(siglo XIII a.C.). Rey (1.265-1.237) del Segundo Imperio hitita. Hijo menor de Mursil II y hermano de Muwattalli. Tío y sucesor de Urkhi-Teshub (Mursil o Mursilis III), a quien desplazó del reino tras un hecho de armas, que intentó justificar en su autobiografía. La batalla de Kadesh, uno de los acontecimientos más cruciales en el reinado de Ramsés II, y que fue largamente celebrada por él como una gran victoria, tuvo graves repercusiones en la política de Oriente Próximo. Su oponente en esta ocasión, el rey Muwatalli, ya se había enfrentado a su padre, Seti I, en Kadesh en el pasado, y una inestable tregua había prevalecido entre Egipto y los hititas hasta la ruptura de las hostilidades entre los dos grandes poderes en el cuarto año de reinado de Ramsés. Muwatalli no dejó un heredero legítimo y la realeza pasó a su único hijo, el niño de una concubina que le sucedió como Mursilis III. Este estuvo bajo la tutela de su tío Hatusil, que gradualmente fue ampliando su poder y finalmente depuso a su sobrino y lo reemplazó, llegando a ser rey como Hatusil III. Las disensiones entre tío y sobrino se produjeron no sólo por la violenta acción de Mursilis III que arrebató a su tío los territorios sobre los que gobernaba como rey vasallo, sino también por el distinto planteamiento que tenían respecto a la política exterior hitita (problemática de Qadesh) y especialmente por el matrimonio de Hatusil III con Pudu-Khepa, sacerdotisa y heredera de Kizzuwatna, hecho y actitudes con las cuales Hatusil III acrecentó su prestigio y poderío. Tras un enfrentamiento militar en Shamukha, en el que fue derrotado Mursilis III, Hatusil III subió al trono. Al sobrino le perdonó la vida y después de varios episodios de intrigas hubo de desterrarlo "hacia el lado del mar" (¿Chipre?, ¿Egipto?). Sus primeros actos de gobierno fueron reponer en el trono de Amurru al príncipe Benteshina, a quien protegió en su exilio de Hakpis. Luego le entregó también la ciudad de Qadesh y le dio a una de sus hijas de nombre Gashuliya, en matrimonio, asegurándose así un aliado fiel contra Egipto. Hatusil fue un político avisado que reconocía los peligros de su reino a raíz de la aparición de otros poderes en Mesopotamia, especialmente los asirios y los babilonios. Tenía una amplia experiencia como gobernador del Alto País durante los dos reinados anteriores. La situación internacional en aquellos momentos era de máxima inestabilidad, pudiendo surgir cualquier foco de conflicto. La crisis interna del reino hitita favorecerá a sus enemigos que aprovecharán para extender sus fronteras a su costa. Su reinado es considerado como la etapa más brillante de la historia hitita. Restableció el orden en el reino anatolio y para intentar contrarrestar los éxitos militares asirios firmó, primero, una alianza con Babilonia (Kadashman-Turgu). Mantuvo, aunque con algunos roces, la tradicional hospitalidad con Asiria (Adad-nirari I, Salmanasar I). A pesar de esta hospitalidad no dudó en enviar tropas al rey de Hanigalbat, Shattuara II, que contaba también con fuerzas arameas; sin embargo, esta coalición fue derrotada por los asirios. La relación con Asiria se hizo bastante tensa, especialmente en la zona fronteriza donde algunas plazas se habían sublevado contra Hatti con el indirecto apoyo asirio. Adad-Nirari I de Asiria intentó tomar la zona de Mittani, estado tapón entre Hatti y Asiria, pero pronto fue rechazado por Hatusil y el rey de Babilonia. Hanigalbat se sublevó contra Assur y solicitó ayuda a Hatusil, ayuda que no llegó, posiblemente para evitar un conflicto de mayores dimensiones. Para reforzar su defensa, Hatusil se alió con el rey casita Kadashman-Turgu contra un eventual ataque egipcio. Pero la presión de los asirios provocó un radical cambio en las relaciones diplomáticas hititas, buscando una alianza con Ramsés II de Egipto. Su mayor acierto fue establecer un Tratado de paz con Egipto, firmado en el año 21 de Ramsés II, y que posibilitaría una duradera paz de casi un siglo, sólo rota por la presencia de los Pueblos del Mar. El Tratado del 1268 fue sancionado más tarde con el matrimonio de una hija de Hatusil III con Rameses II (princesa Naptera, en egipcio Maathorneferure, muy elogiada por el faraón). Se conoce el contenido del tratado de paz, por estar grabado en los muros del templo de Amón en Karnak y en el Ramesseum, y por una versión escrita en caracteres cuneiformes en una tablilla de arcilla encontrada en las ruinas de Boghazköy, conservada en el Museo del antiguo Oriente de Estambul. En él se renuncia a toda agresión mutua y se establece una defensa recíproca al tiempo que se delimitan las fronteras entre Damasco y el norte de Biblos. Una vez sellada la paz con el enemigo del sur, Hatusil volcó todas sus fuerzas en atacar a sus restantes enemigos, luchando contra los asirios por el reino de Hanigalbat, sufriendo Adad-Nirari I una contundente derrota que sería vengada por Salmanasar I algunos años después, recuperando para Asiria ese territorio. La mayor parte de Siria seguía controlada por Hatusil y sus aliados mientras que en Anatolia surgieron algunos problemas, especialmente con los bárbaros gasga que atravesaban las fronteras para saquear los pueblos y ciudades, provocando continuas expediciones de castigo. Junto con su esposa Pudu-Khepa protegió e impulsó la cultura y las relaciones comerciales, siendo el Imperio hitita considerado entre las primeras potencias en este período del Mundo Antiguo. También se conocen las intrigas que desde el destierro llevaba a cabo Mursilis III, que nunca fueron cortadas violentamente por el rey hitita. Asimismo, han llegado los tratados que firmó Hatusil III con el citado Benteshina, rey de Amurru y príncipe de Qadesh, y con el Príncipe de Mehri, así como el Decreto que estableció para los habitantes de Tiliura (¿Kelkit-Kay?), población del nordeste, en contacto con los peligrosos gasgas. Con Niqmepa de Ugarit firmó un tratado de tipo comercial. Una colaboradora muy estrecha del rey fue su esposa Pudu-Khepa, presente en no pocos actos oficiales y documentos internacionales (aparece en el Tratado con Egipto). También lo fue Kurunta, encargado de hacer frente a los ataques que pudieran venir del oeste. Hatusil III fue un rey devoto, que construyó templos y compuso plegarias a los dioses hititas, así como su autobiografla, de gran valor histórico. Al morir, y dado que su hijo Tudkhalijas IV era menor de edad, el gobierno pasó a manos de Pudu-Khepa, la Gran Reina, que actuó como regente. Con Tudkhalijas se inicia una etapa de definitiva decadencia. Ver, Reino Nuevo hitita.