(1.700-ca.1.200 a.C.).
)o()o( LA ANTÍTESIS CRETA/MICENAS )o(
Hay una acusada tendencia a reducir la historia del mundo griego antiguo al análisis de antítesis sucesivas: cretenses frente a micénicos, aqueos y dorios, dorios y jonios, griegos y persas, en fin, Esparta contra Atenas. La primera de éstas opone dos modelos de civilización: minoica y micénica. No obstante, existe entre ellas tantas analogías como diferencias. Ambas se definen como organizaciones palaciales en las que la actividad comercial ocupa un lugar destacado en sus respectivas economías; la realeza es la institución política que gobierna estas primitivas comunidades; ambas adoptaron finalmente el mismo sistema de escritura y, además, la talasocracia micénica acabaría desplazando a la cretense. Sin embargo, se aprecian diferencias notables a la hora de definir estos elementos institucionales, sociales e ideológicos. El rey micenico parece haber conseguido imponer su autoridad por la fuerza, es o ha sido un jefe militar y la guerra es un motivo frecuente en la iconografía del período, además de las armas de diversos tipos halladas. Por otra parte, la estructura palacial ya no agota la vida urbana, sino que el palacio se ha convertido en una auténtica ciudad-fortaleza que se opone a la ""aldea"", donde reside una fracción de la nobleza. Desde luego no hay duda de que se trata de una sociedad en la que la estructura patriarcal es dominante y el poder se ejerce de forma autoritaria; no se trata tampoco de una sociedad ""pacífica"", sino que se da culto a la fuerza como se puede deducir de las representaciones en vasos, frescos, objetos decorativos o estructuras arquitectónicas a menudo sobre lienzos ciclópeos. Finalmente, el culto religioso se centra en deidades masculinas y, si los cretenses controlaron parte del comercio marítimo, los micénicos habrían llegado a constituir un ""auténtico"" imperio.
)o()o( PERIODIZACIÓN )o(
La última fase del Bronce egeo en la Península, el Heládico Reciente (I, II, III), aproximadamente desde el 1.700 al 1.200, esto es del HM III al HR III b, se corresponde con el desarrollo de la civilización micénica, por lo que a menudo se habla de ""Micénico"" en vez de ""Heládico"" con idénticas divisiones en subperíodos o fases correspondientes. En este sentido, se suele distinguir también entre un período creto-micénico que abarcaría del 1.650 a ca. 1.400 y otro exclusivamente micénico que concluiría a finales del siglo XIII a.C. En consecuencia, la fase ""c"" del HR III no sería ya micénica, sino postmicénica. Pero como la delimitación clara entre estas fases no siempre es clara en términos tipológicos, se puede simplificar la periodización micénica de forma que, aun siendo aproximada desde el punto de vista cronológico, permita situar fácilmente los hechos o acontecimientos del final del período:
)o( Micénico III a (4.400-ca. finales del siglo XIV)
)o( Micénico III b (1.300-ca. finales del siglo XIII)
)o( (Postmicénico III c (4.200-ca. mediados del siglo XI) )o(
Por tanto, la destrucción del palacio micénico de Pilos en 1.235 ocurrió entre el HR III b y III c, mientras que el de Micenas, en 1.200, al comienzo del III c. Además hay que tener en cuenta que esta periodización y las cronologías correspondientes se basan principalmente en los acontecimientos egipcios contemporáneos.
)o( La escritura: el ""Lineal B"". Ver, Escritura silábica.
)o()o( ELEMENTOS DE ARQUEOLOGÍA MICÉNICA )o(
Aunque las tablillas son de hecho un testimonio de naturaleza arqueológica, se suele distinguir entre restos escritos y cultura material propiamente dicha. En este sentido, se puede entender la separación usual, difícilmente admisible en términos históricos, entre la ""sociedad"" y el ""mundo"" micénicos. Aquélla se conoce básicamente a traves de los documentos, éste, en cambio, a partir de los restos monumentales (palacios, tumbas, santuarios), cerámicas (vasos, platos, jarros) y objetos de metal (discos, armas, utensilios domésticos) así como artículos suntuarios (collares, brazaletes, joyas) o de uso común.
)o()o( PALACIOS )o(
Las características formales del palacio micénico difieren ostensiblemente de las de su predecesor minoico. Aparte de su preferente emplazamiento en colinas, que refuerza de forma natural sus posibilidades de defensa, los palacios micénicos se rodean de una muralla que en Micenas y Tirinto es de enorme grosor, de hasta 6 ms de profundidad. Pero la principal diferencia se observa en la planta, dominada por un gran patio central o ""mégaron"" ya existente en los minoicos, pero sin constituir el centro de la estructura arquitéctonica. En este patio columnado se ha creído ver el precedente del templo griego clásico. Sin embargo, el palacio micénico es más ""oscuro"" que el minoico y con ventanas estrechas en las estancias auxiliares, donde residían no sólo los miembros de la familia real, sino también el personal civil y militar del palacio, artesanos incluidos. Es posible incluso que el palacio, así concebido, sirviera de refugio a la población extra-muros (campesinos, pastores, comerciantes) en momentos de emergencia. Por otra parte, el que aparezcan fortificados no debe entenderse como un elemento propio, originario, de la arquitectura micénica, ya que, si bien esta estructura palacial existe en Grecia peninsular desde al menos mediados del siglo XV a.C., la muralla no parece haberse construido hasta mediados del XIII, es decir, pocas décadas antes de su destrucción. Este dato cuestiona asimismo la pretendida rivalidad, en todo caso tardía, entre ""reinos"" o ""reyes"" independientes. Pero finalmente todos los grandes palacios micénicos conocidos, cinco en total, ubicados en cuatro regiones diferentes (el de Cnossos, en la isla de Creta; el de Pilos, en Mesenia; los de Micenas y Tirinto, en la Argólida, y el de Tebas, en Beocia) fueron destruidos también en fechas diferentes: 1.375 (Cnossos), 1.320 (Tebas), 1.235 (Pilos), ca.1.200 (Micenas y Tirinto).
