Importante yacimiento romano situado en torno al cerro llamado Cerro de Cabeza de Griego. Pese a que la ciudad se encuentra en ruinas, su estado de conservación es más que aceptable, en comparación con otros restos ubicados por la península. En el año 1.888 se halló un sepulcro colectivo (II milenio a.C.) de la Edad de Bronce en la Cueva de Segobriga, excavada en piedra caliza y que se encuentra cercana al Cerro de Cabeza de Griego. En el lugar aparecieron tanto restos humanos como útiles cotidianos. Cabe conjeturar que inicialmente Segobriga sería un castro celtíbero que dominaba la hoya situada al norte de la ciudad, quedando defendido por el río Cigüela, que le servía de foso. Sus restos no han aparecido, pero un fragmento de cerámica ática del siglo V a.C. testimonia su ocupación desde esa temprana fecha. Las primeras noticias que se tienen de Segobriga son del geógrafo griego Estrabón, que hace una referencia muy breve y poco precisa. Sólo indica que, en la región celtibérica, alrededor de Bílbilis y Segobriga, combatieron Metelo y Sertorio. Por tanto, nos enmarca geográficamente la ciudad de Segobriga: la sitúa en plena Celtiberia. Cabe destacar que esta antigua zona olcade fue arrasada en las Guerras de Sertorio y sustituida por la Segobriga romana. A partir de unos textos de los siglos III y II a.C. se llama olcades a los habitantes de esa zona hacia las Serranías de Cuenca; hacia la Alcarria y Guadalajara se les llama lusones, y hacia Toledo, carpetanos. Por tanto, los habitantes de la zona y la antigua ciudad serían olcades o carpetanos. A 7 km se encuentra el yacimiento de Villas Viejas, identificado con la Contrebia Carbica, ciudad de carpetanos. En el siglo I Sexto Julio Frontino, en su obra Strategemata, menciona en dos ocasiones a Segobriga. En ellas describe el ataque realizado por el lusitano Viriato contra Segobriga (146 a.C.) debido a su alianza con Roma durante la conquista de Hispana por parte de ésta. Pero nada refiere Frontino en torno a la ubicación de Segobriga. Plinio en su Naturalis Historiae, en el apartado 24, enumera los pueblos que pertenecen al Convento Jurídico de Caesar Augusta, entre los que figuran los ercavicenses (de la ciudad de Ercávica, vecinos de los segobricences). Más adelante, en el apartado 27, define a Segobriga y su zona como caput Celtiberiae "cabeza de Celtiberia", que llegaba hasta Clunia (finis celtiberiae), siguiendo un orden geográfico del sur hacia el norte, lo que hace pensar, junto con los datos anteriores, que la zona de Segobriga era el límite entre los celtíberos y los carpetanos. Además indica que Segobriga era una ciudad estipendiaria (tributaria) de aquel Convento. Más tarde, en el apartado 36 de su Naturalis Historiae Plinio menciona la explotación de lapis specularis, una variedad de yeso especular traslucido muy apreciado en la época para la fabricación de cristal de ventanas y que sería durante mucho tiempo parte importante de la economía de Segobriga. Este mineral era extraído de minas halladas en "100.000 pasos alrededor de Segobriga", y Plinio nos asegura que "la más la más traslúcida de esta piedra se obtiene en la Hispania Citerior, cerca de la ciudad de Segobriga y se extrae de pozos profundos. Una de estas minas podemos encontrarla en la cercana Villa de Carrascosa del Campo, que también tenía un enclave fabril y minero en servicio de este municipio. Tras su conquista romana a principios del siglo II a.C., en las Guerras Celtíberas, Segobriga debió de convertise en un oppidum o ciudad celtibérica. Tras las guerras de Sertorio, entre los años 80 y 72 a.C., pasó a ser el centro de toda esa parte de la Meseta, con el control de un amplio territorio. La intensa actividad minera en el territorio cercano y la explotación agrícola deben ser causas directas del auge urbanístico y monumental de la ciudad, que en pocas décadas se dotó de teatro, anfiteatro, foro, basílica, grandes termas públicas, templos, mercados, etc., convirtiéndose en el punto de referencia para la vida urbana al modo romano en estas tierras. La vida de esta ciudad romana comenzó a mediados del siglo I a.C., fecha en la que se puso en marcha la acuñación de moneda en la ceca local y en la que se llevó a cabo la construcción de una parte de la muralla, que quedaría concluida en época augustea. De aquellos años iniciales de la ciudad quedan pocas evidencias, pues buena parte de las viviendas que pudieron existir serían sepultadas por los grandes programas de monumentalización que llegarían unas décadas más tarde. Sin embargo, la proyección exterior del núcleo se percibe sin dificultad incluso para estas fechas tempranas. Poco antes del año 25 a.C. los segobrigenses habían elegido ya a Lucius Livius Ocella, abuelo del futuro emperador Galba, como patrono de la ciudad y representante de sus intereses en Roma, tal y como conmemora una inscripción descubierta allí; además, un tal Caius Iulius Italus, individuo de rango ecuestre establecido en Narbona y originario de Segobriga, aparece como el primero de los hispanos que alcanzó ese rango social. Los primeros pasos de la ciudad eran firmes a juzgar por estos testimonios, y