El yacimiento arqueológico de Braurón, denominado en la actualidad Vraona, está a unos 40 km al este de Atenas, entre los puertos de Porto Rafti y Halae Arafinides, en la costa oriental del Ática. El lugar comprende una pequeña colina de 40 m en cuya falda norte se encuentra el santuario. La colina estuvo situada a la orilla del mar en época clásica, pero los aluviones del río Erásino han llevado la línea de costa unos 500 m al este, hasta los pies de la Camolia, una colina cercana. Entre ambas se ha construido el museo del yacimiento, que también acoge hallazgos de otras poblaciones cercanas, como Anavisos, Merenda y Perati. La colina del santuario era una acrópolis donde se situó un pueblo de pescadores. En su falda norte está el santuario, integrado por un templo y un altar, la fuente sagrada, un pórtico con habitaciones y almacenes de ofrendas frente al templo y, en una cueva derruida, la supuesta tumba de Ifigenia y las casas de las sacerdotisas. El yacimiento no sufrió el deterioro de muchos otros al haber sido abandonado repentinamente cuando, según parece, el río Erásino provocó una inundación y sus sedimentos formaron un pantano que cubrió el santuario y lo hizo inaccesible. Al pie de la Camolia se han encontrado algunas tumbas micénicas. Los numerosos fragmentos de vasos y figurillas encontrados en los primeros sondeos en la acrópolis del santuario han permitido fechar los primitivos asentamientos en época neolítica, concretamente hacia el 3.500 a.C. El poblado se dedicó a la pesca, caza y agricultura, y aprovechando su puerto natural estableció relaciones comerciales con las Cícladas. Esta conexión con las Cícladas se prolongó hasta el 2.000 a.C. y se corresponde con la situación generalizada en la costa este del Ática. El asentamiento creció y debió alcanzar gran importancia entre el 2.000 y el 1.600 a.C., como demuestran los restos de murallas y casas y restos de cerámica de primera calidad pertenecientes a esta época hallados en la acrópolis. Desde esta última fecha inició un declive que terminó hacia el 1.100, cuando se abandonó definitivamente la acrópolis y no volvió a haber asentamiento urbano jamás. La población de este periodo debió ser abundante y muy rica, por lo que atestiguan los hallazgos de la acrópolis y las tumbas de cámara de Camolia. Son de destacar algunos vasos micénicos, espadas de bronce y joyas de oro, y una tumba en la que apareció el esqueleto de un hombre entre cuyos restos se encontraron unos 100 pesos de una red de pesca, probablemente arrojada sobre el cadáver en el momento de la inhumación. El abandono de Braurón termina en época protogeométrica, como atestiguan diversos vasos de este estilo hallados en un pozo bajo las ruinas del pórtico sagrado del siglo V. A partir del siglo VIII comienza la vida religiosa del lugar, al parecer centrada en la fuente sagrada, donde se han encontrado la mayor parte de las ofrendas del santuario. Este se dedicó a Ártemis y a Ifigenia, engarzadas por la tradición mítica en la saga de la guerra de Troya. Cuando las tropas griegas se disponían a partir desde Braurón hacia Troya, una larga tempestad impidió la salida de la flota. Agamenón mandó consultar a los dioses para averiguar la causa de la tormenta y se le comunicó que un crimen cometido por su padre había irritado a Ártemis. Con el fin de expiar el crimen, la diosa exigía el sacrificio de Ifigenia, hija de Agamenón. Este accede al sacrificio pero, cuando va a ser sacrificada, Ártemis se apiada de ella y la cambia por una cierva. Se lleva entonces a la joven a Táuride y allí la convierte en su sacerdotisa. Eurípides, en su tragedia Ifigenia en Táuride, explica que Atenea encarga a Orestes, hermano de Ifigenia, que funde un santuario dedicado a la estatua de la diosa con su hermana como sacerdotisa y a ésta le comunica que en dicho santuario morirá y será enterrada y que se le ofrecerán las mejores ropas de las mujeres que hayan muerto en el parto. Según parece, una antigua tumba femenina debió alentar la conexión entre la heroína y el relato mitológico. El culto de Ártemis e Ifigenia se centró en la cueva y la fuente, que alcanzaron el carácter de sagradas. La cueva parece haber contenido un santuario ya en el siglo VI integrado por un templo "in antis" al que se añadieron posteriormente unas casas para las personas encargadas del culto. En el suelo de éstas han aparecido numerosas ofrendas de diversas épocas, principalmente en los pavimentos. Sin embargo, la fuente, que fue sin duda más importante, ha proporcionado miles de pequeños exvotos. Está situada a los pies de la acrópolis, junto a una roca prominente que la domina y que posteriormente fue el asiento del templo. La fuente forma una poza y sus alrededores aparecieron durante la excavación como un depósito de barros. Prácticamente todos los hallazgos de la fuente son objetos tomados de la vida de la mujer ateniense: espejos de bronce, anillos, gemas, escarabeos, estatuillas, muñecas, vasos. Afortunadamente el barro conservó objetos de madera que, en otro contexto, se hubieran echado a perder. Casi todos estos materiales han sido datados antes del 480 a.C.. Entre las piezas