Armadura romana cuya denominación lorica segmentata es una invención erudita del siglo XV. No se sabe cómo la llamaron los romanos ¿laminata?. El principio básico es el de una armadura articulada, en la que las partes componentes se mueven unas en relación con otras para obtener flexibilidad, todo lo contrario que la coraza anatómica, formada por dos únicas placas de bronce, peto y espaldar. Consta, básicamente, de una serie de grandes placas curvas horizontales de hierro que cubren el torso solapándose, unidas entre sí mediante tiras de cuero, y abrochadas en el centro de pecho y espalda mediante ganchos de latón (aleación de 80% de cobre y 20% de zinc). El conjunto se completa con otras piezas similares pero colocadas verticalmente para proteger los hombros, también unidas entre sí y al conjunto mediante correas, bisagras y ganchos. Aunque conocida desde siempre por los relieves, la estructura real y el funcionamiento de la coraza segmentada fueron objeto de muchas especulaciones y reconstrucciones inciertas, fundadas en la idea errónea de que las placas se cosían a una prenda interior de cuero flexible. El descubrimiento, en 1.964, del depósito de Corbridge, Inglaterra, Reino Unido, cerca de la Muralla de Adriano, de un cajón de madera lleno de armas y numerosos elementos de corazas segmentadas, permitió una reconstrucción arqueológica fiable y funcional, completada por otros muchos descubrimientos ulteriores. El secreto de esta coraza consiste en que combina una gran resistencia (las placas de hierro protegen bien contra golpes tajantes y punzantes, así como contra dardos y flechas) con la flexibilidad proporcionada por las uniones de cuero y la superposición de segmentos de tamaño decreciente. Además, no era difícil de construir una vez diseñados los patrones de las piezas. Desde luego, era de fabricación más rápida y barata que la cota de malla. Para algunos investigadores, la segmentata es una coraza sobrediseñada, un fenómeno muy común en el armamento de las grandes potencias militares. Sin embargo, la lorica segmentata está particularmente bien diseñada, en combinación con el casco de gran guardanuca, para proteger contra los golpes tajantes de arriba hacia abajo sobre la zona de los hombros, característico de los guerreros celtas y germanos, normalmente más altos y corpulentos que el legionario típico que combatía encorvado, agazapado tras su escudo y tratando de clavar su gladius en el vientre de su enemigo. Esta coraza es, pese a lo que pueda parecer, bastante liviana, más que la tradicional cota de malla de época republicana. Las corazas segmentae reconstruidas pesan unos 9 kilos, mientras que la cota de malla puede alcanzar hasta 16, dependiendo de la longitud y la densidad de anillas. Los análisis metalográficos de las segmentae muestran que las placas son de hierro dulce, sin acerar, un efecto quizá buscado para producir una armadura flexible, que absorbería la energía de los golpes. Parece además que bajo la coraza debía llevarse una prenda acolchada (thoracomachus o subarmalis) y era imprescindible llevar un grueso pañuelo en el cuello para evitar rozaduras. La gran limitación de la lorica segmentata, a parte de la mencionada fragilidad, es que sólo llega hasta la cintura, dejando desprotegido el bajo vientre. Para paliar el problema se extendió el uso de las pteruges, correas tachonadas de metal que pendían del frente de la coraza protegiendo los genitales. Tradicionalmente se ha creído que este tipo de coraza apareció hacia mediados del siglo I, pero recientes hallazgos, asociados al desastre de Varo en Germania del año 9, demuestran que ya hacia el cambio de Era, en época de Augusto, existían ejemplares en uso. Es posible que la aparición de esta coraza de placas se deba a influencia del armamento gladiatorio, siempre más completo y pesado que el militar, entre el que sabemos existía la manica, un protector articulado del brazo. Tácito cuenta cómo en el año 21, durante la revuelta gala de Floro y Sacróviro, los legionarios hubieron de emplear zapapicos para perforar las corazas de los crupellarii, unos gladiadores fuertemente protegidos. A su vez, estas corazas gladiatorias tienen precedentes helenísticos, como algunos restos hallados en Pérgamo. Durante décadas, y usando como base la Columna Trajana, se ha creído que la lorica segmentata fue asignada sólo a las legiones y a los pretorianos, mientras que la cota de malla y la de escamas se reservarían para las unidades auxiliares. Sin embargo, se vienen documentando arqueológicamente de manera creciente restos de corazas segmentadas en fuertes ocupados por unidades auxiliares, por lo que parece que algunos auxiliares recibieran también esta coraza. De esta manera, en los dos ss. de apogeo de esta armadura, la mayor diferencia entre los legionarios y las tropas auxiliares serían los escudos ovales curvos en forma de teja y los pila arrojadizos, clásicos de las legiones, mientras que los auxiliares utilizarían scuta planos y lanza. Las últimas representaciones de loricae segmentae datan de época de Septimio Severo (193-211), pero algunos hallazgos arqueológicos algo posteriores muestran que algunos ejemplares sueltos continuaron en uso hasta mediados del siglo III. Las razones de la desaparición de la segmentata son muy discutidas: la fragilidad de algunos elementos de unión no debe ser una razón suficiente si la coraza se mantuvo en uso más de dos ss. con adaptaciones menores. Quizá la complejidad de sus elementos, la necesidad de un mantenimiento disciplinado, y, sobre todo, la aparición de nuevos enemigos que no usaban el golpe tajante de espada como ataque principal fueran factores que se sumaron. No debe olvidarse que esta coraza cayó en desuso al mismo tiempo que el escudo rectangular en forma de teja y ello indica un claro cambio en las tácticas de combate.