Cuando Ulises, después de su último naufragio, de regreso de la isla de Calipso, abordó en la isla de los feacios, fue recibido por el rey del país, llamado Alcínoo. Homero da a esta isla el nombre de Esqueria. Probablemente se trata de Corfú. Alcínoo pasaba por ser nieto de Posidón. Su padre se llamaba Nausítoo. Alcínoo tenía cinco hijos y una hija, Nausícaa, que acogió a Ulises en la margen del río. La esposa de Alcínoo, que es al propio tiempo sobrina suya, se llama Arete (que, en griego, significa "la Indecible"). Vive en el palacio, con su marido y sus hijos, rodeada de, honores y respeto, Alcínoo y Arete son queridos por todo su pueblo; son hospitalarios con los extranjeros, particularmente los náufragos, cuya suerte se esfuerzan en dulcificar. Su palacio se halla rodeado por un maravilloso vergel, donde maduran sin interrupción, a lo largo del año, frutos de toda clase. Tras haber confortado a Ulises y oído, en el curso de un banquete, la larga relación de sus aventuras, Alcínoo le da una nave para volver a Ítaca, que no se halla lejos de Corfú, y lo carga de regalos. En las Argonáuticas, Medea y los argonautas desembarcan en la tierra de Alcínoo, durante su viaje de regreso, y encuentran en su corte a un grupo de emisarios de Eetes con la misión de devolver a Medea a su padre. Alcínoo es elegido árbitro entre ambas partes y decide que Medea sea devuelta a su padre si es todavía virgen; en caso contrario, se quedará con Jasón. Ante esta sentencia, Arete se apresura a casar a los jóvenes, salvando así a Medea del castigo que le aguarda en Cólquide (Ver, Argonautas). No atreviéndose a presentar a su rey, los colcos se establecieron en Corfú, mientras los argonautas reanudaban su ruta, no antes de que Arete hubiera ofrecido presentes a los jóvenes esposos.