(siglo VI a.C.). Sexto rey batíada de Cirene (ca.530-ca.510). Hijo y sucesor de Batto III el Cojo y de Feretima (Pheretime). Tuvo buenas relaciones con la ciudad de Barca y se casó con la hija del rey Alazir de esta ciudad. Sus poderes estaban limitados por la reforma de Demonax de Mantinea, que en el anterior reinado reformó la Constitución de Cirene y redujo la monarquía al estado de una mera representación. Arcesilao trató de recuperar las atribuciones tradicionales de los monarcas, pero el pueblo se sublevó y fue condenado al exilio. Huyó a Samos, mientras que su madre lo hacía a Salamina de Chipre. Reclutó tropas mercenarias en Samos, entonces bajo el gobierno de Polícrates, y reconquistó su reino, obrando después con métodos tiránicos. Confiscó los dominios de los nobles cirenaicos y distribuyó sus tierras entre sus partidarios. Sometió a su autoridad las otras ciudades griegas de Cirenaica, Barca y Hespérides. Para asegurar su posición, Arcesilao envió una embajada a Menfis y se reconoció vasallo del rey persa Cambises II de Persia; le pagó tributo (525) y le ofreció un regalo que fue considerado insuficiente por el rey persa, que lo tiró despectivamente a sus soldados. Arcesilao se retiró a Barca, gobernada por su suegro Alazir, pero en esta ciudad unos exiliados de Cirene, ayudados por un partido local, mataron a Arcesilao y a Alazir en la plaza del mercado. Feretima, la madre de Arcesilao, en venganza, pidió ayuda a Ariandes sátrapa persa de Egipto, nombrado por Cambises y que conservó el cargo bajo Dario I. El sátrapa reunió un fuerte ejército y una flota y envió una embajada a Barca preguntando quien o quienes habían sido los asesinos, pero la gente de Barca asumió colectivamente la responsabilidad. Ariandes envió entonces el ejército y asedió la ciudad durante nueve meses, y finalmente los persas la ocuparon mediante una estratagema (510 a.C.). Los ciudadanos sospechosos de simpatizar con el asesinato de los reyes fueron empalados y las murallas se llenaron de gente empalada y entre ellos los miembros de la dinastía Batiada de Barca, de los que se sospechaba eran culpables. Feretima, que había acompañado a los persas hasta Barca, volvió a Egipto con el ejército persa, pero murió de una enfermedad infecciosa. La feroz represión de Feretima favoreció la entronización de su nieto Bato IV. De esta crisis salió la restauración de los Batiadas en Cirene, que puso fin a la constitución de Demonax y a sus instituciones.