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Palabra   |   Descripción

Tarpeya

Tarpeya es una heroína romana, epónima del Capitolio (Mons Tarpeius) o, de modo más particular, de la roca "tarpeya" desde la cual se precipitaba a ciertos criminales. La forma usual de su leyenda es la siguiente: Tarpeya era hija de Espurio Tarpeyo, a quien Rómulo, durante la guerra que siguió al rapto de las sabinas, había confiado la custodia del Capitolio. Pero, hallándose el rey sabino Tacio acampado con su ejército al pie del Capitolio, en el lugar del futuro Comicio, Tarpeya vio al héroe y se enamoró de él. Gracias a la complicidad de una criada (o de su nodriza), prometió a Tacio entregarle la ciudadela si accedía a casarse con ella. Tacio aceptó, y Tarpeya lo introdujo en el Capitolio, con sus soldados. Pero, en vez de cumplir su promesa, Tacio mandó aplastar a la joven bajo el peso de los escudos de sus hombres, y Tarpeya murió de este modo sin percibir el precio de su traición. Otra versión afirmaba que había pedido a Tacio, en pago, "lo que sus soldados y el propio Tacio llevaban en el brazo izquierdo", es decir, ricas joyas de oro. Pero Tacio simuló entender que quería los escudos y la hizo matar de la manera ya dicha. También se decía que los sabinos habían dado muerte a la joven para que no pareciera que debían su victoria a su traición. Los mitógrafos romanos han tratado de absolver a Tarpeya, a la cual se tributaba un culto local en el Capitolio. Se contaba, por ejemplo, que era hija de Tacio y que había sido raptada por Rómulo. Su traición habría sido su venganza contra su raptor. Pero en este caso no se comprende por qué los sabinos la habrían sacrificado. Otra versión explicaba su suplicio por su obstinación en no revelar a Tacio los proyectos bélicos de Rómulo. Asimismo, se decía que Tarpeya había ideado una estratagema para entregar a los sabinos a merced de los romanos. Había simulado traicionar a Rómulo, y había pedido como precio de sus servicios lo que los sabinos llevaban en el brazo izquierdo. Ella entendía los escudos, y esperaba que los sabinos, una vez en la ciudadela y privados de su principal defensa, serían fácilmente aniquilados por los romanos. Por desgracia, el emisario de quien se servía para estas negociaciones le hizo traición. Tacio supo a tiempo el peligro que corría, y cuando Tarpeya le reclamó sus escudos, la mandó aplastar bajo las armas, Una versión de la leyenda situaba la aventura en la época de la invasión gala.

Tarpeyo

Suele darse a veces este nombre a Júpiter, en razón del templo que tenía en el monte Tarpeyo, después llamado Capitolio. Ver, Juegos Tarpeyos.

Tárpides

Uno de los epítetos de Vulcano.

Tarquecio

La leyenda de Tarquecio es una variante del nacimiento de Rómulo y Remo. Tarquecio era un rey de Alba, en cuya casa apareció una vez un falo que salía del suelo. Tarquecio preguntó a la diosa Tetis qué debía hacer. El oráculo respondió que una doncella debía unirse a este falo, y que el hijo que naciese de esta unión tendría una vida gloriosa. Tarquecio llamó a una de sus hijas y le mandó cumplir las condiciones fijadas por la diosa. La joven, por pudor, se hizo sustituir por una criada. Tarquecio. al saberlo, quiso dar muerte a las dos jóvenes, pero la diosa Vesta, se le apareció en sueños y lo disuadió de tal propósito. Para castigarlas, Tarquecio ató a las dos culpables a un taburete de hilandera y les prometió liberarlas y casarlas cuando hubiesen dado fin a determinado trabajo. Ellas trabajaban durante el día. mas por la noche, mientras dormían, otras sirvientas, enviadas por Tarquecio, deshacían su labor. Finalmente, la criada que se había unido al falo milagroso dio a luz dos gemelos. Tarquecio pensaba matarlos, pero su madre los confió a un tal Teracio, el cual los abandonó en la orilla del río. Allí, una loba los amamantó y les salvó la vida. Más tarde destronaron y mataron a Tarquecio.

Tarquinia

Tarquinii (ciudad de Italia situada cerca de la costa, a unos 80 kilómetros al noroeste de Roma. Sobre una colina dominante a la izquierda del curso inferior ….).

Tarquinia

Vestal. Ver, Isla Tiberina.

Tarquinii

o Tarkunia o Tarquinia. Ciudad de Italia situada cerca de la costa, a unos 80 kilómetros al noroeste de Roma. Sobre una colina dominante a la izquierda del curso inferior del río Marta, cerca de la Vía Aurelia. Comenzó siendo un asentamiento vilanoviano y se convirtió en una importante ciudad de la Etruria meridional en los siglos VII y VI a.C.. Se dice que ya era una ciudad floreciente cuando Demarato de Corinto llevó allí a sus trabajadores griegos. Era la ciudad principal de Etruria, y aparece en la temprana historia de Roma como el hogar de dos de sus reyes, Tarquinio Prisco y Tarquinio el Soberbio. Se dice que de ella derivaron muchos ritos y ceremonias de la antigua Roma, e incluso en la época imperial un collegium de sesenta arúspices siguió existiendo allí. Las gentes de Tarquinii y Veyes intentaron restaurar a Tarquino el Soberbio en el trono después de su expulsión. En el año 358 a.C. los ciudadanos de Tarquinii capturaron y mataron a 307 soldados romanos; la guerra resultante acabó en 351 con una tregua de cuarenta años, renovada por un período similar en 308. Se desconoce cuándo cayó Tarquinii bajo dominio romano, y cuándo se convirtió en un municipio. En 181 a.C. su puerto, Graviscae, actualmente Porto Clementino, en una insalubre posición en la costa baja, se convirtió en colonia romana. Exportaba vino y explotaba pesquerías de coral. No se tienen muchas noticias de ella en época romana. Los autores clásicos mencionan el lino y los bosques de su extenso territorio, y encontramos con que Tarquinio ofreció proporcionar a Escipión, loneta para velas en el año 195 a.C.. Es famosa en la actualidad sobre todo por su cementerio ampliamente excavado que muestra tumbas de cámara pintadas fechadas entre los siglos VI y I a.C.. Un obispo de Tarquinia es mencionado en 456. Habitantes, tarquinienses. Hoy, Civita di Tarquinia, anteriormente Corneto, provincia de Viterbo, región de Lazio, Italia.

Tarquinio Prisco

Demarates ((656-578 a.C.). Príncipe etrusco de origen griego. Llamado más tarde Lucio Tarquinio Prisco (Lucius Tarquinius Priscus) o ….).

Tarquinius

Tarquino.

Tarquino

(siglo VI a.C.). Hijo de Tarquino el Soberbio. Su ultraje a Lucrecia provocó la caída de la Monarquía en Roma. Murió en la batalla del lago Regilo (496 a.C.), peleando contra los romanos.

Tarquino Colatino

Lucio (siglo VI a.C.). Cónsul al comienzo de la República. Colega (509 a.C.) de L. Junio Bruto, el liberador de Roma, con quien derribó a Tarquino el Soberbio. Se retiró voluntariamente al destierro en Lavinium, ya que su nombre y persona podían ser una amenaza para la libertad romana.

Tarquino el Antiguo

Demarates ((656-578 a.C.). Príncipe etrusco de origen griego. Llamado más tarde Lucio Tarquinio Prisco (Lucius Tarquinius Priscus) o ….).

Tarquino el Mayor

Demarates ((656-578 a.C.). Príncipe etrusco de origen griego. Llamado más tarde Lucio Tarquinio Prisco (Lucius Tarquinius Priscus) o ….).

Tarquino el Soberbio

Lucio (siglo VI a.C.) o Tarquino II. Séptimo y último rey de Roma, llamado el Soberbio, hijo o nieto de Tarquino Prisco. Subió al trono en 534 a.C., asesinando a Servio Tulio, su antecesor, padre de su mujer Tulia. Después de aquella usurpación, ya no pudo dominar sino por el terror. Exterminó a la mayor parte de los senadores, y gobernó despóticamente sin contar con el Senado ni el pueblo. Emprendió guerras con los extranjeros y conquistó muchas ciudades; embelleció Roma, concluyendo las cloacas, y edificando en el Capitolio el templo donde luego iban a ofrecer sus despojos los triunfadores. Se hallaba sitiando Ardea, cuando la violencia ejercida contra Lucrecia por su hijo Sexto Tarquino, sublevó al pueblo de Roma, que con Bruto y Tarquino Colatino a la cabeza, pronunció la abolición de la monarquía. Entonces se vio obligado a expatriarse, y a pesar de las diferentes tentativas que hizo para recobrar su trono, en la primera de las cuales pereció su hijo Sexto, no pudo conseguirlo, y fue a morir a Cumas miserable y olvidado. Con él termina el período histórico de la monarquía y la dominación etrusca de Roma, comenzando la República, aunque, según las últimas tendencias, se supone que no fue un período determinado, sino tal vez un proceso paulatino. Ver, Lucrecia.