)o()o( TUMBAS )o(
Las tumbas de cúpula o ""tholoi"" pasan por ser también características de la arquitectura micénica, cuando en realidad lo que las distingue de las minoicas es su monumentalidad. El ""tholos"" consta de dos elementos: un pasillo o ""dromos"", por el que se accede a una cámara. Esta tiene forma semicircular sostenida por una falsa bóveda, formada por aproximación de sucesivas hiladas de piedras. Al exterior el conjunto aparece como una estructura tumular recubierta de tierra. El ejemplar más conocido e impresionante de este tipo es la llamada Tumba de Agamenón en Micenas, con junto conocido también como Tesoro de Atreo siguiendo la denominación de Pausanias. La factura adintelada de la puerta, coronada con una estructura triangular característica, se repite en la célebre Puerta de los Leones, situada en la parte occidental de la muralla que rodea al palacio de Micenas, y en Orcómenos, en Beocia, donde hay una estructura muy similar. Pero además de estas tumbas monumentales los arqueólogos han cifrado su estudio en las llamadas ""tumbas de fosa"" micénicas, que presentan variaciones notables, según las épocas y regiones. Se acostumbra a dividir este tipo de tumbas en dos grupos: las llamadas del ""Círculo A"", descubiertas por Schliemann a finales del siglo pasado, y las del ""Círculo B"", excavadas en campañas posteriores. En efecto, ya H. Schliemann en la campaña de excavaciones de 1.874 en Micenas descubrió ""por error"", siguiendo el texto de Pausanias, sólo 5 de las 6 tumbas existentes en la acrópolis. No obstante, se trata de tumbas ""reales"" excavadas hasta unos 3 metros de profundidad, rodeadas de un muro circular que sirve de aislamiento, pero que han sido reutilizadas para otros miembros de la familia real. De ellas tres son probablemente de reyes y pertenecientes a un período que oscila entre 1.600 y 1.500 a.C. Las otras tres pueden incluso no ser ""reales"", sino de personas emparentadas con el rey o próximas a él. Pero el verdadero interés de estas tumbas radica en el contenido de sus ajuares. Los estudios realizados sobre éstos demuestran que el oro es el material predominante en este tipo de tumbas, mientras que las armas son mas numerosas en las de la aristocracia y, en cambio, los objetos cerámicos, en las de la poblacion comun. Las dos primeras incluyen además otros objetos de materiales preciados como el ámbar báltico, el lapislázuli caucásico o el marfil sirio. El otro círculo de tumbas, el denominado ""B"", incluye fosas interiores, cuya construcción se realizó entre 1650 y 1550, es decir, coexistiendo con las anteriores. Se han descubierto 14 tumbas de este tipo, aparte de otras ""tumbas de cista"" más pequeñas, pero ninguna de ellas parece haber sido ocupada por ""reyes"", sino más bien por nobles o personas relacionadas con la aristocracia de la época. Sus ajuares, en fin, aunque ricos, no son tan espectaculares.
)o()o( CERÁMICA Y ARMAS )o(
Estos dos grupos de restos tienen también especial interés no sólo arqueológico, sino también histórico. En realidad la periodización del Bronce griego se basa fundamentalmente en la sucesión de estilos cerámicos, que se corresponden a su vez con los diversos niveles estratigráficos. Pero estos restos tienen también valor histórico, porque a partir de ellos es posible realizar inferencias acerca de los niveles de producción (cerámica) local o regional y, a través de su rica iconografía, acerca de la cultura, ideología o política de un pueblo o civilización determinados. La cerámica micénica, por tanto, define el conjunto de estilos producidos en el ""espacio egeo"", aunque principalmente en las regiones central y meridional durante el período del Bronce tardío o Heládico Reciente (I, II, III a y III b). De las muy diversas producciones cerámicas conviene distinguir dos tipos básicos: la cerámica pintada, de uso interno, pero generalmente destinada al comercio con el exterior, y la cerámica común, de uso doméstico. La primera, destinada a la ""exportación"", implica un alto grado de especialización tanto en la realización técnica como en el sistema de producción correspondiente que, si no centralizado, supone la utilización de una fuerza de trabajo muy superior a la que se puede emplear en talleres de artesanos particulares. La cantidad, de un lado, y la homogeneidad estilística, de otro lado, han permitido la clasificación de los restos por series tipológicas que marcan grosso modo los subperíodos y fases de esta larga evolución. Los ejemplares cerámicos micénicos hallados no sólo en el Egeo y el Mediterráneo, sino también en Europa, Siria y Egipto, han servido asimismo de argumento a la teoría de un ""imperio"" comercial micénico que no todos los historiadores comparten. Por otra parte, las representaciones de guerreros pintadas en los vasos del período se complementan con restos de equipamiento militar, defensivo y ofensivo, pertenecientes a este período. Entre los primeros sobresalen la gran variedad de cascos, generalmente en bronce pero también en otros materiales como cuero y reforzado con molduras metálicas, los escudos de diversas formas y la doble coraza, pectoral y dorsal, de los guerreros micénicos o ""aqueos"" descritos, por otra parte, con lujo de detalle en los poemas homéricos. De los segundos destacan las flechas y espadas, halladas en gran cantidad en las tumbas, hasta 50 ejemplares sólo en las del ""círculo A"" reales y de la aristocracia. Todas ellas parecen apoyar la hipótesis de que la organización del mundo micénico se corresponde bien con una sociedad esencialmente ""guerrera"", que contrasta claramente con la reflejada en las tablillas.
)o()o( ESTADO Y SOCIEDAD )o(
Las tablillas micénicas han proporcionado cuantiosos datos no sólo sobre los nombres de los funcionarios vinculados al palacio, sino también acerca del régimen de propiedad de la tierra y la organización fiscal y militar del estado micénico. Sin embargo, la interpretación de esta compleja estructura social presenta numerosos problemas, que van desde la propia identificación de los funcionarios o situaciones mencionadas a la ubicación de unos y otras en su propio contexto. No obstante, los problemas se simplifican si convencionalmente aceptamos la división del conjunto en tres planos analíticos, aunque en la realidad éstos no debieron estar separados: la administración civil; la organización militar y el régimen de propiedad/ explotación de la tierra.
