o Triere. Navío de guerra con tres filas de remeros del que se atribuía la invención a los corintios. Con la triera, la construcción naval griega alcanza su apogeo. Este navío con buena capacidad de maniobra fue el elemento esencial de la flota ateniense en el momento de su mayor poder y merece a ese título una atención particular. Su casco, de 35 a 38 metros de largo, es estrecho: 4 ó 5 metros en el centro, a la altura de la línea de flotación. El calado no llega a un metro, y el desplazamiento es del orden de las 80 toneladas de arqueo internacional. El casco, reforzado de cintas, está provisto de un espolón. La disposición de los remeros, que ha sido discutida largo tiempo, puede deducirse con bastante claridad de los documentos figurados. Los textos nos dicen que las tres filas de remeros llevaban, de la parte inferior a la superior, los nombres de tranitas (thranites), zeugitas (zygites) y talamitas (thalamites). Los que correspondían a los remeros tradicionales de la pentecóntora y de los navíos arcaicos eran los remeros de la fila intermedia, sentados, como en otro tiempo, directamente sobre los baos del navío, que se llamaban zeugos ("yugo") o ("través"), y de ahí el nombre de zeugitas. Sus remos pasaban, como en la pentecóntora, por aberturas realizadas en el casco. Los tranitas estaban sentados dos pies más altos (aproximadamente 0,60 m) y su asiento o taburete (tranos) estaba fijado exactamente en la parte superior del casco, a medio camino entre los bancos de los zeugitas. Los tranitas estaban, pues, desplazados en relación a estos últimos lo mismo en altura, en longitud y también en anchura, pues se encontraban más alejados del eje del barco, aproximadamente una anchura de hombros. Para compensar esta posición exterior se había ideado proveer la triera de una galería aproximadamente de dos pies de anchura (0,60 m), que hacía saliente fuera de la altura del casco y que se mantenía sobre soportes uniéndose oblicuamente a las cuadernas. El reborde de esta galería, que estaba coronada de un antepecho en claraboya, llevaba también los escálamos destinados a los remos de los tranitas. Éstos, con todo y encontrarse sentados justamente contra el casco del navío, disponían de esta forma de todas maneras de un brazo de palanca suficiente para manejar su largo remo sin una fatiga excesiva. En cuanto a los talamitas, estaban sentados en la cala (talamos) exactamente en el plano de los tranitas, pero más cerca del eje del navío que los zeugitas, cosa de una anchura de hombros, y aproximadamente tres pies (0,90 m) más bajo que ellos. Sus remos pasaban, como los de los zeugitas, por agujeros o portas abiertos en el flanco del navío y situados a plomo de los escálamos de los tranitas correspondientes. Este dispositivo aparentemente complejo era, en realidad, muy sencillo: consistía en emplear de la mejor manera posible el espacio de que se disponía desplazando las tres filas de remeros a la vez en altura y en anchura, disponiéndolos en tresbolillo en el sentido de la longitud del navío. Cada uno disponía así del espacio necesario para manejar su remo, sin ser molestado por un vecino excesivamente próximo, ventaja particularmente apreciable en la maniobra, esencial para la salvaguarda del navío, que consistía en meter rápidamente los remos al ser ordenado, cuando un navío enemigo se acercaba con la intención de romperlos, y en sacarlos rápidamente luego de pasado el peligro. Las ventanas de los talamitas no estaban más que a 0,50 metros de la superficie del agua, y las de los zeugitas a 0,90 metros aproximadamente. Para evitar la entrada de agua en los golpes de mar, era preciso obstruirlas por medio de una vaina de cuero que por un lado estaba fijada al casco y por la otra enlazaba estrechamente el remo, pero permitiéndole la necesaria libertad de movimiento. Los tranitas estaban al aire libre, 1,40 a 1,50 metros por encima del agua. En el siglo V a.C. se dispuso ordinariamente por encima de ellos un puente superior destinado a la vez a protegerlos de los disparos enemigos y a contener a los soldados embarcados. Además se colocaban en los flancos del navío, antes de cada encuentro, para-flechas de tela fuerte. La triera ateniense tiene una tripulación de 170 remeros: 62 tranitas, 54 zeugitas y 54 talamitas. Como los tranitas, situados a la mayor altura, tienen también los remos más largos, pasan por tener la tarea más ruda, y de ahí la expresión "el pueblo de los tranitas" que emplea Aristófanes para designar al pueblo bajo de Atenas, que proporcionaba los remeros. Se embarcaban también algunos marineros, menos de una decena, para la maniobra de las velas, de las áncoras y de las amarras. En este aspecto, la triera no representa un progreso en relación a los anteriores navíos de guerra: no tiene más que un gran mástil con una única vela cuadra, y a veces una pequeña mesana, también cuadra. El estado mayor comprende el capitán o trierarca; el oficial piloto; un segundo oficial, llamado oficial de proa que vigila la parte delantera del navío; un jefe de tripulación, que regula la navegación con la ayuda de un flautista indicando la cadencia, y probablemente varios contramaestres. Algunos hoplitas o arqueros embarcados, los epibátes, completaban la tripulación, cuyo efectivo normal es de doscientos hombres. Con una tripulación bien entrenada, la triera podía avanzar a 5 ó 6 nudos por hora (de 9 a 11 km por hora). La formación de los remeros no era, por otra parte, un asunto fácil; el esfuerzo físico era grande y podía durar horas enteras. La perfecta cohesión de la tripulación en las maniobras no se obtenía más que al precio de un ejercicio constante. Como dijo Pericles en su discurso al pueblo de Atenas, antes del comienzo de la guerra del Peloponeso, "si un oficio exige una formación técnica, es el de marino. No admite que se le practique de una manera ocasional como un oficio de complemento; bien al contrario, ningún oficio de complemento es compatible con él". No obstante, las tripulaciones atenienses eran reclutadas entre el pueblo; es la clase de los thetes, la de los ciudadanos sin fortuna, la que proporcionaba los remeros. A veces se enrolaban también metecos e incluso esclavos. Estos marinos recibían un sueldo cotidiano, cuya importancia variaba, siguiendo las circunstancias y los recursos del Tesoro público, de dos óbolos a una dracma (seis óbolos). Durante la primera parte de la guerra del Peloponeso, los almirantes lacedemonios, que disponían de los subsidios persas, practicaron una puja en materia de sueldo, que determino la deserción de numerosos remeros al servicio de Atenas. Ver, Trierarquía, Birreme, Trirreme, Pentecóntora, Quinquerreme, Heptera, Hexere, Marina griega, Marina romana, Cuatrirreme, Octere, Triacóntero, Siracusia, Embarcaciones.