(egipcio antiguo, Djanet; árabe San el-Haggar, el Zoán bíblico). A 130 km al noreste de El Cairo, en la ribera oriental de un brazo secundario del Nilo, el Bahr Saft, que desembocaba en el lago Menzaleh, al nordeste del Delta. Ciudad consagrada a Amón que parece haber sido fundada en el extremo final de Imperio Nuevo para suplantar a la vecina Ávaris. En esta gigantesca elevación han excavado eminentes egiptólogos: Mariette, Flinders Petrie y Pierre Montet. La mención de Tanis en la Biblia fue la motivación más importante que llevó a los primeros investigadores tras las huellas de la ciudad perdida entre las arenas del desierto. Por ejemplo, en dos versículos del Libro de los Salmos se situan los sufrimientos del pueblo elegido y los milagros de Moisés en los paisajes de Tanis; trataron, por tanto, de encontrar los escenarios de la Historia Sagrada. En cualquier caso el recuerdo de Tanis como ciudad del lejano Egipto estaba presente en Occidente a través de la cultura greco-romana. Heródoto la señalaba como la capital de un nomo. Plutarco contaba que Tifón (el dios Seth) había tirado en el brazo tanítico el ataud donde Osiris había sido encerrado vivo. Estrabón, en el siglo I a.C., habla de Tanis como de una gran ciudad "Polis Mégalè". Manetón, calificaba de taníticas dos Dinastías de soberanos egipcios. Al final del siglo I d.C., Flavio Josefo, historiador judío, menciona esta ciudad en sus antigüedades Judaicas, aunque la califica de "simple pueblecito". No podemos descartar que el historiador exagerara este término, ya que la ciudad se identificaba con el sitio donde supuestamente tuvo lugar la opresión de los hebreos por parte del faraón. La arqueología ha permitido descubrir, casi intactas, las tumbas de los faraones de las Dinastías XXI y XXII. También, el Gran Templo de Amón, de época ramésida, templos como el de Jonsu y el de Horus de Mesen, el Lago Sagrado y numerosas construcciones de adobe, murallas y puertas. En el sudoeste del témenos principal existe otro templo más pequeño, que se atribuye a una divinidad cananea, Anta o Anat. Además, una infinidad de materiales que van desde los más airosos obeliscos y columnas hasta las más delicadas esfinges y estatuas. Sus ruinas, situadas en las proximidades de la moderna San el-Hagar, en el delta oriental del Nilo, no han acabado todavía de testimoniar la importancia que la ciudad tuvo. Desde un punto de vista monumental, Tanis llegó a ser una verdadera réplica septentrional de la famosa Tebas. Ocupada por los hicsos, alcanzaría Tanis su mayor prestigio con el gran Ramsés II, el faraón que la fortificó para hacer de ella una avanzadilla frente a los pueblos asiáticos. Debido a las muchas inscripciones de Ramsés en los obeliscos y otros elementos arquitectónicos, durante mucho tiempo se creyó haber descubierto la capital de Ramsés. Pero al descubrirse que los fundamentos de los templos y los objetos enterrados al colocar las primeras piedras no podían remontarse a épocas anteriores a la Dinastía XXI, además de comprobar que la residencia de Ramsés había estado ubicada en Qantir, pudo llegar a saberse que los reyes de las Dinastías XXI y XXII, sólo habían adornado su capital con monumentos ajenos. Para edificar algunos templos, utilizaron materiales procedentes de los edificios de las capitales de Ramsés II. No sólo transportaron los obeliscos, los colosos y las capillas monolíticas para construir la nueva corte, sino que desmantelaron pilonos, puertas, paredes y columnatas, para levantar sus propios monumentos. Con el faraón Esmendes, de la Dinastía XXI, la ciudad alcanzaría gran importancia. Psusenes la dotaría de famosos monumentos, así como de una nueva muralla, en cuya construcción se emplearon unos veinte millones de ladrillos. También la embellecería Siamón, otro faraón de la misma Dinastía. Lo más importante de Tanis, sin duda alguna, son sus hipogeos reales, excavados por Pierre Montet en 1939, situados en los alrededores del Gran Templo. Muchos de ellos han llegado intactos hasta hoy, como los correspondientes a los faraones Psusenes I, Amenemope, Osorkón II y Sheshonq III, invasor de Palestina. Estas tumbas, además de una compleja arquitectura, han aportado sarcófagos (incluso de plata), máscaras de oro y plata, vajilla de variada tipología y material, joyería, estatuillas, escarabeos y un sinfín de piezas que han testimoniado la gran riqueza y prestigio que hubo de alcanzar Tanis, hoy vasto campo de arenas y ruinas. Según Montet, en el Gran Templo de Tanis había cinco pares de obeliscos. Éstos, ahora tumbados, son uno de los elementos más habituales en el paisaje de San el-Hagar. Fueron construidos con el durísimo granito rojo de Asuán, y extraídos de aquellas canteras en una sola pieza. Después viajaron más de 1.000 km río abajo, para erigirse orgullosos a la entrada de los templos del Delta, a imagen y semejanza de los instalados en la ciudad de Tebas. Hasta 23 obeliscos, enteros o fragmentados, fueron encontrados en las ruinas de Tanis. Al norte del santuario estaba el Lago Sagrado y el llamado Templo del Norte. El Lago Sagrado parece haber sido hecho durante la última dinastía indígena, la XXX, utilizando materiales de un templo de Jonsu, construido por Sheshonq V. Hay un lugar en Tanis especialmente enigmático; situado al este, entre la Gran Puerta Monumental y el Primer Pilono del Gran Templo, se ha encontrado un extraño recinto formado por tres grandes círculos concéntricos, el exterior de unos 50 m de diámetro. Su centro es simétrico con la tumba de Psusennes I respecto del eje del templo de Amón. Toda la zona delimitada por esta construcción circular fue rellenada con tierra roja hasta tres metros de profundidad. Miles de vasijas de barro cocido, algunas de gran tamaño, fueron colocadas, verticalmente y con la base rota, entre la tierra roja. Estas estructuras circulares, aparentemente instaladas al principio de la dinastía XXI, alineadas con la necrópolis real y situadas al norte, simétricamente respecto a ésta, hacen pensar en algún tipo de funcionalidad ritual. La ciudad de Tanis, en fin, lograría mantener su esplendor hasta la total extinción del Imperio faraónico, para alcanzar incluso los tiempos helenísticos y romanos. Durante la época romana sus monumentos fueron progresivamente abandonados y transformados en canteras de piedra. Especialmente apetecible era la piedra caliza dado que, una vez deshidratada y molida, se convertía en cal y yeso para la construcción, materiales muy apreciados en aquella época. Entre las ruinas de los templos de Tanis han aparecido abundantes pozos de cal, que atestiguan esta industria. En época islámica, entre los ss. VII y XII, en el lago Menzaleh se crearon importantes centros industriales y comerciales. Barcos completamente cargados de piedra caliza fueron transportados desde Tanis a dichos centros. Los pilonos, muros y salas del Templo de Tanis se hicieron utilizando material calcáreo. Sólo las puertas monumentales, los colosos monolíticos, obeliscos y estatuas estaban hechos en rocas duras, cristalinas o metamórficas (granito negro o rojo y gres silicificado) y son las que realmente han sobrevivido, por su menor utilidad en esa época. Por esta razón, algunos templos y edificios no podrán ser reconstruidos jamás. Hay muchos objetos de Tanis desperdigados en diferentes museos. Ver, Nen-Peh.