Tarquino el Viejo

Demarates ((656-578 a.C.). Príncipe etrusco de origen griego. Llamado más tarde Lucio Tarquinio Prisco (Lucius Tarquinius Priscus) o ….).

Tarquino I

Demarates ((656-578 a.C.). Príncipe etrusco de origen griego. Llamado más tarde Lucio Tarquinio Prisco (Lucius Tarquinius Priscus) o ….).

Tarquino II

Tarquino el Soberbio ((siglo VI a.C.) o Tarquino II. Séptimo y último rey de Roma, llamado el Soberbio, hijo o nieto de Tarquino Prisco. Subió al trono en 534 a.C., asesinando a ….).

Tarquino Prisco

Demarates ((656-578 a.C.). Príncipe etrusco de origen griego. Llamado más tarde Lucio Tarquinio Prisco (Lucius Tarquinius Priscus) o ….).

Tárquito

o Tarquitus. Hijo de Fauno y de la ninfa Dríope, muerto a manos de Eneas.

Tarquitus

Tárquito (hijo de Fauno y de la ninfa Dríope, muerto a manos de Eneas).

Tarra

o Tarrha. Ciudad en la costa suroeste de la isla de Creta, cerca de la garganta de Samaria. Se estableció probablemente en el período clásico y fue un centro religioso dorio muy importante. La ciudad floreció en el período greco-romano. Tarra aparece frecuentemente citada en las fuentes antiguas. Aunque era un pequeño pueblo, acuñó su propia moneda. Las encontradas en el área tienen la cabeza de una cabra salvaje cretense por un lado y una abeja, por el otro, imágenes directamente relacionadas con la fauna local y las ocupaciones habituales. Las monedas pertenecen a los siglos III-II a.C., cuando Tarra se convirtió en miembro de la República de los cretenses. Tarra fue miembro del koinón de Orión, junto con las ciudades vecinas. Fue independiente y autónoma del 277-67 a.C.. Hizo alianza con Eumenes II de Pérgamo ca.183-159 a.C.. Al igual que otras ciudades de la isla, fue conquistada por los romanos en el 67 a.C.. En Tarra, hubo talleres de vidrio. La ciudad fundó una colonia del mismo nombre en el Cáucaso. También se cree que Tarra, en el sur de Italia, fue otra de sus colonias. Una estela de piedra con un hacha tallada e inscripciones encontrada en la zona, demuestra la supervivencia de la religión minoica en tiempos históricos. Apolo Tarraeus o Tarraios fue adorado en Tarra. Hoy, Agia Roumeli, entre Hora Sfakion y Paleochora, prefectura de Chania. )o( MITOLOGÍA.- Según el mito, Apolo y Artemisa buscaron refugio en Tarra después de la muerte de Python en Delfos.

Tarraca

Localidad de la Hispania romana. Hoy, Los Bañales, municipio de Uncastillo, cerca de Layana, provincia de Zaragoza, comunidad autónoma de Aragón, España. Ver, Los Bañales.

Tarracina

o Terracina. Ciudad romana del Lacio, arrebatada a los volscos, situada a orillas del mar Tirreno. Se hallaba sobre un asentamiento de rocas calcáreas, entre la llanura pontina y el mar, dominando la vía Appia y a unos 120 km de Roma. Su valor estratégico era muy notable. La ciudad se llamaba Anxur pero fue conquistada por los romanos en el siglo IV a.C. dándole el nombre de Tarracina. En un tratado entre Roma y Cartago en 509 a.C., aparece bajo la dependencia de Roma junto con Circeii y Antium, pero luego volvió a los volscos y permaneció en su poder hasta el 406, cuando vuelve a ser mencionada de nuevo con motivo del ataque de Fabio Ambusto, que la tomó por asalto. En 402 los volscos la recuperaron por una negligencia de la guarnición romana. En 400 fue asediada y se rindió. Un ataque de los volscos a la ciudad el 397 fue rechazado. Hacia el 330, con la conquista romana de Privernum, se pudo establecer una colonia romana, que se fundó en 329 a.C.. Los habitantes de Tarracina pidieron exención del servicio militar en la Segunda Guerra Púnica y del servicio naval más tarde, a los que hubiera tenido derecho como colonia latina, pero no era considerada como tal, a pesar de estar en el Lacio. La ciudad era el lugar donde la vía Appia llegaba al mar y era considerada como una colonia marítima. Continuó siendo una ciudad importante durante la República. En la guerra civil entre César y Pompeyo fue ocupada por este último con tres cohortes dirigidas por el pretor Rutilio Lupus, pero salieron cuando Pompeyo se retiró a Brundisium. Durante el Imperio, en la guerra civil entre Vespasiano y Vitelio, fue ocupada por el primero pero fue arrebatada por el segundo. En aquella época los romanos ricos construyeron villas como segunda residencia. El emperador Domiciano tuvo una villa, y otra Galba, que nació en en ella y que estaba situada en el camino de Fundi. Fue una fortaleza importante durante las guerras con los ostrogodos. Quedan como restos, un recinto (Sila), termas y anfiteatro. Hoy, Terracina, provincia Latina, región del Lazio, Italia.

