Marco Licinio, conocido como Dives, "el Rico" (Marcus Licinius Crassus) (ca.115-53 a.C.). Estadista, general y miembro del primer triunvirato, y una de las figuras políticas más destacadas de la República romana durante el siglo I a.C.. Hijo de Craso, Publio Licinio, el cónsul del 97. Su padre y su hermano fueron víctimas de las proscripciones de Mario y de Cinna cuando Craso era aún joven. Fue a Hispania en el 87 para escapar de la guerra civil provocada por Cinna, y tras la muerte de este, en el 84, volvió a Italia para unirse a Sila, con quien luchó contra el partido de Mario en el 83 y 82. Craso dirigió la victoriosa ala derecha del ejército de Sila en la batalla de Porta Collina en Roma. Obtuvo grandes beneficios de las proscripciones de los enemigos de Sila, comprando sus propiedades por sumas simbólicas. Sin embargo, buena parte de su fortuna fue invertida en fines políticos, extendiendo las clientelas populares, facilitando préstamos a familias nobles en difícil situación económica y manteniendo buenas relaciones con los núcleos capitalistas del orden ecuestre. Fue pretor en el 73 y al año siguiente tuvo que hacer frente a la amenaza de una revuelta de esclavos en el sur de Italia. Reclutó un ejército de 40.000 hombres y en el 71 aplastó a Espartaco en Lucania, crucificando a 6.000 de los esclavos supervivientes, cuyos amos no pudieron ser identificados, a lo largo de la vía Apia que llevaba al sur desde Roma. Su éxito le valió una ovatio en Roma. Su rival Pompeyo, que llegó hacia el final de la campaña y capturó a algunos de los fugitivos, reclamó su reconocimiento en la victoria, para disgusto de Craso. Aun así compartieron el cargo como cónsules en el 70 a.C., ya que Craso careció de valor para oponerse a la demanda inconstitucional de Pompeyo de un cargo para el que no estaba cualificado, pero en vez de enfrentarse a él, Craso unió sus fuerzas con Pompeyo para reclamar el cargo; por ello, a causa de su cautela perdió la oportunidad de convertirse en el dueño por completo de la escena política. Juntos se embarcaron en una reforma de la Constitución silana, y encargaron la reforma de los jurados de las causas criminales a Cotta, L. Aurelio. Aprobaron también una ley que restituía a los tribunos todos sus poderes tradicionales, que Sila les había arrebatado. Pompeyo se llevó de todas formas la mejor parte y, gracias al restaurado tribunado, se las arregló para obtener importantes mandos en el Este y contra los piratas. Las actividades de Craso en lo sucesivo estuvieron motivadas por su hostilidad hacia Pompeyo. Craso se había quedado en segundo plano, a pesar de su generosidad con el populacho, y se encontró con que necesitaba buscar nuevas alianzas. En el 67 compró el apoyo de César, pagando sus deudas, y lo utilizó para intentar anexionar Egipto a Roma, pero fracasó porque Cicerón, actuando a favor de Pompeyo, atacó la propuesta. Craso entonces se concentró en apoyar las ambiciones de Catilina, y utilizó sus influencias y su dinero para salvarlo de la acusación de haber conspirado para asesinar a los nuevos cónsules del 65. Craso fue censor con Catulo, Q. Lutacio en el 65. Trató entonces de obtener poderes extraordinarios para transformar el reino de Egipto en provincia romana, así como de inscribir en bloque a los ciudadanos latinos de la Transpadana en las listas de los ciudadanos romanos, lo que le hubiera proporcionado una considerable clientela política. Ambos proyectos fueron detenidos por su colega, Catulo, que interpuso su veto paralizando la actividad de la magistratura. Craso tenía todavía la esperanza de utilizar a Catilina como arma contra Pompeyo, pero cuando Catilina fracasó en asegurar su elección como cónsul, Craso lo abandonó y no apoyó su insurrección a finales del 63. A continuación intentó impedir la distribución de tierras a los veteranos de Pompeyo mediante una ley propuesta en el 63 por la cual habría una redistribución de la tierra pública en Italia y en las provincias. Cicerón consiguió rechazar la ley con su discurso Sobre la ley agraria. Craso abandonó Roma cuando Pompeyo regresó, pero volvió rápidamente para tomar parte en el rechazo del Senado a ratificar los acuerdos del Este y a pagar a sus veteranos. Craso ayudó a César a convertirse en cónsul en el 59, y cuando César y Pompeyo hicieron una alianza para vencer la obstrucción senatorial a sus planes, se dejó convencer por César para reconciliarse con Pompeyo y convertirse en el tercer hombre de la alianza, un triunvirato oficioso. Durante la ausencia de César en la Galia, su antiguo seguidor Clodio tuvo éxito en separar, para sus propios intereses, a Craso de César y Pompeyo. Craso había dejado que su talento militar durmiera durante muchos años, pero ahora deseaba reemplazar a Pompeyo en la comisión para restablecer en el trono de Egipto a Ptolomeo XIII Neo-Dioniso Auletes. No consiguió nada, pero presagió el desacuerdo entre los triunviros. Cicerón hizo todo lo que pudo para apartar a Pompeyo del grupo, y Lucio Ahenobarbo, como candidato al consulado, propuso llamar a César de vuelta de la Galia. En abril del 56, Craso se encontró con César en Ravena, y tras informarle de cómo estaba la situación en Roma, los tres triunviros se reunieron pocos días más tarde en Luca (Lucca), donde se les unieron muchos senadores. Arreglaron sus diferencias y tomaron decisiones sobre el futuro: Craso, tras servir como cónsul por segunda vez con Pompeyo, iba a tener el mando del Este por cinco años. A finales del 55, Craso marchó hacia Siria con un gran ejército para hacer la guerra contra los partos, que no habían hecho nada para provocarla. En el 54 obtuvo algunas victorias, y en el 53, después de saquear el Templo de Jerusalén, invadió Partia. Craso permitió que le separaran de sus aliados armenios, teniendo por tanto poca caballería útil, pero avanzó para intentar conquistar Mesopotamia. Fue sorprendido cerca de Carras (Harran) por un ejército de arqueros a caballo dirigido por Surena, general de Orodes, rey de los partos, que mató poco a poco a flechazos a los legionarios romanos. La infantería romana obligó a Craso a rendirse y este fue asesinado durante su entrevista con Surena. Su cabeza cortada fue utilizada en una representación de las Bacantes de Eurípides en la corte parta. Treinta mil romanos quedaron en el campo de batalla. Menos de un tercio de las fuerzas romanas pudo escapar hasta el territorio romano; el resto fue mantenido en cautividad en Partia. Craso estaba casado con Tértula, una mujer de oscura familia. Tuvieron dos hijos, y a través de sus matrimonios se alió con los poderosos Metelos. Ver, Carras.