La primera referencia de una agrupación femenina al servicio de una divinidad egipcia, encabezada por una Supervisora, data de la Dinastía IV y está directamente relacionada con Heliópolis. Aparece en un harén formado para el culto del dios Iunmutef (el Pilar de su Madre), divinidad cuyo origen se establece en esta localidad. Entendemos como harén un grupo de mujeres que se dedicaban a celebrar y participar en el culto del dios, agradarle y reverenciarle, desarrollando actividades relacionadas con el mundo de la música, lejos de la concepción moderna que determina un conjunto de mujeres encerradas de por vida, al servicio del esposo. La existencia de un harén no se limitaba a los dioses masculinos, ya que deidades femeninas poseían en sus templos la misma estructura entre sus acólitos. Por otro lado, este grupo no estaba formado, como podría ser lógico en un culto encabezado por un dios, solamente por mujeres, sino que también era desempeñado por hombres y viceversa. Bajo la autoridad de la Superiora del Harén se hallaba toda la agrupación que estaba compuesta por cantantes, bailarinas o músicos. Durante el Imperio Nuevo, acompañaban a la Esposa del Dios y actuaban a modo de escolta. Todas ellas eran iniciadas y escogidas entre los miembros de la alta sociedad, aunque es posible que un numero variable se reclutara entre clases sociales más bajas. Se organizaban en Phylaes y a la cabeza de cada Phylae se encontraba otra Superiora. Recientemente existe cierta tendencia a considerar si las Phylaes podían estar formadas por hombres y mujeres, es decir si eran mixtas, en lugar de constar de cuatro agrupaciones de hombres y cuatro de mujeres, ya que en algunos casos se ha encontrado una coincidencia entre el número de la Phylae donde oficiaba la hija y la del padre. Por el momento no existen suficientes pruebas para confirmar categóricamente esta teoría, que, por otro lado, no parece mal encaminada. No resulta demasiado lógico el que si hombres y mujeres actuaban juntos en pasajes del ritual, desarrollando una misma actividad, como por ejemplo la música, no pudieran pertenecer a un mismo grupo, lo que facilitaría su organización. Las sacerdotisas normalmente pertenecían al culto de Mut y estaban formadas por un grupo de personal subalterno especialista escogidas por las cualidades de su voz. No hemos de olvidar que Mut era la esposa de este dios. Se la veneraba tanto bajo aspecto humano (Mut) como por su forma de mujer-hipopótamo (Opet). A partir de la Dinastía XXI, una parte de este colectivo se formó con las hijas de los Grandes Sacerdotes, que, por razones de orden político, se entregaban en vida al servicio del dios, residiendo permanentemente o durante largos periodos de tiempo en el cercano Templo de Luxor. Tradicionalmente se las ha denominado Reclusas o Concubinas y se les exigía permanecer célibes. Como ellas, su Directora también debía abstenerse de mantener relaciones sexuales. Pertenecían a la Casa de la Esposa del Dios. Ellas estaban realmente iniciadas en los misterios del dios y por ello podían participar en los rituales representando a las diosas, unas veces a cara descubierta y otras cubriéndose con máscaras que recogían fielmente los atributos de la deidad a la que personificaban. Como el resto de las sacerdotisas empleaban la música y guardaban los objetos sagrados de la divinidad. En la Dinastía XXII desaparece este colectivo. Para sus tareas en el templo todas ellas debían purificarse y esta purificación consistía, como en el clero masculino, en una o varias inmersiones en las aguas del Nun (en el estanque del templo o con agua de éste), depilarse y fumigarse con incienso. Como hemos dicho, se dedicaban a tareas relacionadas con el entretenimiento y protección del dios, es decir, como músicas y bailarinas. Otras, eran ritualistas que además se ocupaban de los vestidos litúrgicos y de los objetos de tocador necesarios para el aseo de la divinidad. En este grupo también estaban incluidos algunos hombres e incluso niños, llamados Niños del Rey, posiblemente éstos estuvieran también estructurados según edad y jerarquía y participaban puntualmente en algunos rituales. Tenemos constancia de su presencia desde el reinado de Dyer (Dinastía I) y desde entonces se sabe que en esta agrupación había princesas, miembros del harén, etc., que tocaban el sistro. Con frecuencia aparecen representados en las escenas en las que se celebran los Heb Sed de los monarcas, como puede observarse muy bien en la tumba de Jeruef, en Tebas Oeste (TT 192). Los documentos egipcios nos ofrecen una gran cantidad de títulos, que no se puede situar en la jerarquía. Muchos de ellos prácticamente describen el sentido religioso y la función que se quiere dar a la ocupante del puesto, que más parecen frases que títulos en sí. Entre ellos citaremos, a modo de ejemplo, el de "Todas las cosas bellas que se han dicho y se han hecho para ella", "Ella es más bella que todas las mujeres de su tierra y de su frontera", "La que contenta el corazón del que está en Tebas". Ver, Supervisora de Cantantes.