Tarraco

Durante el Imperio romano fue una de las principales ciudades de Hispania y capital de la provincia romana Hispania Citerior o Hispania Tarraconensis. El nombre completo de la ciudad era Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco. El término municipal era poblado en tiempos prerromanos por iberos que tuvieron contacto comercial con los griegos y fenicios que se establecieron en la costa. Las colonias ibéricas estaban presentes particularmente en el valle del Ebro. En el término municipal de Tarragona hay hallazgos de colonias desde el siglo V a.C.. Las fuentes que se refieren a la presencia de iberos en Tarraco son ambiguas. Tito Livio menciona un oppidum parvum (colonia pequeña) de nombre Cissis, Polibio nombra una polis llamada Kesse. Poco después de la llegada de Cneo Cornelio Escipión Calvo a Ampurias (Emporion) en 218 a.C. en la segunda guerra púnica, Tarraco es mencionada por primera vez. Tito Livio escribe que los romanos conquistaron un campo de abastecimiento púnico para las tropas de Aníbal cerca de Cissis y que tomaron la ciudad. Poco tiempo más tarde los romanos fueron atacados "no lejos de Tarraco", pero permanece impreciso si Cissis y Tarraco eran la misma ciudad. Una moneda encontrada en Ampurias lleva la inscripción Tarakon-salir (salir, significa probablemente plata). Esta moneda, grabada siguiendo modelos de Ampurias en un lugar desconocido, es fechada en general en 250 a.C., en todo caso antes de la llegada de los romanos. El nombre Kesse aparece en monedas del origen ibérico del siglo II y I a. C.. y fueron marcadas siguiendo normas de peso romanas. Kesse debe ser equiparado con Cissis, el lugar de origen de los cissetanos mencionados por Plinio. En el año de 217 a.C. llegaron las fuerzas romanas a cargo de Publio Cornelio Escipión el Africano a Tarraco. Fue el alojamiento de invierno entre los años 211 y 210, y allí reunía Publio Cornelio a las tribus de Hispania en conventus. La población fue mayormente leal a los romanos durante la guerra. Livio les llamó aliados y amigos del pueblo romano (socii et amici populi Romani) y los pescadores de Tarraco (piscatores tarraconenses) sirvieron con sus barcas durante el sitio de Cartago Nova. La historia romana má temprana de Tarragona estuvo ligada a los Escipión, como ya expresó Plinio el Viejo: Tarraco Scipionum opus, Tarraco fue obra de los Escipión como Cartago lo fue de los Punos. La conquista de la península Ibérica por los romanos duró más de 200 años. Durante los siguientes siglos Tarraco constituye una base de abastecimiento y residencia de inviemo/verano durante las guerras contra los celtíberos, igual que ocurrió durante la segunda guerra púnica. Por eso se supone una presencia militar en este período, posiblemente en el área más alta del actual casco antiguo. En 197 a.C., las regiones conquistadas, todavía estrechas bandas a lo largo de la costa de España, estaban repartidas entre las nuevas provincias de Hispania Citerior e Hispania Ulterior. La capital de Hispania Citerior era principalmente Cartago Nova. Sin embargo Estrabón dice que los gobernadores residían no sólo en Cartago Nova sino también en Tarraco. No queda del todo claro el estatus legal de Tarraco. Estaba probablemente organizada como conventus civium romanorum (convento = reunión de ciudadanos romanos de la provincia) durante la República, con dos magistri (directores civiles) en cabeza. Cayo Porcio Catón, cónsul del año 114 a.C., eligió Tarraco como lugar de su destierro en el año 108. Lo cual indica que Tarraco era una ciudad libre o tal vez aliada en aquel momento. De finales del siglo II a. C. data también la construcción del anfiteatro en las afueras de la ciudad. Según Estrabón uno de los últimos combates había tenido lugar no lejos de Tarraco. Cuando Julio César batía a los partidarios de Cneo Pompeyo Magno en 49 a.C. en Ilerda (Lérida), Tarraco apoyó su ejército con alimentos. No está del todo claro si Tarraco recibió el estatus de colonia por parte de César o de Augusto, aunque la investigación actual suele asumir que fue el primero quien otorgó ese estatus después de su victoria en Munda. En el año de 27 a.C. el emperador romano Augusto se dirigió a Hispania para vigilar las campañas en Cantabria. Sin embargo debido a su salud débil prefirió quedarse en Tarraco. Al parecer, Augusto hizo construir un altar en la ciudad, y una anécdota del retórico Quintiliano menciona que los habitantes de Tarraco se quejaron a Augusto de que una palmera había crecido en el altar, respondiendo él que eso significaría que no era usado muy a menudo. Poco después convirtió la vieja Vía Hercúlea en la Vía Augusta. Un mojón, encontrado en Plaza de Toros, menciona esa carretera entre 12 y 6 a.C., que llevaba a Barcino por el nordeste y a Dertosa, Saguntum y Valentia por el sur. Durante la presencia de Augusto, las provincias españolas fueron organizadas de nuevo. La Hispania Ulterior fue repartida en las nuevas provincias de Bética y Lusitania. Tarraco pasó a ser la capital de Hispania Citerior, también conocida como Hispania Tarraconensis. La ciudad floreció bajo Augusto. El escritor Pomponio Mela la describe en el siglo I de la siguiente manera: "Tarraco es el puerto más rico en esta costa" (Tarraco urbs est en his oris maritimarum opulentissima). Tarraco acuñó bajo Augusto y Tiberio monedas propias con representaciones del culto imperial y la inscripción CVT, CVTT o CVTTAR. Después de la muerte de Augusto en el año 14, el emperador fue deificado oficialmente, y en el 15 se erigió un templo que lo bendecía, probablemente en el barrio oriental o en la cercanía del foro de la colonia, como menciona Tácito en sus Anales. En el año 68, Galba, que residió ocho años en Tarraco, fue proclamado emperador en Clunia. Bajo Vespasiano comenzó una reorganización de las precarias finanzas del estado. Según Plinio, esto permitió conceder la ciudadanía latina a los habitantes de Hispania. El territorio español, que desde la antigüedad consistía en zonas urbanas y un territorio dividido según la organización tribal, se transformó en áreas que se organizaron alrededor de los centros urbanos, sea en colonias o en municipios, facilitando la recaudación de impuestos. Un rápido incremento de la construcción pudo ser causa de la reorganización de la provincia. Durante este período fueron probablemente construidos el anfiteatro, el área del templo y el foro provincial en la parte superior de la ciudad. Entre 70 y 180, la mayoría de las estatuas fueron colocadas en esos lugares. Bajo el emperador Trajano fue nombrado patrón de la ciudad el senador Lucio Licinio Sura. Sura provenía de la Tarraconensis y alcanzó los más altos cargos del Estado. Probablemente, en el invierno de 122-123 Adriano visitó la ciudad y celebró en ella un conventus para Hispania. Además, se reconstruyó el templo de Augusto. Con el final del siglo II comenzaron en Tarraco claras dificultades económicas. Se construyeron pocas estatuas en honor de la ciudad, probablemente debido a la falta de financiación. Este período vio también la derrota de la lucha contra el emperador Clodio Albino, entre cuyos partidarios estuvo el gobernador de la Tarraconensis, Novio Lucio Rufo. Desaparecen las inscripciones dedicadas a las Provinciae Concilium y aparecen cada vez más inscripciones dedicadas al personal militar. En adelante hubo menos comerciantes influyentes en el ordo decurionum (administration civil) y más patroni (grandes terratenientes y altos funcionarios públicos). Severo reconstruyó el templo de Augusto en el anfiteatro, como demuestra una inscripción del fondo. En el año 259 fueron ejecutados en el anfiteatro de Tarraco el obispo Fructuoso y sus dos diáconos Augurio y Eulogio, en el marco de la persecución del cristianismo por el Imperio romano. Tras las reformas de la administración imperial de Diocleciano, la península sera una diócesis dividida en seis provincias que eran mucho más pequeñas que anteriormente. Tarraco siguió siendo capital, pero de una provincia mucho más pequeña. Los edificios destruidos durante la invasión de los francos fueron lentamente reconstruidos o sustituidos por otros nuevos. Entre Diocleciano y Maximiano (286 a 293) se construyó un pórtico de Júpiter que podría ser parte de una basílica. En 476, tras la caída del Imperio romano, Tarraco fue ocupada por los visigodos y el rey Eurico. No existe evidencia de destrucción y al parecer la captura de la ciudad fue relativamente tranquila. Es probable que los visigodos se hicieran cargo de las estructuras existentes imponiendo una clase superior delegada. La existencia de tumbas cristianas en este período parecen confirmarlo. Continuó sin embargo la decadencia de la ciudad, con pérdida progresiva de población y actividad económica. En 585, Hermenegildo, hijo del rey Leovigildo, murió asesinado en Tarraco. La ciudad de Tarraco fue conquistada por el ejército árabe-musulmán hacia 713 ó 714 durante la invasión musulmana de la península Ibérica, en circunstancias poco claras. La mayoría de los historiadores afirman que la ciudad fue destruida tras resistir un asedio de un mes, pero por otra parte se sabe que el obispo de entonces, Próspero, huyó a Italia poco antes de la conquista y del duque no hay noticias, por lo cual es dudoso que quedase algún líder para organizar la defensa. En cualquier caso, incluso si no fue destruida físicamente, con seguridad Tarraco perdió tras la conquista casi toda la importancia administrativa y religiosa que le quedaba. El conjunto arqueológico de Tarraco es uno de los más extensos conjuntos arqueológicos pertenecientes a la Hispania romana que se conservan en España. La ciudad de Tarraco es el más antiguo asentamiento romano en la península Ibérica, que llegó a convertirse en capital de la provincia de Hispania Citerior en el siglo I a.C.. Aún quedan muchas importantes ruinas romanas en Tarragona. Parte de los cimientos de las grandes murallas ciclópeas cerca del Cuartel de Pilatos se cree que pueden ser anteriores a la época romana. El edificio que se acaba de mencionar, una prisión en el siglo XIX, se dice que era el palacio de Augusto. Tarraco, como la mayor parte de las ciudades antiguas, ha seguido siendo habitada, y sus propios ciudadanos fueron paulatinamente obteniendo materiales de construcción de las antiguas edificaciones. El anfiteatro cerca de la orilla del mar fue usado como una cantera, y solo quedan de él actualmente unos pocos vestigios. Se construyó encima del circo, de 45,72 m de largo, aunque algunas de sus secciones pueden seguir trazándose. Por toda la ciudad aparecen inscripciones en latín e incluso en fenicio, en las piedras de las casas. Dos monumentos antiguos, algunos a pequeña distancia de la ciudad, sin embargo, han envejecido mucho mejor. El primero de ellos es un magnífico acueducto (Les Ferreres), que cruza un valle a un kilómetro y medio de las puertas. Tiene 567 m de largo y tiene 200 m de altura máxima. El monumento al noreste de la ciudad, y también a aproximadamente kilómetro y medio, es un sepulcro romano, que normalmente se llama Torre de los Escipiones, pero no hay autoridad que afirme que fueron enterrados aquí. Además de los restos monumentales urbanos, no hay que olvidar las villas señoriales de Centcelles y deIs Munts, ni la cantera del Mèdol. Hoy, Tarragona, provincia de Tarragona, comunidad autónoma de Cataluña, España. Ver, Tarakon.