)o()o( LA ADMINISTRACIÓN PALACIAL PROVINCIAL Y LOCAL )o(
En la cúspide de la pirámide social y al frente de toda la administración palacial figura un rey o ""wanaka"", también llamado ""wanax"" o ""anax"" en los textos homéricos. El ""wanaka"" acumula atribuciones económicas, como receptor de las ofrendas hechas al palacio, religiosas, como responsable del mantenimiento del culto y los sacrificios públicos, y administrativas, en cuanto de él depende el nombramiento de funcionarios y la supervisión de su ejercicio. Pero paradójicamente este ""wanaka"" no parece tener funciones militares específicas. Al rey le secundan una pléyade de funcionarios, quienes junto con el jefe militar o ""rawaqetas"" constituyen la denominada ""Baja Nobleza"" por oposición a la ""Alta Nobleza"", vinculada a la ""aldea"". De esta burocracia palacial sobresale la figura del ""qasireu"", a no confundir con el ""basileus"" de los textos homéricos, que se encargaba de controlar a los artesanos dependientes del palacio y supervisar la distribución de materias primas; no obstante el ""qasireu"" puede haber tenido también alguna función de tipo militar. Tras él estarían los ""eqeta"", posiblemente sacerdotes, y los ""tereta"", con seguridad jefes de los clanes que, además, pueden haber desempeñado funciones religiosas. Por su parte, el ""akosota"" sería el encargado de supervisar el cultivo de las tierras pertenecientes al palacio y el ""wedaneu"" de los cultos y escribas. Estos, los escribas, constituían el grado más bajo de la administración palacial, por lo que parece probable que al menos una parte de ellos se hubieran integrado en la sociedad micénica tardíamente. Por otra parte, en algunos reinos micénicos, como el de Pilos, sabemos que existía una subdivisión administrativa en dos provincias denominadas con relación a su proximidad al palacio (provincia ""cercana"" y ""lejana"") y que el conjunto del reino estaba dividido en 16 distritos, con sus correspondientes subdistritos, en los que se ubicaban las correspondientes aldeas. Al frente de cada provincia estaba un ""duma"" o representante del rey, asistido por un ""damokoro"" en las funciones económicas y por un ""porodumate"" en las religiosas. En los distritos, en cambio, la representación real era ostentada por el ""korete"" en las aldeas y el ""porokorete"", su ayudante. En los subdistritos, en fin, el ""watewa"" era la autoridad local de la aldea o ""ciudad"", mientras que el ""akoro"" era el jefe del campo.
)o()o( LA ORGANIZACIÓN MILITAR )o(
La oscura organización militar micénica se conoce parcialmente por dos vías diferentes: por asociación o derivación etimológica de algunos funcionarios y por las llamadas ""tablillas oka"". Según estos documentos, la defensa del reino descansaría en la eficacia del ""siatema oka"", constituido por una serie de puestos o guarniciones militares integradas por todo tipo de guerreros, desde la simple tropa hasta los jefes y oficiales generalmente miembros de las noblezas locales. Al frente de todas las ""oka"" estaría el ""rawaqeta"" o jefe del ""rawo"" (pueblo en armas, también denominado ""lawagetas"", de ""laos"", pueblo), que sería el supremo jefe militar si, como algunos investigadores sostienen, el rey no acumulaba esta función. Además, como representante de la nobleza guerrera, de un lado, y de la aristocracia militar su poder político debe haber sido comparable con el del rey, especialmente en los momentos de conflicto entre la monarquía y la nobleza rural. Cada ""oka"" no obstante era comandada al parecer por un ""moroqa"", que etimológicamente sin embargo recibe su nombre de poseer una ""mora"" o ""moira"", esto es, una parcela de tierra privada. Tras él se alinearían también otros miembros de la nobleza que como los ""eqeta"" reciben este nombre, bien por ""poseer"" un caballo (""iqo""), bien por ""servir"" a un caballo (en este caso Posidón, con funciones religiosas paralelas a las ""erita"" o sacerdotisas).
)o()o( PROPIEDAD Y EXPLOTACIÓN DE LA TIERRA )o(
La estructura administrativa y la burocracia se sostenían en gran medida gracias a un meticuloso sistema de distribución, explotación y control sobre la tierra. El ""damos"" o pueblo productor no es una categoría social, sino más bien una entidad jurídica de campesinos libres que explotan parte de las tierras; la otra parte es explotada por esclavos (""doero"") dependientes de particulares o de los templos (""hierodoero""), que constituyen el estrato más bajo de la escala social, con un status inferior a los ""damoi"" o simples campesinos, algunos en situación de dependencia o meros productores agrícolas. Las parcelas de tierra (""onata"") corresponden a tres o cuatro categorías: las ""mora"" o ""moira"" que, aun no siendo registradas en las tablillas, dan nombre a uno de los estratos más altos de la nobleza, los ""moroqa""; las ""kama"" o propiedades particulares o lotes cedidos a particulares para su explotación, y los ""kotona"", subdivididos a su vez en ""kitimepa"", referido a la propiedad del rey, también conocida como ""témenos"", y ""kekemena"" o propiedad comunal del ""damos"", pero cedida a particulares para su explotación aparte de la asignación que de la misma corresponde también al ""rawaqeta"". Las tablillas de Pilos asignan a este alto funcionario propiedades en la proporción de un tercio respecto a las que se designan como ""propiedad real"". Este complejo sistema de distribuciones, cesiones y asignaciones era controlado desde palacio a través de la imposición de un tributo, cuya satisfacción o exención aumentó la diferenciación social ya existente entre los diversos grupos o situaciones de la escala sociopolítica. Pero las tablillas enumeran también otros grupos profesionales que, vinculados al palacio o al templo o fuera de ambos, completan el cuadro socioeconómico de la época.
