A diferencia de los emporios arcaicos griegos de Meótide, que hasta hoy siguen siendo anónimos, Tanais se reconoce en la ciencia arqueológica por su propio topónimo gracias a la epigrafía y también a la información de Estrabón, Plinio y Ptolomeo. Fundada en los inicios del siglo V a.C., la colonia continuó desarrollando su vida apenas interrumpida hasta el siglo V y, a pesar de la amenaza constante de los bárbaros, resultó ser mucho más afortunada que sus antecesoras. El mejor testimonio de esta afirmación es su pertenencia al estatuto de polis kai emporion, totalmente independiente del Reino Unido Bosforeño. Tal vez y precisamente gracias a este hecho, entró en la historia del mundo colonial griego con su propio nombre. La arqueología de Tanais, que sirve de fuente principal para el estudio de su historía y cultura, es muy rica. El abundante material arqueológico y una gran cantidad de inscripciones permiten reconstruir con cierta exactitud la vida de Tanais a lo largo de tres períodos de su historia: griega, romana y bárbara. Surge como una gran fortaleza griega de planta rectangular, erguida en una terraza alta. Ocupaba un espacio de aproximadamente 225x240 m, y estaba cercada por murallas de piedra poco desbastada y cimentadas con barro. Las paredes de los muros fueron recubiertas de piedras de gran tamaño por su parte interior y exterior. De gran interés es la parte suroccidental de las fortificaciones, cuya torre estaba construida de piedra labrada a la manera helenística. Poco tiempo después de aparecer la fortaleza griega, y fuera de su muralla occidental, nace un pequeño poblado indígena rodeado por su propia muralla. Sus casas estaban construidas de piedra poco labrada y las calles eran de poca anchura, con callejones curvos. Los habitantes del poblado se dedicaban a la agricultura y la ganadería, practicaban la pesca y mediaban en el intercambio comercial de sus vecinos nómadas con los griegos. Es muy probable que económicamente dependieran de la Tanais griega, viéndose obligados a suministrar cereales a sus habitantes, porque de momento no tenemos ningún testimonio, ni del reparto de la tierra por los colonos de Tanais, ni de la existencia de la chora en los confines cercanos de esta polis. Por otro lado, los restos de la elaboración de trigo en la misma ciudad son muy numerosos, hallándose en varias casas de su parte occidental. Son hornos de cocer pan, muelas estacionarias, piedras molares, etc. Hay que destacar que la mayor concentración de los hallazgos de este tipo se registra en el sector adyacente a la puerta que unía ambas aglomeraciones étnicas. Tal vez se trata de un barrio de horneros, que cocían pan para la venta a base del trigo que compraban a sus vecinos indígenas. El urbanismo de la Tanais arcaica se caracteriza también por la existencia de otros barrios industriales como, por ejemplo, el de los metalúrgicos y el de los vidrieros. Sin embargo, los rasgos más significativos del funcionamiento de este centro como ciudad estatutaria son su ágora y su témenos. El ágora se hallaba en la parte meridional de la polis helenística. Era una plaza de 20x35 m de empedrado, rodeada por varios edificios y con dos accesos. La entrada meridional formaba una construcción maciza de 10x10 m, dotada de propileos y de una escalera de tres grandes peldaños. A unos tres metros hacia el occidente de la entrada meridional se hallaba un gran edificio de planta rectangular (6 x 16 m), orientado por el eje Norte-Sur y con un empedrado que lo unía con la entrada meridional del ágora. Apenas se puede dudar de que este edificio hubiera pertenecido a la categoría de construcciones públicas del ágora tanaita. Esta conclusión se confirma también por la existencia de un gran pozo que fue descubierto justo delante de la puerta sur del ágora. Era de 1,20 m de profundidad y de 0,60 m de diámetro superior, y estaba cubierto de losas calcáreas, bajo las cuales había una cavidad hacia donde escurría el légamo y el fango en las épocas de lluvia. Desde la entrada meridional comenzaba la calle principal de la ciudad, que era de unos 4 m de anchura, cruzaba las calles longitudinales y contaba con una parte transitable, bien empedrada, y a los lados una acera para peatones de 1 m de ancho. Las casas del núcleo griego de Tanais estaban enlosadas de caliza y contaban con tres o cuatro habitaciones con puertas hacia el patio. Este, en la mayoría de los casos, estaba bien empedrado y disponía de una cisterna para la captación del agua potable. Las casas de mayor tamaño estaban cubiertas de tejas -a diferencia del resto, que era de paja- y tenían pavimento de tierra apisonada. Sin embargo, la característica princípal de la arquitectura doméstica de Tanais es la existencia de un auténtico sistema de sótanos y fosas tallados en la roca, con el suelo cubierto de grandes losas calcáreas que probablemente servían de mejor defensa contra la humedad invernal. El sótano típico era de unos 5x3'5x2 m de dimensión y tenía escalera que daba al patio. En la mayoría de los sótanos había ánforas con distinta mercancía -trigo, vino, aceite, nafta-, certificada por las inscripciones correspondientes. En los sótanos de las casas más ricas se guardaban a veces hasta unas 200 ánforas del Bósforo Cimmerio, Chersonesos Táurico, Cólchide, etc., agrupadas según el centro suministrador. Los vasos eran grandes, de unos 50-80 litros de capacidad, y casi siempre se han hallado cubiertos de tapas y con restos de su contenido. Todas estas características hablan a favor de que los propietarios de este tipo de viviendas eran comerciantes que guardaban en sus