o Ephesos o Ephesus. Localidad del Asia Menor, al noroeste de Samos, en la actual Turquía. Fue una de las doce ciudades jónicas ubicadas sobre el mar Egeo, situada entre el extremo norte del monte Pion y la desembocadura del río Caístro; tenía un puerto llamado Panormo. Al este se hallaban, la colina de Ayasoluk, con el valle a sus pies, y la población actual de Selçuk, cerca del mar, el monte Pion y el monte Coreso, a cuyos pies se hallaba la ciudad antigua. Esteban de Bizancio menciona el mito de que se llamó Esmirna, nombre tomado de una amazona. Otros nombres que se le dieron fueron Samorna, Trecheia, Ortigia y Ptelea. Parte del trazado original de esta famosa ciudad de la antigüedad está ocupado por la pequeña villa de Ayasaluk, cuyo nombre se cree que es la corrupción del griego hagios theologos, es decir "la santa divina". Se ha identificado a Éfeso como la ciudad de Apasa o Abasa, mencionada por los hititas como la capital del reino de Arzawa. También se ha encontrado cerámica micénica. Éfeso estaba en el punto de partida de la ruta Real que conducía a Susa, capital del Imperio persa. Fue una de las primeras en acuñar monedas de electrum, a finales del siglo VII, del tipo de la abeja, que siguió siendo durante largo tiempo el símbolo cívico de Éfeso. La fundación de la Éfeso griega en el siglo XI a.C. se debe a colonos atenienses liderados por el hijo del rey Codros, de nombre Androclo, aunque una leyenda se la atribuye a las Amazonas. Ferécides dice que la región de Éfeso y Mícala, fue habitada por los léleges (los carios ocupaban el resto de Jonia) y fueron expulsados por los jonios dirigidos por Androclo. El rey Creso hizo la guerra a los jonios y asedió la ciudad, que seguramente ambicionaba como puerto de Sardes. Los asediados dedicaron sus oraciones a Ártemis y posteriormente erigieron el gran templo de Ártemis, uno de los mayores del mundo griego. Este templo fue elevado por los arquitectos cretenses Quersifrón y Metagenos, que consagraron un libro a su obra maestra y que Vitrubio cita todavía en la época de Augusto. Era de dimensiones excepcionales: 55 por 115 m en el estilóbato, con una doble columnata exterior: 8 columnas en la fachada, 21 en los lados largos, y 9 en la parte posterior. Cada columna tenía 12 m de alto. De orden jónico, esas columnas tenían un tambor inferior ornamentado con personajes en relieve. El interior se dividía en un pórtico profundo, la cella, y un opistódomo. Respetado por Jerjes después del levantamiento de la Jonia, este templo ardió en 356, incendiado por un demente, la noche misma del nacimiento de Alejandro. Fue reconstruido en la época helenística con el mismo plano. La primera noticia cierta que se tiene de la ciudad es una guerra con los habitantes de Magnesia. Los cimerios invadieron el Asia Menor en el reinado del rey Ardis de Lidia. Subieron por el valle del Caístro y llegaron a Éfeso, pero nada se sabe de los daños que causaron. En estos ataques fue destruida Magnesia. Después de eso, Éfeso cayó bajo dominio de Lidia y después de Persia al final del siglo VI a.C.. En 499, cuando los atenienses y los eretrios juntamente con los jonios marcharon contra Sardes desembarcaron en Éfeso y dejaron los barcos a Coresos. Gente de la ciudad les guiaron por el valle del Caístro hasta las montañas Tmolos. Sardes fue incendiada y se retiraron, pero fueron perseguidos hasta Éfeso y les derrotaron en un combate naval enfrente de Mileto. Los atenienses se retiraron a Micala y fueron de noche a Éfeso cuando se estaba celebrando la fiesta de las Tesmoforias y los ciudadanos, que desconocían lo que había pasado, les atacaron pensando que eran ladrones, y mataron a unos cuantos. Por estos hechos se sabe que Éfeso no tenía