)o()o( ARTESANOS Y COMERCIO )o(
Hay indicios razonables para pensar que una parte considerable de los recursos económicos de los estados micénicos provenía del comercio, con independencia de que éste haya generado un auténtico ""Imperio"", como sostienen algunos investigadores. En cualquier caso, el abastecimiento del personal de palacios y templos así como de las aldeas y ciudades del reino exigió una producción continuada de los bienes de uso cotidiano, sin olvidar la de artículos de lujo o bienes de prestigio reclamados por las noblezas locales. Por tanto, el volumen de producción artesanal destinada al comercio interior, local o regional, debió ser alto. Pero ocurre que en este tipo de sociedades la función redistribuidora de la riqueza corresponde al ""estado"", y no al ""mercado"", que pretende centralizar los procesos de producción y distribución para poder controlar de algún modo los niveles de consumo. Ello significa que la producción, si no se realiza ""en palacio"", desde luego va en gran parte destinada a él, siendo el rey y sus funcionarios los responsables de su redistribución en el interior y de su utilización en el exterior como medio de intercambio en mercados extranjeros. En consecuencia, artesanos y comerciantes o mercaderes al servicio del Estado fueron los soportes fundamentales de esta economía comercial. En este sentido, las tablillas mencionan también grupos de artesanos diversos entre los que destacan los trabajadores del metal, con realizaciones en oro, plata, estaño, plomo y sobre todo bronce, este último con seguridad de monopolio real. Con él se fabrican espadas, lanzas, flechas, dagas, escudos, cascos, corazas etc., es decir, en general todo el equipamiento militar de la época tan bien descrito en los poemas homéricos por más que en éstos se mezclen a veces tradiciones diversas. Nada de extraño tiene, por tanto, que las tablillas no mencionen forjadores de hierro, metal que de conocerse ya al final de este período, desde luego su uso no estaba todavia difundido. Por otra parte, siguiendo la tradición minoica, los orfebres y fabricantes de joyas y máscaras de oro destinan sus productos a la familia real y a los miembros de la ""Alta nobleza"". Otros grupos artesanales son asimismo mencionados: panaderos, carpinteros, ebanistas y una amplia gama de trabajadores relacionados con la industria textil. Pero lo importante es que, de forma similar a lo que ocurría en el sector agrícola, unos y otros tienen estatutos sociales diferentes (libres, dependientes del palacio, no libres) que proyectan, en principio, la ""imagen"" de una sociedad con un alto grado de estratificación social.
)o()o( ELEMENTOS DE DIFERENCIACIÓN SOCIAL )o(
Sin embargo, la imagen no siempre se corresponde con la realidad. En efecto, más que de una auténtica estratificación social, que implica la configuración de una ""pirámide"" con estratos bien definidos en términos estatutarios y socioeconómicos, la organización sociopolítica micénica está configurada por un escaso número de grupos sociales que incluso presentan notorias afinidades entre sí. Dicho de otro modo, la diferenciación social es aquí más ""horizontal"" que ""vertical"". Incluso la figura del rey, si no ostenta la suprema autoridad militar como algunos investigadores sostienen, debería compartir el ápice de una hipotética pirámide con el ""rawaqeta"". Algo similar ocurriría con el estrato inmediatamente inferior, que podríamos denominar ""grupo dirigente"", pero que no se circunscribe a los funcionarios de la administración palacial, sino que incluiría también a los miembros de la nobleza rural. En consecuencia parece más operativo establecer criterios de diferenciación social que ""configurar"" estratos sociológicos más o menos indiferenciados. El primer criterio no es otro que la clara diferenciación entre la estructura palacial y el régimen de aldea. Aunque ambos son elementos complementarios en la concepción tradicional de un ""estado"" micénico autoritario, sería un error considerar que ""toda"" actividad realizada en el reino era conocida y controlada por el palacio. Testimonios ajenos a las tablillas, pero estrechamente vinculados con la mitología y tradición griegas, demuestran que ""fuera"" del ámbito del palacio y de los templos existían actividades económicas y religiosas no controladas por éstos y que a la larga fueron un elemento desintegrador del sistema palacial micénico. Del mismo modo el grupo dirigente, como decíamos, no estaba constituido solamente por los miembros de la administración palacial en sus distintos niveles (estatal, provincial, de distrito), sino también por las noblezas locales, de aldeas y ciudades, que constituían también una aristocracia, a la que se suele denominar ""Alta nobleza"" en contraste con la ""Baja"", esto es, los miembros de la burocracia palacial. Por tanto, tampoco la nobleza era un grupo social homogéneo. Incluso en la rivalidad entre ambas se ha visto un elemento decisivo de la desintegración de la sociedad micénica. El segundo criterio de diferenciación social es la consideración fiscal que, como en otras sociedades, divide a la población micénica en dos grupos: los privilegiados o exentos de tributo y los no privilegiados o contribuyentes. En la imposición de este tributo se ha visto el nexo esencial entre el palacio y el régimen de aldea. Pero que el tributo exista no significa que pueda generalizarse a todos los sectores y situaciones. Tal generalización encajaría bien en un modelo de poder centralizado y autoritario, cuya vigencia es muy discutible en el caso micénico. En efecto, del mismo modo que ""en palacio"" había grupos privilegiados, los funcionarios reales, generalmente denominados ""telestai"", y los seguidores del rey, los ""equetai"", beneficiarios de cesiones de tierra real exenta de tributación y grupos no privilegiados, simples funcionarios como los ""escribas"" o los artesanos, libres y no libres, pero dependientes en ambos casos del palacio, en ""el régimen de aldea"" las familias nobles gozaban también de inmunidad respecto a sus grandes propiedades (""moira"") así como los pequeños campesinos que trabajan sus propiedades (""kama"") y no dependen del palacio o del templo. Es decir, solamente las tierras ""kotona"" de propiedad real, particular o colectiva (de la comunidad [""damos""] o de los templos) cuando eran cedidas para su explotación en forma de arriendo satisfacían un impuesto, que no siempre iba destinado al palacio sino también frecuentemente al ""damos"", a los templos o algunos santuarios. Sin embargo, la repercusión económica del tributo no dependía sólo de si afectaba a mayor o menor número de contribuyentes sino también de su cuantía y, sobre todo, de la proporción del terreno imponible, aspectos que por el momento desconocemos. Las tablillas sí reflejan, en cambio, frecuentes litigios entre ""templos"" y ""damoi"" a propósito de la obligación o no de satisfacer impuestos por las tierras explotadas, como el mantenido por una sacerdotisa (""erita"") del santuario de ""Pakijana"" y un ""damo"". Otros investigadores, en cambio, sostienen que el estado micénico se mantuvo gracias a un rígido sistema fiscal, interpretando el sistema ""oka"" no en el sentido militar, sino como una organización compulsoria y supervisora de la actividad agrícola y artesanal. El tercer criterio de diferenciación social es el que distinguiría entre propietarios y productores, y dentro de éstos, a los libres o dependendientes, de los no libres o esclavos (""doero""). Sin embargo, tal distinción apenas es clara al margen de la nobleza. En efecto, la condición de propietario no se contradice con la de ""dependiente"" del palacio, del templo, de la comunidad, cuando aquél recibía una parcela ""en arriendo"" para su cultivo; y algo similar ocurría con los artesanos vinculados al palacio o al templo. Pero había también artesanos y campesinos libres que desarrollaban su actividad al margen de estas instituciones. Del mismo modo, entre los productores había también libres y no libres. Pero no todos los no libres eran esclavos, dado que las relaciones de dependencia o servidumbre estaban aquí muy extendidas, razón por la que algunos han creído encontrar en la sociedad micénica relaciones de tipo feudal argumentando también las (aparentes) situaciones de vasallaje contenidas en algunos pasajes de la Ilíada. No obstante, los ""esclavos"" de época micénica tienen poco o nada que ver con los de época clásica, sino con los de las sociedades contemporáneas próximo-orientales, conservando todavía algunos derechos como el de posesión de bienes o el de contraer matrimonio. Además, éstos suelen gozar de una posición social considerada si se vinculan al servicio de un templo (""hierodoero"") que los distingue como ""esclavos de la divinidad"", como los del santuario de la diosa Potnia en el reino de Pilos. Pero la mayor parte trabaja como artesanos del palacio y todavía son muy pocos los que dependen de particulares.
