Nauplio el Joven, es el más célebre de los héroes de este nombre. Era vinculado a Nauplio, el hijo de Posidón, por la siguiente alcurnia: Nauplio, Preto, Lerno, Náubolo, Clitoneo, Nauplio el Joven. Participó en la expedición de los Argonautas, de la cual llegó a ser el piloto a la muerte de Tifis. Algunos mitógrafos lo presentan como padre de Palamedes; otros, en cambio, especialmente Apolodoro, identifican al padre de Palamedes con Nauplio I. Con ello se crean dificultades cronológicas, ya que las aventuras de Palamedes y, por tanto, las fechorías de su padre, se sitúan en la época de la guerra de Troya y se extienden desde el tiempo del nacimiento de Agamenón hasta el regreso de los griegos. Se ven forzados a admitir que Nauplio tuvo una vida muy larga, e incluso a atribuirle una edad inverosímil. Si, además, hacen de este Nauplio un nieto de Dánao, todavía han de alargar más su vida. Probablemente para salir de este atolladero, han imaginado dos personajes homónimos, separados por cinco generaciones. Este Nauplio (distíngase o no del anterior) tiene como rasgo esencial de su leyenda el hecho de ser el padre de Palamedes (Ver). Su esposa se llama tan pronto Fílira, como Hesíone, como Clímene, en este caso se trata de la hija de Catreo. Además de Palamedes tiene otros dos hijos, Éax y Nausimedonte. Nauplio es el héroe viajero por excelencia. Es un navegante notable, y los reyes recurrieron repetidamente a sus servicios para conducir al destierro a algún miembro de su familia que había caído en desgracia. Así, encontramos dos leyendas similares en las que desempeña idéntico papel. La primera es la leyenda de Télefo: Áleo, padre de Auge, le confió la doncella, que había sido seducida por Heracles, con la misión de ahogarla. Mientras la conducía a la ciudad de Nauplia, Auge dio a luz a Télefo. Pero Nauplio se compadeció de ella y, en vez de ahogarla, la entregó a unos mercaderes, que la llevaron a Misia. Asimismo, Catreo le entregó a dos de sus hijas, Aérope y Clímene, ya porque se habían unido a esclavos, ya porque un oráculo le había anunciado que moriría a manos de uno de sus hijos. Le había ordenado arrojarlas al mar, pero Nauplio las salvó. Dio Aérope a Atreo, o a Plístenes, según las tradiciones. Ver, Aérope), y él se casó con Clímene. Más tarde, su hijo Palamedes se unió al ejército griego contra Troya, pero muy pronto fue lapidado. Desde entonces, Nauplio consagró su vida a la venganza. Empezó engañando, una por una, a todas las esposas de los héroes ausentes, induciéndolas a tomar amantes. Consiguió su propósito especialmente con Clitemestra, mujer de Agamenón; con Meda, la de Idomeneo, y con Egialea, la de Diomedes. Más tarde se propuso el mismo objeto incluso con Penélope, pero sin éxito. Mientras tanto se había vengado, más horriblemente aún, de numerosos jefes griegos. Cuando el grueso del ejército griego, a su regreso de Troya, llegaba a la altura de las Giras, las Rocas Redondas, cerca del cabo Cafareo, al sur de Eubea, Nauplio, durante la noche, encendió una gran hoguera en los arrecifes. Los griegos, creyendo hallarse en las proximidades de un puerto, pusieron proa hacia el lugar donde brillaba la luz, y sus barcos se estrellaron. En este naufragio pereció Áyax, hijo de Oileo. Según Apolodoro, la muerte de Nauplio fue provocada por un acto de traición análogo al que él había cometido con la flota griega, pero ignoramos los pormenores de la aventura. Se contaba también que, cuando su tentativa de arrojar a Penélope en brazos de sus pretendientes, había sido engañado por Anticlea, la madre de Ulises. Ésta le había anunciado la muerte de uno de sus hijos, y Nauplio, lleno de dolor, se había suicidado.