(siglo VI a.C.). Rey persa (ca.559-ca.528). Aunque muchos episodios de su vida entran en la leyenda, conocemos de él gracias a los textos de Heródoto y la documentación persa, siendo el principal testimonio el llamado "cilindro de Ciro", descubierto en Babilonia. Era hijo de Cambises I y de Mandana, hija del rey medo Astiages, quien tuvo un sueño, que interpretado por los magos, presagiaba que su nieto iba ser muy poderoso y que podía llegar a destronarle. Astiages lo mandó matar, pero el primer ministro Harpago, desobedeciendo al rey, lo entregó a un pastor que le cuidó como si fuese su hijo. Un incidente entre el joven Ciro y el hijo de un noble medo provocó la intervención del rey Astiages, quien notó el asombroso parecido de los rasgos del Ciro y de su hija Mandana. El pastor y Harpago confesaron toda la verdad y Astiages reconoció oficialmente a Ciro, arrepentido de su primera decisión. Ciro marchó a Persia con sus padres, donde transcurrió el resto de su juventud. Hacia el 560, siendo rey de Anzan y vasallo del rey medo, capitaneó la rebelión contra el yugo medo y se declaró independiente. Astiages trató de oponerse a la rebelión, pero fue vencido y hecho prisionero por Ciro, quien se apoderó de Ecbatana y fundó su propio Estado, aglutinando las diversas tribus, tanto las de agricultores como las de nómadas. En el 546 tomó el título de rey de los medos y los persas. El rey de Lidia, Creso, quiso destruir el nuevo estado antes de que se volviese demasiado poderoso. Su fuerza militar, basada en una magnífica caballería y el reclutamiento de gran número de mercenarios griegos, era muy considerable. Por otra parte contaba con el apoyo de Babilonia (Nabonido) y Egipto (Amosis II). Pero Ciro tomó la iniciativa y en una expedición atravesó el Tigris, pasó por Mesopotamia y atacó a Creso. Se produjeron varias batallas, entre las que destacó la de Pterium, donde Creso fue derrotado, apoderándose en el 546 de Sardes, la capital de Lidia. Entre el 545 y el 539 intentó someter las colonias jonias del Asia Menor, alcanzando también las costas de Fenicia. Se enfrentó con Nabónido y pudo establecer un gobernador en Uruk. Ciro II fue aún más lejos, pues alcanzó la India, tomando la Bactriana, la Sogdiana y la Margiana. De vuelta de esta larga y lejana campaña asaltó Babilonia, capturando a Balthazar y a su padre el rey Nabónido, lo que le valió el ser recibido como el verdadero libertador del país, y saludado como el defensor de los dioses babilonios Bel-Marduk y Nabu quienes, según el relato del Cilindro de Ciro, lo bendijeron y lo aceptaron como rey. No trató de imponer la religión de su pueblo y respetó las imágenes de la ciudad. Autorizó a los judíos a regresar a Palestina, les devolvió los vasos de oro y plata del templo de Jerusalén y permitió a los judíos la reconstrucción del Templo. Por ello fue calificado por los textos bíblicos como "el ungido del Señor". Respecto a su muerte, hay varias tradiciones: según Heródoto, murió luchando contra los masagetas, Ctesias dice que fue luchando contra los derbicas y Jenofonte cree que falleció de muerte natural. Se cree que el cuerpo del gran rey fue sepultado en un magnífico monumento construido en el valle del Polvar (Persia), cerca de Pasargada. Fue sucedido en el Imperio Persa por su hijo Cambises II (528-522). La división del Imperio Persa en satrapías será una de las principales aportaciones de Ciro a la administración. Las vías de comunicación serán renovadas y ampliadas, al tiempo que las ciudades serán embellecidas. La capital, Persépolis, será la gran fundación de Ciro. Siglos después, el ateniense Jenofonte tomaría al rey persa como modelo y lo haría sujeto de su célebre obra Ciropedia. Ver, Reyes aqueménidas.