)o()o( ¿ESTADO, REINO O IMPERIO? )o(
Esta podría ser la formulación de una de las grandes cuestiones que todavía presenta la historia del mundo micénico. Su solución despejaría muchas de las dudas y contradicciones que impiden la comprensión del ""auge"", pero sobre todo del ""final"" de la civilización micénica. Una mínima apreciación conceptual exigiría, en primer lugar, definir el carácter de este ""estado"" como autoritario o no, el de ""reino"" como independiente o no y, en fin, el de ""imperio"" como existente o no. Sin embargo, en la interpretación tradicional no se plantean cuestiones de este tipo. Mientras que unos investigadores no dudan en afirmar la existencia de un auténtico ""imperio micénico"", para otros está clara la situación de dependencia de unos reinos con otros o sostienen que el ""estado"" micénico no fue en absoluto un régimen político autoritario: el rey se habría limitado a ser la ""cabeza de una estirpe"" y habría tenido, incluso dentro del reino, ""poderes limitados"". Estas interpretaciones, aunque razonables, adolecen de maximalismo en un sentido u otro, porque pretenden definir estos elementos de la civilización micénica como un ""todo"" homogéneo cuando en realidad debe haber existido una evolución y, en consecuencia, cambios importantes a lo largo de este período. Por ejemplo, es indudable que la ""estructura palacial"" micénica, propiamente dicha, no existió antes de mediados del siglo XV coincidiendo aproximadamente con la implantación de esta cultura en Creta y la ocupación posterior de casi todos los asentamientos minoicos en el área egea. Pero hasta ese momento la cultura minoica había sido predominante en el área e incluso Evans hablaba de una auténtica ""conquista"" de los cretenses en territorio peninsular. Aunque este hecho hoy se considera exagerado revela, no obstante, que ambas culturas se superpusieron prácticamente no sólo en el ámbito egeo (Creta, Cícladas, costas de Asia Menor (Mileto), Rodas), sino también en el mediterráneo (Chipre, costas de Siria, Egipto). Pero las razones de esta expansión son económicas, no políticas, aunque en algunos casos, como Rodas, no se comprende qué motivos económicos impulsarían a los micénicos a mantener un estrecho contacto con los rodios. Chipre, en cambio, era quizá la mayor reserva de cobre de la región egeo-mediterránea; de Siria llegaba el marfil, y de Egipto, el lapislázuli y el oro. Hacia el siglo XIV a.C., esto es durante el HR III a, el comercio micénico había penetrado en Palestina, de donde llegan especias y perfumes que en las tablillas se mencionan con nombres de procedencia semítica, en el interior de la llanura de Cilicia y en Caria, donde los micénicos controlaban el puerto de Mileto, que servía de escala a las embarcaciones que bordeando las costas del Mediterráneo oriental alcanzaban el Egeo. Estos navíos transportaban generalmente lingotes de oro o cobre que a veces no llegaban a su destino, como la embarcación hallada en las proximidades de Cabo Gelidonía, al sur de Licia, con una carga de cobre chipriota. No cabe duda que la búsqueda de metales constituyó la preocupación primordial de la ""expansión"" micénica. Cerámicas del Micénico III a y III b así como utensilios de la misma factura han sido hallados en diversos lugares de la costa mediterránea central y occidental; hoy se piensa incluso que la búsqueda de los metales propició las relaciones de los micénicos con algunas culturas ""europeas"" de la época. Con seguridad, los micénicos alcanzaron el sur de Italia, las islas de Elba y Cerdeña, donde existían importantes yacimientos metalíferos; al parecer alcanzaron las Islas Baleares y retomarían la ruta; bordeando la costa pudieron conocer las reservas del Levante y del sur ibéricos e incluso por la ""ruta del estaño"" buscar las Casitérides. Pero lo cierto es que su presencia es menos clara cuanto más alejada del Egeo, por lo que no habría allí asentamientos ni la permanencia necesaria para controlar periódicamente la extracción de los metales. De ahí que la ""talasocracia"", en sentido estricto, quizá no existiera, a pesar de las apreciaciones de Heródoto; pero podría entenderse también como el ""imperio"" en un sentido amplio, en tanto en cuanto los micénicos no encontraron rivales en las áreas que ellos frecuentaban. Por esta razón no penetrarían en Anatolia, donde el Imperio hitita había llegado a dominar casi toda Asia Menor Pero los documentos hititas de la época mencionan en varias ocasiones a los ""Ahhijawa"", un pueblo poderoso que durante algún tiempo se ha pretendido identificar con micénicos por asociación con ""Achaioi"", así denominados en los poemas homéricos. Los ""Ahhijawa"" tuvieron relaciones diplomáticas con el rey hitita, quien los trata de igual a igual, en unas ocasiones, pero otras como sus ""vasallos"". Si los ""Ahhijawa"" de los textos hititas fueran los ""aqueos"" de los textos homéricos, la cuestión del ""imperio"" micénico quedaría positivamente resuelta. Pero recientes estudios han demostrado que se trata de una falsa identificación, puesto que en realidad el pueblo ""Ahhijawa"" tendría su reino en alguna región de la costa de Asia Menor entre la Tróade y Cilicia, seguramente en torno a la región de Caria y la isla de Rodas, es decir, ""fuera"" o en la periferia del Imperio hitita. Ello se deduce del hecho de que el soberano