Tarraconense

Natural de la antigua Tarraco. Perteneciente o relativo a esta ciudad y provincia de la Hispania romana.

Tarraconense

(latín, Hispania Citerior Tarraconensis). Provincia romana y después visigoda de Hispania. Su capital fue la Colonia Julia Vrbs Triumphalis Tarraco, la actual Tarragona, de la que tomaba su nombre. La provincia, en su momento de mayor extensión, abarcaba las dos terceras partes de la península Ibérica, y comprendía las regiones al norte y al sur del Ebro, desde los Pirineos al norte hasta Sagunto al sur, el valle de Duero, excepto la zona de su orilla meridional entre el Tormes y su desembocadura en Cale (hoy, Oporto, Portugal), los valles del Tajo y del Guadiana hasta los límites con la Lusitania, y el extremo oriental de Andalucía, al este de la frontera de la Bética que discurría desde Cástulo (Linares), pasando por Acci (hoy, Guadix) hasta la bahía de Almería, quedando estas zonas (que durante varios años pertenecieron a la Bética) en territorio tarraconense; al este limitaba con el mar Mediterráneo, y al oeste con el océano Atlántico y al norte con el Cantábrico y la cordillera de los Pirineos, que la separaba del sur de la Galia, es decir, de las provincias romanas de Aquitania y Galia Narbonense. De la Tarraconensis, fueron escindidas posteriormente la Gallaecia y la Cartaginensis, ambas en el siglo III, y la Balearica de la Cartaginensis, a finales del siglo IV, siendo transformadas en provincias independientes. Por decisión de Augusto en 27 a.C., la Tarraconensis fue una provincia imperial, al igual que la Lusitania, mientras que la Bética fue senatorial; la Tarraconensis tenía rango consular, mientras que las otras dos provincias eran de rango pretorio. Al frente de la Tarraconensis se encontraba el Gobernador de la provincia "Legatus Augusti pro Praetore Provinciae Hispaniae Citerioris Tarraconensis", cuyo officcium se encontraba en la capital provincial, la colonia Tarraco. En época de Augusto y Tiberio, según indica Estrabón, tenía como subordinados a tres legados al frente de tres legiones, que fueron reduciéndose a dos bajo Calígula y a uno a partir de Nerón. Las grandes dimensiones de la provincia determinaron que, en algún momento entre Tiberio y Claudio, el gobernador recibiese como auxiliares en la administración de justicia a siete legados, llamados legati iuridici (sing. legatus iuridicus), al frente de sendos conventus iuridicus. Estos legati eran nombrados directamente por el emperador. Los siete conventos jurídicos de la provicia eran: )o()o( Lucensis, con capital en el ¿Municipium? Lucus Augusti (Lugo) )o()o( Bracarensis, con capital en el Municipium Bracara Augusta (Braga) )o()o( Asturicensis, con capital en el Municipium Asturica Augusta (Astorga) )o()o( Cluniensis, con capital en la colonia Clunia Sulpicia (Coruña del Conde) )o()o( Carthaginensis, con capital en la colonia Carthago Nova (Cartagena) )o()o( Caesaraugustanus, con capital en la colonia Caesar Augusta (Zaragoza) )o()o( Tarraconensis, con capital en la colonia de Tarraco (Tarragona) )o( En cada una de las sedes conventuales, se organizó el culto imperial, dedicado a los genii imperatoris y a los emperadores divinizados, con un sacerdocio propio masculino "flamines augusti" y femenino "flaminicae augusti", elegidos de entre las élites de las comunidades privilegiadas "coloniae el municipia" de la provincia. Anualmente, se designaba de entre ellos a un flamen y una flaminica", no era extraño que fuesen matrimonio, para ocuparse del culto imperial a nivel provincial, desempeñando sus funciones en el foro provincial de la capital de la provincia, Tarraco. La administración financiera de la Tarraconensis, por su parte, dependía de un procurador imperial "procurator Caesaris", nombrado directamente por el emperador de entre los miembros del ordo equester, cuyo officium también tenía su sede en la capital de la provincia. Sin embargo, a partir de finales del siglo I o comienzos del siglo II, la zona de minería aurífera del noroeste de la provincia empezó a ser administrada por un procurador específico "procurator metallorum", cargo desempeñado normalmente por un liberto imperial, que tenía la sede de su officum en Asturica Augusta, capital del conventus Asturicensis. Los procuratores dependían directamente del emperador y no del gobernador provincial, aunque ambos cargos debían colaborar para la correcta administración de la provincia. Según los geógrafos antiguos Estrabón, Plinio, quien fue procurator de la provincia, y Ptolomeo, el número de ciudades de la Tarraconensis era considerable, sobre todo en el valle del Ebro y la costa del Mediterraneo. Sin contar las Islas Baleares, y siguiendo a Plinio, en los 7 conventos jurídicos de la provincia existían 472 ciudades o comunidades, de las cuales 293 eran populi (comunidades no urbanas) y las otras 179 estaban divididas en 12 colonias, 13 ciudades con pleno derecho de ciudadanía "oppida civium Romanorum", 18 municipios de derecho latino antiguo, una ciudad federada (aliada sin derecho de ciudadanía) y 135 ciudades tributarias o estipendiarías. En el año 74, Vespasiano otorgó la ciudadanía latina menor "ius latii minor" a todas los comunidades de Hispania, lo que permitía obtener la ciudadanía romana a todas aquellas personas que hubieran desempeñado magistraturas municipales, duovirato o edilidad, en su comunidad, una vez que fuera transformada en municipio por orden imperial, mientras que el resto de los habitantes adquirían la ciudadanía latina, que les permitía gozar legalmente del derecho de hacer negocios de acuerdo con la ley romana "ius comercii" y de casarse a la romana "ius connubii", en iustae nuptiae. La concesión de este derecho fue aprovechada por bastantes comunidades estipendiarias de la Tarraconensis para transformarse en municipios, como es el caso de Nova Augusta, Bergidum Flavium, Segovia, Duratón o Aquae Flaviae, por citar unas pocas. Los ciudadanos romanos así promocionados en todos estos nuevos municipios fueron adscritos a la tribu Quirina, y así lo hacían constar en la "origo" dentro de su nombre. La provincia Hispania citerior Tarraconensis de época augustea nació como directa sucesora de la provincia Hispana Citerior de época republicana. Sus antecedentes, como el de toda la reorganización augustea de Hispana, hay que buscarlos en la división entre los tres legados de Pompeyo en Hispania en el momento final de la República, inmediatamente antes de la guerra civil con César. Aunque el gobernador de las dos provincias hispanas era Pompeyo, como resultado de los acuerdos del primer triunvirato con César y Craso, prefirió permanecer en Roma controlando los asuntos de la Vrbs, por lo que delegó en tres legati: )o( Lucio Afranio en la Hispana Citerior, con tres legiones )o( Marco Petreyo en la parte oriental de Hispania Ulterior con dos legiones )o( Marco Terencio Varrón Lúculo en el occidente de la Hispana Ulterior, con dos legiones )o( Terminadas las guerras civiles, esta división ensayada por Pompeyo, fue consolidada por Augusto en el año 27 a.C., que estableció formalmente las tres provincias con los nombres de Hispania Citerior Tarraconensis, Hispania Ulterior Lusitania, y Hispania Ulterior Bética. Las dos primeras eran provincias imperiales y la tercera era una provincia senatorial. La creación de estas nuevas provincias fue realizada para poder afrontar la incorporación al territorio romano de las últimas zonas independientes de la Península, habitadas por galaicos, cántabros y astures, de forma que Augusto se reservó para su mando directo las zonas limítrofes a las de estos pueblos, aunque, en el caso de la Tarraconense engañó al Senado al incluir en una provincia militarizada y con serias amenazas bélicas una serie de comarcas pacificadas desde hacia más de 50 años, e intensamente urbanizadas y romanizadas, formadas por el valle del Ebro, las costas del Levante, y las zonas de Andalucía no pertenencientes al valle del Betis. La provincia Tarraconense sirvió así como base para la anexión al Imperio de los cántabros durante las guerras astur-cántabras entre 27 a.C. y 19 a.C., residiendo el propio Augusto en 27-26 a.C. en Segisama y en Tarraco, donde llegó a recibir una embajada procedente de la India. Durante esta estancia peninsular, estuvo acompañado por su hijastro y futuro emperador Tiberio, quien sirvió como tribuno militar en el frente cántabro, iniciando con esta campaña su dilatada carrera de armas. El nombre de la provincia le fue dado por el de su capital, la Colonia Vrbs Triumphale Tarrraco. Sus límites fueron corregidos en 12 a.C., al incorporar las zonas de galaicos y astures procedentes de la provincia Lusitania, y la zona minera en torno a Castulo, procedente de la provincia senatorial Bética. El objetivo de Augusto con esta reorganización fue el de conseguir que todas las tropas romanas de guarnición en Hispania estuviesen al mando de un solo legado Imperial, el de la Tarraconensis, y que las principales zonas mineras que proporcionaban al tesoro imperial metales preciosos, -oro del macizo galaico-leonés y plata de Sierr Morena, estuviesen bajo directo control de la administración imperial, con un fácil acceso marítimo hacia Italia y Roma, lugar en el que se encontraban los talleres de amonedación, puesto que la emisión de aureus de oro y denarii de plata era exclusivo privilegio imperial. Augusto, además de crear la provincia y definir sus límites, siguiendo las directrices fijadas por su tío y padre adoptivo Julio César, concedió a numerosas comunidades de esta provincia el estatuto privilegiado, bien de colonia, las menos, bien de municipio, romano o latino antiguo, especialmente en la costa del Levante, la zona procedente de la Bética añadida a la provincia en 12 a.C., y en el Valle del Ebro, con algunas fundaciones en las dos submesetas y las zona noroeste, mientras que regularizó la situación del resto de las entidades políticas no privilegiadas como civitates o como populi que tenían la condicón de stipendiarium o comunidades tributarias, con una organización interna susceptible de ser intervenida directamente por el gobernador provincial. Esta política fue continuada por Tiberio, quien, aumentó el número de municipios privilegiados en la submeseta norte. Desde Augusto hasta Nerón, las intervenciones imperiales permitieron la regularización de los viejos caminos prerromanos y su