(ss. XIX-XVIII a.C.). Rey (1.792-1.750) de Babilonia, de la Dinastía I Amorita, verdadero fundador de aquel Imperio. Esta dinastía había sido fundada por Sumu abum en 1.894 y se mantuvo hasta 1.595 a.C.. Hijo y sucesor de Sin-muballit. Con Hammurabi el Imperio de Babilonia iba a alcanzar su máximo esplendor. Gracias a la documentación que se posee (textos religiosos y administrativos, correspondencia oficial, datación de años, o el Código de Hammurabi), la figura del rey babilonio es bastante conocida. Accedió al trono entre los 25 y 30 años de edad, cuando sus coetáneos y rivales Shamshi-Adad I de Asiria, Rim-Sin I de Larsa y Dadusha de Eshnunna habían alcanzado ya su plena madurez e incluso la vejez; sólo poseía la ciudad de Babilonia y algunos territorios del entorno. Una vez en el poder, y tras la recomposición económica y social del Estado, con medidas de urgencia, la fórmula de su segundo año de reinado nos dice que "restauró el derecho en el país", se dedicó a su actividad conquistadora. Poco antes, Rim-Sin, rey de Larsa, había conquistado la ciudad de Isin poniendo fin a la dinastía allí reinante. La parte norte de Mesopotamia estaba en poder de Shamshi-Adad I de Assur. Este rey, en sus primeros años, vivió en paz con sus poderosos vecinos y con Zimri-Lin de Mari, tratando de abrirse paso hacia el este por medio de expediciones contra el Elam y la ciudad de Esmunna. A la muerte de Shamshi-Adad pudo obtener algunos territorios al norte, derrotando una coalición de enemigos entre los que figuraban Elam y Asiria, donde a la sazón reinaba Isme-dagan. Inmediatamente se vuelve contra su antiguo aliado Rim-Sin de Larsa que a sus 80 años no pudo resistir al babilonio. En 1759 logró destruir a Mari, gobernada por Zimri-Lim con quien estaba ligado por una antigua alianza (saqueo de Gutium, de Mankisum y otros puntos). Se apoderó prácticamente de toda Mesopotamia, quedando unificada toda la región. Se sabe muy poco de los pormenores de estas guerras, porque el archivo de Mari, fuente principal, no habla de ellas. Por ello Hammurabi se pudo titular no sólo "Rey de Sumer y Akkad", sino también "Rey de las Cuatro regiones" en un claro intento de aspiración a la monarquía universal. Hammurabi contó, asimismo, con grandes dotes administrativas, políticas y diplomáticas. Su educación en la diplomacia y su fuerte ejército le permitieron extender su poderío desde el golfo Pérsico hasta las montañas del norte, incluida Subartu (Asiria) y el Mar Superior (Mediterráneo), y desde el Elam hasta Amurru (Siria). Característica importante de la política de Hammurabi fue el establecimiento de guarniciones en distintos puntos, para impedir las incursiones de los nómadas en la tierra fértil. Tuvo la sensatez de no atacar a las familias de hurritas que habían ido situándose paulatinamente por la periferia de Mesopotamia, lo que le permitió entregar a su hijo y sucesor Samsu-iluna, un Imperio totalmente pacificado. Lo que ha dada a Hammurabi fama definitiva ha sido el Código que lleva su nombre. Con ello continuaba una tradición venerable en Mesopotamia (Ver, Códigos de derecho). El Código de Hammurabi continúa esta tradición legislativa con una colección de unas 200 leyes destinadas al uso de jueces encargados de hacerlas cumplir. Se escribió en tabletas y se grabó en piedra para colocarlo en lugares públicos. Una de estas estelas fue llevada a Susa y descubierta siglos después por una Misión francesa. La estela fue mutilada para grabar una inscripción victoriosa, que nunca llegó a escribirse, pero se conocen parte de las leyes borradas, por haberse encontrado en tabletas de arcilla. Debajo está grabado el Código, que se inicia con un prólogo en el cual el rey da los motivos que le movieron a legislar. Lo hace para desterrar el mal y la injusticia de entre sus "cabezas negras". Las penas son muy duras, aplicándose la pena de muerte incluso para el robo, falsas inculpaciones o adulterio; pena que se aplica en las formas más ejemplares (cremación, empalamiento, inmersión). A diferencia de los códigos anteriores se aplica la ley del Talión, así como las mutilaciones, azotes y las penas pecuniarias. Se observa un endurecimiento de los castigos si lo comparamos con el Código de Bilalama, lo que hace suponer que los tiempos revueltos exigían medios más expeditivos. La posición de la mujer no es igual a la del hombre, pero goza de derechos superiores a los que le otorgan algunos pueblos orientales. Se protege a los insolventes. El interés admitido llega al 30 %. La propiedad de la tierra revela un aumento de la propiedad privada si se la compara con la época neosumeria, en la cual los templos y la realeza poseían su mayor parte. La sociedad se divide en tres clases principales: hombres libres, esclavos y muskenum (clase intermedia) protegidos por la ley. Se tiene noticia de que este Código se aplicó en la medida de lo humanamente posible, gracias a las numerosas cartas conservadas de Hammurabi, que tratan de múltiples casos particulares de las que se conservan unas 150 a dos de sus gobernadores en Babilonia, y un número mayor a su ministro Awil-minurta, que ilustran sobre la práctica administrativa de la cancillería real. Las cartas tienen generalmente un estilo impersonal y revelan el cuidado que puso Hammurabi en el gobierno de las ciudades conquistadas. La política religiosa de Hammurabi supone la ascensión de Marduk a suprema divinidad, dios que concede toda soberanía y que, a partir de entonces, fue el eje de la teología política mesopotámica. En resumen, una burocracia muy compleja, un idioma oficial (lengua acadia) y una religión (la del dios Marduk), completada con un amplio programa de construcción de templos, junto a la promulgación de unas leyes comunes (Código de Hammurabi, hoy en el Museo del Louvre) de justa fama, hicieron de Babilonia un verdadero Imperio. Ver, Dinastía I de Babilonia.