Ciudad púnica ubicada en el antiguo país beréber de Tamezrat, en la llanura costera previa al macizo rocoso y abrupto del Cabo Bon, al noreste de Túnez, célebre por las canteras que surtieron de piedra a la ciudad de Cartago. Se sitúa a unos 12 kilómetros al norte de la ciudad de Kelibia. La fundación de la ciudad se sitúa hacia el siglo VI a.C. y está enclavada en una zona de alta densidad de asentamientos de origen púnico. La ciudad padeció un primer momento de destrucción que se corresponde con la invasión de Agatocles, tirano de la ciudad siciliota de Siracusa (hacia 310 a.C.), que saqueó e incendió la ciudad durante su intento de invasión del territorio de Cartago. El posterior progreso y bonanza económica de la ciudad se debió muy probablemente a la industria de la púrpura (ya que se trata de una costa con abundancia de materia prima para su elaboración, murex, y a la posición estratégica de la ciudad, enmarcada dentro de los circuitos comerciales púnicos que enlazaban el norte de África con Sicilia. La fase de despegue económico de la ciudad quedó truncada durante la primera guerra romano-cartaginesa, cuando en el año 256 a.C. llegaron a este territorio los cónsules romanos Marco Atilio Régulo y Lucio Manlio Vulso con sus tropas. Precisamente en ese momento la ciudad quedó arrasada y abandonada, y nunca más fue ocupada. Desde entonces, la ciudad de Kerkouane fue cubriéndose de vegetación, de sedimentos y quedó a merced de la erosión marina. En el entorno cercano del yacimiento sí han sido exhumadas algunas estructuras de carácter industrial posteriores (de época romana), pero no se colocaron directamente sobre los restos de la ciudad púnica, aunque sí aprovecharon los materiales. Aquí es donde radica la importancia del yacimiento para los estudios sobre el mundo púnico, pues se tiene constancia de una ciudad cartaginesa intacta, abandonada a mediados del siglo III a.C. y que conserva magníficamente su trazado urbano ortogonal y todos los detalles constructivos que faltan en otros yacimientos tan importantes como la propia ciudad de Cartago. Kerkouane, tiene las viviendas, los templos, los almacenes y el sistema defensivo originales. Y, por supuesto, las necrópolis, un hecho desde luego sorprendente y un regalo para los estudiosos de la civilización cartaginesa. Su descubrimiento marca, sin duda, un antes y un después en el conocimiento de la cultura cartaginesa. Este yacimiento ha venido a suplir, en cierto modo, la escasez de documentación arqueológica que ofrece la ciudad de Cartago. Kerkouane ha permitido el análisis de la planificación urbana, de las técnicas arquitectónicas, de las estructuras defensivas, religiosas y domésticas. En los alrededores de la ciudad de Kerkouane hay al menos cuatro necrópolis que la circundan, todas extramuros y a una distancia prudencial, como indica el ritual púnico de enterramiento. Hoy, Kerkoune. Ver, Jebel Mlezza, Arg el-Ghazzouani, Sidi Salem.