hitita recurre a su amistad con los ""Ahhijawa"" para la deportación de sus oponentes políticos e invoca en ocasiones la protección de sus dioses. Si la hipótesis es correcta, esta nueva identificación y su imprecisa localización en torno a la costa minorasiática pueden tener importantes repercusiones históricas. Su mayor proximidad a Troya permite suponer que fuera este pueblo, y no los micénicos, el responsable de la gesta heroica contra la casa real de Príamo, recogida ss. más tarde en la Ilíada homérica. Homero, que era con seguridad minorasiático, habría recogido de su sustrato cultural una tradición que él, deliberadamente o no, atribuyó a los ""griegos"" de la península. Finalmente, si se sigue aceptando la identificación tradicional entre los micénicos históricos y los aqueos homéricos, entonces tiene sentido plantear la cuestión del ""imperio"" desde otra perspectiva, desde dentro. Un ""imperio"" fuera exige previamente una unidad política en el interior, que no parece confirmarse. Sin embargo, los poemas homéricos presentan una imagen confusa al respecto, en la que predominan, no obstante, las situaciones de ""dependencia"" entre los reyes de los aqueos, aunque todos parecen reconocer la ""suprema"" autoridad de Agamenón incluso aquellos, como Diomedes de Tirinto, que no dependen de él. Por otra parte, de los ""Catálogos"" homéricos se deduce asimismo que la situación política de la Grecia del siglo XIV y XIII se aproximaría a un régimen de ""hegemonía"" en favor de Micenas. Sin embargo, estas conclusiones son muy discutibles. En primer lugar, porque los poemas homéricos reflejan gestas individuales, y no organizaciones políticas; en segundo lugar, porque la imagen de reinos independientes es más razonable, si se tiene en cuenta que la fortificación de palacios como Micenas o Tirinto pudo obedecer a rivalidades entre ambos. En otras ocasiones, las relaciones serían de amistad e incluso de coalición, como el momento reflejado en los poemas homéricos. Pero no se entiende bien cómo Micenas pudo controlar ""políticamente"" palacios alejados como el de Cnossos en Creta, Pilos en Mesenia o Tebas en Beocia que, no obstante, conservan dinastías propias. Por último, la cuestión de la forma de gobierno, autoritana o no, del estado micénico es clave para comprender al menos una de las teorías que pretenden explicar su brusca desaparición.
)o()o( ¿DESCOMPOSICIÓN O FIN DEL MUNDO MICÉNICO? )o(
El gran problema histórico o, mejor dicho, historiográfico del mundo micénico sigue siendo la búsqueda de una interpretación coherente de los resultados arqueológicos, los estudios lingüísticos y el contexto histórico espacio-temporal. En este sentido se comprende mal que una sociedad tan organizada ""en apariencia"" como la micénica haya sido desplazada por otra, aparentemente desorganizada, en el corto plazo de unas décadas, máxime si se asume un alto nivel de organización política no sólo como ""estados"" o ""reinos"" independientes, sino como un auténtico ""imperio"". Se presume además que esta civilización ""cayó"" en un período de plena prosperidad, sea el Micénico III b o comienzos del III c, esto es hacia finales del siglo XIII o, más exactamente, en torno al 1.200 a.C., cuando también otros ""estados"" e ""imperios"" próximo-orientales soportaron un proceso de descomposición similar. La ""caída"" de éstos (hititas y asirios) se ha imputado a una extraña y amplia coalición denominada ""Los Pueblos del Mar"" que por estas fechas asoló Anatolia y Siria y a través del corredor palestino bajó hasta Egipto y aliándose con los libios del Delta se enfrentaría con el ejército faraónico en dos ocasiones: una en 1215, contra Merenptah; la segunda y definitiva contra Rameses III, en 1.191, siendo expulsados del país. Que esta ""invasión"" haya sido también la causa de la destrucción del mundo micénico parece poco probable, especialmente si se tiene en cuenta que uno de los pueblos de la coalición, derrotados en el Delta y mencionados en la inscripción de Medinet Habu como ""Denyen"", podría identificarse con los ""Danoi"" homéricos y, en consecuencia, con los propios aqueos. Más verosímil resulta pensar que la diáspora que siguió a la derrota afectó sobre todo al área sirio-palestina y a Anatolia, en donde los ""Peleset"" o palestinos y los frigios, respectivamente, constituyeron dos grandes reinos. Conviene tener en cuenta además que estos importantes cambios geopolíticos fueron prácticamente simultáneos, por lo que resulta difícil creer que la causa haya sido obra de un solo agente o inductor. Una visión muy diferente del final del mundo micénico se obtiene atendiendo a su propia organización económica, política y social, con independencia de que la causa o ""causas"" que motivaron su destrucción o descomposición fueran naturales o humanas y, dentro de éstas, exógenas o endógenas. En este sentido, caben tres aproximaciones al problema (arqueológica; histórica y lingüística) difícilmente conciliables entre sí y con hiatos cronológicos insalvables. Se pretende aquí empero mostrar la posible interrelación entre estos tres tipos de datos en orden a una comprensión más adecuada del problema. Para ello se propone distinguir con claridad tres niveles de hechos históricos: síntomas del declive; horizonte de destrucción y ocupación; y causas del fin o descomposición del mundo micénico.
