Pocos años después de la caída del imperio de Sumer, el norte fue invadido por los nómadas gutis, si bien parece que no llegaron a afectar al área del sur, donde se encontraba Ur. En esta etapa destacó la ciudad de Lagash que según parece mantuvo algún tipo de dominio sobre Ur. Hacia el siglo XXII a.C., Utu-hegal de Uruk expulso a los gutis del norte consiguiendo la hegemonía en Sumeria. A su muerte fue su hermano Ur-Nammu (2.112-2.095 a.C.), que posiblemente gobernaba hasta entonces en Ur, quien le sucedió en su imperio. En todo caso, el nuevo rey escogió a Ur como capital de su reino, fundando la que se ha llamado Dinastía III de Ur o Ur III, que durante casi un siglo mantuvo la hegemonía sobre un territorio que abarcaba la totalidad de la cuenca mesopotámica y Elam. Estudiada por los hallazgos de los Archivos de Drehem, Ur, Nippur, Girsu y Umma, esta Dinastía constituyó el apogeo de la cultura sumero-acadia, tras la desaparición de los gutis, constituyendo la segunda etapa del llamado "Renacimiento sumerio". Cubrió todo el último siglo del tercer milenio. Fundada por Ur-Nammu, restauró en el sur de Mesopotamia el orden perdido desde finales del imperio de Akkad y constituyó la última dinastía sumeria que reinó en el país. Su dominio se extendía sobre un territorio tan vasto como el de su predecesor y, sin duda, este período marca el apogeo económico y político de la ciudad que iniciará su declive en el 2.004, bajo los ataques conjuntos de los amorritas, por el noroeste, y los elamitas, por el este. Ur-Nammu se proclamó "rey de Sumer y Akkad". En esta situación la ciudad de Ur quedó convertida en una gran capital. Su hijo Shulgi (2.094-2.047 a.C.), autor de un importante código que hasta hace poco se atribuía a su padre, afianzó las relaciones con el exterior por vía militar (campañas) o diplomática (pactos, matrimonios, etc.) pero al final de su reinado tuvo que autodivinizarse, signo evidente de incapacidad para controlar por sí solo el poder. Es en este período cuando se destruyeron los anteriores edificios y se levantaron los que se pueden contemplar aún actualmente. Entre estas construcciones destaca el enorme zigurat de Ur, construido durante los reinados de Ur-Nammu y su sucesor Shulgi y que aún se mantiene en pie, tras su restauración parcial en los años 1.970. No se conoce la altura que llegó a alcanzar ya que, si bien las ruinas actuales miden 15 metros, a lo largo de 4.000 años la edificación ha debido sufrir una gran erosión. También en esta etapa se construyó el Gipar, un templo consagrado a Ningal. La Dinastía III de Ur se caracterizó también por desarrollar un sistema de impuestos que, si bien resultaba eficaz, suponía una carga muy pesada para las clases populares. La caída de la hegemonía de Ur estuvo marcada por la llegada de oleadas de nómadas procedentes de las regiones desérticas occidentales: los amorreos. Los recién llegados se fueron estableciendo en el curso medio del Éufrates, en la zona de Babilonia, consiguiendo cada vez más influencia. Tras la pérdida de las regiones periféricas del imperio, Shu-Sin (2.037-2.029 a.C.) dirigió la construcción de una muralla de 270 km con el objetivo de frenar a los nómadas. Bajo el reinado de Ibbi-Sin (2.028-2.004), uno de los hijos de Shulgi, el efímero imperio cayó en manos de enemigos diversos: externos (amorreos, elamitas, subarteos) e internos "las ciudades sublevadas: Lagash, Umma, Eshnunna, entre otras). En esta situación, un antiguo gobernante de Mari e influyente funcionario llamado Ishbi-Erra se asoció a los distintos enemigos de Ur dándole el golpe final, causando la disolución del imperio. Tras esto, Ishbi-Erra fundó una dinastía en Isin. Hacia finales del siglo XXI a.C. los elamitas, dirigidos por el rey de Simash y que hasta entonces habían estado sometidos a Ur, ocuparon la ciudad. La ciudad fue arrasada, los templos fueron saqueados y las viviendas destruidas, su monarca Ibbi-Sin fue hecho prisionero y llevado a Elam y los campos fueron incendiados. Tras el saqueo, la ciudad cayó en la influencia de Ishbi-Erra. En este contexto se desarrollan las llamadas Lamentaciones de Ur, un texto sumerio en el cual se atribuye la caída de Ur a la pérdida del favor de los dioses, tras lo cual se narran una serie de proyectos y deseos para que la ciudad recupere su estado anterior. Las lamentaciones se han interpretado como un texto de carácter político donde, tras la caída en desgracia de la ciudad, Ishbi-Erra, el nuevo gobernante procederá a su reconstrucción con el beneplácito de los dioses. Se cerraba así un nuevo ciclo de la milenaria historia mesopotámica, que dejaba paso a un período confuso, en el que de nuevo los reinos independientes de las ciudades luchaban por imponer su hegemonía: Isin y Larsa, primero, Babilonia y Asiria, después, protagonizarían nuevas tentativas imperialistas ya al comienzo del II milenio. Sus reyes fueron:
)o()o( Ur-Nammu o Ur-Engur (2.112-2.095) Derrotado por Nam-makhani de Lagash. Contemporáneo de Utu-Hengal de Uruk
)o()o( Shulgi (2.094-2.047) Posible eclipse lunar/solar en 2.005 a.C.
)o()o( Amar-Sin I o Amar-Suen I (2.046-2.038) Hijo de Shulgi
)o()o( Shu-Sin I o Shu-Suen I (2.037-2.029)
)o()o( Ibbi-Sin o Ibbi-Suen (2.028-2.004) Hijo de Shu-Sin I )o(
Ver, Cronología de Ur, Cronología del Antiguo Oriente Próximo, Cronología media del Antiguo Oriente Próximo, Cronología corta del Antiguo Oriente Próximo.