sótanos distinta mercancía y participaban en su redistribución. Es evidente que preferían tener relaciones estables con sus socios-suministradores. Es lamentable que de momento falten vestigios de la arquitectura portuaria de Tanais, aunque gracias a Estrabón, a la epigrafía helenística y al sondeo arqueológico del siglo XIX, es sabido que esta polis tenía su propio emporio y puerto, que se localizaban fuera de la muralla meridional. Como consecuencia de ciertos cambios geomorfológicos, su terreno fue reutilizado varias veces por nuevas poblaciones y habrá que esperar cualquier momento oportuno para poder realizar excavaciones arqueológicas detalladas de este sector preurbano. De momento sólo se ha descubierto la entrada meridional de Tanais, que seguramente conectaba su ágora con el puerto, y sabemos también que la necrópolis tanaita, grande y bien excavada, jamás ocupaba los límites meridionales de la ciudad. El témenos de Tanais estaba, probablemente, entre el sector occidental del núcleo doméstico urbano y el ágora. Precisamente allí se localiza el edificio más grande de la Tanais helenística, con una plazuela bien empedrada, dispuesta delante de su fachada y con cisterna de unos 8 m de profundidad. Del mismo sector urbano proceden varios altares y la mayor parte de las inscripciones de carácter religioso con las que, de momento, cuenta la epigrafía tanaita helenística. Es sabido que los habitantes de Tanais, igual que sus antecesores del Bósforo Cimmerio y Asia Menor, rendían culto al Dios Superior y a su pareja divina, cuya encarnación esencial se llamaba Afrodita Urania Apatura. Los tanaitas creían que estos dioses les protegían en todas las esferas de su vida cotidiana y, por este motivo, les dedicaban altares, relieves e inscripciones. Los altares públicos eran normalmente de caliza, y los domésticos de terracota. No suelen ser grandes y tienen forma de cubo. Se cuenta ya con más de cien ejemplares pertenecientes a varias épocas de la antigua Tanais. El primer altar de mármol fue hallado in situ en el año 1995. Su estado es deplorable, ya que está roto en varios fragmentos grandes deteriorados por el fuego. Tal vez fuese derribado durante una de las destrucciones que había sufrido Tanais a lo largo de su vida. Representa un paralelepípedo trapezoidal de 0,80 m de altura. Su planta inferior está provista de un pedestal; el borde de la parte superior tiene una desviación hacia el exterior de unos 300 aproximadamente. Las superficies del borde están decoradas con un estriado horizontal. En el centro de la parte superior hay una cavidad en forma de kálathos, que se utilizaba como quemaperfumes. La parte oeste del altar está decorada con una pequeña cabeza femenina en alto relieve, y la del este tiene una gran cabeza de buey (bucráneo). La cabeza femenina está en un buen estado de conservación, aunque no así la otra parte del altar. La cara femenina está bien realizada. Es redondeada al estilo minorasiático, y las sienes y los carrillos se caracterizan por su suavidad y ternura. Los ojos, muy profundos, reflejan un aspecto más de la influencia minorasiática y, aunque no tienen pupilas, parecen ser muy oscuros están algo entreabiertos, y representan uno de los rasgos principales de la iconografía divina bosforeña de la segunda mitad del siglo II. La pequeña nariz, algo chata, es característica de las representaciones de las mujeres minorasiáticas de la época helenística tardía. Los labios con una expresión caprichosa y el óvalo de su cara reflejan una ternura eterna. Toda la deliciosa imaginería de la deidad se relaciona plenamente con la iconografía de la Afrodita Urania y de su misión divina de proteger la fecundidad de la tierra y de todo lo esencial de la misma. Es posible que se trate de la Afrodita Urania Apatura Soteira, es decir, de la protectora principal de los griegos del Bósforo Cimmerio en su lucha contra los bárbaros. Hay que recordar que uno de los mitos más conocidos de esta región trata de una de las hazañas de Heracles, emprendida en ayuda de la Afrodita bosforeña en su lucha contra los gigantes indígenas. Las características iconográficas, al igual que las interpretaciones semiológicas, hacen suponer que la Afrodita tanaita y su culto fueron aportados a aquella región por los griegos minorasiáticos y los del Bósforo Cimmerio. Sin embargo, la deidad principal de Tanais se relaciona con el bucráneo del altar, como su encarnación divina. Su zoomorfismo y anonimato son características básicas del Dios Superior de origen minorasiático, siempre relacionado con la potencia todopoderosa del Sol-dueño del cosmos, demiurgo del cielo y de la tierra, donador de todos los bienes y protector de la Humanidad. Su pareja divina, Afrodita Urania, cumplía en Tanais una misión más concreta, la de proteger a los habitantes de esta polis de todos los infortunios de su destino siempre tenso, ya que se trataba de su vida en una de las zonas de supremo peligro. Una de las páginas más trágicas de la historia de Tanais se relaciona con el año 8 d.C., cuando la polis se vio obligada a defender su independencia rechazando un fuerte ataque del rey bosforeño Polemón. La ciudad fue destruida y reducida a cenizas en su núcleo central. Sin embargo, gracias a la arqueología actual sabemos que en poco tiempo la vida de Tanais renació, alcanzó el nivel de las épocas anteriores y hasta lo excedió en varios aspectos. El urbanismo de esta polis de los siglos I-III d.C., renovado a la manera romana, sirve como espejo de su renacimiento. El lugar de Tanais está a unos 30 km al oeste de la moderna Rostov. Ver, Elisavétovka (Rusia).