)o()o( SÍNTOMAS DE DECLIVE )o(
Es sólo relativamente cierto que el mundo micénico, no su civilización, que sin duda sobrevivió, desapareciera en un momento de pleno auge. Ya a mediados de! siglo XIII una campaña en Asia Menor había mermado considerablemente el poder militar micénico. Poco después la misma Micenas fue atacada; se reforzó la ciudadela y se dispuso la construcción de una muralla defensiva en el istmo de Corinto. Por la misma época, la vecina Tirinto construyó su gruesa muralla, por lo que la rivalidad y hostilidad entre ambos reinos parece más que probable. Pero los síntomas más claros del progresivo debilitamiento del estado micénico son ante todo económicos o, si se quiere, arqueológicos. Se asume con frecuencia, aunque erróneamente, que la destrucción de los palacios y el final de la civilización micénica son dos hechos coetáneos, cuando es evidente que esta ""cultura"" pervivió como ""submicénico"" hasta mediados del siglo XI a.C. asimilándose entonces a las nuevas tendencias estilísticas del Protogeométrico. No obstante, la contradicción tradicional que implicaba la supuesta coetaneidad del ""auge"" de una cultura (el HR III b) y el ""final"" de una civilización histórica (entre 1.250 y 1.200 a.C.) puede ahora resolverse con argumentos arqueológicos e históricos que cuestionan el supuesto esplendor artístico y político de dicho período. Es decir, el período III b, al final del cual se produjeron las mayores destrucciones palaciales de época micénica, no sería un ""momento"" de auge sino con síntomas evidentes de ""declive"". Para ello es preciso también considerar que, en principio, dicho período entre el 1.300 y el 1.200 ni siquiera es unitario. En este sentido los arqueólogos suelen distinguir entre los ejemplares del III b.1 y del III b.2.. Que este nivel estratigráfico es más rico que el III c no parece dudoso, pero hay algunos indicios que permiten pensar en un menor desarrollo que el III a. En primer lugar, la arqueología demuestra que el número de asentamientos en Mesenia disminuye drásticamente entre III a y III c, en la proporción de 10 a 1, invirtiéndose así la tendencia precedente que, en virtud del crecimiento demográfico, supuso durante el III a un aumento de casi el 90% respecto a los yacimientos existentes en el período anterior. La deserción o abandono de muchos de estos asentamientos ocurrió, por tanto, durante el período III b.1 o III b.2. Lo mismo puede decirse de la introducción de variantes regionales que rompen la uniformidad característica de la cultura micénica y que desembocarán en estilos intermedios como el ""Close"" o ""barroco"" (III c.1) o el llamado ""Granary Style"" (III c.2) para dar lugar más tarde a estilos propiamente locales como el protogeométrico ático o el chipriota, en el siglo siguiente. Pero el ""declive"" del HR III b es aún más notorio si se acepta que, en principio, durante este período ocurrieron las mayores destrucciones de la época no sólo de palacios, sino también de ciudades.
)o()o( HORIZONTE DE DESTRUCCIÓN Y OCUPACIÓN )o(
El ""final"" del mundo micénico se asocia casi siempre con la destrucción de los palacios cuando ésta debería ser considerada sólo el exponente de un lento proceso de descomposición con momentos intermedios de relativa recuperación. Por otra parte, el horizonte de destrucción no afectó sólo a los palacios-fortaleza, sino que también muchas otras ciudades y regiones fueron alcanzadas también por la violencia de la época, aunque algunas otras fueron respetadas. Además, no todos los palacios fueron destruidos entre el periodo III b y III c, esto es, entre el 1.300 y el 1.200, sino que los de Cnossos y Tebas lo fueron ya en el III a, mientras que el de Yolcos, en Tesalia, no fue destruido hasta bien entrado el III c, y el de Atenas, desde luego, no fue destruido en ningún momento de este período. Por tanto, la datación tradicional de la destrucción palacial durante la transición del III b al III c o, si se quiere, durante el III b.2, sólo corresponde en realidad a Pilos (ca.1.235) y a la hipotética datación de la última destrucción de los de Micenas y Tirinto (ca.1.200). Tampoco todas las destrucciones fueron iguales, por incendio, como en Cnossos, Pilos, Micenas y Tirinto, o al menos no hay constancia de que así fueran, ni la deserción siguió siempre a la destrucción en éstos y otros lugares. Sólo en el ámbito griego, el mundo micénico abarcaba desde Ítaca, por el suroeste a Tesalia por el norte, Mileto y Rodas por el este y Creta y Chipre por el sur y sureste, aparte de que su influencia había desbordado sobradamente el ""estrecho"" ámbito egeo. Por esta razón hay que tener en cuenta que aunque los testimonios de ""destrucción"" por vía arqueológica sean abundantes, son escasos en términos relativos, como se puede observar a partir de esta clasificación de los datos:
)o()o( PALACIOS )o(
)o()o( Destrucciones
)o( a) Micenas, Tirinto
)o( b) por incendio: Cnossos, Pilos, Tirinto, Micenas
)o( c) antes del III b: Cnossos, Tebas
)o( d) del III b al III c: Pilos, Tirinto, Micenas
)o( e) después del III b: Orcómenos, Gla
)o( f) en III c: Yolcos
)o()o( No destrucción
)o( a) en III b o III c: Atenas
)o()o( Reocupación
)o( a) continuada: Atenas, Cnossos
)o( b) en III c: Micenas, Tirinto, Tebas, Yolcos.
)o()o( No reocupación
)o( a) Pilos
)o()o( CIUDADES, ENCLAVES Y REGIONES )o(
)o()o( Destrucciones
)o( a) Argólida: Micenas, Tirinto, Ziguria
)o( b) Mesenia: Pilos
)o( c) Fócide: Crisa
)o( d) Beocia: Gla
)o( e) Chipre: Enkomi, Sinda
)o()o()o( Reocupaciones
)o( a) Acaya
)o( b) Cefalenia
)o( c) Creta
)o( d) Eubea: Lefkandi
)o( e) Mileto
)o( f) Ática: Perati
)o( g) Chipre: Enkomi
)o( h) Islas del Egeo
)o( i) Tesalia )o(
Estos datos, así ordenados y aun sin ser exhaustivos, son suficientes para establecer algunas conclusiones:
)o( a) el horizonte de destrucción no afectó a todas las ciudades-palacios ni durante el mismo período, aunque éste alcanzó también a ciudades y enclaves no palaciales;
)o( b) el horizonte de ocupación y reocupación incluye a casi todas las ciudades-palacios afectadas, pero se abre a otros ciudades y enclaves que previamente han conocido destrucción.