presagiaban el importante desarrollo que Segobriga tendría en siglos posteriores. En torno al cambio de era, ya en el reinado de Augusto, Segobriga recibió del monarca el rango de municipio de derecho latino, un privilegio que abría las puertas a la creación de una ciudad de corte romano, creciendo el estatus de la ciudad notablemente, lo que llevó a su auge económico y a un gran programa de construcciones monumentales que debió de finalizar en época flavia, hacia el 80, con sus templos oficiales, sus centros de reunión, foro, termas, etc, todo aquello que formaba un paisaje acorde con la nueva situación de la ciudad y de sus habitantes. La ciudad fue un importante centro de comunicaciones. De esta época también es la emisión de moneda en su ceca y la construcción de una parte de la muralla. La ciudad se organizó entonces, como muchas otras por todo el Imperio Romano, alrededor de un foro que centralizaba la vida diaria y las actividades públicas. Alrededor del mismo se construyeron los grandes edificios que hoy conocemos por las excavaciones, entre los que destaca la basílica, un edificio de grandes proporciones y elevado sobre un gran sótano (el criptopórtico), que se prolongaba a través de una sala más pequeña hasta el borde mismo de la muralla, y cuyas columnas estaban estucadas y pintadas en rojo con diferentes motivos geométricos. El teatro de Segobriga es uno de los edificios singulares de la ciudad y de la Meseta, ya que ha llegado hasta nosotros con su graderío casi íntegro, a lo que hay que añadir un entorno natural prácticamente intacto desde hace veinte ss.. El edificio comenzó a construirse a finales de la época augustea, aunque las obras debieron prolongarse hasta finales del reinado de Vespasiano, en el último cuatro del siglo I de nuestra Era. La edificación se apoyó en la ladera norte del cerro, directamente en la roca y fuera de la muralla de la ciudad, y en sus gradas podían llegar a tomar asiento algo más de 2.000 personas. El anfiteatro de Segobriga es el único de los conservados en el interior de Hispania y el elemento emblemático de la ciudad. Fue construido sobre la ladera del cerro, también fuera de la muralla, al mismo tiempo que el teatro. Ofrece una planta elíptica, con un eje mayor de 74 metros orientado de este a oeste, donde se abrían sus dos puertas principales. Ocupa una superficie total de 3.836 m2 con un área central de 1.122 m2, lo que le convierte en uno de los recintos más pequeños de su categoría; pese a ello podía albergar alrededor de 5.500 espectadores. La estructura urbana de Segobriga conocida hasta la fecha, deja poco margen para suponer la presencia de un número elevado de espacios domésticos; una gran parte de la población hubo de residir extramuros, en villae suburbanas o rústicas de las proximidades, y la población vinculada a la explotación del lapis specularis viviría en las proximidades de los centros mineros que rodean Segobriga. Al finalizar el mandato de Vespasiano la ciudad se encontraba en su punto más alto, habiéndose finalizado ya las obras del teatro y el anfiteatro, y encontrándose plenamente integrada social y económicamente en el Imperio Romano. Segobriga es uno de los más claros ejemplos del desarrollo urbano y de la progresión social en las ciudades de la Meseta en época romana. Hallazgos arqueológicos indican que en el siglo III aún existían en Segobriga importantes élites que vivían en la ciudad, pero en el siglo IV ya se encuentran abandonados sus pricipales monumentos, prueba de su inexorable decadencia y de su progresiva conversión en un centro rural. En época visigoda, a partir del siglo V, todavía debía de ser una ciudad importante, pues se conocen restos de varias basílicas y de una extensa necrópolis (según hallazgos de 1760-1790), llegando sus obispos a acudir a diversos Concilios de Toledo, concretamente al III Concilio de Toledo en el año 589, y el XVI Concilio de Toledo en el 693. Su despoblación definitiva debió de iniciarse tras la invasión musulmana de la península Ibérica, cuando sus obispos y élites gobernantes huyeron hacia el norte, buscando el amparo de los reinos cristianos, como se sabe que ocurrió en la vecina ciudad de Ercávica (Cavañuelas, Cuenca). De estas fechas son los restos de una fortificación musulmana que ocupa la cumbre del cerro. Tras la Reconquista, la población de los contornos se desplazó al actual pueblo de Saelices, situado a 3 km más al norte, junto a la fuente que nutría el acueducto que había abastecido a la antigua ciudad de Segobriga. Olvidado ya su nombre, la colina que ocupaba pasó a denominarse "Cabeza del Griego", con una pequeña población rural dependendiente de la villa de Uclés, situada a solo 10 km, llegando a usarse sillares extraídos de las ruinas para las construcción de su convento-fortaleza. Desde entonces se acentúo su paulatino abandono hasta quedar sólo la pequeña ermita construida sobre las antiguas Termas Monumentales, último testimonio de la antigua ciudad conservado hasta la actualidad. Hoy, Cabeza del Griego, Saelices, provincia de Cuenca, comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, España. Ver, Sekobirikes.