conversión en vías perfectamente señalizadas, que vertebraron el territorio provincial, y permitieron a sus habitantes el contacto con la cultura romana (el latín se transforma en la lengua común provincial rápidamente, y se hablaba ya casi exclusivamente a mediados del siglo I) y el acceso a circuitos económicos más desarrollados, con economía monetaria y la llegada de productos de importación, como cerámicas de lujo aretinas bajo Augusto y Tiberio o Terra Sigillata subgálica entre Calígula y Vespasiano. Los resultados de la labor imperial en la provincia fueron los de una progresiva pacificación, sólo rota bajo Nerón con un conato de rebelión de los astures, fácilmente sofocada por el primus pilus de la Legio VI Victrix, lo que permitió reducir progresivamente la guarnición legionaria de la provincia. En el año 68, la provincia estaba gobernada por Servio Sulpicio Galba, que se proclamo emperador en Clunia, y, contando con el apoyo del gobernador de la Lusitania, el futuro emperador Otón, como primera medida, procedió a reforzar el ejército de la provincia para partir después hacia Roma y ocupar el poder. Asesinado Galba, la provincia fue partidaria sucesivamente de Otón y de Vitelio, y, por último de Vespasiano. Bajo éste, el grado de romanización de la provincia, y de toda Hispana era tal, que este emperador pudo promulgar el edicto de latinidad de 74, lo que permitió a numerosas comunidades urbanas de la provincia transformarse en municipios de derecho latino durante su reinado y el de sus hijos y sucesores, Tito y Domiciano. Vespasiano decidió también, que la provincia debía mantener una reducida guarnición militar, formada por la Legio VII Gemina Felix y sus unidades auxiliares, orientada fundamentalmente al apoyo de las labores del gobierno provincial, a labores policiales, y a la ayuda técnica y custodia de las explotaciones de metales preciosos de la provincia. A lo largo de los siglos I y II, la provincia proporcionó una importante aportación de metales preciosos al tesoro imperial, a través de las explotaciones auríferas del noroeste, fundamentalmente de El Bierzo y del norte de Portugal, y de las argentíferas de Castulo y Sierra Morena, el antiguo Mons Marianum, explotaciones de las que también se obtenía plomo, remitido a Italia en lingotes junto con los metales preciosos. También merece la pena reseñar la explotación de los yacimientos de hierro del País Vasco y de Navarra, y del Sistema Ibérico. Así mismo, los romanos explotaron los yacimientos de cinabrio de Sisapo (Ciudad Real) para obtener mercurio, destinado, entre otros usos, a la fabricación de cosméticos, y también las canteras de lapis specularis, una variante de yeso traslúcido susceptible de ser cortado en láminas para servir como vidrios de ventanas, de la zona de Segobriga (Saelices, Cuenca). El capítulo de materias primas se cierra con la explotación de salinas, como, por ejemplo, en Poza de la Sal (Burgos), Peralta (Huesca) o Atienza (Guadalajara. A partir de los años 70, en la zona de La Rioja, con centro en el Municipium Tritium Magallum, la provincia mantuvo un importantísimo centro de producción alfarera, que perduraría hasta bien entrado el siglo VI, fabricando la cerámica de lujo terra sigillata Hispana, que fue distribuida por toda la Península, el norte de África, la Galia, Britannia y el limes renano. El movimiento económico generado fue tan importante que en Tricio existió un partorium para recaudar el impuesto llamado centessima rerum venalium. En el capítulo de la producción cerámica, merece la pena reseñar también los alfares de cerámica común de Melgar de Tera (Zamora), que empezaron a funcionar en el siglo I en relación con el abastecimiento de las tropas imperiales acantonadas en Petavonium, y con la venta de alfarería a la población civil del entorno. Sus producciones alcanzaron Legio y estuvieron en funcionamiento hasta el siglo IV. También destacaron las instalaciones de producción de Terra Sigilata Hispana y cerámica pintada de tradición celtibérica de Uxama argaela, cuya distribución abarcó todo el valle del Duero y la parte oriental del Valle del Ebro. La agricultura de tipo mediterráneo (olivar, viñedo y cereal) fue especialmente floreciente en todas las comunidades de la zona levantina, destacando la articulación de una importante zona de regadío en la parte media del valle del Ebro, entre Vareia y Caesar Augusta, como prueban el Bronce de Agón y los importantes restos de infraestructuras hidraúlicas documentados en toda esta zona. En la zona de las dos submesetas, por su parte, el cultivo predominante fue el cerealístico, junto con la ganadería trashumante, que hundía sus raíces en época prerromana. La explotación agrícola mejoró notablemente respecto a la época anterior gracias a la abundancia de hierro y de herramientas hechas con este material, aperos que desplazaron a los mucho más primitivos prerromanos. A ello se sumaba la explotación del bosque original de la zona, principalmente encinares y pinares, que fueron masivamente talados para proporcionar materiales de construcción y combustible, y para roturar nuevas superficies cultivables. En torno a Carthago Nova continuó practicándose el cultivo del esparto, utilizado para la fabricación de cordámenes para diversos usos, entre otros, el de los barcos, por lo que la ciuda era conocida como Carthago Spartaria. También fue importante la industria de salazones localizada arqueológicamente en el actual Parque del Castro en Vigo, la antigua Vicus Spacorum, y en el yacimiento de la Campa de Torres en el actual Gijón, la antigua Gigia, ya que la producción de la salsa llamada garum fue una de las principales actividades económicas del litoral atlántico peninsular, siendo estos establecimientos vigués y gijonés los más septentrionales. A lo largo de los dos primeros siglos del Imperio, toda la provincia fue vertebrada con la construcción de numerosas calzadas. En muchos casos, la intervención imperial consistía en pavimentar, levantar puentes, y mejorar el trazado de antiquísimas vías de comunicación prerromanas, que, muchas veces, se remontaban a la edad del Bronce. El trazado de las vías era encargado por el emperador a través del gobernador provincial a ingenieros y soldados pertenecientes a la guarnición de la provincia, y su ejecución se encomendaba a militares y obreros civiles en proporción desconocida, permitiendo a determinadas ciudades de la provincia sufragar en todo o en parte algunas grandes obras, como los puentes, como ocurre en Aquae Flaviae con el puente sobre el río Támega. Posteriormente a su construcción, las vías eran mantenidas regularmente y, a veces, especialmente en el siglo II, se realizaban intervenciones mayores, que quedaban reflejadas en los miliarios con las expresiones refecit o restituit. Las vías secundarias, a veces pavimentadas, solían ser ejecutadas por las comunidades limítrofes beneficiadas por ellas, aunque tampoco era extraña la intervención del poder imperial, a través del legado de la provincia, en su mejora y construcción. Las tres vías más importantes de la Tarraconensis fueron: )o( La vía que unía Asturica Augusta con Tarraco, la capital provincial, por el valle del Ebro. )o( La Vía Ab Asturica Burdigalam que unía Asturica Augusta con Burdigala por Oiasso. )o( La importante Vía Augusta, que comenzaba en los Pirineos, en Iuncaria (La Junquera, Gerona), enlazando con la Vía Domitia de la Galia Narbonense y descendía por toda la costa levantina en dirección a la Bética. También destacaban un ramal de la calzada de Asturica a Tarraco que seguía el valle del Duero y buscaba el del Ebro por la depresión del Jalón, la calzada que comunicaba Tarraco con Emerita Augusta a través de Compluturn, las tres vías que comunicaban Asturica Augusta con Bracara Augusta y con Lucus Augusti, la calzada paralela a la costa Cantábrica, desde Brigantium hasta Oiasso, la vía que unía Caesar Augusta con Summo Pirianeo (Somport, Huesca), y buena parte de la vía de la Plata, desde su origen en Asturica Augusta hasta el límite con la provincia Lusitania. )o( Por su parte, el importante comercio marítimo en el Mare Nostrum, con dirección a la Galia Narbonense, Italia y el oriente del Imperio, utilizó, fundamentalmente, los siguientes puertos: )o( Tarraco, la capital provincial. )o( Dertosa, a través del cual se enviaba a Roma el oro obtenido en la provincia, y donde la Classis Misenate mantuvo una estación permanente, y en el que concluía la navegación fluvial del valle del Ebro, que comenzaba en Vareia y permitía enlazar con el Cantábrico a través de la vía de las cinco villas. )o( Carthago Nova, a través del cual se remitía a Italia la plata y el plomo de Sierra Morena. )o( En el Cantábrico, el puerto más importante fue el de Oiasso, a través del cual se transportaban los productos del Valle del Ebro y el hierro de los montes vascos hacia la Galia, Britannia y Germania. La prueba de la existencia de un importante tráfico marítimo por este mar, tanto local, como procedente de la vecina provincia Lusitania, fue la construcción junto al Municipium Flavium Brigantium de un importante y monumental Faro, que conocemos con el nombre de Torre de Hércules. La provincia Tarraconensis también aportó numerosas unidades auxiliares al ejército imperial, reclutadas normalmente de entre los pueblos de la submeseta norte, y el noroeste, como arévacos, vascones, cántabros, astures o galaicos, o, de forma más general e imprecisa, llamadas con el apelativo de hispanorum, que formaron numerosas cohortes peditatae y equitatae y alae de caballería, especialmente bajo los Julio-Claudios y los Flavios. Bastantes municipia y coloniae de la provincia emitieron moneda de bronce (ases, dupondios y semises) con permiso imperial bajo los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula, y, ya como monedas de imitación o falsificaciones toleradas, bajo Claudio I, lo que indica una profundización temprana de la economía monetarizada en toda la provincia. Esta monetarización se ve corroborada por la gran cantidad de moneda imperial que aparece en los diferentes yacimientos arqueológicos de la provincia, cuya cronología empieza con los inicios del Imperio hasta el reinado de los emperadores Teodosio I, Honorio y Arcadio, lo que indica una importante circulación monetaria, que se corresponde con una actividad económica floreciente e intensa, aunque de mayor