Marco Ulpio (Marcus Ulpius Traianus) (53-117). Emperador romano de la Dinastía de los Antoninos, que reinó desde enero del 98 hasta agosto del 117. Era miembro de una familia del orden senatorial emigrada a la Bética en tiempos de Escipión el Africano. La Bética era entonces una de las provincias más romanizadas del Imperio y los senadores de origen hispano formaban un grupo influyente en Roma. Trajano nació en Itálica, cerca de la actual Sevilla, hijo de un distinguido ex cónsul, Marco Ulpio Trajano, de quien heredó el nombre. Entró en la carrera militar y prestó un largo servicio (quizá de diez años, según afirma Plinio) como tribuno militar, incluido el servicio bajo el mando de su padre mientras este último gobernaba Siria. En el 89 lideró una fuerza de tropas hispanas en la Germania Superior para sofocar la rebelión del gobernador Saturnino contra Domiciano. Trajano fue recompensado con el consulado del 91 y sobrevivió al reinado de terror inaugurado por Domiciano. En el año 96, este emperador moría asesinado. La enemistad entre el Senado y los militares, entre los que había caído muy mal el asesinato del emperador, amenazaba con un baño de sangre de no encontrarse una solución aceptable para todos. A instancias de los conjurados, los senadores depositaron sus esperanzas en el anciano Nerva, uno de los últimos representantes de la antigua nobleza. A fin de evitar la sublevación de las tropas, Nerva, que no tenía hijos, decidió adoptar de forma oficial como sucesor a uno de los más prestigiosos generales del ejército, el legado de la Germania Superior desde el 97, Marco Ulpio Trajano. Tres meses más tarde, mientras ejercía su segundo consulado en el 98, sucedió a Nerva. Fue proclamado emperador en Colonia, cuando tenía 44 años. Aún permanecería en aquellas tierras casi dos años, inspeccionando las fronteras del Rhin y del Danubio y reforzando sus defensas. A su vuelta a Roma castigó a la guardia pretoriana, que se había amotinado contra Nerva. El nuevo emperador, hombre capaz como soldado y administrador, instauró desde un principio un régimen civil basado en el hasta entonces dificil equilibrio entre el Senado y el ejército. Garantizó la seguridad personal de los senadores, en cuyas manos y en las de los magistrados civiles había dejado provisionalmente el gobierno del Imperio durante el tiempo en que aún permaneció en Germania. También respetó los privilegios políticos y administrativos que aún poseía esta asamblea legislativa y mantuvo las formas del viejo sistema político, dando siempre la impresión de asociar al Senado a la dirección de los asuntos públicos. Restituyó al Senado algunas de las prerrogativas usurpadas por Domiciano. Recibió del Senado el título de optimus princeps "el mejor de los emperadores". En el año 100, Plinio el Joven, al asumir su consulado, pronunció un discurso (el Panegírico) ante el Senado en alabanza de Trajano, en el que comparó, favorablemente para este, su conducta con la de Domiciano y le agradeció que hubiera devuelto la libertad al Estado. Para gobernar tomó como modelo a Augusto. Mantuvo una atención constante sobre el aparato administrativo. Ejerció una estrecha vigilancia sobre la recaudación y el empleo de los fondos públicos. Llevó a la práctica una idea de Nerva destinada a facilitar una subvención alimentaria "alimenta" a los padres de las familias más pobres, a fin de que pudieran ocuparse del mantenimiento y educación de sus hijos. De este modo se pretendía, también, frenar la creciente despoblación y facilitar el reclutamiento del ejército. Abolió también algunos impuestos, como el tributo especial que pagaban las provincias a la subida al trono de un nuevo emperador, o el impuesto del 5 por ciento por derechos de sucesión y no creó ninguno nuevo. Trajano se preocupó por afianzar la seguridad del Imperio. Dio a su política un cierto liberalismo (respeto de las formas republicanas, entendimiento con el Senado, favores sobre todo a los provinciales, etc.). Intentó de todas maneras, durante su estancia en Roma, reanimar la agricultura en decadencia y activar el gran comercio (arreglo de los puertos de Ostia, de Ancona, de Centumcellae). Siguió la política tradicional de fundación de nuevas ciudades, creando colonias para sus veteranos, como Ulpia en Germania o la consagrada al dios Marte en Túnez, y ubicándolas en los lugares más adecuados según criterios estratégicos. Dedicó una atención especial a la red viaria, tanto en Italia, donde hizo construir una nueva calzada (la Trajana, que enlazaba Beneveto y Brindisi), como en las provincias del Imperio. En Hispania hizo restaurar la Vía de la Plata, levantó un puente sobre el Tormes y tanto el acueducto de Segovia como el puente de Alcántara se construyeron durante su reinado. En Roma, el más espléndido de los foros imperiales lleva su nombre, con su columnata de mármol, la basílica Ulpia y las dos biliotecas, que fueron ideas suyas y obras de Apolodoro de Damasco. También construyó un odeón, un teatro, varios templos, un acueducto de 48 kilómetros de longitud, unas lujosas termas y un nuevo mercado, así como un gran estanque junto al Tíber en el que se celebraban representaciones de combates navales. Trajano consiguió sus mayores logros en las operaciones militares en Dacia (Transilvania) y en la frontera oriental. Invadió Dacia en el 101, y en dos años de ardua