o Deidamía. Hipodamía es el nombre de varias heroínas, la más célebre de las cuales es la hija del rey de Pisa, de Élide, Enómao. Las tradiciones discrepan acerca del nombre de su madre: ora se dice que es hija de la pléyade Estérope, ora de la danaide Eurítoe, o bien de Evarete, hermana de Leucipo. Hipodamía era hermosísima, y numerosos pretendientes la habían pedido en matrimonio, pero Enómao no quería casarla. Ciertas versiones aseguran que un oráculo le había vaticinado su muerte a manos de su yerno, por eso no quería tenerlo. Pero otros autores afirman que estaba enamorado de su hija. Sea como fuere, Enómao para apartar a los pretendientes, había ideado la siguiente estratagema: había convertido la mano de su hija en el premio de una carrera de carros. Cada pretendiente debía tomar a la doncella en su carro, y el padre, montado en el suyo, había de alcanzarlo; la meta era el altar de Posidón, en Corinto. Dícese que hacía montar a Hipodamía en el carro de sus rivales para aumentar su peso o, también, para distraer la atención del conductor. Enómao los alcanzaba sin dificultad, pues tenía caballos de extrema ligereza (Ver, Enómao), y cuando resultaba vencedor, cortaba la cabeza al vencido y la clavaba en la puerta de su casa para asustar, según se decía, a futuros pretendientes. Cuando Hipodamía vio llegar a Pélope, quedó enamorada de la belleza del joven. Se procuró la ayuda de Mirtilo, el auriga de su padre, que estaba también enamorado de ella y consiguió que cambiase las clavijas de las ruedas del carro de Enómao por otras de cera, las cuales, iniciada la carrera no tardaron en ceder, produciendo un accidente fatal (Ver, Pélope). Se decía también que, para obtener la asistencia de Mirtilo, Pélope le había prometido una noche de Hipodamía, o bien que la propia doncella había hecho esta promesa al auriga. Posteriormente se contaba que Mirtilo había tratado de violentar a Hipodamia en una ocasión en que la joven, Pélope y él viajaban en carro y Pélope se marchó por unos instantes a buscar agua para beber. A su regreso, Hipodamía se quejó a su marido, y éste arrojó a Mirtilo al mar. Pero también se decía que era Hipodamía la que había tratado de seducir a Mirtilo en ausencia de Pélope, y, al rehusar él, lo había calumniado ante su esposo. Éste le había dado muerte, y Mirtilo, en su agonía, había proferido maldiciones contra la casa de Pélope, uno de los orígenes de las desgracias que cayeron sobre los Pelópidas (Ver, Atreo, Tiestes, Agamenón). En honor de Hipodamía, Pélope instituyó en Olimpia una fiesta de Hera, diosa del matrimonio, fiesta que se celebraba cada cinco años. Sobre los hijos de Hipodamía y Pélope, las tradiciones difieren. Ora se mencionan seis: Atreo, Tiestes, Piteo, Alcátoo, Plístenes y Crisipo, ora se les atribuye: Atreo, Tiestes, Diante, Cinosuro, Corinto, Hipalmo, Hípaso, Cleón, Argeo, Alcátoo, Heleo, Piteo y Trecén, así como tres hijas: Nicipe, Lisídice y Astidamía, que se habrían casado, las tres, con hijos de Perseo. Pero Crisipo es considerado más corrientemente como yerno de Hipodamía, al cual, por orden de ésta habrían asesinado Atreo y Tiestes (Ver, Crisipo). Para vengarse, Pélope la condenaría a muerte. El asesinato de Crisipo se cuenta a veces así: como Atreo y Tiestes se negasen a matar a Crisipo, Hipodamía resolvió hacerlo por su propia mano, para lo cual se sirvió de la espada de Layo, que estaba pasando la noche en casa de Pélope. Dejó el arma en el cuerpo de Crisipo para que las sospechas recayesen sobre Layo; pero aquél, aunque herido mortalmente, tuvo tiempo de revelar la verdad. Hipodamía, fue desterrada de Élide por Pélope, suponiéndose que habría buscado refugio en Midea, Argólide, donde habría muerto. Posteriormente, por orden de un oráculo, Pélope habría traído sus cenizas a Olimpia, en cuyo recinto sagrado (Altis), Hipodamía tenía, efectivamente, una capilla.