Considerando, según Plutarco, los cabellos y los pelos secreciones impuras, los sacerdotes egipcios se afeitaban cuidadosamente la cabeza y el cuerpo, y esto desde tiempos remotos. Pero, en las otras clases sociales, no era menor el cuidado de que era objeto el tocado que en nuestras civilizaciones, y puede uno darse perfecta cuenta de las variaciones que impuso la moda. Por regla general, las altas clases llevaron peluca, la cual tenía sin duda alguna significación social. Formaba parte ésta de ciertos atavios generales, de modo que su objeto no era ocultar la calvicie. En la Dinastía V, Ranefer, al cambiar de vestido, cambia de tocado, como puede verse por sus hermosas estatuas del museo de El Cairo. Y la princesa Nofrit, en la Dinastía IV, lleva una embarazosa peluca de trenzas finamente rizadas, encima del pelo, que asoma sobre su frente. Las mujeres, en todas épocas, gustaron de llevar el cabello largo y rizado, como hacen todavía las niñas del oasis de Siwa. La princesa Kauit, en la Dinastía XI, se pasaba horas haciéndose rizar. Hasta el Imperio Medio, las modas fueron relativamente sobrias. Pero las estatuas de los portadores de ofrendas de Tanis están tocadas con pelucas suntuosas y complicadas. En la Dinastía XVIII, las plañideras mismas se peinan el cabello en largos mechones rizados pero completamente sueltos. Las elegantes, al contrario, se sujetan las trenzas con una rica cinta adornada con flores, y sus mechones les caen armoniosamente sobre la espalda y el pecho. Se ponían en la cabeza un cono de ungüento perfumado que iba escurriéndose lentamente en los cabellos, y hasta el cuello de los ropajes, como en el Salmo 133. La moda de la cabellera ondulada se impuso hasta a los hombres en el Imperio Nuevo, de suerte que los dandies de la época, representados frecuentemente en las tumbas, dejaban que salieran cortos mechones ondulados de su cabellera ahuecada y recogida. Por otra parte, la gente tenía mucho cuidado con su cuero cabelludo. Los textos médicos presentan secciones reservadas a esta parte del cuerpo. El Papiro Ebers daba incluso una receta para hacer crecer el cabello, confeccionada para la madre de Su Majestad el rey del Alto y del Bajo Egipto, Teti de voz justa. La gente dejaba crecer a un lado de la cabeza de los niños un mechón, el cual ondulaban. Los mechones de los pequeños príncipes en especial eran cuidadosamente adornados.