barcos de guerra, y por tanto se supone que no participaba en la revuelta jónica, pese a que simpatizaban con ella. Jerjes I incendió algunos templos, pero al de Éfeso le respetó. Tucídides la consideraba una especie de ciudad sagrada. Casi al final de la guerra del Peloponeso, el comandante ateniense Trasilo, que hacía una expedición de saqueo, desembarcó en Éfeso; el sátrapa persa Tisafernes hizo una llamada a todo el país y pudo evitar el saqueo de la ciudad derrotando a los atenienses. Lisandro, el jefe de la flota espartana, entró en Éfeso en 407, con objeto de entrevistarse con Ciro en Sardes. Mientras esperaba, el ateniense Antíoco, que estaba en la batalla de Notio como comandante de Alcibíades, se enfrentó con él, pero el espartano obtuvo la victoria. Después de la batalla de Egospótamos, los efesios dedicaron una estatua a Lisandro y otros espartanos menos conocidos, en el templo de Artemisa. Pero después de la victoria de Conón en batalla de Cnidos fueron sustituidas por estatuas de Conón y Timoteo. Permaneción en manos de los persas hasta la época de Alejandro Magno al que acogió como liberador. Lisímaco de Tracia construyó las murallas cerca de la ciudad en un nuevo emplazamiento más favorable, a 2 km al este del templo de Ártemis en el 289-288, según decreto de Mileto y como los ciudadanos no querían cambiar su emplazamiento hacia el lugar de las murallas, inundó la ciudad cerrando las salidas del agua un día de mucha lluvia, y así la ciudad vieja fue arrasada. La historia la explica Esteban de Bizancio pero Estrabón simplemente dice que la ciudad desapareció un día de una gran tormenta que hizo crecer el río. Esteban de Bizancio se basa en un poema de Duris de Elea, del que no se sabe más que vivió en el siglo IV a.C.. La construcción de la nueva ciudad y destrucción de la vieja fue en 322. A la nueva ciudad fueron llevados también ciudadanos de Colofón y Lebedos. Después de Lisímaco, Éfeso no tardó en caer bajo la protección de Pérgamo. Un conflicto enfrentó al rey Átalo I con Roma con motivo de la asignación al templo de Ártemis de los lagos llamados Selinusia, en la desembocadura del Caístro. Los publicanos romanos los consideraban sujetos a impuesto y el rey insistía en que eran para el templo. Como los publicanos tomaron las riendas, se envió al geógrafo Artemidoro de Éfeso como delegado en Roma; fueron reconocidos del templo y a Artemidoro se le erigió una estatua de oro en el templo. Antíoco III el Grande, durante su guerra con los romanos pasó el invierno en Éfeso. La flota seléucida se enfrentó a la romana y de Pérgamo a Coritos y el almirante seléucida Polixénides fue derrotado y se retiró y después de la batalla de Magnesia del Sipilos fue ocupada por los romanos. Lucio Cornelio Escipión distribuyó sus tropas para pasar un tercio del invierno en Magnesia, otro en Tralles y el tercero en Éfeso. Después de la guerra los romanos dieron la ciudad a Átalo I de Pérgamo (188), así como otras ciudades y comarcas. En 133, Átalo murió y dejó sus dominios a Roma, pero Aristónico, hijo del rey Eumenes II de Pérgamo y de una mujer de Éfeso, se rebeló y quiso ocupar el reino. Éfeso le hizo frente y le derrotó en la batalla naval de Cime. Se creó la provincia de Asia de la que Éfeso fue la capital y residencia del gobernador, y también fue cabecera de un convento jurídico. El distrito, según Plinio el Viejo, comprendía "Cesarientes el Augustas Cilbiani inferiores et superiores, Mysomacedones. Mastaurenses, Briullitae, Hypaepeni, Dioshieritae". Cuando Mitrídates invadió Jonia fue bien recibido en Éfeso y se tiraron las estatuas de los romanos. Mitrídates ordenó la masacre general de los romanos, y los efesios no respetaron a los que pidieron asilo