(ca.445-ca.385 a.C.). El más grande escritor griego de comedias, maestro indiscutible de la Comedia Antigua. Los escasos vestigios que se poseen sobre su vida se obtienen de sus propias comedias. Por ellas, se sabe que nació en el demo ático de Cidateneo, que tuvo propiedades en Egina y que gozaba de una cultura amplísima y muy refinada. Hijo de Filipo y padre de Filipo, Áraro y Nicóstrato. Parece ser que no quiso dedicarse a la política, a pesar de que trató temas políticos en sus comedias. Escribió su primera comedia, Los convidados, en el año 427, pero consideraba que era demasiado joven para estrenarla él mismo, como se hacía siempre, así que la estrenó Calístrato, quien también estrenó las dos comedias siguientes de Aristófanes, Los babilonios (por la que el demagogo Cleón le acusó, argumentando que no tenía derecho legal a su ciudadanía ateniense y, como consecuencia, se hicieron enemigos de por vida) y Los acarnienses, que ha llegado hasta nosotros, con la que consiguió el primer premio. Después estrenó por cuenta propia dos de sus obras, entregando otras a Filónides, a Calístrato y a su propio hijo Áraro para que las estrenaran. Escribió alrededor de cuarenta y cuatro comedias, de las que solo nos han llegado completas once. Consiguió otros tres primeros premios. La mayoría de sus obras no son comedias en el sentido actual, sino más bien piezas teatrales satíricas, en las que los argumentos son a menudo flojos, y el propósito no es otro que el de provocar la risa con bufonadas de personajes que representan a personas de la vida real, a las que se reconoce fácilmente, e incluso, como ocurre en Las ranas, sobre el dios Dioniso. Como consecuencia de esto, sus obras tienen un gran interés histórico, por contener caricaturas de los hombres importantes de la época en todos los campos. Aristófanes estaba en contra de la continuación de la Guerra del Peloponeso, que atribuye a la influencia de demagogos como Cleón. Estaba también en contra de los sofistas, a los que veía como introductores de ideas perniciosas y a los que ridiculiza en Las nubes, tomando a Sócrates como su representante, con algo de razón. También satiriza en Las avispas la excesiva afición de los atenienses por los pleitos. Sus coros son, no obstante, de gran belleza poética. En la parábasis, una canción de coro presente en muchas de sus obras y en la que los miembros del coro se dirigen directamente a la audiencia, se le permite al poeta expresar sus propios puntos de vista sobre un tema directamente conectado con el tema central de la obra, por lo que podemos asumir que las propias opiniones de Aristófanes son la base de su sátira. Las obras que nos han llegado son: Los acarnienses (obtuvo el primer premio en el 425), obra en contra de la Guerra del Peloponeso y en la que Lámaco es retratado como un traficante de guerra fanfarrón; Los caballeros (obtuvo el primer premio en el 424), en contra de Cleón y en la que el pueblo lo sustituye como líder por un salchichero; Las nubes, que satiriza a los sofistas y que fue un fracaso, por lo que el autor la revisó después; Las avispas (422), contra la afición de los viejos de servir como jurados; La paz (421), que celebra el tratado de paz que se acababa de hacer con Esparta; Las aves (414), en la que dos atenienses desertan de su ciudad para irse a una nueva llamada Nubicucópolis, construida por los pájaros en el cielo; Lisístrata (411), en la que las mujeres de las ciudades griegas traman un complot negándose a las relaciones sexuales con sus maridos para obligarles a pactar la paz; Las tesmoforiantes (411), que es una invectiva contra Eurípides; Las ranas (primer premio en el 405), en la que Dioniso, dios griego del teatro, viaja al Hades para rescatar a Eurípides de la muerte, pero después de una escena de un juicio de carácter cómico, se trae de vuelta a Esquilo; Las asambleístas (392), en la que las mujeres sustituyen a los hombres en la vida política y suprimen la propiedad privada para convertirla en bien común, y por último, Pluto (388), obra representada por segunda vez con ese título (la primera se ha perdido). En ella, el dios de la riqueza está aquejado de ceguera, lo cual tiene consecuencias insospechadas para la humanidad. Al no tener conocimiento de sus predecesores o contemporáneos, no podemos saber si fue original en sus obras. En el teatro de Aristófanes, la acción está dividida en dos partes: en la primera, plantea el argumento y, en la segunda, dividida a su vez en varias escenas cortas, expone las consecuencias. El coro es un elemento implicado en la acción y por medio de la parábasis, sale de la ficción escénica para interpelar al público. Sus obras se dividen en tres grupos cronológicos distintos, en los que varían el tema y el estilo. Hay una clara evolución del tratamiento de un grupo a otro. Las primeras obras siguen un estricto patrón estructural que debe de haber sido tradicional y que estaba ejemplificado en la obra de sus rivales Cratino y Éupolis. En Las aves comienza su período intermedio, en el que hay cambios tanto en el enfoque como en el tratamiento; esta obra da paso a las dos últimas, que contienen ya rasgos de la Comedia Media: las referencias políticas y tópicas disminuyen considerablemente, el coro se va haciendo cada vez más irrelevante a la acción de la trama y la parábasis desaparece. En estos desarrollos, Aristófanes fue innovador. Se le considera un maestro del arte de la poesía y del uso de la lengua ática. Fiel observador de la realidad de su tiempo, atacó a las personas que creía culpables del hundimiento de Atenas. Tenía un punto de vista aristocrático y conservador, no le gustaron las innovaciones, aunque sus textos son libres, libertadores e incluso contestatarios. Construyó mundos más allá de la realidad, utilizó innovaciones léxicas y agudos diálogos con fragmentos líricos de una gran delicadeza. Sus obras, en general, son a menudo sátiras políticas o literarias. Se caracteriza por una gran agilidad inventiva, por el pintoresco lirismo de los coros y por el propósito moral subyacente a su espíritu satírico y mordaz. La comicidad se basa en la alternancia de fantasía y realidad. La belleza de sus coros no tiene parangón.