importancia en el valle del Ebro y Levante que en el resto de la provincia. En 193, asesinados Pertinax y Didio Juliano, la guarnición de la provincia y su gobernador se proclamaron partidarios de Clodio Albino, hasta que en 195 abandonaron su causa y se pasaron a Septimio Severo, quien realizó una dura represión entre los partidarios de Albino, fundamentalmente en las ciudades privilegiadas del valle del Ebro y el Levante, para lo cual designó como gobernador de la provincia a Tiberius Claudius Candido, un experto militar, que había apoyado la sublevación de Septimio Severo en Pannonia, y que había dirigido en Roma a los peregrini o policía secreta imperial, adscrita a la Prefectura del Pretorio. En esta época, las dificultades administrativo-económicas de numerosas ciudades de la provincia condujeron al nombramiento de un asesor imperial, un caballero o senador, curator, que aconsejara a los senados locales y a los magistrados como mejorar su administración, intentando eludir su quiebra e intentando garantizar la recaudación de tributos en favor del estado. Hacia 210, el emperador Caracalla decidió modificar los límites de la provincia Tarraconense, para lo cual desgajó los tres conventos jurídicos del noroeste, el Asturicense, el Lucense y el Bracaraugustano, para crear una nueva, y efímera, provincia, la provincia Nova Hispana Citerior Antoniana, con capital en Asturica Augusta, con la intención de reactivar las explotaciones auríferas del noroeste, prácticamente agotadas a finales del siglo II. La provincia desapareció nada más morir Caracalla, aunque sirvió como precedente para la futura provincia Gallaecia del Bajo Imperio. En general, las convulsiones políticas y militares que padeció el Imperio entre el asesinato de Alejandro Severo en 235 y la subida al trono de Diocleciano en 298, afectaron poco a Hispania y, en concreto a la Tarraconense. Sin embargo, la crisis económica del estado romano se dejó sentir en la provincia, lo que se aprecia en una disminución de las intervenciones imperiales en la reparación de las calzadas y en la aparición de numerario de mala calidad, que generó una fuerte inflacción y terminó por arruinar las ya precarias economías de las ciudades, produciéndose un progresivo proceso de ruralización social y económica, que culminaría dos siglos más tarde. En el año 254 el limes de la Germania Superior fue atravesado por los germanos de la otra orilla del Rhin, y hacia el año 259 se produjó la incursión de importantes contingentes bárbaros en la Galia Belgique, penetrando profundamente en el resto de las provincias galas, logrando algunos de estos grupos alcanzar los Pirineos y entrar en Hispania, y así, Tarraco fue saqueada por los francos en 258. En época de Valeriano y Galieno, la provincia prestó fidelidad al Imperio Gálico de Tétrico y Victorino, aunque fue una de las primeras en volver a ser leales al emperador legítimo, ya bajo Claudio II y Aureliano. Entre los años 268 y 278 el interior de la Galia fue saqueado, hasta que a comienzos de 278 la frontera fue restablecida por el emperador Probo. Como consecuencia, y dentro de una tendencia que afectaba a todas las ciudades del Imperio, varios núcleos urbanos de la provincia, como Barcino, Emporiae, Asturica Augusta, Legio o Lucus Augusti reformaron su cinturón de murallas, muy deteriorado con el paso del tiempo, y lo convirtieron en una defensa eficaz ante las posibles amenazas provenientes del otro lado de los Pirineos. Con la llegada al trono imperial de Diocleciano en 284, y la creación del sistema de la Tetrarquía, este emperador procedió a reorganizar el sistema administrativo del Imperio. Para ello, las provincias heredadas del Alto Imperio fueron divididas en otras menores, que a su vez fueron agrupadas en una nueva entidad llamada diócesis, supervisada por un vicarius directamente designado por el emperador. Hispania fue atribuida al Augusto de occidente, Maximiano, y asignada a su César, Constancio Cloro, como Diocesis Hispaniarum, con capital en Emerita Augusta. La antigua provincia Tarraconense fue dividida en varias provincias, la Gallaecia a partir de los conventos Bracaraugustano, Lucense, Asturicense y parte del Cluniense, la Carthaginense con los conventos Cartaginense, parte del Cluniense y las Baleares, y la nueva provincia Tarraconense, que comprendía los antiguos conventos Tarraconense, Caesarugustano y parte del Cluniense. Esta nueva Tarraconense tenía rango pretorio y estaba dirigida por un praeses o gobernador. En época de Constantino I, la Diocesis Hispaniarum fue integrada dentro de la Prefectura del Pretorio de las Galias y se le añadió la provincia norteafricana Mauretania Tingitana. La última división se produjo a mediados del siglo IV, cuando las Islas Baleares fueron segradas de la Carthaginensis y convertidas en la nueva provincia Baleárica. A lo largo del siglo IV, la provincia permaneció en una situación de tranquilidad y seguridad, alejada de los conflictos fronterizos e internos del Imperio, manteniéndose leales sus gobernadores al emperador de occidente, excepto a finales del siglo durante la época de los usurpadores de Magno Clemente Máximo (383/388) y Flavio Eugenio (392/394), a quienes juraron lealtad, aunque tras las derrotas que sufrieron a manos de Teodosio I, la provincia se reintegró al poder legítimo sin necesidad de ser invadida. Esta tranquilidad se tradujo en un alto grado de prosperidad económica, manteniendo las líneas maestras diseñadas durante el Alto Imperio, pero con la novedad de la implantación de numerosas villae por toda la provincia, especialmente en el valle del Ebro y el Levante. Estas villas eran, prioritariamente, unidades de explotación agraria tipo latifundio, pero también lujosas mansiones decoradas con suntuosos pavimentos de mosaico, pinturas al fresco en sus paredes, y estatuas de mármol y otros objetos de lujo. A la par, la circulación monetaria fue abundante, especialmente en moneda fiduciaria, hasta principios del siglo V, aunque en la provincia no funcionó ninguna ceca, procediendo la mayor parte de la moneda de cecas occidentales: Roma, Tréveris, Arles, Milán... y algunos ejemplos orientales. A la muerte de Teodosio I, la provincia, junto con todo occidente, fue asignada a Honorio, su hijo primogénito, bajo la tutela de Estilicón. A partir del año 400, la situación del Imperio Romano de Occidente se había vuelto crítica, ya que la actuación de Estilicón para contener a los visigodos de Alarico se había conseguido a costa de reducir las guarniciones del ejército imperial sobre el Rhin por debajo del mínimo necesario para garantizar la seguridad fronteriza, de manera que vándalos, suevos y alanos, consiguieron perforar la frontera imperial e invadir la Galia en 406. El gobierno de Honorio en Rávena fue incapaz de responder a esta nueva amenaza, y el gobernador de Britannia se proclamó emperador como Constantino III y, con sus tropas, entró en la Galia. Los pueblos bárbaros mencionados, en 409, presionados por este último ejército romano organizado, a pesar de los esfuerzos de Dídimo y Veriniano, parientes de Teodosio, Honorio y Arcadio, ayudados por Geroncio, general del usurpador Constantino, entraron en la Península por los Pirineos occidentales. El usurpador Constantino III envió a Hispania a su general Geroncio, responsable último de la invasión de 406 y del fin de la Hispana romana. La Tarraconense fue la única provincia que no fue directamente afectada por suevos, vándalos y alanos, pero, poco después, los visigodos, convertidos en federados del Imperio e instalados en el sur de la Galia, con Tolosa como capital, dirigidos por su rey Ataúlfo, entraron en Hispania para someter a la autoridad imperial las zonas ocupadas por los pueblos anteriores, y también para reprimir el bandidaje local de los bagaudas en la zona del valle del Ebro, en torno a Caesaraugusta. Aunque los visigodos actuaban en nombre de la corte imperial de Rávena, consiguieron asentar bases sólidas en la Península, actuando en nombre propio y ya no abandonarían jamás el suelo hispano. Prueba de la salida de la Tarraconense, y de toda Hispania de la órbita imperial es la detención de la llegada de monedas imperiales, ya que los últimos ejemplares que se encuentran en la Península corresponden a los primeros años de Honorio en Occidente y a Arcadio en Oriente. Poco después, el rey Eurico, ante la debilidad de la corte de Rávena, volvió a entrar en la Península para incorporar el territorio a su reino, realizando una campaña brutal, con numerosas matanzas y saqueos, fielmente relatado por Hidacio de Chaves, de manera que hacia 456 la Tarraconense se convirtió en una parte más del reino visigodo, y el Imperio tuvo que ampliar su foedus con este pueblo, reconociendo de facto su independencia y la salida de la Tarraconense y de toda Hispania de la órbita imperial. En 459 el emperador Mayoriano visitó la provincia, camino de Carthago Nova, donde estaba reuniéndose una flota del Imperio de Occidente y del Imperio de Oriente, que incluía aliados visigodos, para atacar a los vándalos de Genserico en el norte de África, expedición que fracasó al ser destruida la flota imperial por los vándalos. A partir de este momento, la influencia de la corte de Rávena sobre la provincia Tarraconense y, en general, sobre todo lo que había sido la Diocesis Hispaniarum, desapareció, de manera que, cuando el Imperio de Occidente fue abolido entre 476 y 485, el Reino Visigodo vio reafirmada su independencia. A lo largo del siglo VI y del siglo VII, la provincia Tarraconense sufrió numerosos ataques promovidos por los diferentes reinos francos del otro lado del Pirineo, y sirvió de base a los diferentes reyes visigodos de Toledo para defender sus posesiones de la Gallia Narbonensis. Así mismo, los reyes visigodos utilizaron la provincia como punto de partida para penetrar y conquistar los territorios de Cantabria y de los vascones, que se habían independizado al desaparecer el poder romano en la Península. Con la invasión musulmana de 711 y la destrucción del reino visigodo, el sistema de administración territorial de la península Ibérica heredado de Roma, desapareció, y con el la provincia Tarraconense, integrándose su territorio en la nueva región fronteriza del emirato de Córdoba, como marca militar con capital en Zaragoza, bajo la dirección de la familia de conversos Banu-Qasi. Ver, Hispania.

