Altar erigido por Augusto a la Diosa de la Paz entre los años 13 y 9 a.C., en el Campo de Marte, para glorificar la grandeza del Estado romano por obra de su Emperador. En el templo de Aharas se conserva una inscripción, llamada el "testamento de Augusto", en el que expresamente se dice: "A mi vuelta de la Hispania y de la Galia, después de haber pacificado por completo aquellas provincias, el Senado decretó que en acción de gracias por mi regreso feliz se erigiera un altar a la Diosa de la Paz en el Campo de Marte, al que cada año acudirán los oficiales y sacerdotes y las vírgenes vestales, para celebrar un sacrificio". En el siglo XVI se conservaban bastantes restos del altar distribuidos, desde entonces, en varios museos europeos (Louvre, Florencia, Vaticano, Viena) y en el propio palacio Ficno de Roma, en la Vía Flaminia, origen de todos los restos del Ara Pacis. En el año 1.962, el arqueólogo austríaco Petersen, tras proyectar una reconstrucción para demostrar la unidad estilística de la decoración a partir de los restos disponibles, llegó a la conclusión de que éste debió de ser el emplazamiento originario del altar de Augusto y estimuló al Estado italiano para que costeara una excavación en el subsuelo del palacio, donde, en efecto se encontraron una mayor cantidad de restos e incluso los cimientos de lo que debió de ser el basamento del Ara Pacis. Hoy está reconstruido en el Tíber y se cree que corresponde con bastante exactitud a la forma general del monumento y sus dimensiones. El altar propiamente dicho estaba circundado por un muro que formaba un área cuadrada de 14x12x6 m, adornado por dentro con abundantes guirnaldas de laureles, flores y frutos sostenidos por bucranios (cabezas de bueyes) y escenas de sacrificios rituales en los frisos de los laterales. Las fachadas exteriores estaban decoradas con magníficos roleos de acanto y de hojas en el nivel inferior, en tanto que en la zona superior existía el monumento más importante de la escultura romana, la procesión de la familia imperial y del "Senatus Populusque Romanus" (SPQR). Por su significación, este friso ha sido comparado con el friso de las Panateneas del Partenón. En lugar de los dioses olímpicos que esperan el cortejo del pueblo griego, en el friso romano se ven, además de las nuevas divinidades representadas por los tres elementos (Tierra, Aire y Océano) felizmente gozosas de la paz augusta, la procesión cívica, presidida por el mismo Augusto revestido con los atributos de Pontífice Máximo, acompañado de magistrados y un grupo de lictores y, detrás, el séquito familiar; la emperatriz Livia, su yerno Agripa, Tiberio (el hijo adoptivo), el joven Druso con Antonio que lleva de la mano al pequeño Germánico y, por último, el cortejo de senadores y patricios que ceremoniosamente desfilan envueltos en sus togas. Esta procesión de personas de la familia imperial y grandes dignatarios del Estado, retratados con magistral realismo, displicente nobleza y severa dignidad, contrasta con el bullicioso tumulto de los ciudadanos de Atenas que, a pie o a caballo, acudían a llevar a la diosa Palas el peplo tejido por las vírgenes Panateneas. El recinto del altar, que parece estaba integrado en una construcción mayor porticada con columnas, dedicado al numen de la paz, representaba programáticamente la pretensión estatal y la realidad histórico-social de la época augústea, estaba configurado como la semilla del nuevo arte que habría de expandirse por todo el Imperio y que en el correr de los ss. determinaría aspecto capitales en el arte medieval y renacentista.