)o()o( CAUSAS )o(
El final del mundo micénico ha sido objeto de múltiples estudios no sólo por los especialistas de este período, sino también por los interesados en los siglos siguientes, más ""oscuros"", si cabe, que el propio ""enigma"" micénico. No hay consenso a la hora de valorar la incidencia de las causas que llevaron al ""final"" de la organización micénica. Se distinguen no obstante varios tipos de causas. Una primera clasificación separaría a las ""naturales"" o catastróficas de las ""humanas"". Entre las naturales, la más aceptada quizá sea la teoría de cambios climáticos drásticos durante este período, que obligaron a la población a buscar refugio en nuevas áreas apreciándose un corrimiento general de asentamientos del ""centro"" a la ""periferia"", situación que aparece corroborada por la arqueología. Paralela a ésta es la hipótesis acerca de una pérdida de las bases de la economía palacial motivada por una amplia deforestación, que habría afectado al reino de Cnossos y Pilos fundamentalmente. Pero las causas ""humanas"" gozan de mayor acogida entre los historiadores, aunque conviene distinguir previamente las ""exógenas"", o debidas a agentes externos al sistema, y las ""endógenas"", generadas por o integradas en dicho sistema. Entre las primeras, la de mayor aceptación hasta hace tan sólo unos años ha sido la teoría de la ""invasión"" de un pueblo ajeno a los griegos-micénicos, que se presume serían los ""dorios"", o bien del regreso de un grupo de griegos a la patria de sus ancestros, lo que en la tradición griega se denomina ""retorno de los Heráclidas"". En el primer caso, los supuestos ""invasores"" habrían alcanzado el Peloponeso por tierra descendiendo desde las montañas del noroeste y atacando previamente algunos enclaves de la Grecia central, especialmente las regiones de Fócide y Beocia. Las destrucciones llevadas a cabo por este pueblo ""guerrero"", fueran o no los dorios, provocaron una reacción de diáspora entre los aqueos, que buscarían refugio en la periferia del mundo micénico: en Acaya y las islas de Cefalenia e Ítaca, por el oeste, y en las islas del Egeo, por el este, donde la cultura micénica sobrevivió algun tiempo como ""submicénica"". Pero estos ""invasores"" simplemente destruyeron, no ocuparon las regiones, palacios, ciudades o enclaves destruidos o, al menos, no dejaron restos de cultura material propios. En el segundo caso, si se vincula este movimiento migratorio con el ""retorno de los Heraclidas"", que también se suele asociar a la llegada de los dorios, el problema de la continuidad quedaría resuelto. Según la tradición griega, recogida por Eforo, Platón, Isócrates y Apolodoro, entre otros, este mito del ""retorno"" justificaba el dominio de la estirpe doria en el Peloponeso, y si sus antepasados habían ocupado estas tierras tres generaciones antes, unos 90 o 100 años, del final de la Guerra de Troya, éstos no pueden ser otros que un grupo de los que hemos llamado en general ""griegos micénicos"", aunque de estirpe distinta que los aqueos, la estirpe dirigente. Pero esta tesis, que contiene sin duda algunos elementos positivos, como evitar la tradicional idea de ""invasión"" de un pueblo extranjero y conciliar la lingüística con la tradición griega del mito, plantea fundamentalmente dos problemas: uno, la ausencia de testimonios arqueológicos dorios, propiamente dichos; otro, el hiato cronológico que supone vincular la ""caída"" del mundo micénico hacia finales del siglo XIII con su presencia en el Pelopeneso no antes de 1.100 a.C.. Por estas razones, en las últimas décadas los historiadores prefieren buscar causas endógenas. Se han buscado causas políticas arguyendo al sistema semifeudal de los micénicos que habrían provocado un desmembramiento del poder político centralizado por la rivalidad latente entre la monarquía y la nobleza, entre el ejército del palacio y el séquito de las familias nobles. En este sentido, las tendencias centrífugas de las noblezas locales no integradas en el ""palacio"" sino más bien vinculadas al régimen de ""aldea"" se habrían impuesto sobre las pretensiones centralistas de los reyes. Pero este conflicto existiría desde la propia configuración de la estructura palacial micénica y, al parecer, no provocó la reacción de los nobles hasta siglos después. Sin duda que el rey micénico de esta época había perdido parte de su poder en provecho de algunos altos funcionarios y sobre todo de la ""Alta nobleza"" de la ""aldea"", no siempre integrada en el grupo dirigente del estado. De haber sido ésta la causa de la destrucción, los ""nobles"" o uno de sus representantes hubieran suplantado al ""rey"", pero con seguridad habrían mantenido el sistema. Además, si los reinos eran de hecho independientes, ¿por qué la supuesta rebelión ocurrió, salvo excepción, en las últimas décadas del siglo XIII o las primeras del XII? La nobleza o al menos una parte de ella en el sistema micénico era un grupo privilegiado y, en consecuencia, no es lógico que atentara contra su propia posición social y política. Recientemente se han buscado incluso hipótesis sociológicas o estrictamente políticas como la que incluye el ""final de la civilización micénica"" en un patrón de ""colapso"" inevitable de lo que se denominan ""sociedades complejas"", en las que el declive es el resultado de un notorio desajuste entre los gastos necesarios para su mantenimiento y la escasez de recursos disponibles. Pero sin duda la teoría más innovadora al respecto, aunque quizá también más contestada, es la de la ""revolución doria"", rompiendo no sólo con la idea de ""invasión"", sino también con la de ""migración"". Pero la cuestión doria es tan compleja y rica como fenómeno histórico que constituye, de hecho, como ya lo vio Éforo en su época, el primer capítulo importante de la historia griega.