Tarraconensis

Nombre de uno de los siete conventos jurídicos de la provincia Tarraconense, en el siglo I, con capital en Tarraco. Ver, Tarraconense.

Tarrae

Tharros (uno de los principales puertos de Cerdeña desde época fenicia. Situado entre Capo San Marco y la colina de Su Murru Mannu, en la costa occidental, alrededor ….).

Tárraga

Tarraga (ciudad que, Ptolomeo de Alejandría, en su Geografía, califica como ciudad perteneciente al etnos de los vascones).

Tarraga

o Tárraga o Terraga. Ciudad que, Ptolomeo de Alejandría, en su Geografía, califica como ciudad perteneciente al etnos de los vascones. Parece haber sido municipio romano. Hoy, Larraga, comunidad autónoma de Navarra, España. Ver, Vascones.

Tarrana

Kom Abu Billu ((en egipcio antiguo Tarrana o Mefket, en griego Terenuthis). En el extremo oeste del Delta, unos 60 Km al noroeste de El Cairo. El nombre remite a la ….).

Tarrha

Tyrrha (ciudad de Lidia que adquirió una considerable importancia al encontrarse en la carretera que conectaba la capital de Lidia y el importante ….).

Tarrha

Tarra (ciudad en la costa suroeste de la isla de Creta, cerca de la garganta de Samaria. Se estableció probablemente en el período clásico y fue un centro ….).

Tarsa

Tarso (ciudad situada en una llanura muy fértil, en el Mediterráneo, en la desembocadura del río Cydno (Tarsus Çayi), en la parte más suroriental de Asia Menor. Hubo una ….).

Tarsatica

o Tharsaticum o Idassa. Ciudad celta de Iliria, en Liburnia. Se pueden pueden encontrar restos de establecimientos neolíticos en la región. Las ciudades más antiguas de la zona fueron Tarsatica (hoy, Trsat) situada en una colina y Liburni, localidad de marineros en el puerto natural localizado en la parte baja de la ciudad. En época de Augusto, los romanos reconstruyeron Tarsatica como municipium en la margen derecha del río Rjecina y la rebautizaron como Flumen. Plinio mencionó Tarsatica. A partir del siglo V la ciudad vivió bajo dominio franco. Hoy, Trsat de Rijeka, condado de Primorsko-Goranska, Croacia.

Tarshish

Tartessos (el conocimiento de Tartessos nos ha llegado a través de……).

Tarsiana

Ciudad costera de la región de Carmania. Hoy, en Irán.

Tarsicio

(san) (?-257). Niño acólito y protomártir de la Eucaristía. Era un niño de unos 12 años, inscrito en Roma en la clerecía del título de san Calixto entre los acólitos. Su edad le permitía circular libremente por la Vía Apia. El ministerio de los acólitos, además de servir en el altar, les concedía el poder llevar en los difíciles tiempos de las persecuciones, la Sagrada Eucaristía a los enfermos, y sobre todo a los cristianos que por la confesión de la fe estaban encarcelados. Después de participar en la eucaristía de las catacumbas, el jovencito Tarsicio llevaba ocultas en su pecho las formas consagradas para los cristianos encarcelados. Su comportamiento llamó la atención de otros niños que jugaban en la Vía Apia, en la proximidad de la puerta de la Urbe, e intentaron descubrir su secreto. Se negó a entregárselo, por lo que fue apedreado hasta morir. Los cristianos recogieron su cuerpo exánime con la Sagrada Eucaristía y lo sepultaron en el cementerio de san Calixto. La fama del niño mártir y la devoción de los cristianos hacia él fue tan grande que san Dámaso compuso el epitafio de su sepulcro. Su fiesta se celebra el 15 de agosto.

