Anfiarao es el hijo de Oícles y de Hipermestra. Sus hijos eran Alcmeón y Anfíloco, a los cuales añaden otras tradiciones tres héroes pertenecientes a las leyendas italianas: Tiburto, Coras y Catilo, fundadores de la ciudad de Tíbur, en las cercanías de Roma (hoy Tívoli). Anfiarao era un adivino, protegido por Zeus y Apolo. Al propio tiempo era un jefe guerrero renombrado por su honradez y su bravura, no menos que por su piedad. Cuando las disensiones que señalaron el principio de su reinado, en Argos, Anfiarao mató al padre de Adrasto, Tálao, y expulsó a su hijo (Ver, Adrasto). Posteriormente, los dos primos se reconciliaron. Pero mientras Anfiarao era sincero en sus sentimientos, Adrasto siguió guardándole rencor. Adrasto le dio en matrimonio a su hermana Erifila, estipulando que ambos habrían de someterse al arbitraje de la joven en caso de que ulteriormente se produjesen querellas. Esta convención había de determinar la muerte de Anfiarao. En efecto, habiendo prometido Adrasto a Polinices volver a sentarlo en el trono de Tebas, pidió a su cuñado Anfiarao que participase en la campaña que preparaba contra la ciudad. Anfiarao, conocedor, gracias a su don profético, del adverso resultado de esta guerra, trató de disuadirlo de su propósito. Pero Polinices, aconsejado por Ifis, ofreció a Erifila el collar de Harmonía (Ver, Cadmo). Sobornada por el regalo, Erifila, elegida como árbitro entre Adrasto y Anfiarao, decidió el pleito en favor de la guerra, y su esposo, atado por su promesa, hubo de marchar contra Tebas muy a pesar suyo. Antes de partir hizo jurar a sus dos hijos que lo vengarían más tarde, matando a su madre y organizando contra Tebas una segunda expedición, que había de alcanzar la victoria (Ver Alcmeón; es la llamada expedición "de los Epígonos"). En marcha hacia Tebas les aguardaba una primera aventura. A su paso por Nemea, los héroes, sedientos, pidieron a Hipsípila, la esclava encargada de la custodia de Ofeltes, hijo del rey del país, que les indicase una fuente donde apagar la sed. Para satisfacerlos, Hipsípila dejó por un momento al niño, que un oráculo había ordenado no depositar nunca en el suelo antes de que pudiese andar. Dejólo junto a la fuente, y la serpiente que la guardaba, precipitándose sobre la criatura, la ahogó. Anfiarao les reveló el funesto significado de aquel presagio: la expedición sería desastrosa, y los jefes morirían; pero no por ello los héroes se detuvieron en su ruta, después de instituir unos juegos en honor de Ofeltes, a quien llamaron Arquémoro, "el comienzo del Destino". Ellos mismos participaron en las competiciones, que fueron más tarde los Juegos de Nemea, y Anfiarao ganó los premios de salto y disco. Con sus hábiles razonamientos y su prudencia consiguió también el perdón de Hipsípila de parte de los padres de Ofeltes (Ver, Hipsípila). Luego, los "Siete" llegaron a Tebas. En Tebas, en los combates desarrollados frente a las siete puertas de la ciudad, Anfiarao desempeñó un importante papel. Habiendo caído Tideo, uno de los "Siete", herido en el vientre por Melanipo, Anfiarao dio muerte a éste, cortóle la cabeza y llevó la ensangrentada testa a Tideo, quien la abrió y se comió los sesos. Atenea, que había pensado conceder la inmortalidad al héroe, se horrorizó tanto ante aquel acto de canibalismo, que renunció a su intención. En la derrota que puso fin a la campaña, Anfiarao huyó hasta el borde del Ismeno, donde, en el momento en que iba a ser alcanzado por Periclímeno, Zeus abrió la tierra ante él de un trueno fragoroso e hizo que ésta se lo tragara, con sus caballos, carro y auriga. En tiempos de Pausanias se enseñaba aún el lugar en el que había desaparecido el héroe. Zeus le concedió la inmortalidad, y Anfiarao siguió formulando sus oráculos en Oropo (Ática). Apolodoro es el único que enumera a Anfiarao entre los Argonautas. Creían los antiguos que Anfiarao había vuelto de los Infiernos, y aún señalaban el lugar de su resurrección. Después de su muerte fue colocado en el número de los dioses. Pausanias dice también que era honrado como una divinidad y que los oropianos, pueblo de Ática, le edificaron un templo cuyos oráculos llegaron a ser famosos. Además de este templo tenía otro en Argos y otro en Ática cerca de una fuente que se consideraba sagrada, porque creían que Anfiarao, después de su apoteosis, salió por ella de debajo tierra. Tan sólo a los enfermos y a los que querían consultar el oráculo les era permitido bañarse en sus aguas; y después de haber tomado el baño tiraban una moneda de oro o de plata dentro de la fuente. Los que iban a consultarle debían antes purificarse, absteniéndose de todo alimento por espacio de veinticuatro horas y del vino por tres días consecutivos; luego inmolaban un carnero, extendían la piel en tierra y se acostaban en ella, aguardando que el dios en sueños les instruiría de lo que deseaban saber. Plutarco cuenta que Mardonio, jefe del ejército de los persas en Grecia, le hizo consultar por uno de sus esclavos, quien habiéndose quedado dormido vio en sueños a un sacerdote del templo que le rechazaba y le arrojaba piedras sobre la cabeza. El oráculo se cumplió, pues Mardonio murió de una pedrada en la cabeza. Le atribuyen también varias profecías escritas en verso. Pausanias dice solamente que Anfiarao sobresalía en el arte de interpretar los sueños; que no contestaba más que por sueños, y que los que iban aconsultarle empezaban por purificarse, y luego sacrificaban no tan sólo en honor de Anfiarao, sino también de todas las divinidades que se honraban en su templo.