en la ciudad y les mataron. Mitrídates visitó la región y se casó con Monime, la hija de Filopemen y de Estratónice de Caria y nombró a éste como gobernador de Éfeso. Pronto los efesios se rebelaron y mataron al general póntico Zenobio, el mismo que había deportado a la gente de Quíos. Sila, después de derrotar a Mitrídates, castigó a Éfeso a la que impuso una dura contribución. Éfeso después de eso ya no tuvo autonomía real. Era un puerto de los romanos. Después de Farsalia, Metelo Escipión, que estaba en Éfeso, fue llamado por Pompeyo para unirse a él en el Epiro. Después de la derrota de Bruto y Casio en Filipos, Marco Antonio visitó Éfeso e hizo sacrificios a la diosa y perdonó a los partidarios de los derrotados que se habían refugiado en el templo, todos menos dos, y exigió a los efesios el tributo de 10 años en un solo año (Éfeso había dado en dos años los tributos de 10 años a Bruto y Casio). Los efesios pidieron perdón y explicaron que habían estado obligados a dar los tributos y ya no les quedaba nada y entonces Antonio aceptó los impuestos de 9 años a pagar en dos años. En Éfeso, en el santuario del templo de Ártemis, Marco Antonio capturó a los hermanos de Cleopatra y los hizo matar, según Dión Casio, pero Apiano dice que fue Arsinoe, la hermana de Cleopatra y que el hecho pasó en el templo de Ártemis Leucofrina en Mileto y que Arsinoe había sido allí recibida como reina por el gran sacerdote local Megabizo, cosa que después Marco Antonio le reprochó. Antes de la batalla de Actium la flota de Marco Antonio y Cleopatra estaba en Éfeso, donde llegó con la reina. Después de la batalla (31 a.C.), Éfeso, por sugerencia de Octavio Augusto, dedicó estatuas a Julio César. Durante el Imperio Romano la ciudad prosperó. Cuando la visitó Estrabón su riqueza se basaba en el comercio y toda la región hasta Capadocia estaba llena de vías que facilitaban el intercambio comercial. Decía Estrabón que había un Senado dirigido por los epilectos que gobernaba la ciudad, Senado que había sido instituido por Lisímaco. La ciudad tenía un grammateus, funcionario común a todas las ciudades griegas, y un arconte que cuidaba del registro de títulos. Tiberio quiso eliminar el derecho de asilo del templo a lo que los efesios se opusieron diciendo que había sido aceptado por persas, macedonios y romanos hasta entonces; el asilo se utilizaba normalmente por delincuentes. El puerto se arregló en tiempos de Nerón, por obra del gobernador de Asia, Barea Soranus. En 262, la ciudad y el templo fueron asolados por los godos. El templo quedó destruido y ya no se reconstruyó. Desde entonces perdió importancia. San Pablo visitó Éfeso. Una iglesia cristiana se estableció cerca de la ciudad. La carta de San Pablo a los efesios forma parte del Nuevo Testamento. Pablo de Tarso permaneció más de dos años en Éfeso a partir del 54. Más tarde, estuvo cautivo en Éfeso hacia el año 57. Algunos opinan que podría ser más tarde, aunque no después del 61. Se cree que en esa época escribió su Carta a los Filipenses. San Pablo escribió otra epístola a los efesios, como también lo haría Ignacio de Antioquía en el siglo II. Juan, el evangelista, se trasladó a Éfeso hacia el año 62. Con la persecución de Domiciano, Juan es desterrado y sólo bajo el imperio de Nerva pudo volver a Éfeso donde falleció pocos años después a edad muy avanzada. En el Apocalipsis se cita a Éfeso como la "ciudad que ha perdido su primer amor". El 22 de junio de 431 se inició el tercer Concilio Ecuménico, Concilio de Éfeso, convocado por el Papa San Celestino I e impulsado por Cirilo de Alejandría, para combatir el nestorianismo. Fue un importante centro religioso, cultural y comercial. Habitantes, efesios. Ver, Eróstrato, Apasa.