más importantes halladas en este lugar destacan las pequeñas crateras y fragmentos que, según todos los indicios, representan los misterios y ritos llevados a cabo en Brauron. En algunas aparecen niñas desnudas corriendo, en tanto que otra muestra una procesión de jóvenes con vestido corto que se dirigen al altar de Artemis, en el que hay un fuego sagrado. Hacia el 600 a.C. se construyó un templo en la roca que domina la fuente. Sus escasos restos se encontraron entre las ruinas y cercanías del más reciente, pero han sido poco estudiados y no se conocen con certeza demasiados detalles del mismo. Del segundo y último templo, fechado a principios del siglo V, únicamente es posible observar en la actualidad parte de los basamentos, el zócalo, construido sobre la roca madre en la ladera norte de la acrópolis, y algunos restos en las proximidades. El santuario de Ártemis en Brauron es, pese a su sencillez, un punto clave para la comprensión de los fenómenos sociales y arquitectónicos que se produjeron en el Ática y Grecia a lo largo del siglo V a.C. Al mismo tiempo, su aceptable estado de conservación y la reconstrucción de su principal monumento artístico, el pórtico, permiten reconocer las fuerzas estéticas que surgían en la arquitectura de finales del siglo. La obra más significativa y conocida de Brauron es el pórtico en forma de U. Construido en el último cuarto del siglo V a.C., es un edificio con numerosas peculiaridades que lo distinguen de otros pórticos anteriores. En cuanto al material epigráfico, algunas de las inscripciones son un recuento de los tesoros del santuario; otras, en cambio, permiten comprender que Brauron tuvo, en su época de mayor apogeo, más edificios que los hasta ahora excavados. El conjunto de ritos y cultos conectados a la vida social de la mujer ateniense descubren nuevos aspectos del sistema democrático ateniense. Quizá el material más interesante hallado en Brauron lo constituyan las numerosas estatuas de niños y niñas dedicadas a Ártemis e Ifigenia. Hay que recordar que, el culto en el santuario era doble: Ártemis era venerada como protectora del crecimiento y la maduración de las niñas y a Ifigenia parece que únicamente se le ofrecían sacrificios y exvotos para propiciar los partos futuros y agradecer los exitosos. Los de Ártemis eran más complejos y se dividían en dos celebraciones consecutivas: la primera relacionada con Ártemis como diosa cazadora y la segunda como protectora de las mujeres. Por ser deidad cazadora, no es sorprendente que fuera asociada con un animal salvaje que es cazado, el oso, que en la tradición clásica, es un animal intermedio entre el mundo humano y el animal, pues tiene similitud con el hombre por su cuerpo y algunas de sus costumbres: es omnívoro, cría a sus recién nacidos, inválidos prácticamente al nacer, tiene un fuerte sentido familiar (muchos detalles de este tipo están recogidos por Aristóteles y Plutarco). Al mismo tiempo, su especial cuidado de las crías convierte a la hembra en kurotrofos y permite su asociación con la diosa protectora de la fertilidad, tanto del mundo natural como del humano. En otros santuarios de Ártemis se han hallado abundantes exvotos en forma de osa. Así pues, no resulta extraño que los festivales cuatrienales allí celebrados fueran conocidos como arkteia (término derivado de la palabra arktós, en griego, "oso") y las chicas que eran sirvientas de Ártemis, consagradas a ella, se denominaran "osas". Estos festivales fueron de una importancia capital en el sistema democrático de fiestas organizadas para resaltar el espíritu de la polis ateniense. En etecto, mediante las arkteia las niñas atenienses abandonaban el mundo de la infancia y entraban en la esfera previa a la maduración, que las llevaba directamente al matrimonio, que era su función en la ciudad-estado. Como la osa cazada o domada, símbolo de la maternidad, la niña necesitaba una guía en su paso del estado "salvaje" de la infancia a la "doma", que significaba su entrada en la sociedad. La representación incluía una cacería en la que las niñas de 7-8 años, desnudas como al nacer, perdían simbólicamente su salvajismo. Al final de la caza, las niñas estarían preparadas para adaptarse a su nueva situación, en el umbral de la madurez sexual. Podríamos decir que es un ritual que acentúa la aparición de las diterencias entre sexos, más que la llegada a la madurez. El rito se completa con una segunda ceremonia en la que las niñas de diez años se vestían por primera vez el krokotós, un vestido ritual corto que significaría el paso definitivo a la maduración, que culmina en la primera menstruación. Realizadas cada cuatro años, las ceremonias eran llevadas a cabo por muchachas entre siete y diez años, asegurándose así la participación simbólica de todas las niñas de la ciudad. Como han reseñado algunos autores, las ceremonias femeninas de Braurón eran paralelas a las celebradas por los niños conocidas como ephebeia, importantísimas también para el desarrollo social de los jóvenes. En definitiva, el santuario de Ártemis en Braurón es un punto clave, aunque alejado geográficamente, en el ritual social de la polis de Atenas.