Polidoro es hijo de Príamo. Sobre él existían distintas versiones, una de las cuales lo presentaba como hijo de Príamo y Laótoe. En consideración a su poca edad, cuando comenzó la guerra de Troya, Príamo lo alejó del campo de batalla. Pero fiado en su velocidad en la carrera, Polidoro atacó a Aquiles, y éste le dio muerte. Polidoro iba armado de una coraza de plata, que el héroe le quitó después de matarlo. Más tarde, muerto ya su hijo, Tetis regaló este trofeo a Agamenón. Tal es la versión homérica. Pero luego, y en particular entre los trágicos y los poetas alejandrinos y romanos, Polidoro es considerado como hijo de Príamo y Hécuba. Príamo había confiado este hijo, niño aún, a su yerno Polimestor, rey de Tracia. Al mismo tiempo le había entregado ricos tesoros para su custodia, destinados, si llegaba el caso, a permitir a Polidoro sostener su rango en caso de que la guerra terminase mal para los troyanos. Pero Polimestor, sea por codicia de estos tesoros, sea por ceder a las exigencias de los griegos vencedores, mató a Polidoro. Después arrojó su cadáver al mar, y las olas lo dejaron en la orilla de la Tróade en que una criada de Hécuba (o la propia Hécuba) cogía agua para rendir honores fúnebres a Políxena, sacrificada sobre la tumba de Aquiles. Hécuba reconoció a su hijo y obtuvo de Agamenón permiso para darle sepultura al lado de Políxena. Sobre la historia de la venganza de Hécuba contra Polimestor, ver, Hécuba. En la tradición seguida por Virgilio, Polimestor sepultó a Polidoro en la costa de Tracia. Cuando Eneas abordó en este país y cortó ramillas de los árboles que crecían sobre su tumba, para adornar con ellas el altar en el que sacrificaba, de las ramas salieron gotas de sangre. Entonces se dejó oír una voz, que le reveló que se encontraba en el lugar de la sepultura de Polidoro, y que estos árboles habían nacido de las jabalinas que le habían herido. Contóle también cómo Polimestor había asesinado al niño cuya custodia se le había confiado, para quedarse con su oro. La voz le aconsejó que abandonase el proyecto que había formado de fundar una ciudad en este lugar maldito. Eneas rindió entonces honras fúnebres al niño asesinado y abandonó el país. Otra tradición contaba que Polimestor había entregado el niño a Áyax, hijo de Telamón, que había saqueado su reino. Áyax y los griegos querían servirse del niño como rehén y cambiarlo por Helena, pero los troyanos rehusaron la proposición. Entonces Polidoro fue lapidado frente a las murallas de la ciudad, y su cadáver, entregado a Hécuba. Finalmente, los trágicos habían imaginado que Polidoro no había sido muerto por Polimestor, sino que éste, por equivocación, había inmolado en su lugar a su propio hijo Deípilo. Más tarde, Polidoro se vengó del rey perjuro (Ver, Deípilo).