Tarsios

Epíteto tópico de Apolo en Asia.

Tarsis

Tartessos (el conocimiento de Tartessos nos ha llegado a través de……).

Tarsis

Aldea que en época romana formó parte de la Bética, situada en pleno corazón de la actual comarca del Andévalo, que ha sido durante muchísimos siglos una zona minera. Sus orígenes se remontan a tiempos bíblicos en cuyos textos se hace mención al pueblo de Tarsis (la letra h intercalada del nombre del pueblo será incorporada en tiempos de la Compañía británica a finales del siglo XIX). A la extensa y notable elevación de terreno desde donde se domina el extenso Andévalo lo llamaban Sierra Tarse. Este nombre era toda una revelación, ya que al pie del cerro estaban los vestigios aun notables de un extenso pueblo antiguo: el Tharsis fenicio. Sobre la importancia de la Sierra Tarse en la historia de la minería, hay que decir que el aprovechamiento del cobre nativo se pierde en la antigüedad. Se han hallado objetos en algunas excavaciones, muchos de ellos herramientas antiguas, y no es fácil saber si su enterramiento fue debido a repentinos hundimientos o por abandono en el lugar del laboreo. Se encontraron martillos de piedra, martillos de diorita, sepulturas con siluetas humanas en la piedra, hachas de cobre puro en forma de láminas planas, lo que parece demostrar que los primitivos habitantes de la zona trabajaran y explotaran riquezas subterráneas dejando así un legado cultural a habitantes de la edad Antigua: los Tartesos. Los fenicios visitaron todo el sur peninsular desde el siglo VIII a.C. y comerciaron en esta zona con los tartesios, herederos de una explotación ancestral de las minas de la Faja Pirítica de Huelva. Los fenicios, avezados comerciantes y navegantes, se internaron poco, fijando en la costa sus establecimientos hicieron comercio en los pueblos del interior, buscando el cobre de estas minas. Llegó una época de gran fomento de producción, y el Rey Salomón unió sus flotas a las de Hiram I rey de Tiro, para comerciar en "Tarshish", que la mayoría de historiadores identifican con algún puerto en el Mar Rojo. De esta época data probablemente el desarrollo de las actuales minas de Río Tinto, y es entonces cuando los indígenas debieron de establecer una estación donde recibían los metales para luego mandarlos al puerto y cuando dieron al cerro alto existente en Río Tinto el nombre de Cerro Salomón. Hacia el siglo VI a.C., los cartagineses tomaron el relevo de los fenicios en el comercio por el Mediterráneo occidental. Durante el siglo III a.C., comenzaron la conquista de Hispania, poniendo especial celo en la explotación de los yacimientos metalíferos, como los de la Faja Pirítica y Carthago Nova. Los romanos ignoraban los abundantes criaderos metalíferos en Hispania. La fecha que se puede señalar como comienzo de la prosperidad es la que comienza con el emperador Augusto, confirmado por la aparición de monedas, objetos de plomo, hierro, cobre y cerámica. Otra prueba es el hallazgo de numerosos pozos que existen en algunos cerros de la comarca. En algunas minas han sido encontradas espirales de Arquímedes o ruedas hidráulicas para el desagüe, así fue el caso de la hallada en el criadero Norte de las minas de Tharsis, una instalación de 14 ruedas hidráulicas dispuestas en pareja. Cinco siglos duró este período industrial romano. A partir del siglo III las invasiones germanas del norte cesaron repentinamente la actividad minera, y las poblaciones volvieron al cultivo de las tierras por aquel entonces estériles. Los sitios donde estaban las industrias se cubrieron de maleza y la tradición de los pastores conservó los nombres de Salomón, Tarsis, Tarse... En el tiempo que duró la dominación goda en La Sierra de Tarse la historia no deja indicios de explotación minera. Hoy, Tharsis, aldea que pertenece a Alosno, un pueblo de la provincia de Huelva, comunidad autónoma de Andalucía, España.

Tarsisi

Tarso (ciudad situada en una llanura muy fértil, en el Mediterráneo, en la desembocadura del río Cydno (Tarsus Çayi), en la parte más suroriental de Asia Menor. Hubo una ….).

Tarsium

o Tarsum. Localidad de Pannonia Inferior. Hoy, sin identificar.

Tarso

o Tarsa o Tarsos o Tarsus. Ciudad situada en una llanura muy fértil, en el Mediterráneo, en la desembocadura del río Cydno (Tarsus Çayi), en la parte más suroriental de Asia Menor. Hubo una colonia griega en Tarso hacia el siglo VIII a.C.. En su origen fue un puerto importante, aunque hoy día se encuentra a 15 km hacia el interior por haber tenido la zona una importante sedimentación. Su antiguo nombre, Tarsos, proviene de "Tarsa", el nombre original de la ciudad en lengua hitita, sus primeros pobladores y se deriva posiblemente de un dios pagano, Tarku. Más tarde, la ciudad fue llamada Tarsisi; Antioquía del Cydno (latín: Antiochia ad Cydnum) y Juliopolis. El asentamiento humano se remonta cuando menos a la Edad del Bronce, pero probablemente sea aún más antiguo. Varios autores griegos, como Flavio Arriano, Estrabón y Ateneo, mencionan una inscripción en idioma asirio según la cual Sardanápalo había construido Tarso y Anquíale en un solo día. Su importancia en la Antigüedad se debió a su ubicación en la encrucijada de varias rutas comerciales importantes, que enlazaban el sur de Anatolia con Siria y la región del Ponto. Tarso formó parte de los imperios persa y seléucida. La ciudad fue autónoma bajo el gobierno persa y acuñó moneda griega durante el siglo V. Ocupada por Pompeyo el 66 a.C., recibió garantías de libertad de Marco Antonio y desde el año 72 fue la capital de la provincia de Cilicia. Desde la Antigüedad fue un importante centro cultural, fundamentalmente en al campo de la filosofía. El filósofo estoico Antípatro y el apóstol Pablo nacieron allí. La ciudad también es conocida por ser el lugar donde se enterraron el corazón y las entrañas de Federico I Barbarroja. Las ruinas están cubiertas por la ciudad moderna, por lo que no es bien conocida arqueológicamente. Hoy, Tarsus o Tarsa, a orillas del río homónimo, al oeste de Adana, provincia de Mersin, Turquía. Ver, Yadiya (reino neohitita). )o( MITOLOGÍA.- Estrabón aporta la leyenda de que Tarso había sido fundada por los argivos que estuvieron vagando con Triptólemo en busca de Ío. Otra tradición, mencionada en un poema de Antípatro de Tesalónica, atribuía su fundación al mítico Perseo. Parece que su nombre deriva del verbo "secar", porque según una tradición local fue la primera ciudad que se secó después del diluvio. Al pie de sus muros, según se cuenta, fue donde cayó Belerofonte y el caballo Pegaso perdió una de sus alas. Ver, Cidno.

Tarso

Sobrenombre tópico de Zeus, venerado en Tarso, Cilicia.

Tarsos

Tarso (ciudad situada en una llanura muy fértil, en el Mediterráneo, en la desembocadura del río Cydno (Tarsus Çayi), en la parte más suroriental de Asia Menor. Hubo una ….).

Tarssis

Tartessos (el conocimiento de Tartessos nos ha llegado a través de……).

Tarsum

Tarsium (localidad de Pannonia Inferior).

Tarsus

Tarso (ciudad situada en una llanura muy fértil, en el Mediterráneo, en la desembocadura del río Cydno (Tarsus Çayi), en la parte más suroriental de Asia Menor. Hubo una ….).

Tartalo

o Torto. En la mitología vasca, Tartalo representa a un cíclope con costumbres antropófagas y comportamiento terrorífico. Vivía en las montañas, según algunas fuentes en el monte que próximo a las localidades navarras de Zizur Mayor y Astráin, el monte Eareniega (1.057m) (conocido como más por la ermita que tiene en la cumbre, Virgen del Perdón - Monte de El Perdón) y comía ovejas, personas... Era un ser enorme con una fuerza descomunal, incluso hay una vieja leyenda vasca que dice que murió ahogado persiguiendo a una de sus presas humanas tras lanzarse a un pozo.

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