la tormenta, cuando todo el mundo salió de su refugio. Se buscó vanamente al rey por todas partes. Había desaparecido de entre los vivos. Un romano, llamado Julio Próculo, pretendió que Rómulo se le había aparecido en sueños y le había revelado que se lo habían llevado los dioses y se había convertido en el dios Quirino. Pidió también que se le erigiese un santuario en la cumbre del Quirinal, a lo cual se accedió. Los historiadores de época posterior, escépticos, afirmaron que, en realidad, los senadores habían hecho asesinar a un rey que era demasiado popular, y habían imaginado esta fábula para calmar a la plebe. Esta última interpretación tenía cierta consistencia, porque en la época clásica se conocía una "tumba de Rómulo", situada en el Comitium, debajo de la Piedra Negra. Sobre la fiesta de las Nonas Caprotinas, en las que se conmemoraba la desaparición de Rómulo, ver, Filotis. Ver, Remo, Tarquecio.