campaña había reducido el reino de Decébalo a un Estado clientelar. Trajano regresó a Roma para celebrar un triunfo, fue investido con el título de Dacicus (Dacio) y acuñó monedas conmemorativas. El acuerdo se rompió dos años más tarde, cuando Decébalo atacó la guarnición romana e invadió la provincia de Mesia. Trajano atacó de nuevo Dacia con un enorme ejército de doce legiones, expulsando a Decébalo de Mesia y penetrando en su reino. En el 106, tras una batalla librada cerca de su capital, Sarmizegetusa, los dacios se rindieron, y Decébalo, cuyo tesoro había sido capturado, huyó y se quitó la vida. Trajano celebró su victoria levantando en el Foro Romano la famosa columna que lleva su nombre y que está decorada con escenas de la guerra, dedicada en el 113. En el 107, Trajano convirtió el reino dacio en una provincia romana, bajo el mando de un gobernador de rango consular, expulsó a muchos dacios y repobló el área con pobladores procedentes de las provincias balcánicas y de Asia Menor, fundando colonias y pueblos nuevos. La riqueza de Dacia, que incluía la producción de sus minas de oro, se utilizó para financiar un programa de edificaciones que incluyó el Foro de Trajano en Roma, otras obras públicas, la protección a los pobres y una gratificación a las tropas. Trajano celebró aún más la conquista inaugurando una serie de juegos que duraron 123 días. En Oriente, Trajano conquistó el reino de Nabatea en el 106, convirtiéndolo en la provincia romana de Arabia Pétrea, añadiendo Damasco a Siria. Estalló una disputa con el rey Osroes de Partia sobre Armenia, y en el 114 Trajano llegó a Antioquía para arreglar el problema. Se estaban produciendo en Partia disturbios civiles a causa de la sucesión y Trajano aprovechó la oportunidad que le ofrecía la debilidad parta para incorporar Armenia al imperio como provincia y atacar Partia a través de Mesopotamia. En un principio, la conquista fue fácil. Trajano tomó la capital, Ectesifón, y colocó a su candidato, Parthamaspates, en el trono de Partia. Convirtió Mesopotamia en una provincia y añadió otra nueva provincia, Asiria, concediéndosele el título de Parthicus (Parto). Saneó la política administrativa imperial, las provincias conocieron un progreso sin precedentes, intentó eliminar la corrupción en la justicia y en la administración de las ciudades y provincias, suprimió gastos superfluos y la hacienda aumentó sus ingresos, impulsó la agricultura y el comercio, y emprendió numerosas obras públicas. Trajano cruzó el río Tigris, entró en Adiabene y marchó a lo largo del Éufrates hasta alcanzar el golfo Pérsico, pero las rebeliones estallaban en su retaguardia y su línea de retirada se mantenía abierta gracias a los esfuerzos de Lusio Quieto. En el 117, una nueva rebelión estalló en Judea, y Trajano nombró a Lusio gobernador de Judea para sofocarla. De todas formas, muy pronto se abandonó la política de Trajano en el Este. Trajano había despojado a las demás fronteras de sus tropas para esta guerra y había adelantado la frontera oriental hasta una línea que carecía de una barrera natural. Su ofensiva oriental había fracasado y su sucesor abandonó todas las nuevas provincias a excepción de Arabia. Trajano solucionó los problemas devolviendo a las nuevas provincias su condición de reinos. En el 117 cayó enfermo y decidió regresar a Roma, pero murió por el camino en Selinunte, Cilicia, el 9 de agosto. El Senado le había otorgado el título de Optimus Princeps, que fue incorporado a su titulatura oficial desde el 114 y que ningún predecesor había ostentado. El reinado de Trajano inauguró para el Imperio Romano un período de prosperidad sin precedentes. El progreso de la economía y el comercio, estimulado por el orden dentro de las fronteras y la paz fuera de ellas, se vio favorecido además por la extensión de los derechos de ciudadanía a capas cada vez más amplias de la población. Estas circunstancias contribuyeron notablemente al auge de la vida ciudadana y municipal en todas las provincias, lo que se plasmó en el embellecimiento de las ciudades con templos, bibliotecas, teatros, anfiteatros y circos, y la mejora de sus infraestructuras con la construcción de acueductos, alcantarillados, puentes y calzadas. Por otro lado, el auge económico fue acompañado de un florecimiento intelectual y artístico en todos los campos. Y es que a la época dorada del poder imperial correspondió otra era privilegiada de las artes y las letras. Así, surgieron poetas como Marcial y Juvenal, escritores de talento como Suetonio, Plinio el Joven o Plutarco, filósofos como Dión de Prusia, arquitectos e ingenieros como Apolodoro de Damasco y Julio Lacer e historiadores como Tácito. Su muerte, sin que aparentemente hubiera designado su sucesor, dejó el trono en manos de su presunto hijo adoptivo Adriano, protegido de la emperatriz Pompeya Plotina. Trajano había sido un emperador muy popular y había tenido gran éxito en obtener y conservar el afecto tanto de los romanos como de los provinciales. Su correspondencia con el joven Plinio (en su mayor parte obra de sus servidores civiles) da testimonio de su atención por los detalles y de su habilidad administrativa, al tiempo que muestra la actitud humana y liberal que animaba a sus oficiales a adoptar. Sus cenizas fueron enterradas junto a su columna. Ver, Trajano (foro de), Trajano (mercado de), Drobeta.